domingo, 21 de diciembre de 2014

El ejemplo de Payá


Dice Rosa María Payá, miembro del Movimiento Cristiano Liberación, en su Carta abierta al presidente Obama, publicada en El Nuevo Herald:
“Lo nuevo sería un compromiso real con los ciudadanos cubanos y con acciones concretas en favor de las demandas de la ciudadanía. No desde posiciones injerencistas, no inventándonos soluciones, sino apoyando las soluciones que los mismos cubanos hemos creado”.
Es un pensamiento y una petición encomiable. El mejor ejemplo a seguir en este sentido es precisamente el que siempre impulsó el fallecido líder opositor Oswaldo Payá.
Sobre el pensamiento de Payá respecto a restricciones, hostilidad y el mantenimiento de una línea dura hacia el régimen de La Habana, el periodista Andrés Oppenheimer, quien lo entrevistó casi una docena de veces durante dos décadas, escribió en el mismo diario El Nuevo Herald, el 26 de julio de 2012:
“Payá sostuvo siempre que las palabras o actitudes hostiles de Washington contra Cuba eran contraproducentes”.
Más adelante expresa Oppenheimer;
“En las conversaciones que sostuvimos a lo largo de los años, Payá me dijo repetidamente que las posturas de línea dura de Washington contribuyen a que el régimen de los Castro perpetúe el mito de que Estados Unidos se está preparando para invadir la isla en cualquier momento, y de que los exiliados cubanos en Miami quieren desalojar a los cubanos de las casas que ellos dejaron atrás al abandonar Cuba”.
Luego cita Oppenheimer:
“En mayo del 2004, días después de que el presidente George W. Bush anunciara nuevas restricciones para los viajes desde Estados Unidos y en los envíos de dinero a la isla, Payá me dijo —tal como lo escribí en The Miami Herald en ese momento— que las nuevas sanciones eran una mala idea.
Ese tipo de medidas son contraproducentes porque desvían la atención de la confrontación entre la dictadura y el pueblo cubano, y la concentran en la confrontación entre Cuba y Estados Unidos, que es exactamente lo que quieren los hermanos Castro, me dijo. “Volvemos a Cuba versus Estados Unidos, una vez más”, lamentó Payá.
¿Qué debería hacer Estados Unidos?, le pregunté. Payá, que se oponía al embargo estadounidense a la isla, respondió que Washington debería dar a los disidentes pacíficos “apoyo político y moral”, pero sin imponerle sanciones a la isla.
Refiriéndose a las restricciones que Bush había impuesto a los viajes y los envíos, dijo: “Pienso que los que impulsaron esto miraron hacia sí mismos, y no hacia Cuba y hacia el movimiento de oposición pacífica”.
En octubre del 2007, horas antes de que Bush pronunciara un discurso anunciando nuevas iniciativas sobre Cuba, Payá me dijo que “Bush, o cualquiera que lo suceda, debe separar la retórica de Estados Unidos sobre Cuba: Aumentar la defensa de los derechos humanos, y dejar de lado los anuncios sobre ‘programas’ y ‘comisiones’ norteamericanas para la transición de Cuba, que huelen a intervencionismo de Estados Unidos”.
Así que el presidente Barack Obama es uno de los mandatarios estadounidenses que más se ha acercado a una línea de acción consecuente con el conocido líder opositor.
Queda en pie el justo reclamo de que el presidente de Estados Unidos contribuya a que la voz de los opositores se escuche en la próxima Cumbre de las Américas.
Una nutrida presencia de quienes buscan los derechos democráticos y la creación de una sociedad civil en Cuba —no limitada, por supuesto, a una sola organización— es un requisito indispensable para salvar en algo una reunión, que de lo contrario sería una bofetada a la democracia.