¿Es Carromero otro Bárcenas?



Ángel Carromero se está pareciendo sospechosamente a ciertos personajes que enfrentan acusaciones en España, y que han optado por ofrecer a los medios de información, de forma dosificada, su versión de los hechos en que están implicados. No sé sabe si a la larga esta táctica les resultará efectiva, pero al menos mantiene ocupada a la prensa.
Al igual que el extesorero del Partido Popular Luis Bárcenas y que Diego Torres, el exsocio de Iñaki Urdangarin, Carromero siempre tiene un detalle nuevo cada vez que da una entrevista.
Ahora le tocó el turno a El Nuevo Herald, y en lo que se anuncia como “su relato más detallado del choque hasta el momento”, en declaraciones que se afirma “arrojan nueva luz sobre un incidente fatal”, denuncia que un militar cubano lo “abofeteó un par de veces”.
Lo de los bofetones no es nuevo, aunque quizá no lo sepan quienes en Miami no leyeron la entrevista completa que dio al diario español El Mundo , y que apareció en la edición impresa y no en la página en internet de la publicación.
“Cuando me despierto [en la clínica cubana], una cohorte de militares rodea mi cama y me graban con una cámara de vídeo. Uno de ellos empieza a darme
bofetones”, .dijo a El Mundo.
El diario de Miami titula: Ángel Carromero, abofeteado en la cárcel cubana, pero en el texto no se especifica el lugar en que fueron dados los bofetones. Nada indica que no sean los mismo a los que el español se refirió durante la entrevista en El Mundo.
La información de El Nuevo añade poco nuevo. Eso sí, se trata de algunos acomodos a declaraciones anteriores, que ejemplifican más sobre el carácter del joven político español que sobre lo ocurrido.
En la entrevista concedida al diario español El Mundo, Carromero dijo:
“La embajadora de Suecia tardó 24 horas en ir a buscar a Aron [Modig], que desde aquel momento declaró no acordarse de nada. Yo solo pude ver al cónsul general meses antes del juicio y nunca a solas. Siempre había un teniente coronel delante”.
En Cuba siempre se ha afirmado que recibió la debida atención consular. La declaración a El Mundo no solo contradecía la afirmación del gobierno cubano, sino que implicaba al anterior gobierno español en una falta de atención a su persona y su caso.:
Ahora Carromero especifica a El Nuevo Herald que un funcionario consular español lo visitó dos o tres días después del choque, pero no se le permitió volver a verlo durante varias semanas después del mismo. O sea, que sí recibió atención consular.
Respecto a la defensa que recibió, en El Mundo afirmó:
“A mi abogado lo vi una vez el día antes del juicio y pude hablar con él a solas 60 segundos por el descuido de un coronel”.
De nuevo, al hablar con El Nuevo Herald es más específico: “No se reunió con su abogado cubano hasta unos 20 días después del choque, y con su abogado español hasta un día antes del juicio. El abogado cubano tuvo un accidente sospechoso en su motocicleta antes del juicio y se rompió una pierna”.
No solo aclara que sí estuvo en contacto con su abogado cubano sino añade un detalle no dicho hasta el momento: “un accidente sospechoso” que sufrió el abogado español.
También hay otro aspecto que ahora modifica.
En la entrevista en El Mundo le preguntan:
“¿Salieron los dos disidentes cubanos vivos del accidente?”.
Carromero responde: “Sí, estoy completamente seguro. Las enfermeras y un párroco
me aseguran que en el hospital hemos ingresado los cuatro”.
En El Mundo también le preguntan:
 “¿Le informan de la muerte de Payá y Cepero?”.
La respuesta de Carromero es: “No. Le pregunto a una enfermera y me dice
que hemos ingresado los cuatro ocupantes del vehículo, después me dice que en el hospital estamos tres y más tarde que sólo los extranjeros. Luego me ponen una vía”.
Una vez más, la versión que Carromero ofrece a El Nuevo Herald presenta cambios:
“El español dijo que al principio le dijeron que habían llegado dos personas, luego tres, y luego dos: él y Modig.”
No solo ha desaparecido el párroco de la escena sino que ahora se trata de “dos personas, luego tres, y luego dos”.
Otro detalle significativo, según El Nuevo Herald: “Carromero dijo que nunca vio a Payá o a Cepero en el hospital, pero que al considerar todas las pruebas en el caso –—incluyendo el hecho de que los familiares de Payá nunca recibieron una copia del informe de su autopsia—es la lógica que los asesinaron”.
