Cartas de cabeza


Al rumbo lento, errático y por momentos confuso de los cambios en Cuba se ha añadido una nueva interrogante: los comentarios del presidente Barack Obama durante su visita a Miami el viernes pasado.
En primer lugar, hay al menos dos lecturas del evento, que aparecen más adelante.
Sin embargo, vale la pena enfatizar antes que las especulaciones van más allá de la reunión que el mandatario sostuvo con opositores cubanos, dentro de un encuentro más general con donantes para las campañas de su partido; una mezcla de declaraciones, buenos propósitos y dinero que a veces no resulta fácil conciliar.
Los hechos son simples. Obama viajó a Miami para varias de sus interminables cenas de recaudación de fondos.
Una de ellas se celebró en la residencia de Jorge Mas Santos, presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana (CANF).
Desde que por primera vez manifestara su aspiración a la nominación presidencial demócrata, Obama ha contado con el apoyo de la CANF, así que hasta aquí no hay nada nuevo.
Es más, la cena podría considerarse algo similar a otra realizada por los Estefan en abril de 2010.
En aquella ocasión Gloria y Emilio Estefan llevaron a cabo una cena de recaudación de fondos ($30,000 el cubierto para dos personas) y le plantearon al mandatario la situación de los derechos humanos en Cuba y la necesidad de apoyar a quienes estaban luchando en favor de la democracia en la isla.
En marzo de ese mismo año, los Estefan habían organizado una gran manifestación en Miami para condenar la muerte de Orlando Zapata y en apoyo a las Damas de Blanco.
Así que a primera vista esta nueva cena podría verse simplemente como un acto de continuidad, y nada más.
No es así.
En primer lugar porque en este segundo encuentro hubo algo ausente en el primero. La presencia de dos figuras que en la actualidad son claves dentro del movimiento opositor cubano: Berta Soler, líder de las Damas de Blanco, y Guillermo Fariñas, portavoz de la Unión Patriótica de Cuba.
Mientras Gloria Estefan solo pudo mostrarle al Presidente un álbum de fotos con las Damas de Blanco y los actos de repudio en su contra, Jorge Mas Santos logró colocar junto a Obama a dos de los más destacados participantes en esas actividades.
Pero esa diferencia entre mostrar fotografías y conversar con los protagonistas de los hechos era posible ahora, en gran medida, por un cambio llevado a cabo por el gobierno de Raúl Castro. Y este hecho, fundamental, no escapó a Obama.
Así que tenemos una primera lectura, simple, inmediata y en buena medida publicitaria. El presidente de Estados Unidos se retrata con dos líderes de la oposición cubana, premios Sájarov ambos.
El hecho no deja de ser importante. El encuentro —que se extendió por alrededor de una hora— es una señal de apoyo a la oposición interna de una nación cuyo gobierno ha sido por décadas un enemigo ideológico y político de este país; con el cual se mantiene una situación de aislamiento, pero cuya confrontación —también por décadas— se ha limitado casi todo el tiempo a declaraciones y acciones legales, en el terreno de un embargo económico.
Se produce además por parte de una administración que ha sido acusada reiteradamente por este exilio de ser demasiado complaciente con el régimen de los hermanos Castro, y de realizar concesiones (flexibilización de los viajes y el envío de remesas de los cubanoamericanos) sin recibir nada a cambio, mientras La Habana mantiene encarcelado a un ciudadano norteamericano (Alan Gross).
Hay sin embargo, límites que señalar. El encuentro se produjo no en la Casa Blanca ni durante una visita oficial. Fue simplemente una reunión durante una cena de recaudación de fondos, en que el anfitrión fue el encargado de presentar a los opositores.
No todo, por otra parte, se limitó a las fotos. El Presidente escuchó a los disidentes, “los alentó y habló de su admiración por sus sacrificios”, según El Nuevo Herald.
Este reconocimiento se une a una breve reunión, ocurrida en Washington, en que Soler fue recibida por el vicepresidente Joe Biden, además de otras realizadas en meses recientes entre opositores, activistas, comunicadores, congresistas y miembros del gabinete estadounidense.
Da entonces la impresión que la actual administración lleva a cabo una campaña —con un fuerte impacto gráfico— en que quiere dejar bien a las claras su apoyo a la disidencia cubana. Pero, ¿y qué más?
Las especulaciones comienzan a la hora de tratar de ver otros objetivos dentro de esta campaña.
