miércoles, 7 de mayo de 2014

La nueva jugada de Castro


El martes en la noche, la página en internet del diario Granma publicó una “nota informativa del Ministerio del Interior (MININT)”, que daba a conocer que cuatro cubanos residentes en Miami habían sido arrestados el 26 de abril, “cuando planificaban ejecutar acciones terroristas en el territorio nacional”.
La escueta información del MININT ha causado las esperadas especulaciones en Miami, pero hay que señalar que estas se reducen a unos pocos puntos básicos. No han sonado tambores de guerra ante este supuesto nuevo fracaso de los beligerantes anticastristas —como ocurrió en ocasiones anteriores— y al hablar sobre las posibles motivaciones para esta nueva trama del gobierno de La Habana, el enfoque ha girado sobre dos o tres puntos básicos: el mantenimiento de Cuba en la lista de países que patrocinan el terrorismo; los tres espías que cumplen condenas en Estados Unidos; formular un pretexto para intensificar aún más la represión contra los disidentes y opositores pacíficos y la posibilidad de un acto desesperado de un sector del exilio, donde los más jóvenes pasan de los 70 años.
De estos motivos, la permanencia de la isla en la famosa lista de países que patrocinan el terrorismo parece ser la causa principal de esta movida del gobierno de los hermanos Castro.
Como siempre, se sigue un guión pautado de eficacia probada: la detención ocurrió hace varios días, pero se da a conocer ahora; los detalles personales son pocos aunque precisos y las acusaciones se han lanzado sin sustento (no quiere esto decir que luego no aparezcan más detalles que confirmen la versión de Cuba).
Estamos ante el preámbulo de una obra en varios actos, cuyo desenlace se desconoce.
De entrada, la nota de Granma sostiene que los “detenidos reconocieron que pretendían atacar instalaciones militares con el objetivo de promover acciones violentas”. Así que ya hay confesión, antes siquiera de conocerse los detalles de los hechos que se acusan.
Esta confesión involucra a personas residentes en Miami, con un reconocido historial anticastrista, quienes ya han negado su involucramiento en los hechos. Pero aquí también hay un detalle importante. Entre quienes culpa Cuba de promover los “actos terroristas” se encuentra Santiago Álvarez Fernández, quien ha apoyado financieramente a Luis Posada Carriles; se negó a brindar detalles sobre la entrada del conocido terrorista anticastrista en EE. UU. y cumplió una condena de cuatro años por tener un arsenal en una vivienda, que al parecer muchos años atrás le había entregado la Agencia Central de Inteligencia para realizar ataques contra el gobierno cubano. Ocurre además que Álvarez Fernández ha estado ayudando financieramente, de forma abierta, a varios disidentes y opositores pacíficos en Cuba.
Sin embargo, y pese a la brevedad de la información brindada por el gobierno cubano, que limita el análisis, lo más importante de la nota puede encontrarse en el último párrafo: “Se realizarán las gestiones pertinentes con las autoridades estadounidenses competentes para investigar estos hechos y evitar oportunamente que la actuación de elementos y organizaciones terroristas radicados en ese país pongan en peligro la vida de personas y la seguridad de ambas naciones”.
Un artículo reciente en Cuaderno de Cuba hacía alusión a las acusaciones mutuas, entre Washington y La Habana, de amparo de terroristas:
“Si el Departamento de Estado incluye a Cuba entre los países que apoyan el terrorismo es porque, entre otras razones, la isla brinda amparo a miembros de grupos subversivos.
Si La Habana volviera a plantear un intercambio entre prófugos de la justicia estadounidenses y personas que el régimen considera responsables de actos terroristas en la isla —en la práctica un cambio de ancianos de ambos bandos, algo que repito sigue sonando imposible—, no solo colocaría a un mismo nivel a Washington y La Habana, sino que rebajaría a Miami a la categoría de una cabeza de playa llena de terroristas, mientras que a 90 millas hay un país dispuesto a cooperar en mantener en la sombra a los peores criminales”.
Antes se había planteado:
“Es posible que en las circunstancias actuales, podría especularse que el gobierno cubano está dispuesto a llegar a un acuerdo. Pero al igual que en ocasiones anteriores, en que Estados Unidos ha tratado de llegar a un arreglo con el régimen de la isla, hay que deslindar entre su interés de aprovechar una ocasión para hacer propaganda y no un esfuerzo serio para resolver un problema pendiente desde hace décadas”.

No hubo que esperar mucho para que La Habana iniciara los pasos de esta jugada.

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