martes, 14 de abril de 2015

¿Y ahora qué?


Es una medida largamente anuncia en los últimos meses. La salida de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, elaborada por Estados Unidos, tiene al mismo tiempo un carácter simbólico, consecuencias prácticas y supone un paso clave en lo que se espera sea un largo proceso para la normalización de relaciones entre Washington y La Habana.
Cuán importante es la medida y cuáles son sus resultados inmediatos es la pregunta que vale la pena formularse una vez más, ya que el proceso ha estado rodeado de un gran número de declaraciones y opiniones, que por lo general cumplen el objetivo de identificar y dejar en claro posiciones políticas, pero que al mismo tiempo entorpecen un análisis objetivo de las implicaciones del hecho. CUBAENCUENTRO intenta a continuación trazar la línea divisoria entre la realidad y las ilusiones, deseos y frustraciones que este paso, de indudable trascendencia histórica, acarrea, a tiempo que invita a reflexionar al respecto.
¿Es el fin de las diferencias políticas e ideológicas entre Washington y La Habana?
Ni remotamente. Aunque en la Isla el régimen ha saludado el anuncio, y desde el punto de vista simbólico logra anotarse un tanto a su favor, mucho continúa igual que ayer: el embargo no cambia, las diferencias políticas e ideológicas persisten y de inmediato el cubano de a pie no va encontrar ventaja alguna. Quizá sí a corto plazo en el caso de que tenga un pariente que busca visitarlo, pero incluso en esa situación, el resultado será la estabilización de un procedimiento que de forma temporal se continuaba realizando. La consecuencia primera y más inmediata probablemente sea que finalmente el consulado cubano en Estados Unidos logre encontrar un banco que se haga cargo de sus operaciones. Pero no cambian las regulaciones que rigen el embargo ni las restricciones comerciales existente. Si se acude a la socorrida comparación con una cebolla, digamos que se ha eliminado una capa, pero no se ha llegado al centro. La Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC) del Departamento del Tesoro continuará vigilando estrechamente cualquier operación que tenga que ver con Cuba y estableciendo sanciones.
“Las sanciones económicas bajo las normas de control de activos cubanos (de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro) permanecerán vigentes y la mayoría de las transacciones con Cuba y con ciudadanos cubanos y con el gobierno cubano seguirán estando prohibidas sin una autorización del Tesoro”, dijo un funcionario estadounidense a la agencia Reuters.
La persistencia de las diferencias políticas ha quedado clara, por parte de la Casa Blanca.
“Seguiremos teniendo diferencias con el Gobierno cubano, pero nuestras inquietudes respecto a un amplio espectro de políticas y acciones cubanas no forman parte de los criterios relevantes para mantener a Cuba en la lista” negra, dijo el portavoz del presidente Barack Obama, Josh Earnest, en un comunicado.
“Las circunstancias han cambiado desde 1982, cuando Cuba fue incluida por sus esfuerzos por promover una revolución armada por fuerzas en América Latina”, recordó por su parte el secretario de Estado, John Kerry. “Nuestro hemisferio, y el mundo, es muy diferente de como era hace 33 años”, agregó en una declaración.
El siguiente paso en el proceso de normalización debería ser la reapertura de sendas embajadas, tanto en Washington como en La Habana, otro de los procesos que parecen resistirse, sin que ninguna de las partes explique el porqué de la tardanza. Ambos gobiernos han advertido además de que la salida de Cuba de la lista negra y la reapertura de las embajadas son la parte relativamente más fácil de un proceso de normalización de relaciones que será largo y difícil.
¿Cuándo entró Cuba en la lista?
La lista de países que patrocinan el terrorismo se creó 29 de diciembre de 1979 e incluyó entonces a Libia, Irak, Yemen del Sur y Siria. Contrariamente a lo que podrían creer algunos en Miami, no fue idea de un mandatario republicano, sino de un demócrata.
El gobierno de Estados Unidos instauró en 1979, bajo la presidencia de Jimmy Carter, una especie de examen para determinar qué países prestaban algún tipo de “apoyo al terrorismo”.
El 1 de enero de 1982, bajo el mandato del republicano Ronald Reagan, Cuba entró en esta lista, de la que actualmente también forman parte Irán, Siria y Sudán. Los motivos expuestos para esa decisión fue lo que Washington consideraba un apoyo probado a grupos armados marxistas en América Latina, así como a elementos de ETA y de las FARC a los que proporcionaba refugio en su territorio. Desde el comienzo, La Habana condenó como “injustificable” su presencia en un informe que implica la imposición de sanciones económicas y políticas a los señalados.