Y aquí entran a jugar las palabras que pronunció Obama, más allá del apoyo político y la continuación de la asistencia económica a la oposición.
El Presidente se refirió al hecho de que en Cuba han ocurrido cambios que no pueden ser pasados por alto.
“Tenemos que ser creativos y tenemos que ser más cuidadosos y tenemos que seguir actualizando nuestras políticas”, expresó, de acuerdo a la agencia Reuters.
“Hay que tener en cuenta de que cuando Castro llegó al poder yo acababa de nacer, así que la idea de que las mismas políticas que pusimos en práctica en 1961 resulten eficaces hoy, en la era de internet, Google y los viajes internacionales no tiene mucho sentido”, agregó.
Señaló también que los cambios crecientes en la política de Estados Unidos hacia Cuba han permitido una mayor comunicación con quienes viven en la isla y un incremento en el envío de remesas.
“Creo que todos entendemos que, en última instancia, la libertad en Cuba vendrá debido a los extraordinarios activistas y la increíble valentía de la gente como que vemos aquí hoy”, enfatizó el presidente en la vivienda de Mas Santos, todo según la información de Reuters.
Estas palabras son una reafirmación de lo (poco) hecho por su administración en lo que se refiere a Cuba. También un avance de que —al menos según lo que él dice— ha llegado el momento de un avance en su política hacia el régimen castrista, algo que hasta ahora no se había producido. Y de que ese cambio tendrá que ver fundamentalmente con el internet y los viajes.
La primera pregunta es por qué ahora. Cierto que, como presidente, puede permitirse mayores riesgos porque no va a la reelección, pero es tonto pensar que lo que proponga no tendrá en cuenta al menos a dos figuras importantes dentro de su partido: Bob Menéndez y Hillary Clinton. También que el secretario de Estado, John Kerry, tendrá un papel fundamental, si se lo permiten tantos embrollos mundiales que tienen una mayor prioridad.
¿Por qué ahora? De nuevo la pregunta. Por una razón muy sencilla. Porque el gobierno de Obama ha decidido que es el momento de aprovechar los cambios que se han producido en Cuba, por muy limitados que estos sean. Y estos cambios se resumen en pocas palabras: viajes, dinero y turismo. Solo estas tres palabras servirán para alborotar el avispero en Miami. Lo veremos.
Escuchó, pero él va a decidir
Obama, por lo tanto, no se limitó a expresar su apoyo y retratarse con los opositores. Los escuchó, pero también dejó claro que va a llevar a cabo una reformulación de la política hacia Cuba. Esa es su prerrogativa y parece que finalmente la va a ejercer.
En esa reformulación es casi seguro que se van a producir cambios que no serán del agrado del sector más tradicional del exilio.
Son estas, entonces, las dos lecturas de lo ocurrido el viernes por la noche en Miami.
Los opositores declararon su satisfacción con el apoyo presidencial, pero también expresaron con claridad su posición.
Berta Soler dijo tras la reunión que “la libertad de Cuba depende de los cubanos”.
“Una petición que se le hizo fue que bajo ningún concepto negociará con el gobierno de Cuba si es que no estaba presente el exilio y la oposición interna no violenta, puesto que nosotros somos una sola nación y deberían tratarnos como nación”, señaló Fariñas a la agencia Efe.
Son aspiraciones válidas de la oposición cubana, pero lo más probable es que la administración estadounidense solo va a seguirlas hasta un punto. Lo primero es, por supuesto, lograr la liberación de Gross, pero esta es la carta que quizá Obama tenga guardada y no dijo en Miami. Una vez resuelto ese problema, si se realiza una negociación esta transitará de acuerdo a los intereses mutuos de ambas naciones, en la que el reconocimiento a la oposición pasará a un lugar secundario (para tratar de ser optimistas).
Por su parte, el Cuba Study Group aplaudió las declaraciones del Presidente, en que éste puso de relieve que su política de apertura ha beneficiado a la sociedad civil en Cuba y contribuido a los cambios en la isla. La organización abogó en favor de que esta oportunidad sirva “para dar pasos más audaces que rompan el aislamiento, brinden mayor poder a la creciente clase empresarial de Cuba, y acabe con las sanciones contraproducentes y los propósitos que sólo constituyen un obstáculo para un mayor cambio en la isla”.
