jueves, 17 de julio de 2014

Mariel: una apuesta insegura


Solo 57 barcos han pasado por la nueva terminal del Mariel, desde su apertura hace seis meses. Se trata de un logro muy modesto. Es cierto que es una instalación que apuesta al futuro. Pero cabe preguntarse a qué futuro están apostando, no solo el gobierno cubano sino Brasil y los potenciales inversionistas en la zona.
Hoy por hoy Mariel es un puerto rodeado de brumas y sin faro a la vista. La terminal ha movido una carga muy reducida. Solo unos 15,000 contenedores, explicó su director adjunto en la televisión estatal cubana el pasado martes.
El patio de la instalación portuaria fue construido para una capacidad máxima de operaciones de 822,000 contenedores al año, según datos del reporte televisivo. Lo que quiere decir que en estos momentos está prácticamente vacío.
El Puerto de Miami opera al año más de un millón de contenedores. Las cifras de Cuba reflejan miseria.
Por supuesto que el proyecto no está concluido, pero las posibilidades de que se produzca el número necesario de inversiones en un futuro cercano son más bien inciertas.
Cuba ha estado promoviendo una nueva ley de inversión extranjera, que entró en vigor recientemente, y sostiene que es vital para su desarrollo. Entre sus características, la legislación contempla la reducción de impuestos. Sin embargo, muchas empresas del exterior han dicho que están más interesadas en el clima general de negocios, la transparencia y el cumplimiento de la ley, especialmente a la luz del caso del empresario Cy Tokmakjian, cuya sentencia aún no ha sido dictada en el momento de escribir esta columna.
El gobierno cubano juzgó a Tokmakjian en un amplio caso de cohecho, evasión de impuestos y “actividades dañinas para la economía”, pero su empresa en Canadá alega que, en realidad, es todo lo contrario.
“Cy Tokmakjian habló en contra de la corrupción debido a que estaba claro que la compañía estaba perdiendo contratos por razones inexplicables. Es posible que esta franqueza condujo a lo que está pasando ahora”, ha sostenido, a través de un comunicado el Grupo Tokmakjian.
No hay duda de que cabe el argumento de que dicho grupo lo que está intentando es una defensa desesperada del empresario canadiense, pero no es la primera vez que se conocen comentarios de este tipo por parte de extranjeros que han hecho o intentado negocios en Cuba.
Algunos inversionistas han declarado en privado que la campaña de corrupción que se desarrolla en la isla se ha convertido en un factor de inseguridad. Muchos de ellos expresan sus dudas y temores ante el hecho de que a la vez que el régimen les impone un “gerente cubano”, con el tiempo resulta que dicho “gerente” se ve envuelto en una investigación contra la corrupción, con el consiguiente proceso de congelación de cuentas y paralización de operaciones.
Lo peor, sin embargo, es que estos inversionistas consideran que esta campaña contra la corrupción es también un ajuste de cuentas, en que ciertos negocios en manos de determinados grupos, familias o miembros de la elite gobernante son favorecidos o perjudicados.
Cuba, por otra parte, no busca sólo inversión privada sino también de otros gobiernos. Pero aquí también hay motivos de recelo.
La terminal de contendedores del Mariel ha supuesto una inversión total de $957 millones, de los cuales unos $682 millones de financiación provienen del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil. Para la segunda etapa está previsto que Brasil aporte, además, una financiación de $290 millones. Sin embargo, este tipo de inversión estatal depende del gobierno que esté en el poder, y la reelección de Dilma Rousseff es probable pero no segura.
Que en las inversiones brasileñas en Cuba no sólo actúan factores económicos, sino también políticos e ideológicos lo confirma el hecho de que son secretas.
El ministro de Desarrollo, Industria y Mercado Internacional de Brasil, Fernando Pimentel, declaró secretos los documentos relacionados con el financiamiento a los gobiernos de Cuba y Angola, informó el diario Folha de Sao Paulo en el 2013.
Con la decisión, el contenido de los mismos sólo podrá ser conocido después del 2027.
El año pasado el BNDES financió operaciones en 15 países, por un total de $2,170 millones, pero sólo en el caso de los documentos relacionados con Cuba y Angola el ministerio declaró secreta la información.

Si algo buscan los inversionistas de cualquier tipo es seguridad y transparencia. En el caso del gobierno cubano, hay un largo historial negativo en ambos aspectos.. Para quienes buscan hacer negocios en Cuba, más allá de razones políticas y por el simple interés de ganar dinero, sólo queda confiar en que con el gobierno de Raúl Castro las cosas han cambiado. Pero, ¿quién está seguro?
Esta es mi columna semanal en el Nuevo Herald, que apareció en la edición del lunes 14 de julio de 2014.

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