lunes, 6 de abril de 2015

María Gabriela Chávez: en boca cerrada


No es la diplomacia callada ni la delegada del silencio. Sencillamente parece que no tiene nada que decir.
María Gabriela Chávez asistió el pasado miércoles a lo que fue su primer acto público como representante venezolana en Naciones Unidas. Pero no abrió la  boca.
Cuando se le preguntó si ella acudiría a las reuniones del Consejo, como cualquiera en su cargo lo haría, respondió lacónicamente: “No sé”.
Claro que la hija predilecta del fallecido presidente Hugo Chávez no ha sido nombrada para el cargo que desempeña por su elocuencia —ni siquiera por su presencia—, sino por su herencia.
El presidente Nicolás Maduro, que de cuando en cuando dice que se le aparece Hugo Chávez en forma de “pajarito”, estaba matando dos pájaros de un tiro cuando la nombró: la alejaba de La Casona —la casa presidencial— y de un escándalo de corrupción, al tiempo que le regalaba una vida privilegiada en Nueva York y el resto del mundo. Pero no solo eso.
La familia Chávez ha estado vinculada con las acciones del gobierno desde que Chávez llegó al poder. Adan Chávez, hermano del fallecido presidente es el actual gobernador del estado Barinas; Asdrúbal Chávez, primo, es ministro del Poder Popular de Petróleo y Minería de Venezuela y la propia María Gabriela había realizado las funciones de primera dama durante las giras internacionales de su padre.
Ante esto, la oposición venezolana ha denunciado nepotismo de parte de la familia Chávez. Una declaración injusta y sin fundamentos, dirán los chavistas, originada en Miami y tras la cual se encuentra seguramente un nuevo intento de golpe de Estado, hasta con la posible participación del expresidente español Felipe González.
El pasado año María Gabriela se vio envuelta en un escándalo que el diario argentino Clarín calificó de ejemplo de corrupción, donde acuerdos de compra y venta se realizaron por encima de los valores reales de los productos en el mercado.
Según el periódico argentino, Bioart SA, una empresa de Rosario a la que se atribuyen vínculos con el ministro de Planificación Federal Julio De Vido, exportó arroz a Venezuela con elevados sobreprecios.
La compañía, propiedad de los hermanos Vignati con los que la hija de Chávez mantiene amistad e incluso se ha dejado ver en fotografías en las redes sociales, lleva vendidas más de 40 mil toneladas de maíz a Venezuela pactados a precios del 80% superiores a los del mercado, sumando $6 millones en el negocio, informó en su momento Martínoticias.
Según describe Clarín, estos hermanos comenzaron la exportación de maíz el 28 de febrero del 2014, justo después de una visita a la embajada argentina en Caracas en la que se reunieron con María Gabriela Chávez.
María Gabriela, al igual que su hermana Rosa Virginia, sigue teniendo un peso importante en el gobierno de Maduro, no por participar en las decisiones políticas —algo que no debe preocuparles a ambas en la actualidad, mientras no afecten sus intereses— sino al constituir una especie de “herederas al trono”: continúan explotando los réditos obtenidos tras la imagen de ese Chávez enfermo y sonriente pese al sufrimiento, tratando de parecer imbatible, con ambas siempre a su lado.
Las dos hijas de Chávez han sido objeto de fuertes críticas en la opinión pública venezolana, por la vida de despilfarro que llevan y que incluso ellas mismas han mostrado en fotos.
Maduro, que desde que tomó posesión no ha logrado evitar que su gobierno atraviese una crisis tras otra, siempre ha necesitado el apoyo entre sus partidarios que aún le brinda la familia Chávez.
Sin embargo, como en otros asuntos venezolanos, la razón más poderosa tras el nombramiento parece vino de La Habana.
Cuando se produjo, el nombramiento tuvo todos los visos de una decisión cocinada en La Habana y Caracas. En abril del pasado año, María Gabriela visitó al ex gobernante cubano Fidel Castro en su hogar en La Habana.
Desde entonces se ha especulado reiteradamente que la presencia de la hija de Chávez como embajadora alterna apuntaba a que Cuba lograría, por su intermedio convertirse en miembro de facto del Consejo de Seguridad, al que se incorporó Venezuela como miembro no permanente en enero de este año.
“No cabe duda de que los cubanos, que tienen una delegación competente en la ONU, se encargaran de hacerle la tarea. Armarle reuniones, escribirle propuestas, discursos. En resumen, Cuba seria el ventrílocuo que hablaría por la boca de la Srta. Chávez en nombre de Venezuela”, dijo Diego Arria, ex presidente del Consejo de Seguridad de la ONU, el 17 de agosto del 2014.
Ahora sus palabras se han hecho realidad.
El miércoles María Gabriela Chávez no tomó la palabra, aunque recibió abrazos y calurosos saludos. El representante de Cuba dijo que era un honor hablar en su presencia. Por supuesto que para los fines que ha sido nombrada, la hija de Chávez no necesita hablar. Es más, ese es uno de sus méritos para desempeñar el cargo.

Estar callada.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 6 de abril de 2015.