miércoles, 9 de abril de 2014

Con su franca desnudez


El desnudar como humillación siempre ha sido una práctica muy apreciada por los gobiernos totalitarios. Sin embargo, y en un sentido opuesto, el desnudo es también una forma de protesta, incluso de solidaridad. Esta dualidad que encierra el mismo instrumento —el cuerpo humano— utilizado en dos objetivos antagónicos define no solo la esencia humana sino su historia.
Llama la atención como en Venezuela se repitan actos, representaciones y esquemas que reflejan paradigmas de un choque entre lo viejo y lo nuevo que ojalá fructifique en algo superior. Ni chavismo ni antichavismo: un nuevo país.
Si desde sus inicios la propuesta de Hugo Chávez fue una respuesta retrógrada a una sociedad que necesitaba una regeneración total, en más de una década se vienen repitiendo gestos enfrentados que no logran ir más allá de un mismo problema. Dos caras que no alcanzan una solución.
Solo que por momentos surgen indicios que hacen alentar la esperanza. Un grupo de paramilitares encapuchados detienen a un joven, le quitan la ropa, lo golpean y lo dejan tirado sobre el pavimento, adolorido, vejado, tiritando de impotencia. No es un hecho aislado. Gracias a los teléfonos celulares hemos podido ver al ejercicio repetirse en diversos barrios y ciudades. Hay un objetivo especifico, alentado y que se ejecuta como una orden: aterrorizar, crear una sensación de desamparo.
Ahora, frente a este hecho brutal, ha surgido una campaña innovadora. No es la solución del problema, probablemente no impedirá que la infamia se siga cometiendo, pero es una propaganda efectiva contra la represión chavista y la violencia.

#MejorDesnudosQue es una campaña de repudio al régimen de Nicolás Maduro que recorre las redes sociales. La imaginación y el decoro contra la vulgar represión.

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