sábado, 10 de agosto de 2013

Maduro: Eros y Tanatos



Nicolás Maduro lo acaba de confesar, aunque circulaban rumores e incluso el diario español ABC había escrito una nota al respecto. Duerme con un muerto. El actual mandatario venezolano muchas veces pasa la noche en el Cuartel de la Montaña, donde reposan los restos de Hugo Chávez. Mientras tanto, su esposa, Cilia Flores, permanece en La Viñeta, pues la residencia presidencial, La Casona, sigue ocupada por la familia de Chávez.
En esa abigarrada mezcla de rejuegos políticos, amenazas de conspiraciones, demagogia y prebendas, que constituye lo que podría denominarse con eufemismo la práctica y retórica del quehacer poschavista, es muy difícil separar la pantomima del modelo.
Lo más probable es que la permanencia nocturna de Maduro en el Cuartel de la Montaña solo busque infundir en sus seguidores la idea de que él recibe inspiración  del muerto, que éste lo guía y aparece en sus sueños para indicarle el camino y aconsejarlo contra los enemigos, que le inculca lo mejor para el pueblo.
La superstición y el oscurantismo adquirió categoría de razón de Estado durante los últimos meses de  la vida de Chávez. Es sin duda un recurso torpe, aunque fue una alternativa ante la carencia de otra mejor, dentro del objetivo de conservar el poder.
Sea por la limitada capacidad mental de buena parte de la élite gobernante, así como debido a la realidad del país, que  exige un cambio total de rumbo para salir de la grave crisis actual, cualquier respuesta racional lleva implícita la pérdida del gobierno para los chavistas.
Así que la adopción y la propaganda a favor de patrones de conducta arcaicos se ha convertido en parte de la estrategia de los seguidores de Chávez. La Edad Media que vuelve bajo el disfraz de un Socialismo del XXI, que no es lo uno ni lo otro.
Eso sí, el misterio desaparece a favor de la propaganda. Maduro no visita el Cuartel de la Montaña de forma subrepticia ni busca a oscuras la inspiración de su tutor político. El mismo se ha encargado de hacerlo público en la primera emisión de Diálogo Bolivariano,  el programa de televisión ideado para sustituir  el Aló Presidente de Chávez.
Maduro  dijo en el programa que  se queda a dormir en el Cuartel de la Montaña cuando quiere reflexionar:
“Yo a veces vengo en las noches, a veces me quedo a dormir aquí, bastantes veces. Los vecinos son los que a veces se dan cuenta, entramos en las noches y nos quedamos a dormir aquí, venimos a reflexionar para acá”.

Domicilio conyugal
En otras ocasiones, Maduro duerme en la suite japonesa del Palacio de Miraflores, según ha informado ABC.
Por su parte, Flores vive en La Viñeta, una residencia destinada a los jefes de Estado extranjeros.
Esta dislocación de residencias cumple varios objetivos, desde el mantener un privilegio —aunque provisional— a la familia de Chávez, hasta construirse una imagen de líder sacrificado, que antepone la patria a la familia.
En este sentido, Maduro no hace más que imitar a Fidel Castro, pero con una diferencia: mientras que el cubano mantuvo aislado a su entorno familiar —esposa e hijos— hasta la enfermedad que lo llevó al abandono de las tareas diarias del poder, el venezolano hace público este vivir errante, para que una elección personal de estilo de vida, o simplemente una forma de pasar la noche, se convierta en parte de un sacrificio a favor de la nación.
 Maduro abandona el lecho conyugal en busca de una inspiración no divina ni transcendental, sino de la sabiduría política —en este caso reducida a la sagacidad necesaria para mantenerse en el poder— que podría brindarle el espíritu de quien lo ungió como sucesor.
En este esfuerzo cabe todo, desde la afirmación ridícula de que Chávez se le ha aparecido en la forma de “un pajarito” hasta la reafirmación constante de que él es “el elegido” (el cartel electoral de Maduro, desde el día que formalizó su inscripción como candidato presidencial, fue una frase de Chávez: “Maduro, desde mi corazón”.

