viernes, 7 de agosto de 2015

Por qué me gusta Donald Trump


Me gusta Trump porque ha puesto a las claras lo que ha sido por décadas la campaña electoral a la presidencia de Estados Unidos, tanto para demócratas como para republicanos: un espectáculo. Esto, por supuesto, no quiere decir que comparta sus ideas ni que lo considere un candidato perfecto —creo que ni siquiera es un candidato imperfecto—, así como tampoco creo que se ha atrevido a ello por coraje. Simplemente es algo natural en él. No se puede esperar otra cosa de alguien vinculado económicamente a los negocios del juego, los concursos de belleza, los reality shows televisivos y los bienes raíces. Si el electorado estadounidense carece tanto de juicio como para elegirlo presidente es otra cuestión. No lo espero, pero es capaz de entretenernos por varios meses, sobre todo en la época veraniega, que se caracteriza por la ausencia de noticias. Así que para los periodistas Trump es una especie de bendición en medio del bochorno y no debemos ser mal agradecidos.
Me gusta Trump porque está haciendo bailar al tono de su música al resto de los aspirantes a la candidatura republicana, y eso es bueno para poner fin a tanta hipocresía.  El Partido Republicano es antiinmigrante y punto. Lo demostró en la anterior campaña presidencial y no se puede quitar esa carga de arriba. Estamos asistiendo a igual repetición de un fenómeno de desgaste, que obliga a los políticos republicanos a competir por ver quien asume una actitud retrógrada más fuerte durante las primarias, para luego intentar quitarse el sombrero y mostrarse centrista y partidario de la clase media cuando llega la contienda nacional, bajo la asunción de una falta de memoria de memoria de los votantes —en el mejor de los casos— o simplemente aferrados a la creencia de quienes acuden a las urnas son estúpidos.
Me gusta Trump porque hace un alarde de que su pensamiento político es de una simpleza aplastante, y que todo puede juzgarse bajo la óptica del alarde del dinero:  “A Hillary Clinton le dije ‘Ven a mi boda' y vino a mi boda. No tenía elección. Yo había donado a su fundación”, explicó Trump, quien usó este ejemplo, protagonizado por él mismo, para probar que “el sistema está roto”. Así de simple.
Me gusta Trump porque reivindica a Ernest Hemingway, que cuando Scott Fitzgerald le dijo que los ricos eran diferentes se limitó a responder: “Sí, tienen más dinero”.
Me gusta Trump porque está haciendo visible una realidad a la que vengo refiriéndome desde hace varios años —perdón el comercial, pero estamos hablando de la política como espectáculo—, y es que el Partido Republicano está fracturado y su final es dividirse, escindirse irremediablemente. Trump amenazó con presentar una candidatura independiente si no resulta nominado por dicho partido para ser el candidato.
Me gusta Trump porque a las claras demuestra, con su popularidad en las encuestas, que los republicanos son en buena medida homofóbicos, detestan a las lesbianas y no solo simplemente rechazan el matrimonio homosexual sino son profundamente machistas, lo que además servirá para que pierdan muchos votantes. Cuando la moderadora de Fox News, Megyn Kelly, le preguntó por sus comentarios irrespetuosos hacia algunas mujeres, a las que ha llamado “cerdas gordas, perras, guarras y animales desagradables”, Trump respondió con un escueto “solo a Rosie O'Donnell”.
Me gusta Trump porque ha limitado el debate republicano al tema de inmigración, que es un tema de desgaste para dicho partido, y está encerrándolo en un escenario tipo western de los años cuarenta: los mexicanos como peones o bandidos como único papel disponible. O simplemente elevando a nivel de campaña presidencial aquel enunciado de Jorge Luis Borges al referirse al número de muertes que achacar a Billy The Kid: “sin contar mexicanos”.
Me gusta Trump, en fin, porque si logra la candidatura republicana para la presidencia será una derrota total en las urnas, Y eso me hace feliz.

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