miércoles, 7 de enero de 2015

¿Lo que es bueno para China es bueno para Latinoamérica?


No es una estrategia nueva. Desde la época de Mao, China viene apostando fuerte en Latinoamérica.
Ahora esa apuesta se multiplica. Pekín aportará $35.000 millones a través de diversos fondos para financiar proyectos de infraestructura y desarrollo en la región, Es la consecuencia lógica de un plan en marcha. No por gusto las visitas de Estado llevan sucediéndose sin interrupción por más de una década.
Hay dos aspectos fundamentales en el foro ministerial entre China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que se celebrará en Pekín el jueves y el viernes.
Uno viene ocupando un lugar privilegiado en los despachos de prensa. La desesperación del presidente venezolano, Nicolás Maduro, por obtener fondos para aliviar la crisis que atraviesa el país. Su visita fue anunciada a última hora y tiene a las claras el objetivo de presionar al más alto nivel la obtención de una nueva línea de crédito. Esta por verse si lo logrará, pero lo más probable es que obtenga un resultado mixto: algo pero no tanto como quiere o necesita.
El segundo aspecto es más importante. Se trata de una reunión ministerial a la que asisten solo tres jefes de Estado: además de Maduro, los mandatarios de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, y de Ecuador, Rafael Correa.
Poco añade a la reunión la presencia de Solís. Correa, por su parte, además de buscar un incremento de la colaboración económica, busca reforzar su imagen como potencial protagonista político dentro de la Celac, algo que viene intentando desde la muerte de Hugo Chávez.
Lo demás será la presencia de una veintena de cancilleres de toda la región.
Es, por lo tanto, una reunión destinada a impulsar iniciativas y sobre todo a instrumentar su puesta en marcha. No es un encuentro para lanzar nuevos planes, sino para desarrollar los creados con anterioridad.
Poco cabe de que se produzca un cambio en la relación entre China y Latinoamérica. Y en este sentido donde cabe la pregunta que encabeza este comentario. Las intenciones de Pekín son continuar la explotación de recursos naturales de la región, de acuerdo a sus intereses. En lo fundamental, es continuar y expandir la adquisición de materias primas a cambio de mercancías. En gran parte productos de calidad variable, desde juguetes baratos y que se rompen pronto —en esencia para los padres lo que importa es el precio, ya que de todas formas los niños “acaban con los juguetes”— hasta tecnología electrónica.
Es un punto de vista válido para quien aporta el dinero, pero que implica que el desarrollo industrial al que China está dispuesto a contribuir se limita a las áreas que necesita para su propio desarrollo. La conclusión es que Latinoamérica continuará transformando su dependencia histórica con Estados Unidos —que en lo político se ha visto mermada, pero en lo económico ha sido incrementada— hacia una segunda dependencia, en este caso con China.
Aquí entran en juego principalmente factores económicos, pero también políticos.
China se reúne con los países latinoamericanos sin la presencia de EEUU.
No hay que ver en ello un fenómeno similar a la expansión soviética de años atrás. No. China no está creando nuevos lazos comerciales en Centroamérica y América Latina como parte de una campaña de estilo soviético para establecer una cabeza de puente en el patio trasero de Washington. China y las empresas chinas están desarrollando también cada vez más actividad en África, Oriente Próximo, el sureste asiático y Europa, donde buscan obtener beneficios de sus inversiones, tener acceso a un número cada vez mayor de consumidores capaces de comprar las exportaciones chinas y asegurar a largo plazo el abastecimiento de los recursos que necesita el país para sostener el crecimiento, crear nuevos puestos de trabajo y reforzar la estabilidad interna. Se trata de un fenómeno, fundamentalmente, de competencia comercial, aunque la política y la economía siempre han marchado de forma conjunta. Solo que, ahora, y a diferencia de lo que ocurría con la desaparecida Unión Soviética, no hay una ideología que domine: quienes mandan son los negocios.
Aquí entra el segundo factor. China se dice un país comunista, pero desarrolla un capitalismo de Estado que juega con ventajas competitivas. Las empresas chinas utilizan el  peso diplomático que brinda una gran potencia para obtener las mejores condiciones comerciales. 
El presidente chino, Xi Jinping, ha dicho: “Cuanto más se desarrolle América Latina, mejor para China”, pero es una declaración que hay que acoger con reservas.
Otra cuestión son las implicaciones políticas.
De los países que acuden al encuentro, 12 de ellos —la mayoría centroamericanos— no han establecido oficialmente relaciones diplomáticas con Pekín, sino con Taipei. De momento, eso no parece ser una limitante para la obtención de dinero
“Todos los miembros de la Celac pueden solicitar el uso de estos fondos”, remarcó  en rueda de prensa Zhu Qingqiao, director general del Departamento para Latinoamérica y el Caribe del Ministerio de Asuntos Exteriores chino.
Una declaración que, también, hay que acoger con reservas. Al menos si se toma en cuenta el desarrollo de los vínculos entre China y los países latinoamericanos.
Cuando Xi Jinping viajó a México en 2013, la visita de Estado, que duró tres días, culminó con el anuncio de la expansión de los lazos comerciales, así como la garantía de que México reconocía oficialmente que Tíbet y Taiwán formaban “parte inalienable del territorio chino”.
Así que no cabe descartar que algunos de los países centroamericanos también cambien su posición respecto a Taiwán en los próximos meses.