domingo, 1 de septiembre de 2013

Médicos cubanos y Medicare en Miami



La cifra debe preocupar a todos en este estado. Aproximadamente un 25 por ciento de residentes en Florida, menores de 65 años, carece de seguro de salud, la tasa ocupa el segundo lugar entre las más elevadas de la nación. Sin embargo, da la impresión que una parte del exilio cubano que vive en el área está más preocupado por el “trabajo esclavo” de los médicos cubanos.
Un total de 3.8 millones de personas en Florida carece de seguro médico de acuerdo con los datos del último censo de Estados Unidos. De los 67 condados del estado, Miami-Dade está en segundo lugar, con el 34.4 por ciento.
Estas cifras podrían disminuir si se permitiera a los floridanos obtener seguro médico a través de un sistema subsidiado. Sin embargo, los republicanos de la Cámara de Representantes se han negado a recibir ayuda federal. De esta forma, Florida rechazó la oferta del gobierno federal de pagar el 100 por ciento del costo de la expansión de Medicaid.
Estos legisladores estatales del Partido Republicano también han mostrado su celo en asuntos que guardan mayor relación con el gobierno federal que con su esfera legislativa, como es el comercio con Cuba y Siria, pero resultan temas muy útiles a la hora de recaudar votos entre la comunidad exiliada.
Por supuesto que una cosa y otra no son incompatibles. Se pueden denunciar los abusos del castrismo y al mismo tiempo poner en claro la falta de interés de un grupo de legisladores republicanos por los problemas de los más necesitados. Hablar sobre la represión en Cuba y destacar la inseguridad que a diario enfrentan muchos en este estado, en lo que respecta a la atención médica. El problema es que aquí se tienden a ver ambos aspectos como definiciones partidistas, más que expresiones diversas de problemas distintos. Y es precisamente en este punto que ambos comienzan a entrelazarse. Los políticos proclaman su anticastrismo como un medio seguro para llegar al poder, aunque luego terminen destituidos, en prisión o encausados.
En esta ciudad cualquier exageración es permitida a favor de un supuesto “anticastrismo radical” y cualquier silencio es bienvenido con tal de “no hablar mal” de “nuestros políticos, nuestros legisladores”; es decir, de no señalarle posibles errores y malos manejos. Las rectificaciones y los destapes solo ocurren cuando llegan a las cortes.
En la actualidad el sur floridano tiene un esforzado récord de funcionarios electos en problemas con la justicia. Los alcaldes de Sweetwater y Miami Lakes fueron detenidos por recibir miles de dólares en sobornos  y tres semanas más tarde se produjo el arresto del alcalde de Homestead, acusado de recibir compensaciones ilegales.
Estos son simplemente indicadores de que se debe prestar mayor atención a los problemas del área y menos tiempo a polémicas estériles, protestas sin sentido y discusiones altisonantes. Ante la corrupción, por ejemplo, un reducido número de partidos entre veteranos peloteros que residen en Cuba y el exilio debe pasar a un tercero o cuarto plano. Los problemas médicos de aquí resultan más importantes que el papel y el destino de un grupo de médicos de la isla en Brasil.
Miles de latinoamericanos han sido atendidos por médicos cubanos. No es fácil rebatir este esfuerzo. Y sin embargo, la existencia de una causa justa no le resta un ápice a un objetivo primordial de la campaña: el interés del gobierno de los hermanos Castro por mantener sin cambio su poder.
El sacrificio de miles de cubanos —en muchas ocasiones brindando asistencia médica en condiciones difíciles— contribuye al mantenimiento de un gobierno totalitario. No se trata de atacar o criticar la labor de los médicos, lo cual sería injusto. Cualquier  alivio del dolor y toda cura de un padecimiento son meritorios en sí mismo. Pero hay dos males mayores que este esfuerzo dilata: la permanencia de un gobierno que suprime las libertades individuales y el encubrimiento de la ineficiencia de varios gobiernos latinoamericanos —de lo cual es ejemplo Venezuela y ahora Brasil— para resolver sus problemas.
Ahora bien, decir que los médicos cubanos trabajarán en Brasil en una “condición semejante a la esclavitud” no es ni preciso ni correcto. La afirmación fue lanzada por un gremio médico brasileño, que como tal está fundamentalmente preocupado por el ingreso de sus miembros. En este país sudamericano el juramento hipocrático parece estar más cerca de hipocresía que de Hipócrates, y los galenos no solo rehúsan a ir siquiera en un servicio temporal a las zonas más pobres y aisladas, sino que no ven con buenos ojos que otros lo hagan.
Sin embargo, con alegre inconsistencia la frase del trabajo esclavo de los médicos se ha convertido en una repetición útil para algunos aquí. Mientras se continúe con la exageración fácil y las trifulcas baladíes, poco se avanzará en la denuncia de los problemas que afectan a Cuba y Florida.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 2 de septiembre de 2013.


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