sábado, 10 de agosto de 2013

Nunca fue santa




El diario digital español Público divulga un estudio realizado por académicos canadienses, en que se plantea que la Madre Teresa de Calcuta no predicaba con el ejemplo, nunca utilizó los millones de dólares recibidos en donaciones en beneficiar a los pobres, sus misiones eran verdaderas "casas de la muerte" y que no era merecedora de la beatificación, y mucho menos del camino hacia la santidad en que se encuentra, según los preceptos de la Iglesia Católica.
De acuerdo al análisis realizado en las universidades canadienses de Ottawa y Montreal, y del que se hace eco el diario del mismo país UdemNouvelles, el mito de altruismo que rodea la figura de Agnes Gonxha, como se llamaba realmente, no se correspondería con la vida de una mujer que podría no haber sido tan santa como se ha dicho hasta ahora.
El lado oscuro de la Madre Teresa, publicado en Studies in Religion/Sciences religieuses analiza el impacto de su obra y trata de entender el fenómeno que se produjo alrededor de la canonización, la manera de curar a los enfermos y las políticas de gestión de las cuantiosas sumas que recibió la orden que fundó. Además, cuestiona por qué el Vaticano ha ignorado las críticas que ha recibido su actuación.
Los profesores Serge Larivée y Genevieve Chenard, ambos pertenecientes a la Universidad de Montreal, y Carole Sénéchal, de la Universidad de Ottawa, consultaron 287 documentos para llevar a cabo su análisis, que representan el 96% de la literatura sobre la fundadora de la Orden de las Misioneras de la Caridad (OMC).
Durante su vida la Madre Teresa abrió 517 misiones de acogida para los pobres y enfermos en más de 100 países. Sin embargo, estas misiones han sido descritas como "casas de la muerte" por los médicos que las visitaron y trabajaron en ellas en la ciudad de Calcuta. Según explica el artículo del diario canadiense y comenta la publicación española, dos tercios de las personas que acudieron esperaban encontrar atención médica, mientras que el otro tercio solo esperaba encontrar una muerte en mejores condiciones. Lo que se encontraron los doctores fue una gran falta de higiene, unas pésimas condiciones de atención, alimentación inadecuada y una importante falta de analgésicos.
La cuestión no era la falta de dinero, pues la Fundación creada por la propia Agnes Gonxha había recaudado cientos de millones de dólares. El problema siempre fue la religiosa y su particular concepción cristiana sobre el sufrimiento y la muerte, que se resume en su declaración de que “hay algo hermoso en ver a los pobres aceptar su suerte, sufren como la Pasión de Cristo. El mundo gana mucho de su sufrimiento”.
La afirmación condujo al  ya fallecido periodista Christopher Hitchens a expresar que la Madre Teresa no era amiga de los pobres, sino de la pobreza.
Sin embargo, ella no se consideraba pobre, por lo que su sufrimiento no ayudaba a nadie. Cuando requirió cuidados paliativos los recibió en un hospital moderno de Estados Unidos.
Las Misioneras de la Caridad, orden católica fundada por la monja, califican estas críticas de falsedades y acusaciones infundadas: “Esto no es nuevo, no paran de inventar y difamar sobre la vida y obra de la Madre Santa Teresa”.
Hay un punto en que las misioneras españolas tienen razón. La denuncia de las irregularidades en el proceso de beatificación, y de la falsa imagen creada en torno a esta figura de la Iglesia, ya habían sido denunciadas por Hitchens, un periodista de origen británico que vivía en Estados Unidos y murió en 2011.
En un artículo publicado en la revista Slate, el 20 de octubre de 2003, Hitchens describió como durante toda su vida la Madre Teresa se había opuesto a lo que él consideraba la única cura conocida contra la pobreza, que era el otorgamiento de mayor participación social y económica a la mujer y el liberarla de estar condenada a una tarea reproductiva compulsiva y ajena a la naturaleza humana.
Recordaba también que la misionera siempre se había asociado con lo peor de los ricos y poderosos, recibido considerables sumas de la familia Duvalier, cuyo régimen en Haití  ella celebró en agradecimiento y de Charles Keating, de la firma financiera Lincoln Savings and Loan, la empresa que estuvo en el centro del escándalo y la crisis financiera de ahorro y préstamo de la décadas de 1980 y 1990, durante la cual quebraron alrededor de 747 de las 3,234 asociaciones de ahorros y préstamos en Estados Unidos (Charles Keating pagó $51 millones por operaciones con bonos basura para Lincoln Savings and Loan, que en ese momento tenía un patrimonio neto negativo de más de $100 millones). La orden de las Misioneras de la Caridad siempre se ha negado a divulgar sus fuentes de financiamiento y a hacer pública cualquier auditoría.
