domingo, 15 de marzo de 2015

Vergüenza ajena


La imagen que acompaña a este artículo puede servir para ilustrar —dar luz al entendimiento, aclarar, instruir, civilizar— sobre las notables diferencias entre ironía, sátira y una burla racista.
Vergüenza ajena siento ante muchos comentarios aparecidos en Facebook tras el despido por la cadena Univisión de su presentador Rodner Figueroa (emplear la palabra “fashionista” me parece el colmo de la cursilería y el ridículo).
Hay tantos malentendidos, tantos criterios absurdos, tantas palabras bochornosas y tanto racismo en algunos de esos comentarios que la experiencia de vivir por más de treinta años la mayor parte del tiempo en Miami no ha logrado librarme del asombro.
Además de condenar el profundo racismo de algunos  de esos comentaristas,  a continuación lo que considero puntos elementales de sentido común y verdades pasadas por alto por quienes escribieron esos textos.
No puedo afirmar que el presentador es racista, ya que es la primera vez que escucho algo de él y sobre él. No sabía siquiera que existía, no por ignorancia sino por falta de interés hacia ese tipo de labor. Por lo tanto, desconozco su historia y persona para poder hacer una afirmación de este tipo. Por otra parte, no creo que aquí se esté juzgando el comportamiento de alguien a lo largo de su vida, ni una conducta sistemática, sino un hecho específico.
Así que tanto los que acusan a Figueroa de racista como los que afirman lo contrario desvían la atención sobre el punto principal.
Por otra parte, la apelación al origen racial, étnico o incluso la nacionalidad también carece de sentido en este caso. El racismo no es un prejuicio limitado a un grupo, raza o nación. Hay racistas de cualquier raza, que se manifiestan de forma prejuiciada hacia otras razas o la suya propia.
El racismo es un problema emocional y social —de tergiversación del juicio por diversos motivos— que no guarda relación alguna con la pigmentación de la piel, los rasgos corporales y la  fisiología en general. Pertenecer a una raza, grupo social o demográficamente minoritario dentro de una población, no condena ni excluye la posibilidad de una declaración racista.
No tiene sentido la apelación a la orientación sexual del sujeto en estas circunstancias —realizada en primer lugar por el propio presentador. Aunque puede entenderse que en su caso fue formulada como parte de una descripción de su persona y labor, también despierta la sospecha de ser un intento de desviar la atención sobre el hecho fundamental y apelar a una forma socorrida —aunque en otras situaciones verdaderas, pero no aquí— de ser asociado a una reclamación socialmente aceptada frente a un supuesto trato discriminatorio.
El ahora expresentador hizo un comentario racista sobre la primera dama Michelle Obama. Basta con oírlo en un video que dura menos de un minuto. Las palabras no han sido sacadas de contexto ni se referían a una caracterización. Estas fueron: “Bueno, ojo, Michelle Obama ustedes saben que parece del elenco de ‘El planeta de los simios’, la película”, dijo Figueroa y se rió. “¡Pero es verdad, es verdad!”, recalcó. No hay excusa posible.
Nada tienen que ver aquí las preferencias políticas, ideológicas o el disgusto hacia la figura y la actuación del presidente Barack Obama, elegido y luego reelegido por los votantes estadounidenses, entre ellos los del condado Miami-Dade, donde ganó las dos elecciones.
Creo que en este caso hay que señalar una diferencia fundamental entre las referencias hacia un dictador o déspota —en donde la burla puede ser interpretada incluso como un mecanismo de defensa ante la impotencia— y el trato que merece un presidente democráticamente electo y su familia.
Un déspota y un tirano incita no solo temor, miedo y rechazo sino también la burla. Obama no es un tirano, aunque la obcecación de algunos en Miami lleven a repetir a la ligera dicha mentira.
Más allá de esto, es bueno recalcar que aquí la referencia en cuestión trasciende la política y cae de lleno en lo que es, más que un estereotipo racial clásico y repetido, un insulto.
Este insulto ha sido utilizado durante mucho tiempo para denigrar a una raza. Es soez, pero sobre todo obsceno. Lo que dijo el expresentador fue una obscenidad, y desde hace años, enfatizado incluso durante el mandato del expresidente George W. Bush, las obscenidades quedaron excluidas de la televisión.
La cadena Univisión es un servicio noticioso y de entretenimiento para todo el país, dirigido a la totalidad de la población, No es una cadena que divulga una revista satírica, no está en manos de un grupo perteneciente a la llamada “contracultura” ni un medio de difusión partidista o anti-sistema.
Tampoco lo ocurrido tiene algo que ver con la libertad de expresión. Hay que volver a repetir que nadie puedo gritar “fuego” en un cine lleno o “bomba“ en un aeropuerto. Lo ocurrido en este caso no es lo mismo pero similar.
La Casa Blanca no ha censurado a nadie ni prohibido nada en relación al incidente.
La reacción de la cadena Univisión se produjo tras la trasmisión en vivo del programa para la costa este del país. Los comentarios de Figueroa fueron editados para la posterior transmisión del programa en la costa oeste. Cuesta trabajo creer que la Casa Blanca estuviera pendiente de lo que se dice en dicho programa y buscara de inmediato la supresión de las palabras.
El ser presentador de televisión, periodista o portavoz —para citar algunos ejemplos— implica una responsabilidad. Cualquier medio noticioso tiene la potestad de exigir el cumplimiento de lo que considera acorde con esa responsabilidad.
En su carta de disculpa a Michelle Obama, Figueroa señala “los momentos tan volátiles que vive nuestro país”. Saludo ese reconocimiento del aumento de la tensión racial imperante actualmente en el país, producto y consecuencia a la vez de la lamentables muerte de miembros de ambas razas. Lamento no hubiera pensado en ello antes de pronunciar sus palabras.
En el caso de las ineludibles comparaciones, tanto los medios de prensa escritos como las cadenas de televisión son especialmente cuidadosas en evitar la publicación o trasmisión de comentarios que puedan resultar ofensivos hacia determinados grupos o minorías, como por ejemplo los hebreos, para citar solo un saludable cumplimiento de esta norma.
La comunidad cubana exiliada es particularmente sensible a cualquier referencia que considera denigrante hacia sus miembros. Apoyar esa llamada de respeto implica poner en práctica igual norma hacia otras minorías o grupos, No atenerse a esa regla implica no solo inconsistencia sino una doble moral. 

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