lunes, 20 de enero de 2014

Un día triste para la música


Hoy es un día triste para la música. Falleció Claudio Abbado a los 80 años. Ya uno estaba acostumbrado a verlo con esa imagen de hombre enfermo, luego que un cáncer de estomago por poco acaba con él en 2001. Pero tuvimos 13 años más para disfrutar de su dirección musical perfecta y para acostumbrarnos a pensar que, quizá, era inmortal.
No fue así y murió en Bolonia, donde vivía desde 2009. Antes  la vida y su talento, e incluso después la enfermedad, le permitieron dirigir las mejores orquestas del mundo, desde la Staatsoper de Viena hasta la Filarmónica de Berlín, donde sustituyó a Herbert von Karajan.
Abbado dirigió todo tipo de música, desde el barroco hasta obras contemporáneas, pero siempre preferí sus versiones de las sinfonías de Mahler, en especial la Segunda y Tercera.
Creó también la extraordinaria orquesta del festival de Lucerna, una formación que ha logrado reunir a algunos de los mejores músicos de Europa.

Era un hombre de izquierda, y como aún suele ocurrir un defensor del régimen imperante en Cuba. Llevó esa defensa a extremos imperdonables, como no reconocer la violación de los derechos humanos en la isla. De eso no lo salvó la música, pero escucharlo dirigiendo una orquesta casi siempre era suficiente para dejar sus opiniones sobre Castro en el trastero.

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...