lunes, 2 de diciembre de 2013

Un banco para Cuba


Un ruego recorre las calles de Washington D.C.: Pregúntele al director de su sucursal bancaria. Acuda aunque sea al cajero automático de la esquina. Visite a su prestamista favorito. Por favor, ayude a encontrar un banco para el gobierno cubano.
Al paso que van las cosas, el Credit Union del Departamento de Estado va a terminar por hacerse cargo de la cuenta del gobierno de La Habana, afirma el periodista Rui Ferreira.
La administración del presidente Barack Obama declaró el miércoles que estaba “activamente” ayudando a la misión diplomática cubana en Washington a encontrar una nueva entidad bancaria dispuesta a administrar sus cuentas para que así pueda reanudar su labor consular.
El martes la Sección de Intereses de Asuntos Cubanos anunció que suspendía los servicios consulares, debido a que se había quedado sin banco que le gestionara sus cuentas. A unos pocos días del inicio de la temporada navideña, cuando miles de cubanoamericanos viajan a la isla, el régimen puso en el limbo el procesamiento de visas, pasaportes y cualquier tipo de documento.
Lo primero que llama la atención es que el banco había anunciado a La Habana en julio que dejaba de ofrecer sus servicios a las misiones diplomáticas, algo que se había mantenido en el más estricto secreto para dejar que la noticia explotara dos días antes de la celebración del Día de Acción de Gracias.
Lo segundo es que, desde el segundo párrafo del comunicado, el régimen de La Habana le echaba la culpa de todo a quien era de esperarse: “Debido a las restricciones vigentes derivadas de la política de bloqueo económico, comercial y financiero del Gobierno norteamericano contra Cuba, ha sido imposible para la Sección de Intereses encontrar hasta la fecha un banco estadounidense o de otro país con sede en Estados Unidos”.
Así que el martes por la tarde lo que estaba a la vista era el show de siempre de los hermanos Castro: el anuncio de una crisis. La conocida táctica de negociar desde una posición de fuerza.
Por una razón u otra, no es poco lo que el gobierno cubano acaba de hacer. A pocas semanas de que el presidente de este país reafirmara su política de “contactos pueblo a pueblo”, y de que pocos días después el secretario de Estado, John Kerry, repitiera lo mismo, La Habana echa por tierra esa táctica mediante una suspensión burocrática.
Lo curioso es que al gobierno cubano le bastó con una tarde de pequeño alboroto. En época de Fidel Castro, ya se hubieran realizado más de una “marcha del pueblo combatiente” frente a la Oficina de Intereses en La Habana.
Sin embargo, ahora es ese eterno enemigo de la revolución cubana quien se ha apresurado a decir que hay que buscar una solución.
Washington dijo el miércoles que colabora activamente con Cuba para hallar una nueva institución financiera que maneje sus cuentas financieras diplomáticas en Estados Unidos,  de acuerdo a un cable de la AP.
El Departamento de Estado señaló que M&T Bank, el banco estadounidense que manejaba las cuentas de Cuba cortó esa relación debido a una “decisión comercial” y que el gobierno estadounidense no tiene el poder de interferir ni ordenar a ningún banco que maneje la cuenta de una misión extranjera.
Agregó que la situación de Cuba no es única e indicó que el cierre de las cuentas de una embajada puede perjudicar las operaciones en otros puestos diplomáticos.
También es curioso este interés en despolitizar el asunto por parte de Washington.
Si bien es cierto que Cuba fue el último país al cual M&T Bank dejó de prestarle servicios luego que decidió no atender más cuentas de misiones diplomáticas, también lo es que el historial de trapacerías financieras del gobierno de la isla no lo convierte en un buen cliente.
Precisamente ha sido Estados Unidos quien no solo se ha encargado de descubrir estos manejos turbios, e imponer cuantiosas multas a los bancos, sino es la nación donde el Congreso aprobó una ley que prohíbe al gobierno cubano usar el dólar norteamericano en cualquier transacción comercial.
Por supuesto que la diplomacia tiene razones que la honestidad desconoce, y en más de una ocasión su conveniencia ha sido ayudar a un bandido. Así que es posible que en un plazo breve todo vuelva a la normalidad.
Caminaba una tarde por Viena, y en un barrio más bien modesto encontré la fachada limpia, pulida y hasta con ornamentos en oro, de un edificio más bien pequeño. Un cartel, también dorado, en lo alto del marco de la brillante puerta anunciaba que se trataba del banco que brindaba servicios a la república rusa y creo que a un par de países latinoamericanos. Traté de ver que había en común entre diversos grupos poderosos y con mucho dinero de esas tres naciones, pero no se me ocurrió ninguno publicable. La próxima vez que visite Austria buscaré el nombre de esa especie de tercer banco, quizá pueda ayudar en algo a los funcionarios cubanos.


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