viernes, 29 de agosto de 2014

Vivir en Cuba y hacer mal el cuento


En su blog en BBC Mundo, el periodista cubano Yuris Nórido escribe un artículo sobre como Vivir con 20 dólares al mes (y poder hacer el cuento).
En realidad, eso de hacer el cuento es lo que intenta el militante del Partido Comunista y periodista oficialista. Es un ejercicio casi inútil, porque los convencidos y partidarios del gobierno cubano en todo el mundo conocen de sobra los argumentos sobre los “beneficios” que brinda ese régimen. También porque los detractores saben todas las mentiras que se siguen repitiendo sobre dichas “bondades”. Pero algo queda de utilidad en la argumentación. De lo contrario no se justificaría el tiempo invertido por el bloguero y el gastado por este comentarista.
Esta justificación temporal radica en que aún perdura el interés por leer y escribir sobre el tema. Por lo tanto, algo debe de tener de valor: un país que contiene más de un enigma de sobrevivencia y mucho atractivo mediático. Así que no todo está perdido.
“Cuando los medios internacionales dicen que en Cuba un profesional puede ganar el equivalente a 20 dólares al mes, dicen la verdad. Pero es una verdad relativa. Está claro que es difícil arreglárselas con esa cantidad, casi en los límites de una vida en la pobreza extrema”, afirma Nórido (de ahora en adelante, y para evitar repeticiones, todos los textos entrecomillados pertenecen a él).
“Cuba —y eso lo afirman instituciones internacionales para nada simpatizantes con el sistema imperante en la isla— es uno de los países en América Latina con menos incidencia de la extrema pobreza. De hecho, el índice de desarrollo humano es uno de los más altos de la región”.
Sobre la validez de esta afirmación y el verdadero significado de estas cifras remito a un artículo, no de un cubano sino de un venezolano: lmer José Aranda Leal. Lo que me interesa destacar aquí son dos hechos que la bloguera omite.
Uno es que resulta muy diferente lo que se considera ser pobre en Cuba y lo que resulta encontrarse dentro del índice de pobreza en Estados Unidos. Se puede argumentar que no es lo mismo comparar un país subdesarrollado con otro superdesarrollado, pero quien habla de las ventajas económicas del sistema cubano se arriesga a esa comparación: se suponía que la revolución cubana se hizo precisamente para lograr un país mejor que, incluso EEUU, o al menos era lo que afirmó el máximo líder nacional durante décadas. A esto se puede agregar que si la comparación con EEUU molesta, se puede sustituir simplemente por un país latinoamericano como Chile, similar a la isla en número de habitantes y con índices económicos parecidos hasta 1959. Chile, por otra parte, no ha sido un paraíso de nación durante las décadas transcurridas hasta hoy. No estamos hablando de Suiza o Dinamarca. Conoció un proceso de socialismo democrático y sufrió una sangrienta dictadura de extrema derecha. Pese a esas convulsiones políticas, hoy es una nación —bajo una presidenta socialista que ha vuelto al poder gracias al voto popular— con indicadores económicos muy superiores a los de Cuba.
El segundo punto es el más importante. El problema del sistema imperante en la isla no es que sus salarios sean posiblemente los más bajos de Latinoamérica, sino que un buen número de artículos —entre ellos productos alimenticios— se venden a precios comparables o superiores a los que éstos tienen, precisamente, en ciudades estadounidenses.
Un país en que el máximo empleador (el gobierno) paga en una moneda carente casi de valor, y cuyo máximo vendedor (ese mismo gobierno) vende a precios fijados por una divisa extranjera. Con ese criterio, no hace más que estafar a sus ciudadanos.
Que hay otros países muy pobres cercanos a la isla es cierto. Y el mejor ejemplo es Haití. La gran diferencia es que allí no hubo una revolución que dijera futuro.
Nórido no solo pasa por alto este hecho, sino que se dedica a convencer de que hay una serie de “subsidios”, paliativos que evitan que la supuesta pobreza sea tal. Para ello repite viejos argumentos, que al parecer mantienen cierta eficacia cuando se dedica el tiempo a repetirlos.
