sábado, 3 de agosto de 2013

La vuelta de un alarmista



De las diversas tácticas utilizadas por el llamado “exilio vertical” para lograr el derrocamiento del régimen de los hermanos Castro, pocas hay más vulnerables e inútiles que el tratar de influir en la administración norteamericana señalando que éste representa una amenaza para Estados Unidos.
Aunque algunos exiliados llevan muchos años empeñados en esta tarea, poco han logrado al respecto. Es más, durante la ocupación de Irak por tropas de EEUU surgieron nuevos factores en la arena internacional que en la actualidad hacen aún más difícil que se pueda alcanzar algún resultado con argumentos tan burdos.
Los exiliados iraquíes repitieron una y otra vez informaciones falsas que ayudaron a Washington en sus intentos de justificar la invasión contra Sadam Husein.
Al final se demostró que las acusaciones de que el dictador iraquí tenía armas nucleares, o estaba a punto de obtenerlas, eran falsas.
No hay que pensar que en su momento el gabinete de George W. Bush, y principalmente la oficina del vicepresidente Dick Cheney, aceptó como válidos los datos adulterados presentados por los exiliados iraquíes, sino que simplemente usaron la información para apoyar su caso. Pero al final estos últimos quedaron frente a la opinión pública mundial —y ante el pueblo iraquí— como un atajo de irresponsables que sólo deseaban que las tropas estadounidenses le hicieran el trabajo de quitar a Sadam del medio.
Ahora el profesor Manuel Cereijo retoma el viejo cuento de la posible amenaza nuclear que el gobierno de la isla representa para EEUU. Cereijo no lo menciona, pero lo que hace es aprovecharse del apresamiento en Panamá de un barco norcoreano con equipos bélicos cubanos. Que la captura del barco es ya de por sí un hecho embarazoso para Cuba es cierto. Que ha quedado demostrado, una vez más, no solo un vínculo sino una afinidad ideológica y política entre La Habana y Pyongyang también. Nada nuevo hay en esto, pero la noticia lo ha vuelto a colocar a la luz pública. Y por supuesto que los vínculos entre Cuba e Irán constituyen una situación con un potencial negativo no solo para EEUU sino para todo el mundo occidental. En este sentido igual ocurre con los nexos entre Teherán y Caracas. Ahora, tratar de sacar partido a la situación creada por la captura del Chong Chon Gang para hablar del Desarrollo nuclear de Cuba/Irán es simplemente tomar el rábano por las hojas. Lo peor es que el profesor Cereijo reúne un amasijo de datos, desde conceptos elementos de química de bachillerato hasta cuestiones que no vienen al caso, para tratar de convencer al lector, de una forma supuestamente “científica” de que existe esa amenaza es simplemente un disparate. “Estos son hechos reales, y muy preocupantes para la seguridad nacional de los Estados Unidos”. Así concluye el artículo del profesor. El problema es que no ha demostrado nada, no ha dicho nada nuevo y la amenaza que él infiere no se justifica con lo que escribe.
Desde el punto de vista ideológico y político, Cuba puede considerarse un Estado enemigo de EEUU. Es más, se puede decir que históricamente ha mantenido una actitud hostil, que se ha manifestado en diversos grados desde que Fidel Castro tomó el poder. Solo que siempre EEUU, al igual que otros países, ha tenido que enfrentar diversos grados de desacuerdo, enemistad y actitudes hostiles respecto a otras naciones, y la ecuación inversa también es cierta. Colocar al mismo nivel a Cuba e Irán es un desatino, propio de un razonamiento —si es que se puede caracterizar de esa manera— marcado por el fanatismo.
En última instancia, tras la lectura del artículo del profesor Cereijo se puede concluir que si la isla estuviera todavía en la edad de piedra o habitada por taínos y siboneyes esa amenaza no existiría.
Más allá del repaso de química elemental, el texto de Cereijo se sustenta en el hecho de que Cuba tiene la capacidad para fabricar cilindros para acelerar el enriquecimiento del uranio. Es posible, pero muchos otros países cuentan con igual capacidad. Hasta el momento, no se conoce de indicación alguna que señale un intento por parte del gobierno cubano en este sentido. Estamos hablando de un país que, no hay que dudar, se ha mantenido durante decenas de años bajo un estrecho escrutinio de EEUU, con independencia de que la administración del país esté en manos de demócratas o republicanos. Cuba tampoco cuenta con reactores nucleares con la capacidad para enriquecer uranio. En el texto solo se mencionan  “dos reactores nucleares de investigación, de baja potencia”.