El Cuba Study Group aboga por lo que llama una “restauración de la autoridad ejecutiva sobre la política estadounidense hacia Cuba”, en que el Presidente, mediante su autoridad ejecutiva, desempeñe un papel más activo en facilitar el cambio en la isla.
Puntos a considerar
El viernes un reducido grupo se manifestaba en la cafetería del Versailles en favor del rapero Ángel Yunier Remón Arzuaga, hospitalizado en medio de una prolongada huelga de hambre. Hay cierta ironía cruel en escoger para apoyar una huelga de hambre un sitio famoso por la comida, pero es uno de los lugares en Miami donde resulta fácil encontrar una cámara de televisión local. Esa noche habían dos. Por lo demás, nadie tenía la menor esperanza que Obama se apareciera por allí.
Las cafeterías y los restaurantes del exilio han quedado relegados a paradas de tránsito para los aspirantes a nominaciones presidenciales. Luego, a la hora de hacer política de verdad, ya no cuentan.
La oposición ha abierto una línea de comunicación directa con Washington. El exilio, en el mejor de los casos, se reduce a un papel mediador.
Obama habló de cambios en Cuba. Las palabras pronunciadas delante de un opositor que no hacía aun siete días fue golpeado pueden resultar —y en cierto sentido son— chocantes. ¿Qué cambios? Uno bien sencillo. El disidente estaba frente a él  y tenía un pasaje de regreso para el otro día.
El actual gobierno ha dejado bien claro que cuenta con la disidencia, pero también que no depende de ella. De hecho, ninguna administración estadounidense ha dependido de la oposición, pacífica o violenta, sino lo contrario. Sólo que ahora parece ser más independiente del exilio de Miami.
El exilio de Miami también ha cambiado o está en vías de extinción. Lo que aumenta cada vez más es una inmigración transnacional, cuyas fronteras son cada vez más difusas.
La indefinición cubana
Estas son algunas de las lecturas inmediatas que provocan la reunión de Obama y los opositores, pero hay más.
Cuba sigue siendo una excepción. Se mantiene como ejemplo de lo que no se termina. Su esencia es la indefinición, que ha establecido a lo largo de la historia: ese llegar último o primero, para no estar nunca a tiempo. No es siquiera la negación de la negación. Es una afirmación a medias. No se cae, no se levanta.
La renuencia del gobierno cubano a ceder en lo más mínimo, frente a las presiones internacionales, se ha mantenido sin alterarse.
La política de liberar a los prisioneros de la llamada “Primavera Negra” y cambiar la táctica de las largas condenas, en la mayoría de los casos, por encierros preventivos de pocas horas o días no permite la menor esperanza.
Ante el más leve temor de amenaza, el régimen cierra filas. El terror es el único instrumento en que confía. La turba que golpea y veja se apoya en el policía listo para encarcelar y en el tribunal sin decoro, que condena la decencia.
Una y otra vez, el acto de repudio se utiliza con el mismo objetivo: no sólo es sembrar el miedo, también es crear el desaliento. Los argumentos son gastados, los recursos son viejos, pero la vida es una sola.
Los repudios constituyen una de las  caras más turbias de un monstruo con varias cabezas, y no deben verse de forma aislada.
A ellos se une una campaña de descrédito por numerosos medios. Alimentar la desconfianza, porque el gobierno sabe que ésta es un freno a la hora de dar un paso al frente.
Por décadas el gobierno cubano ha mostrado ser un especialista en confundir los límites. ¿Hasta dónde se puede llegar? ¿Qué crítica es permitida? Lo mejor es quedarse tranquilo.
En un artículo publicado en Infolatam, la profesora española Sonia Alda destaca que en Cuba, “la falta de mensajes oficiales que orienten sobre el proceso o expliquen el significado de los mismos, hace pensar en la falta de un proyecto integral concreto. De hecho más que ideologización orientadora, para dirigir el proceso, como cabría suponer en un régimen autoritario, hay una completa desideologización”.
Más adelante agrega: “Un vacío así solo puede generar desorientación y desconcierto”.

La “actualización” castrista ha resultado una versión de aquella canción de la “ola marina”, con un motor que camina para adelante y otro para atrás, y lo que hoy es permisible se prohíbe mañana. Dentro de esa confusión, un cambio importante en la política estadounidense hacia Cuba significaría un empujón contra el inmovilismo reinante. Lo que está por verse es si la reacción del régimen será un avance o un retroceso.

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