“¿Cómo explicar la aparente contradicción?” entre los bajos salarios y la supuesto bajo índice de “extrema pobreza”. Se pregunta el bloguero, y pasa a responderse:  “Sencillamente: la mayoría de la población depende (o al menos se sirve) de los subsidios. Nadie ha afirmado (sería una tontería hacerlo) que es la situación ideal.
Pero lo cierto es que gracias a esas exenciones se han podido matizar los graves costes sociales de la crisis económica que ha sufrido el país)”.
En el primer párrafo se habla de “subsidios“ y en el segundo de “exenciones”. Un subsidio es una prestación pública asistencial de carácter económico y de duración determinada. La exención implica el concepto de exceptuar, excluir a alguien del pago de algo, por ejemplo un impuesto. En ambos casos, lo que por lo general se implica es la acción del gobierno, que beneficia a un grupo social o a determinada categoría, ya sea por edad, nivel de ingresos o condiciones física y/o mentales.
En última instancia, lo que el bloguero hace es repetir la misma cantinela del gobierno cubano, que quiere que ciertos beneficios que otorga a la población sean considerados parte de los salarios y pensiones que paga o no a la ciudadanía.
El problema con esta aspiración es que Cuba no es el único país que otorga beneficios a sus ciudadanos. Al actuar así, el gobierno cubano no actúa como Estado sino como empleador, que incluye beneficios tales como pensiones, vacaciones, días de enfermedad, seguro médico y de vida como parte de un paquete que se adiciona al salario, y que el potencial empleado debe considerar a la hora de elegir o ser elegido a un trabajo. Así que en lugar de un ideal socialista, lo que el régimen de La Habana hace es actuar como un patrón.
Por otra parte, al hablar de “subsidios” cae de nuevo en el pecado de la omisión: en la actualidad el principal “subsidio” que reciben los cubanos son las remesas provenientes del exterior, fundamentalmente del exilio y fundamentalmente de Miami. Por supuesto que no todos los cubanos reciben remesas desde el exterior, pero esa entrada económica se filtra a todos los niveles de la población mediante el ingreso al país de dinero en moneda dura que es empleado fundamentalmente en la adquisición de artículos y servicios. Se trata de millones de dólares, no de cantidades insignificantes. Ah, y por supuesto también, hay muchos países en Latinoamérica y África donde también las remesas provenientes del exterior forman parte importante de su economía, Solo que aquí también se cumple eso de que tampoco han hecho una revolución tan celebrada por Nórido.
“Uno de las conquistas de la Revolución, uno de sus estandartes, es contar con sistemas de sanidad y educación absolutamente gratis (sic.)”.
El problema con este reclamo es que Cuba no es el único país que otorga tales beneficios. En España la educación es gratuita, incluso la universitaria. Muchos países, entre ellos Canadá cuentan con servicios médicos para todos los ciudadanos, para no mencionar a todas las naciones europeas. En EEUU se ha avanzado mucho en este sentido, con la ley de salud de Obama, pero con anterioridad una persona podía acudir a la sala de emergencias de un hospital aunque no contara con un seguro médico y no hubiera garantía de que luego pudiera pagar los costos de su tratamiento. En Costa Rica no solo la salud publica está socializada sino también la educación. Que son conquistas sociales, innegable, que en algunos casos fueron posible o ampliadas durante gobiernos progresistas y socialistas, también. Pero eso sí: en ninguno de ellos fue necesario implantar un sistema totalitario para conseguirlo.
“Las cifras no mienten: las estadísticas en esos sectores ponen a Cuba en la cabeza de América Latina”.
Decir que las cifras que ofrece Cuba no mienten es precisamente una soberana mentira. El gobierno cubano considera a los indicadores internacionales según sus propios criterios de definición y medida. Eso para no insinuar que por décadas ha falsificado, inflado u omitido números.
