sábado, 13 de diciembre de 2014

Seremos como el Che, pero en Harley-Davidson


Era un intocable hasta que se metió en perfumes de once varas. El doctor José Antonio Fraga Castro, presidente por muchos años de la empresa estatal cubana Labiofam, y para más señas sobrino de Fidel y Raúl Castro, tuvo que renunciar —en su caso acogerse a una jubilación para evitar una sanción administrativa y laboral— por su responsabilidad en el caso de los “perfumes revolucionarios” inspirados en el Che Guevara y Hugo Chávez. Los símbolos “son sagrados”, ya había advertido el diario Granma. Solo que más sagrados para algunos parientes. Pero ahora un hijo del Che se ha lanzado al lucrativo negocio de ofrecer viajes en motocicleta en Cuba, en recorridos por lugares que su padre hizo tristemente famosos. ¿Será entonces que hay parientes más sagrados que otros?
El hijo menor del Che Guevara abrió una agencia que ofrece a los turistas en Cuba un viaje “único” en motos Harley-Davidson, siguiendo la pasión de su padre, relatada en la película Diarios de motocicleta, informa un cable de la AFP aparecido en este mismo periódico.
“La Poderosa Tours” ofrece circuitos que “combinan el deleite de los variados paisajes de esta isla hermosa con el contacto íntimo de una parte de la historia de una Revolución única”, señala el sitio web de la agencia, dirigida por el abogado cubano Ernesto Guevara, de 49 años, el menor de los cinco hijos del Che agrega la información de la AFP.
La agencia, filial de una empresa estatal, se llama “La Poderosa” por el apodo que le dio el Che a la motocicleta británica Norton 500 con la que realizó su recorrido latinoamericano.
De entrada hay un dato curioso. Las motos empleadas son las estadounidenses Harley-Davidson. No las británicas Norton, que por supuesto no hay en Cuba, pero tampoco las fabricadas en la antigua República Democrática Alemana, que sí circulan aún por las calles. La inspiración se busca en el pasado, no en la época revolucionaria.
Que sean Harley-Davidson tiene un significado ideológico especial, porque no sólo es la motocicleta norteamericana por excelencia sino también un símbolo de la Cuba anterior a ese proceso que el Che contribuyó a establecer en la isla. Es más, era el tipo de moto utilizada por la policía batistiana. Así que las referencias a “La Poderosa” del Che y los Diarios de motocicleta son sobre todo propaganda y pretexto: la esencia está representada por la Harley Davidson, de gran tamaño y cilindrada, concebida para ser conducida en carreteras o autopistas: el mito americano, la subcultura del biker y la imagen de Marlon Brando en la película El salvaje. Nada más alejado del ideal revolucionario del Che.
Lo que, por otra parte, el cable de la AFP no señala, es que los tours están supuestos a realizarse utilizando la Harley Davidson (modelo Touring Flhx Street Glide valorado en 20,000 euros) y están repletos de  ofertas de lujo: desde hoteles de cinco estrellas hasta paladares de primer nivel. No hay término medio ni oportunidad de disfrute para los bolsillos más ajustados. Un español tendría que desembolsar 5,000 euros para completar el periplo de nueve días y ocho noches, sin contar el billete de ida y vuelta a La Habana (ronda los 1,500 euros en estas fechas), ni la gasolina de la moto, según explica Javier G. Negre, en el diario español El Mundo.
Por lo tanto, nada de turismo para indios desposeídos, negros discriminados y blancos explotados. El cliente promedio de estos recorridos será un europeo clase media alta, posiblemente ejecutivo de una gran firma o dueño de una empresa que con gusto hubiera nacionalizado el Che. Un europeo que además tiene una gran pasión por las Harley Davidson —con lo que evidencia su amor a la cultura estadounidense y su desprecio al cuidado del medio ambiente— y dinero más que suficiente para darse un gustazo que luego le servirá como tema de conversación en charlas con amigos, reuniones de negocios, y que también lo salve del aburrimiento de una nueva visita a una gran capital europea. Ah, y que incluso puede darse el lujo de cierta “admiración” por el Che, que desde hace muchos años está muerto y bien muerto.
No son viajes para el izquierdista con la camiseta sudada en las manifestaciones callejeras o el adolescente que cuelga el poster en su habitación para demostrar independencia de sus padres burgueses o pequeño burgueses. Nada de aprender aquello de “seremos como el Che”. Más bien demostrar ser mucho más que él: un recorrido para privilegiados.
Cabe entonces preguntarse si ese “símbolo sagrado” no está siendo manipulado con igual comercialismo que en la más vulgar de las empresas. Si el  capitalismo ha sido acusado, precisamente por una hija del Che, Aleida Guevara March, de vender todo lo que pueda ser vendido, “y la imagen de mi padre ha sido muy comercializada en ese sentido”. ¿Qué va a decirle ahora a su hermano?
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparecerá en la edición del lunes 15 de diciembre de 2014.