Es decir, que Carromero deduce —“es la lógica”— que asesinaron a los disidentes, pero no puede aportar indicio alguno. Lo de “estar completamente seguro” dicho a El Mundo pasa ahora a convertirse simplemente en lo que él cree. Algo diferente hubiera sido en caso de mantener el testimonio de la existencia de “las enfermeras y el sacerdote”.
 “La versión de Cuba es que él iba manejando un Hyundai alquilado a exceso de velocidad y chocó contra un árbol cerca de la ciudad oriental de Bayamo. Payá murió en el acto, y Cepero más tarde en el hospital de Bayamo”, según El Nuevo Herald.
Lo que hace ahora Carromero es reafirmar lo dicho por Cuba: “[la enfermera] me dice que en el hospital estamos tres y más tarde que sólo los extranjeros”, ya que Cepero habría fallecido.
Por otra parte, hay un aspecto importante en que las declaraciones de Carromero han mantenido consistencia, y es la cuestión del seguimiento de la que dice fue objeto el automóvil en que viajaban los dos opositores y los dos políticos:
A The Washington Post: “[Payá] realmente se inquietó cuando nos detuvimos para poner gasolina, porque el automóvil que nos seguía se detuvo, esperó a plena vista hasta que terminamos, y luego continuó siguiéndonos. Cuando pasábamos los límites provinciales, el vehículo que nos seguía cambiaba. Finalmente, era un Lada viejo, rojo.
Y luego otro automóvil, más nuevo, apareció y comenzó a acosarnos, muy de cerca. Oswaldo y Harold me dijeron que debía de ser de “la Comunista”, porque tenía una placa azul que, según ellos, es la que utiliza el gobierno. De vez en cuando, yo lo miraba por el espejo retrovisor y podía ver a los dos ocupantes del automóvil, mirándonos agresivamente”.
A El Mundo: “Nos dirigíamos a Santiago y ya nos habían seguido tres veces durante el trayecto. En Bayamo, un vehículo azul comienza a perseguirnos. Viene hostigándonos muy cerca. Tanto que pude ver los ojos del conductor por el retrovisor”.
A El Nuevo Herald: “Carromero dijo que su carro había sido seguido por tres vehículos del gobierno diferentes, incluyendo un carro patrullero de la policía, desde que los cuatro salieron de La Habana en la mañana del 22 de julio para visitar a disidentes en la zona oriental de Cuba”.
Luego agrega: “El patrullero policial que los siguió al inicio cedió el turno a un viejo Lada rojo a medida que viajaban hacia la zona oriental, dijo, y poco antes del choque fue reemplazado por un auto azul más nuevo, también con chapa azul claramente visible y dos hombres a bordo”.
Incluso aquí repite un detalle al que le ha otorgado cierto dramatismo: “Es aterrador mirar al espejo retrovisor y ver los ojos del que te está mirando”.
Solo que al respecto, hasta ahora solo se cuenta con el testimonio de Carromero y los mensajes de texto enviados por los dos europeos a sus amigos en Europa desde el lugar del accidente, diciendo que estaban siendo seguidos por otro automóvil.
“Dice Ángel que un carro lo empujó fuera de la carretera” , es un mensaje enviado por el teléfono de Modig.

El pasado 22 de julio, Modig confirmó haber enviado este mensaje de texto a sus amigos en Suecia, según una información de Radio Martí del 5 de marzo de 2013.
En declaraciones al programa Estudio Uno de Radio Suecia, facilitado a Martinoticias por Mileydi Fougstedt de Misceláneas de Cuba, Modig sostuvo que conversó por horas con Rosa María Payá y se alegró de haberse encontrado con ella otra vez, al tiempo que recalcó que no tiene ninguna duda de lo que Carromero le contó a ella sobre lo sucedido.
“No recuerdo lo que pasó, pero no tengo dudas de lo que Rosa María está diciendo que Ángel le contó, ni de sus otras fuentes”, agregó.
Modig recalcó que no sabe si fue un atentado lo que ocurrió ese día contra el automóvil  en el que viajaban, pero aclaró que “no tenía razones para dudarlo”.
De mantenerse la presión internacional sobre el caso —y no hay duda que continuará— cabe la posibilidad de que el político sueco resuelva ofrecer más detalles.
Carromero y el dinero
En la entrevista en El Mundo Carromero afirma: “Fui a dar apoyo y dinero a la disidencia cubana. Les llevamos 8,000 euros, medicinas contra el cáncer e información de lo que pasa fuera de la isla”.
Ahora, en El Nuevo Herald, vuelve a referirse al dinero, y dice que “había cambiado 4,000 euros a moneda cubana en La Habana”.
Más allá del detalle enigmático de las ¿medicinas contra el cáncer?, que es entendible que prefiera mantener en reserva por una cuestión de privacidad —aunque entonces no se entiende la razón de haberlo dicho con anterioridad, salvo para intentar “humanizar” su viaje— el manejo del dinero también se llena de interrogantes.