Influencias dispares
Dentro de esa mezcolanza superficial y oportunista, lo mismo vale una foto y una estampita que las más diversas formas religiosas.
El actual presidente de Venezuela se confiesa devoto del gurú indio Sai Baba. Maduro y Flores visitaron al líder espiritual en 2005.
Sathya Sai Baba, fallecido en 2011, tiene seguidores en todo el mundo, quienes consideran que éste tenía poderes sin límite, que trascendían la experiencia mundana y científica, pero que por humildad se negaba a mostrarlos.
Junto a esta admiración desbordada, abundan las denuncias a Sai Baba por abuso sexual, engaño, asesinato y delitos financieros. Un documental de la BBC señala que la controversia ha persistido por al menos 30 años. Incluso el sitio web de la embajada de Estados Unidos en Delhi —refiriéndose directamente a Sai Baba— llegó a advertir a los estadounidenses que pensaban visitar el estado de Andhra Pradesh, en el sur de la India, sobre un “líder religioso local” que había sido denunciado por dedicarse a una “conducta sexual inapropiada” con jóvenes devotos varones.
De Castro a Sai Baba, las influencias que ha recibido Maduro son múltiples y dispares.
El mandatario ha asegurado que Flores es el amor de su vida. Durante la campaña electoral hizo que le tomaran fotos besándola en público, mientras afirmaba que a él sí le gustan las mujeres, frente a la soltería de Capriles.
Por otra parte está su fama de galán. Durante sus seis años como canciller tuvo varias amantes, que luego se vieron beneficiadas con cargos en embajadas y consulados de Venezuela en el exterior.
Sin embargo, esta relación con Flores, diez años mayor que él, muchos consideran que es de “conveniencia”. Estaban separados después de vivir juntos durante veinte años bajo la sombra de Hugo Chávez, luego que ella defendiera al fallecido gobernante tras éste liderar el golpe de Estado del 4 de febrero de 1992. Encuentros ocasionales más o menos, en realidad fue la última campaña electoral, de  abril de este año, la que los volvió a unir. Posteriormente, la  presidencia de Maduro tuvo como consecuencia que se casaran el 15 de julio. Se afirma que la abogada, expresidenta del Parlamento y exprocuradora general, ejerce una gran influencia en el gobierno actual.

Santuario
El que Maduro duerma con frecuencia en el Cuartel de la Montaña tiene un significado simbólico, que va más allá de la tumba de Chávez.
El sitio ha cambiado de nombre tres veces desde que se construyó, durante los mandatos de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez.
Su destino original fue ser la sede de la primera Academia Militar del país. Luego, en 1981, se convirtió en Museo de Historia Militar, para mostrar  objetos, armas, uniformes y artículos militares de los siglos XIX y XX.
Allí Chávez estableció su centro de operaciones, para luego rendirse en su intento de golpe de Estado, durante la presidencia de Carlos Andrés Pérez.
Tras fracasar el golpe, Chávez fue arrestado y le permitieron que hablara a través de los medios y asumiera su responsabilidad ante el país.
El entonces teniente coronel apareció ante los medios de comunicación para informar que “por ahora”  los objetivos no habían sido alcanzados, y solicitar a sus compañeros entregar las armas.
Luego de la llegada de Chávez a la presidencia, en 2001 el lugar pasó a llamarse Cuartel 4 de Febrero y fue convertido en el Museo de la Revolución Bolivariana.
Sitio que recoge tanto el fracaso como el triunfo de Chávez, no hay mejor lugar para escenificar las altas y bajas del chavismo. Si el fallecido mandatario se apoyó siempre en el culto a Bolívar, después del intento de modificarlo sus partidarios decidieron imitar el destino de Napoleón, y colocar su tumba en un museo del ejército.
Chávez, militar eterno, ha sido continuado por un civil, que solo cuenta para su apoyo con la designación de un jefe y la beligerancia verbal que ejerce a diario.
A falta de un historial de guerrero, a Maduro le es necesario esa invocación cotidiana al héroe y el mito. Mitología que se sustenta en la superstición, heroísmo que no transciende la bravuconada.

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...