lunes, 17 de noviembre de 2014

Cuba y Birmania


Curioso que lo que ocurre en Birmania no se mencione al discutir sobre la posibilidad de levantar las sanciones a Cuba, ni siquiera ahora que el presidente Barack Obama acaba de concluir su visita a la región. Más curioso aún porque lo sucedido en esa nación brinda argumentos tanto a los defensores del embargo como a quienes se oponen al levantamiento incondicional de este.
Birmania o Myanmar inició su transformación política en el 2011, tras medio siglo de dictadura militar. Su presidente, Thein Sein, liberó a los presos políticos, relajó la represión y dio los primeros pasos hacia una transición democrática. En vista a eso, Estados Unidos levantó algunas de las sanciones impuestas durante el régimen dictatorial. Pero dichos comicios no han resultado en todos los cambios esperados.
Ahora Obama, en su segunda visita al país, ha reafirmado que la transición parece haberse estancado; incluso en algunas áreas han ocurrido retrocesos y las violaciones a los derechos humanos continúan.
¿Fue un error entonces la política de la Casa Blanca? La respuesta no es fácil porque un análisis del panorama birmano, bajo una óptica bipolar, sólo lleva a justificar una posición partidista. De adoptarse, todo se reduce a la vieja disyuntiva de la mitad del vaso de agua: ¿medio lleno o medio vacío?
Dos posiciones, en el Congreso de Estados Unidos, definieron la discusión a la hora de imponer restricciones a la junta militar de Birmania.
Una planteaba que la medida debía someterse a una revisión anual. La otra estaba a favor de adoptar algo similar al embargo contra el gobierno cubano: el sostenimiento indefinido de las sanciones hasta que no se produjera un completo cambio democrático. Nada de pasos equilibrados, sino una apuesta de todo o nada.
Al final se impuso la primera posición.
En el 2003, el senador republicano Mitch McConnell —quien el próximo año será el presidente del Senado— trabajó junto al exsenador demócrata Max Baucus y los senadores Dianne Feinstein (demócrata) y Chuck Grassley (republicano), y llegaron al acuerdo de que las sanciones serían sometidas a una evaluación anual.
Además del proceso que marcó el fin de la junta militar, otros factores han influido notablemente  en la activa participación de la Casa Blanca en el caso birmano: los vínculos de esa nación con China y Corea del Norte, así como la influencia de la India, por una parte, y la ausencia de un numeroso exilio birmano en Estados Unidos, por la otra. La solución del problema se limita a dos factores: democracia y política exterior.
En enero del 2011, la entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton, declaró que las sanciones serían levantadas si se producían cambios “reales”.
En el 2012 Aung San Suu Kyi —premio Nobel de la Paz— fue liberada y en abril del 2012 elegida diputada del Parlamento Nacional. La oposición entró al Parlamento con 43 diputados, pero el Ejército se reservó un cuarto de los escaños, lo que garantizó que los opositores no fueran capaces de hacerle sombra al gobierno.
En mayo de ese año Clinton anunció el relajamiento de algunas sanciones —entre ellas restricciones financieras—, para facilitar la transición.
Al año siguiente, se eliminaron las restricciones vigentes contra los funcionarios birmanos. En igual sentido, ese mismo año, 2013, la Unión Europea levantó todas sus sanciones, salvo el embargo de armas.
Sin embargo, las esperanzas del cambio se han visto opacadas en los últimos tiempos.
En las elecciones presidenciales previstas para finales del próximo año, que Suu Kyi ganaría fácilmente si fueran libres, la activista no podrá presentarse.
Un absurdo artículo constitucional veta a los candidatos con hijos de otra nacionalidad, como los suyos, que son británicos. Todo indica que dicho requisito tiene únicamente como objetivo el impedir que su nombre aparezca en la boleta.
Obama reconoció, en una entrevista con la revista The Irrawaddy,  que en Myanmar “el progreso no ha sido tan rápido como muchos habían esperado, cuando empezó la transición”.
El 9 de agosto de este año, el secretario de Estado John Kerry pidió al gobierno de Birmania acelerar las reformas democráticas. Una semana antes, varios senadores estadounidense habían solicitado nuevas sanciones y en mayo Obama extendió por un año más algunas de las restricciones económicas aún vigentes (prohibición de inversiones norteamericanas y de las exportaciones de ese país a Estados Unidos).
Durante su reciente visita, Obama presionó al presidente Sein para reformar la norma que impide postularse a Suu Kyi, así como eliminar la represión étnica.
Si se compara la situación existente en Birmania con la imperante durante la junta militar, es indudable que se han producido ciertos avances que justifican el fin de algunas de la sanciones. De igual forma hay motivos para mantener otras. El uso de sanciones nunca debe ser una medida de todo o nada, sino de estímulo y respuesta. El camino hacia la democracia es largo y difícil, y la cautela siempre debe acompañar al optimismo. 


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