sábado, 7 de marzo de 2015

Menéndez y el Medicare

Llama la atención lo difícil que resulta a veces desprenderse por un momento del tema cubano y la fascinación por las teorías conspirativas.
Nada nuevo en este posible enjuiciamiento al senador Robert Menéndez. No tiene sentido hablar de la posición actual del legislador en contra del deshielo entre Washington y La Habana o su oposición a un acuerdo negociado ente Estados Unidos e Irán, porque las acusaciones datan de años atrás, antes de que existieran esos planes. La justicia norteamericana avanza lenta, pero avanza.
Las acusaciones de corrupción en contra de Menéndez son el resultado de una pesquisa de dos años sobre su relación con el oftalmólogo Salomon Melgen.
Melgen —generoso donante de viajes y fondos de campaña de Menéndez— continúa bajo una investigación aparte hecha por un gran jurado federal en West Palm Beach por alegaciones de que su consulta facturó en exceso al Medicare en millones de dólares.
La fiscalía y el FBI se han estado centrando en los esfuerzos de Menéndez a favor de su benefactor político, que incluyeron tratar de resolver personalmente la difícil disputa del médico con el programa de Medicare, financiado por los contribuyentes. Durante el período en que el senador trató de ayudar al médico, Menéndez acompañó a Melgen en varios viajes a la República Dominicana en el avión privado del médico, y se alojó en su mansión, situada en un área turística, en 2010, y todo eso sin reportar sus regalos.
Cuando la controversia sobre su relación se intensificó hace dos años, el senador escribió discretamente un cheque personal para reembolsar a Melgen por los viajes no reportados, pero eso no detuvo varias pesquisas federales en curso.
La disputa de facturación de Melgen con Medicare —con relación a costosas inyecciones oculares para tratar una enfermedad que causa ceguera— se convirtió en una de las áreas a investigar por parte de la Sección de Integridad Pública del Departamento de Justicia en 2013, luego de que agentes federales hicieran una redada en sus clínicas del condado Palm Beach.
En 2009, y de nuevo en 2012, Menéndez se había quejado a altos funcionarios de Medicare que era injusto penalizar al médico porque las reglas de facturación por administrar el fármaco en cuestión, Lucentis, fueran ambiguas. Melgen había facturado $9 millones a Medicare por el fármaco, el cual se usa para tratar la llamada degeneración macular “húmeda”.
Cuando Melgen, quien invirtió en toda una variedad de negocios aparte de su consulta médica, necesitó ayuda el año pasado con un contrato de seguridad de puertos en su país de origen, República Dominicana, recurrió también a Menéndez.
El senador trató de conseguir que el Departamento de Estado reviviera el acuerdo multimillonario, que lleva mucho tiempo estancado, en el puerto de Santo Domingo con una compañía de la que Melgen es propietario en parte.
Las acciones oficiales de Menéndez a nombre de su viejo amigo salieron a la luz luego de que agentes federales hicieran una redada en la clínica de Melgen y otras dos consultas suyas en el sur de la Florida a fines de enero de 2013.
Reportes publicados señalaron que el médico había donado más de $700,000 en el 2012 a la campaña de reelección de Menéndez, y a las de otros demócratas en el Senado.
Al mismo tiempo, un gran jurado federal fue convocado en Miami para estudiar alegaciones de que Melgen había arreglado encuentros con prostitutas en la República Dominicana cuando él y Menéndez pasaron unos días en la residencia del médico, ubicada en el área turística de Casa de Campo.
Las supuestas prostitutas pronto se retractaron de sus historias originales acerca de sus encuentros con ellos. Y el gran jurado de Miami no encontró base alguna para presentar cargos al respecto, de acuerdo con fuentes policiales.
Pero la investigación de corrupción del Departamento de Justicia continuó en Nueva Jersey, centrándose en la cuestión de si Menéndez ejerció influencia política de manera impropia a favor de su viejo amigo
Así que no se trata de que primero la emprendieran con el legislador demócrata por una cosa y ahora por otra.
Cuba no aparece por ninguna parte en este embrollo y lo que está bajo la lupa de la fiscalía, entre otras cosas, son estafas al Medicare.
Claro, hay muchos exiliados a los cuales les entra una especie de gozo cuando oyen de una acusación de estafa al Medicare donde los que aparentemente están implicados pudieran haber escapado a Cuba. Lo siento, este no es el caso.
Los supuestos agentes castristas llegados en los últimos años no tienen el monopolio de las estafas al Medicare. Estas existían con anterioridad. Hay un historial al respecto.
Las estafas al Medicare perjudican a todos los estadounidenses. No deben limitarse a un asunto de castrismo-anticastrismo.
Hay una necesaria distancia entre el poder federal, y de la nación en su conjunto, y el de cada estado. En este país esa distancia es causa de conflicto y análisis constante, pero hasta el momento se ha mantenido el equilibro adecuado (con varios desbalances históricos).
No es un problema nuevo ni limitado a Estados Unidos. Existe por igual en Europa, particularmente en España.
Si el poder federal no existiera, por encima de los estados, en varias partes de este país todavía existirían bebederos, asientos de ómnibus y servicios sanitarios públicos separados para blancos y negros. La segregación racial no habría desaparecido.
Si el poder judicial no actuara con independencia del legislativo y ejecutivo, muchos errores no hubieran sido detenidos o rectificados.
El legislador Menéndez puede ser muy querido en su estado de New Jersey y por un sector de exilio cubano en Miami, pero las posibles acusaciones en este caso desbordan el marco estatal o pueblerino. Son problemas con la justicia federal.
Limitarlo todo a una disputa entre el castrismo y el anticastrismo es, en última instancia, una actitud infantil. Como si el mundo se redujera a un viejo western, en que luchan buenos y malos, indios y vaqueros.
La justicia determinará si el legislador es culpable o no. Por lo pronto, las teorías conspirativas podrán brindar satisfacción espiritual a algunos, lo cual es saludable por contribuir al menos a su precario balance emocional. Pero no más que ello.

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