¿Por qué ese acto irresponsable, sino temerario, de cambiar 4,000 euros un extranjero que llevaba dinero a la disidencia? La tenencia de moneda extranjera en la actualidad no es ilegal en Cuba. Si una cifra tan elevada de dinero, para los estándares cubanos, puede resultar sospechosa, también lo era para un político español de viaje en la isla que debía saber que en todo momento estaría vigilado durante su estancia.
Carromero no era el único miembro de su partido en trasladarse a La Habana con el objetivo de llevar fondos y reunirse con la disidencia, en particular con Oswaldo Payá.
Su viaje no fue un hecho aislado. Con anterioridad, miembros jóvenes del Partido Popular (PP) español habían estado visitando la isla para establecer contactos con la oposición pacífica.
No solo su filiación política, sino los padrinos de Carromero en Madrid apuntan en esa dirección. Además del expresidente español José María Aznar y de la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el principal tutor del joven español es Pablo Casado, a su vez pupilo de Aznar y ahora asesor en la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, del exmandatario. En su momento Casado también realizó su viaje a Cuba.
A todo esto se agrega el antecedente del viaje frustrado de Jorge Moragas a La Habana en 2004, cuando las autoridades no le dejaron entrar en Cuba junto a dos parlamentarios holandeses. En aquel momento Moragas era simplemente responsable de Relaciones Internacionales del PP, pero hoy es el director de Gabinete del actual presidente español, Mariano Rajoy. En la agenda de Moragas entonces, también estaba incluido un encuentro con Payá.
No resulta entonces extraño que los interrogatorios en la cárcel a Carromero “se centraron, no en el choque, sino en sus relaciones con el movimiento de oposición cubano y con funcionarios de su Partido Popular en España”, según dijo éste a El Nuevo Herald.
Como tampoco resulta extraño que le recordaran el caso del subcontratista del gobierno estadounidenses Alan Gross , que cumple una condena de 15 años en La Habana.
Si Carromero actuó de forma irresponsable con el cambio dinero, no se puede deducir por ello una implicación directa en lo ocurrido con el automóvil en que viajaban Payá y Harold Cepero, pero sí se puede considerar un rasgo de su carácter.
Acusarlo de responsable del accidente puede ser puesto en entredicho, pero hasta ahora este cuestionamiento se sustenta en buena medida más en puntos de vista que en hechos demostrables.

Se mantiene lo que siempre ha despertado sospechas, y que puede resumirse en dos aspectos: el historial del régimen totalitario de La Habana, de eliminar y desprestigiar a sus opositores más diversos —con mayor o menor potencialidad de acción—, y la destacada labor en favor de la democracia de los fallecidos, en especial Payá, líder del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) y una figura con un amplio reconocimiento internacional.
Sin embargo, en esta compleja madeja —siempre en crecimiento durante un año— siguen faltando los datos que permitieran ir más allá de la opinión y la conjetura. En las declaraciones de Carromero a El Mundo había al menos un atisbo de  datos en los que dar un paso más allá de la sospecha, pero en lo que dijo a El Nuevo Herald estos atisbos han comenzado a borrarse o convertirse en más difusos: posibles testigos, como enfermeras y un sacerdote (no importa que de momento sean incapaces de declarar), implicaciones del consulado español, lo dicho por el abogado español, que ahora no se menciona o repite. Y lo más importante, si La Habana optó por simplificar el caso, con la anuencia del gobierno español de entonces, y echar a un lado las implicaciones políticas para Madrid, de acuerdo a la manera de pensar y actuar de un sistema totalitario como el cubano, también ahora lo que se persiste es en la demostración de una acusación de asesinato que hasta el momento resulta muy difícil de sostener en términos jurídicos y no políticos. Para lo segundo basta con las denuncias internacionales, pero para lo primero hay que acudir a los tribunales.
La realidad es que la muerte de Payá y Cepero ha derivado en la dicotomía accidente-asesinato, cuando hay otros elementos envueltos que tanto la Plaza de la Revolución como la Moncloa prefieren no remover.
Si en un primer momento, y tras su regreso a España, se le reprochó a Carromero que guardara silencio, ahora parece ser que está hablando demasiado. Hasta el momento, solo ha aportado detalles circunstanciales, que en cualquier tipo de proceso legal aportarían poco. Si continúa ofreciendo versiones con detalles modificados, su credibilidad continuará en deterioro.
Ello no implica que, más allá de cualquier circunstancia, deje der imperioso que se mantenga la búsqueda de la verdad sobre lo ocurrido.

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