El momento más delirante del texto del profesor Cereijo es cuando afirma que “Cuba había producido uranio 308, conocido como yellow cake (sic.) o cake amarillo”. Al profesor se le olvidó añadir que el yellowcake se produce en todos los países donde hay minas de uranio y que utiliza en la elaboración del uranio combustible en los reactores nucleares. Lo que resulta fundamental, para el desarrollo de un arma nuclear, es contar con las instalaciones necesarias para obtener uranio enriquecido. Cuba no tiene estas instalaciones, Irán sí. Teherán no necesita, para nada, ir a buscar yellowcake en la isla.
El otro aspecto clave en el artículo del profesor Cereijo es el desarrollo de la nanotecnología en Cuba. “Un hijo de Fidel Castro, Fidel Castro Díaz Balart es el Director de esta rama en Cuba, donde ya inauguraron un gran centro de investigación”. Debió agregar que también hay un nieto de Castro dedicado a este empeño. 
Cuba apuesta por las nanociencias y la nanotecnología como áreas “estratégicas” para el desarrollo científico y empresarial del país en medio de las reformas económicas impulsadas por el Gobierno, según afirmó  Fidel Castro Díaz Balart, asesor científico del Consejo de Estado en un seminario internacional sobre el tema celebrado en La Habana en septiembre de 2012.
“La estrategia de un futuro plan nacional para la nanotecnología en Cuba sería unirse en el período 2015-2020 a las naciones líderes de la región latinoamericana, principalmente en el sector de la nanobiotecnología”, indicó Castro Díaz Balart.
Que el hijo y el nieto del primer matrimonio de Fidel Castro participaran en un proyecto multimillonario de tecnología avanzada no es una información para tomar a la ligera. Solo que el interés de la familia Castro en el sector avanza en otro terreno, no el bélico sino el económico. En la cual se están creando las bases para una poderosa industria en el futuro, que el régimen quiere mantener en manos de los herederos de Castro. El interés económico es la motivación fundamental. Hacer dinero y no la guerra.
Por otra parte, llama la atención que Cereijo no aprovechara la ocasión para tocar otros de sus temas favoritos: las armas biológicas.
Resulta indudable que el profesor cuenta con la mala memoria de sus lectores. De lo contrario no se habría arriesgado en la escritura de un artículo que recuerda el célebre caso, durante el mandato del expresidente George W. Bush, en que se trató de justificar la guerra a Irak con la supuesta adquisición, por parte de Husein, de uranio y cilindros para centrífugas en Niger.
En el otoño de 2001, poco después de los ataques del 11 de septiembre, llegó a la CIA un informe de los servicios de seguridad e inteligencia militar de Italia, en que se afirmaba de que un embajador iraquí  había gestionado la adquisición de material transformable en uranio enriquecido para uso bélico. El informe fue descartado como poco profesional y nada confiable por todos los expertos de inteligencia, pero aceptado como cierto por Cheney. Fue este informe el que sirvió de base para las afirmaciones del premier británico, Tony Blair, y luego de Bush de que Irak continuaba con su intención de desarrollar bombas atómicas. Nunca se tomó en consideración la opinión contraria del embajador retirado Joseph Wilson —esposo de la agente descubierta posteriormente, luego que año y medio más tarde éste publicara un artículo al respecto— que realizó una investigación en el terreno por encargo de la CIA para verificar la autenticidad de la información.
A comienzos de octubre de 2002, una periodista italiana, Elisabetta Burba, que trabaja en una publicación semanal del primer ministro Silvio Berlusconi, recibió un ofrecimiento de venta de información de empresario que le dijo que tenía documentos que demostraban la conexión de Husein con la búsqueda de uranio en África. La periodista se trasladó una semana después a Níger y comprobó que no habían pruebas que sustentara el informe. No se pagó al informante y no se publicó la historia. Pero una copia enviada a sugerencia del director de la publicación a la embajada norteamericana, para que fuera verificada, terminó en manos del presidente Bush, que incluyó el dato en su discurso del Estado de la Unión.
