domingo, 15 de diciembre de 2013

El argentino intranquilo


Pedro Robledo tiene la curiosa virtud de estar en el lugar inapropiado en el momento inapropiado. ¿O es todo lo contrario?
En marzo de este año Robledo, que es argentino y tiene 21 años, se encontraba en una fiesta en Buenos Aires cuando fue agredido por haber llevado a su novio.
El ataque provocó una ola de indignación y repulsa contra la homofobia en su país.
Fue entonces que, en su cuenta de Twitter, Robledo llamó “fuhrer” a la presidenta Cristina Fernández. Luego se arrepintió y le pidió disculpas, aunque siguió considerando autoritario al gobierno argentino.
De todo esto salió un encuentro entre Fernández de Kirchner y el joven, un artículo de la presidenta elogiándolo, y de condena a la agresión, y una fotografía.
La foto resultó una especie de “bendición” fortuita y futura, que acaba de salvar a Robledo de una estancia en un calabozo cubano, pero esto ya es historia actual y la segunda ocasión —al menos hasta el momento— de ese estar en donde no lo quieren.
Robledo y Valentina Aragona, miembros de la agrupación Propuesta Republicana (PRO), viajaron a Cuba como turistas, para conocer el país y participar en el encuentro sobre derechos humanos organizado por Estado de SATS, quien meses antes había hecho una convocatoria pública para la realización del evento. Así que no se puede hablar aquí de conspiración, reunión secreta o actividad subversiva para derrocar al gobierno de la isla
Las autoridades cubanas no solo les impidió asistir al evento. Tras elaborar una serie de acusaciones disfrazadas de pretextos para retenerlos, los agentes terminaron presentando un cargo kafkiano: la intención de asistir. No solo se es culpable de lo que se ha hecho, sino también de pensar en hacerlo. La mente te incrimina antes de que muevas un dedo.
En Cuba los turistas solo pueden transitar por ciertas zonas, destinadas precisamente a ellos, afirma Robledo que le dijeron los agentes en la isla, que incluso le mencionaron una enigmática “Ley 131312” según declaró en un programa de televisión argentina.
“Pero si lo que hice se puede hacer en cualquier parte del mundo”, afirma él que le dijo a la policía política. “Cuba no es el mundo”, le respondieron.
Eso tan peligroso, que produjo que él y Aragona fueran escoltados por al menos cuatro agentes hasta la escalerilla del avión de Taca que los llevó de regreso a su país se concreta en acciones muy simples: conversar con los cubanos.
Lo que se “puede hacer en cualquier parte del mundo”, fue para el gobierno cubano  motivo más que suficiente para realizar una detención en horas de la madrugada, para engañar a la pareja argentina y decirles que el cónsul de su país en La Habana los estaba esperando para acompañarlos, para el encarcelamiento de ella por varias horas y  para largos interrogatorios a ambos. Demasiadas acciones relacionadas con un fin único: intimidar a cualquier visitante extranjero en Cuba, a fin de que se mantenga con su mojito al sol o a la sombra, pero lejos del fuego político.
Al final, fue cuando los cubanos descubrieron la foto de Robledo con la presidenta argentina que la suerte comenzó a cambiar para los detenidos. Antes él había preguntado por cuántas horas permanecería preso. “Horas, no. Semanas”, dice que le respondieron. Una agresión en su país disminuyó el impacto de otra en el extranjero, pero ambas fueron actos de discriminación e injusticia.
Ni Robledo ni Aragona son políticos de profesión. Tampoco él tiene apariencia de guerrero y ella es una mujer menuda. Difícil explicarse el peligro que físicamente pudieran haber representado para el gobierno cubano.
Robledo tiene una activa presencia en las redes sociales y desde el brutal incidente que lo hizo conocido en Argentina participó en varios programas de televisión. También es columnista invitado en la web Infobae y fue nombrado coordinador del área de Diversidad e Inclusión en la Fundación Pensar, un centro de estudio y análisis. Tanto Propuesta Republicana como la Fundación Pensar están estrechamente vinculadas con Mauricio Macri, gobernante de Buenos Aires y opositor político de Cristina Fernández.
En cierto sentido Robledo vendría a ser la versión argentina del español Ángel Carromero, aunque en circunstancias diferentes y con profesiones distintas. A los dos los une ser jóvenes extranjeros que muestran un interés por lo que ocurre en la isla.
Aquí el vínculo es aquello que despierta el temor y desencadena la represión por parte del régimen de La Habana: la modalidad de romper el aislamiento a la oposición, no desde una proyección en el exterior sino con la presencia de ciudadanos de otros países en la isla.
La mala publicidad que acarrea este tipo de represión no importa al régimen. Más importante para él es mantener el control estricto —en realidad y apariencia— por encima de todo. El resto son palabras huecas, como las de Raúl Castro durante el funeral de Nelson Mandela en Sudáfrica. Declaraciones de momento. Esconder el garrote por un instante.

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