El problema con el artículo de la bloguera es que nos trata de dar una visión light del castrismo, ya que en resumidas cuentas está escribiendo para un medio de prensa capitalista.
 Aquí y allá dice que esto no marcha muy bien (“Afirmar que la educación y la salud en la isla viven sus mejores tiempos resultaría por lo menos inocente, o pura demagogia”); que es cierto que aquello no debería ser así (“puede que algunos hospitales estén sucios”, “el nivel de los maestros no es el de hace 30 años”) o incluso llega a reconocer lo ajeno (“contar con sistemas públicos de sanidad y educación, gratuitos y universales, obviamente no es solo privilegio de los cubanos”). Sin embargo, al final la conclusión es que Cuba no está tan mal después de todo.
Cuando se escribe para aquellos que no han vivido en Cuba, es fácil tergiversar cuando se carece de escrúpulos. Nórido lo hace de esta forma:
*“Por la cartilla de racionamiento (libreta de abastecimiento) cada ciudadano recibe una determinada cantidad de mercancías por un precio casi simbólico. Esa cuota no resuelve el problema del mes, pero ayuda considerablemente”;
*“El transporte público en las ciudades es muy barato: un pasaje en los ómnibus cuesta 40 centavos de CUP (peso cubano no convertible)… O sea, apenas dos centavos de dólar. Aunque el servicio, sobre todo en las horas de más tráfico, no es suficiente”-
*“La mayoría de los cubanos no tiene que pagar alquiler por su casa. (Ojo, no significa que la situación inmobiliaria sea buena. Varias generaciones de una familia tienen que vivir a veces en una casa pequeña. Y los alquileres suelen estar por encima de las entradas por un empleo estatal).
*Un poco más difícil para los que deben subsistir con los salarios "oficiales" es adquirir ropa y calzado, sobre todo teniendo en cuenta los altos precios de la red de tiendas de recaudación de divisas.
Algunos aprovechan las esporádicas entregas de prendas en centros de trabajo (uniformes y calzado); otros acuden a tiendas de ropa reciclada.
*Hay un sector de la población muy vulnerable: ancianos y discapacitados sin familia o recursos suficientes. Para ellos se han habilitado restaurantes de bajísimos precios y se supone que reciban atención social personalizada.
Si coloqué sus palabras textuales —y con ello me arriesgo a un comentario demasiado largo y tedioso— fue para evitar la acusación de que sus palabras fueron sacadas de contexto. Ahora mi opinión:
Para el militante, todo se reduce a que la libreta de abastecimientos “ayuda considerablemente”, cuando en realidad se sabe que prácticamente ha sido casi descontinuada por el gobierno de Raúl Castro y hay quienes llevan años sin poder comer un pedazo de carne (claro que esto no preocuparía los vegetarianos… si hubiera todo tipo de vegetales); no es “suficiente” el transporte público en las “horas de más tráfico”, mientras la falta de transporte es casi endémica en el país y buena parte de los pasajes de ómnibus y trenes se venden en dólares; la situación inmobiliaria no es “buena”, mientras la falta de vivienda es un problema gravísimo que el gobierno ha decidido quitárselo de arriba, y decirle a cada cual que se las arregle como pueda para construir su propia vivienda; una referencia vaga a un “empleo estatal”, y la mayoría de la población es empleada del gobierno; “esporádicas entregas” de ropa en los empleos,  cuando la práctica de entregar “ropa de trabajo”, para las actividades agrícolas a que se veían obligados a participar todos los empleado fue eliminada hace tiempo y “se supone” que las personas de edad avanzada reciben atención.
Nadie le niega al bloguero el aferrarse a sus creencias y puntos de vista. Si acaso le pediría fidelidad a los mismos, pero tampoco se debe querer que un ser humano viva en la equivocación perpetua. No son pocos los periodistas que, al igual que él ahora, fueron jóvenes comunistas, militantes del partido y trabajaron la prensa oficialista. Desde hace años, meses o semanas viven en el exilio y se ganan la vida honestamente. A todos se debe saludar y recibir. Así que espero a Nórido con un abrazo.


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