Al infierno socialista creadores de perfumes


Desde hace años escribo mi columna semanal de los lunes en El Nuevo Herald el jueves y la entrego ese día o el viernes. En ocasiones ese lapso trae satisfacciones y en otras obliga a escoger temas o arriesgarse a darle la impresión al lector de estar atrasado.
Mi columna del próximo lunes trata sobre lo que consideré otra muestra del desbarajuste ideológico que es en la actualidad el proceso cubano: la creación de dos perfumes con los nombres de Ernesto “Che” Guevara y Hugo Chávez.
Hoy sábado llega un cable que informa que el gobierno de La Habana ha censurado la empresa creadora de tales perfumes y prometido sanciones.
El gobierno de Raúl Castro censuró este sábado la actitud “irresponsable” de una empresa estatal cubana que presentó dos perfumes bajo las marcas de “Ernesto” y “Hugo”, pretendiendo honrar al expresidente venezolano Hugo Chávez y al guerrillero Ernesto Guevara, y prometió sancionar a los responsables, informa la Agence France Presse.
“Por ese grave error serán tomadas las medidas disciplinarias que correspondan”, pues “iniciativas de esa naturaleza no serán aceptadas jamás por nuestro pueblo ni por el gobierno revolucionario”, señaló el Consejo de Ministros, que preside Raúl Castro, en un comunicado publicado por el diario oficial Granma.
Las palabras, el diario en que aparecen publicadas y la fuente de procedencia (el Consejo de Ministros) indican a las claras la cuestión llegó a los más altos niveles de gobierno.
El texto destacó que “los pormenores de esta acción irresponsable fueron analizados a fondo en la noche del viernes con el director de la empresa y los funcionarios que presentaron el producto, aún en fase de desarrollo, por lo cual no está producido comercialmente ni mucho menos registrado”.
Así que los pocos frascos de “Ernesto” y “Hugo” que aparecieron en las fotos de prensa deben de haber sido incinerados a estas alturas.
Lo interesante aquí es señalar cuan lejos se llegó en esa idea desafortunada de acuerdo a la ideología que aparentemente aún sustenta el régimen. Porque desde el punto de vista de control político e ideológico, el asunto se les escapó de las manos. Es más, lo publicado el sábado deja a las claras que se trata de una reacción el viernes frente a una noticia dada a conocer el jueves. Alguien se enteró, por la prensa —posiblemente por El Nuevo Herald de Miami— del disparate ideológico (de acuerdo a los preceptos de Cuba) y ese alguien tiene el poder suficiente para ponerle freno. Aquí caben las especulaciones: ¿fue Fidel Castro?
 Hay que enfatizar que Granma encabeza el comunicado con un titular que no es periodístico sino canónico, una advertencia: “Los símbolos son sagrados”
Además del intento de limpiar de culpas a los familiares —“quedó esclarecido que no es cierto que los familiares del ‘Che' y Chávez hubiesen aprobado semejante utilización de sus nombres, como afirmó uno de los funcionarios”— el comunicado contiene una oración definitoria: “los símbolos ayer, hoy y siempre son sagrados”.
Volver a colocar en el primero plano la ideología, ante una iniciativa económica, nos habla de los vaivenes actuales del proceso cubano. No es que —incluso comercialmente— se tratara de una buena idea. Lo fundamental aquí es el énfasis en una iconografía que en la práctica se olvida, pero que en el discurso resulta imposible abandonar.
Se debe enfatizar que no se trata de un proyecto surgido en la mente de cuatro improvisados en un lugar remoto de la isla.
Labiofam es el mayor laboratorio de Cuba, encargado de la investigación y producción de productos de uso veterinario, bioplaguicidas, suplementos dietéticos, alimentos probióticos y medicamentos homeopáticos, entre otros, que Cuba exporta a otros países. En la fabricación de las aromas al parecer estaba comprometido el Grupo Robertet de Francia.

Resulta difícil creer que estos dos productos llegaran con esos nombres a un congreso con presencia de la prensa internacional, sin que antes funcionarios no hubieran aprobado que era una buena idea el homenaje frívolo. Agravado el caso por tratarse de figuras cimeras. Más o menos como si el Vaticano anunciara la fabricación de “Magdalena”, el perfume para las damas, y “Jesús”, la esencia varonil indispensable antes de la misa. Quienes están detrás de la fabricación de los ahora malditos productos han topado con la Iglesia. Es decir, con la Inquisición. Tienen por delante un futo nada envidiable: de cabeza al purgatorio si no los mandan al infierno.

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