El argumento utilizado año tras año por el Departamento de Estado fue que Cuba se había convertido en un refugio de terroristas internacionales; entre ellos miembros de ETA. Para EEUU, la principal prófuga terrorista estadounidense que ha encontrado refugio en la Isla es Joanne Chesimard, buscada por el asesinato de un policía en Nueva Jersey en 1973.
En su última revisión, el Departamento de Estado ya había reconocido que no había indicios que apuntasen a una colaboración activa del gobierno de Raúl Castro con grupos terroristas.
Las sanciones y restricciones por estar en la lista
La lista de países, tal como ocurre con la de organizaciones terroristas, acarrea para sus integrantes una serie de restricciones. Las cuatro principales categorías de sanciones incluyen límites a la ayuda de EEUU, un veto para la exportación de armas, controles para el envío de artículos de “uso doble”, con aplicaciones civiles y militares, algo que tiene que ver fundamentalmente con alta tecnología y comunicaciones, y restricciones financieras.
Como ya se ha señalado, uno de los primeros efectos prácticos de la salida de Cuba de la lista podría ser el establecimiento de cuentas bancarias en Estados Unidos por parte del gobierno de Cuba. La Sección de Intereses de Cuba denuncia desde el año pasado que ningún banco quiere prestarle servicio por miedo a posibles castigos. A un plazo más largo, la salida de la lista es una condición necesaria, pero no suficiente, en el camino hacia la obtención de prestamos y ayudas de instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, ya que la medida terminaría con la prohibición de recibir ayuda económica de EEUU y la oposición automática de Washington a que las instituciones financieras internacionales realicen préstamos a La Habana.
Carácter político de la lista
Uno de los aspectos fundamentales por la cual la lista ha sido criticada una y otra vez, y no solo en el caso de Cuba, es por su marcado carácter político.
Estados Unidos creó la lista en plena guerra fría y en un contexto internacional donde sólo se identificaban como enemigos a países y no a grupos que en la actualidad trascienden las fronteras y tienen un carácter internacional . Más de tres décadas después, la elaboración de la lista  continúa manteniendo esa característica.
Es debido a es interés político el que, según The Washington Post, la Casa Blanca ha mantenido fuera de la lista históricamente a países como Pakistán y Arabia Saudí, a pesar de que en sus respectivos territorios han surgido organizaciones terroristas de alcance transnacional.
Es hasta cierto punto lógico que, tras afirmar el Departamento de Estado de que en la actualidad Cuba no cae entre los parámetros que en la actualidad definen el terrorismo y su apoyo, y a partir de un cambio en la política hacia el régimen, se tomara la decisión de excluir al gobierno cubano del listado.
¿Qué países han logrado salir antes que Cuba?
Durante el mandato del republicano George W. Bush varios países lograron salir de la lista, por razones diversas.
Irak salió de la lista en 2003 tras la invasión de Estados Unidos, Libia en 2006 tras el compromiso del régimen de Muamar Gadafi de aumentar la cooperación contra el terrorismo y abandonar su programa de armas de destrucción masiva y Corea del Norte en 2008 por sus compromisos de aperturismo en materia nuclear.
¿Pueden los republicanos bloquear la salida de Cuba?
Resulta muy difícil y casi imposible
Tras el anuncio, el presidente estadounidense cumple con el requisito formal de enviar al Congreso un informe sobre la retirada de Cuba. Tradicionalmente la legislación norteamericana concede al poder legislativo un gran peso en decisiones de política exterior, lo que ayudará a la Casa Blanca a salvar cualquier oposición.
El Congreso tiene 45 días de plazo para analizar la decisión del Presidente y negociar una potencial resolución conjunta para bloquearla. Sin embargo, la mayor parte de los analistas coincide en que resulta improbable que se reúnan los votos necesarios para esta acción. No se trata de que el Congreso debe aprobar o no la acción presidencial, como por ejemplo en la confirmación de un embajador, sino que tiene que obtener los votos necesarios para presentar un proyecto de ley que impida la medida y limite al presidente. Algo hasta cierto punto similar a crear una nueva Ley Helms-Burton específica para esta situación. Ello resulta poco probable. En gran medida por los intereses comerciales que existen en numerosos estados con el acercamiento a Cuba. Pero en última instancia, en caso de que el Congreso logre obtener los votos suficientes y aprobar la resolución, la última palabra seguiría siendo de Obama, que podría vetarla. Entonces el Congreso tendría que obtener más votos aún para anular el veto, algo que el actualidad ni siquiera los legisladores más opuestos a la medida se han atrevido a insinuar que podría ser posible.