Que el presidente de la nación más poderosa del planeta tomara como verídico un informe que una simple periodista encontró que era falso fue motivo para que posteriormente la credibilidad presidencial quedara en entredicho (algo que, por otra parte, nunca ha preocupado a George W. Bush). Es muy difícil —podría decirse que imposible— que este país vuelva a cometer el mismo error, salvo el peligro siempre latente de que se utilice a sabiendas un pretexto para justificar una guerra en donde mueran miles de personas. El artículo de Cereijo es simplemente para consumo local, si acaso llega a parte alguna es al comentario ocasional junto a los pastelitos y el café cubano en el restaurante Versailles.
Para los exiliados en esta ciudad deben bastar un par de preguntas simples: ¿Alguien ha oído hablar del papel del exilio iraquí en los últimos años? ¿Ha influido éste en algo sobre el futuro de la nación árabe? No es mencionar a uno o dos funcionarios del primer gobierno iraquí, que partieron al exilio y luego desempeñaron algún cargo por un breve tiempo. Estamos hablando de organizaciones y grupos que antes del derrocamiento de Sadam celebraban congresos en el extranjero, recibían fondos de la CIA y contaban con una prensa internacional dispuesta a recoger sus declaraciones. ¿Dónde están ahora?
El ejemplo debía servir de lección. Sin embargo, quizá lo que impera en estos casos es aprovechar el momento, recoger alguna ganancia y también buscar el apoyo del momento si está disponible. Tal y como se están desarrollando los acontecimientos en torno al Chong Chon Gang, no parece que nada de esto se produzca.
Tras la caída del régimen de Sadam Husein, los exiliados iraníes lucharon por repetir el mismo papel que con anterioridad hicieron sus vecinos: hablan de la amenaza de Teherán con la misma facilidad que antes se alertó contra el peligro de Bagdad. La amenaza iraní es real, pero la forma de lidiar con esta amenaza, tanto por parte de Washington como del resto del mundo occidental, no ha transitado de acuerdo a las esperanzas de los exiliados iraníes. Esto, por supuesto, no impide el deseo de que lo mejor que podría ocurrir es que terminara el régimen que impera en Irán. Es simplemente que la realidad política casi siempre marcha por una vía diferente a los anhelos de un exilio, lo que en la mayoría de los casos no deja de ser lamentable.
Hay que aclarar que al menos se nos debía reconocer nuestra labor pionera en este terreno. Basta recorrer los empeños del cabildeo de los exilados cubanos a finales del siglo XIX, y los embustes y tergiversaciones elaborados en contra de España para tratar de inclinar a la opinión pública norteamericana en favor de una intervención de Estados Unidos en la isla, para comprobar que tenemos bastante experiencia en este terreno.
Este conocimiento, sin embargo, es de poca utilidad en estos momentos. Lo decisivo en cualquier campaña, en que se pretenda presentar a una nación como una amenaza para otra, no son los argumentos utilizados, sino la voluntad de los ciudadanos y el gobierno del país supuestamente amenazado en admitir los argumentos. Estos incluso pueden ser ciertos y no producir resultado alguno. A veces las naciones esperan con una paciencia temeraria a sufrir un ataque antes de responder.
En la actualidad, y con respecto a Cuba, quienes proclaman la supuesta amenaza que representa para EEUU el régimen castrista chocan contra dos realidades que de inmediato tornan en pueriles sus argumentos. Una es que no existe una amenaza real. El régimen de La Habana no está dedicado —ni interesado— en agredir a la nación norteamericana. La segunda es que ocurre todo lo contrario a sus intereses: la verdadera amenaza consiste en crear una situación de confrontación, a partir de supuestos falsos, y que ésta degenere en una crisis que se convierta en una amenaza real: guerra civil en la isla, éxodo masivo, inestabilidad política a 90 millas de las costas de la Florida.
Washington no muestra la menor disposición de oír los gritos de alarma de ciertos exiliados. Todo lo contrario.
Ciertos exiliados persisten en esta tarea poco provechosa. Tienen todo su derecho desde el punto de vista de la libre expresión. No dejan por ello de resultar risibles en ocasiones y taimados en otras.
El doctor Manuel Cereijo con frecuencia ha escrito artículos y lanzado  comentarios que contribuyen a hacer un poco más placentera la vida de varios de mis amigos. El problema con las informaciones del profesor Cereijo es que si fueran serias provocarían reuniones al más alto nivel del actual gobierno norteamericano. Como no lo son, se quedan en la burla fácil, el chiste socorrido, la burla de ocasión. Desde el mosquito a la guerra cibernética y la amenaza nuclear, no hay aspecto que escape a este incansable batallador en busca de peligros inexistentes o mal formulados.

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