La Madre Teresa siempre profesó una ideología reaccionaria, incluso para el catolicismo más conservador. Fue una fuerte opositora del Concilio Vaticano Segundo, que llevó a cabo el papa Juan XXIII, rechazó todo tipo de reforma. Afirmó que lo que la Iglesia necesita era más trabajo y más fe, no una revisión doctrinal. Mantuvo una posición fundamentalista respecto al matrimonio y abogó, durante un referendo en Irlanda en que su posición perdió por un ligero margen, que la Constitución de ese país decretara la prohibición del divorcio y un nuevo matrimonio.
Respecto al aborto y los métodos anticonceptivos, su actitud no fue de oposición, como es normal en cualquier católico, sino que estuvo marcada por el fanatismo. En su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz, en 1979, llegó a afirmar que "el mayor destructor de la paz hoy en día es el aborto, porque es una guerra, una matanza, un asesinato de la propia madre".
“Creo que fue Macaulay quien dijo que la Iglesia Católica y Romana merecía recibir un gran crédito, y debía a ello su longevidad, por su capacidad para manejar y contener el fanatismo”.
Con esas palabras inició Hitchens su artículo, para luego afirmar que la beatificación de esa mujer que se hacía llamar “Madre” Teresa era un ejemplo de rendición abyecta de la Iglesia Católica a las fuerzas “del mundo del espectáculo, la superstición y el populismo”.
Desde el punto de vista del procedimiento, el periodista señalaba que el papa Juan Pablo II era el pontífice que había creado más santos instantáneos que todos sus predecesores, hasta el siglo XVI, que el caso de la Madre Teresa se había procedido a realizar el proceso lo más rápido posible para la beatificación se llevara a cabo bajo su potestad.
Respecto a este proceso, Hitchens puntualizaba que él mismo había sido entrevistado (la regla exige la consulta con quienes “tienen dudas”), pero que sin embargo, no se habían tenido en cuenta opiniones valiosas.
Después de la muerte de Teresa, en el momento en el que el Vaticano decidió santificarla, le atribuyeron el milagro de haber curado a una mujer, Mónica Besra, quien había estado sufriendo de dolor abdominal intenso. Ella dijo que después de que la monja le colocara una medalla se esfumó su dolor. Sin embargo, lo que la Iglesia consideró “milagro” varios médicos aseguraron entonces que fueron medicamentos y drogas los que hicieron desaparecer el dolor del quiste de ovario y la tuberculosis que sufría, de acuerdo a la información en Público.
Por su parte, Hitchens señala que el Dr. Ranjan Mustafi, médico de Besra, afirmaba que en primer lugar no creía que la paciente tuviera cáncer, y que el quiste tuberculoso que padecía había sido curado con medicamentos.
El Vaticano no tomó en cuenta el testimonio del médico.
Si bien la Madre Teresa se había declarado siempre en contra del divorcio, cuando ocurrió el de su amiga, la Princesa Diana, dijo a la revista Ladies Home Journal que le complacía ese desenlace, porque resultaba obvio que el matrimonio había sido desafortunado.
Tal declaración era un ejemplo del regreso de la corrupción medieval a la Iglesia, cuando se vendían indulgencias a los ricos mientras se predicaba la continencia y se amenazaba con el fuego del infierno a los pobres, agregaba Hitchens.
Hay un aspecto que no menciona en el artículo de Público.
De acuerdo a una información del periódico español El País, del 24 de agosto de 2007, la Madre Teresa de Calcuta había perdido la fe.
En el libro Mother Teresa: Come Be My Light: The Private Writings of the Saint of Calcutta se incluye la correspondencia de la fundadora de la orden de las Misioneras de la Caridad con sus confesores y acompañantes religiosos.
Los escritos personales de la madre Teresa presentan una cara muy poco conocida de la monja cuya imagen pública era la de una mujer que confiaba en su fe. Las misivas de la Madre Teresa fueron recogidas por varios miembros de la Iglesia Católica cuando ésta murió a la edad de 87 años en 1997; algo que iba en contra de sus deseos. Ella quiso que, tras su muerte, sus cartas fuesen quemadas, lo que la Iglesia desoyó.
Teresa de Calcuta tenía dudas. La incertidumbre la acompañó a lo largo de 50 años. En una carta remitida al reverendo Michael van der Peet tres meses antes de recibir el Premio Nobel, confesaba a su amigo: “Jesús tiene un fuerte amor por ti. ¿Pero por mí? los silencios son demasiados. Miro y no veo. Escucho y no oigo. Te pido que reces por mí. Ruégale que me eche una mano”.
¿Cómo se llegó a la mitificación actual sobre esa religiosa con dudas, a esa imagen de santidad y bondad?
Para los investigadores canadienses, la clave está en una reunión que tuvo lugar en Londres en 1968 con el periodista británico de la BBC Malcom Muggeridge, conocido por sus posiciones políticas derechistas y en contra del aborto. En 1969 el periodista rodó un elogioso documental que pintaba a Teresa como una verdadera santa bienhechora a los ojos del mundo.
En los años siguientes, y gracias a esta imagen construida, ella pudo viajar por todo el mundo y recibir entre otros premios el Nobel de la Paz, y estar en la actualidad camino a los altares.

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