lunes, 10 de agosto de 2015

Protesta contra Obama en La Habana


Para algunos podría ser la gota que colmó el vaso, lo último que faltaba por ver. Quizá la explicación del hecho radique en considerarlo la consecuencia lógica de un camino iniciado hace unos pocos años.
La organización Damas de Blanco nació para protestar por las injustas condenas que llevó a la prisión, con sentencias de largos años de encarcelamiento, a un grupo de periodistas independientes, activistas y opositores pacíficos en general.
Este objetivo ha cambiado en la actualidad —mejor sería decir se ha tergiversado— y el grupo se ha convertido en la representación más visible en Cuba de los puntos de vista de un sector del exilio cada vez más reducido, que por décadas ha respondido con una fidelidad absoluta a los planteamientos del Partido Republicano.
Por supuesto que por un problema de comodidad y rutina las agencias cablegráficas y los medios de prensa siguen catalogando a las Damas de Blanco de cara al pasado y no al presente. Pero las Damas de entonces ya no son las mismas.
Ante todo porque los familiares encarcelados —en favor de los que se manifestaban al inicio de organizarse— no están en la cárcel sino en el exilio la mayoría y otros con una libertad condicional, que en la práctica los limita a no poder viajar al exterior, al no aceptar abandonar el país; un gesto que por otra parte merece todo el respeto, así como resulta válido reclamar al gobierno de La Habana que debería otorgarles la libertad plena, sin condición alguna.
Pero las Damas de Blanco vienen demostrando desde hace algún tiempo que la liberación de los presos políticos no es su objetivo, o al menos no es su interés primordial en estos momentos.
En primer lugar porque los diversos grupos opositores no han logrado ponerse de acuerdo en quienes son esos presos, la cifra más o menos exacta y confeccionado una lista unitaria sobre la cual establecer un reclamo.
En segundo porque dicho reclamo se ha convertido en una nebulosa que se repite como un mantra con un fin muy preciso, no de liberar sino de condenar, solo que el condenado es en esta ocasión el gobierno estadounidense y el plan del presidente Barack Obama de modificar el enfoque bajo el cual tratar al régimen de Raúl Castro.
“El (Obama) tiene la culpa de lo que está pasando (en Cuba)”, declaró el expreso político Ángel Moya, de acuerdo a un cable de la AFP.
Curioso, hasta ahora la opinión generalizada —salvo para los partidarios del castrismo— era que los hermanos Castro y sus seguidores eran los culpables de lo que pasa en Cuba.
“Por esto tenemos esta careta, por su culpa”, agregó Moya, marido de la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler.
Así que a la habitual protesta de los domingos se ha sumado un nuevo culpable: Obama. Para gozo de algunos aquí en Miami.
Unos 90 opositores cubanos, entre ellos medio centenar de Damas de Blanco, fueron detenidos el domingo tras protestar con máscaras del presidente Barack Obama en rechazo a la reapertura de la embajada estadounidense en la isla, observó un periodista de la AFP.
La represión contra las Damas de Blanco y los opositores debe cesar. Tienen todo su derecho a protestar pacíficamente contra el gobierno de la isla o el presidente Obama, o contra el buen vecino que no los saluda.
Sin embargo, resulta paradójica la protesta pública de un grupo, que se declara a favor de la liberación de los presos políticos, hacia un jefe de Estado que logró la libertad de 53 prisioneros como uno de los puntos de inicio de la negociación entre Cuba y Estados Unidos. Eso para no decir que constituye una muestra de poco agradecimiento.
(El mal agradecimiento parece ser inherente en estos casos, como en buena medida lo han sufrido ya otros, en especial el cardenal Ortega, y es posible que las paredes del Vaticano no sirvan para salvarse de él ni al papa Francisco.)
Más paradójico aun es el hecho de las Damas de Blanco y los opositores que las siguen se manifiesten contra una negociación con la que está de acuerdo la mayoría del pueblo cubano. Esta manifestación del domingo servirá para aislarlos más todavía de ese pueblo con el que les ha resultado imposible establecer contacto, en gran medida por la conocida represión imperante en el país, pero también por su estrategia.
Es precisamente un problema de estrategia el que enfrentan estos opositores, que han decidido adoptar la que durante mucho tiempo gozó de gran popularidad en el exilio, y en estos momentos se limita solo a un factor emotivo: la del objetivo o fin interpuesto.
Por años se pensó que EEUU no permitiría un gobierno socialista a 90 millas. Después que tras la caída de la Unión Soviética el régimen cubano estaba liquidado. Luego el derrumbe del chavismo pasó a ocupar ese lugar.
La cuestión es que resulta inútil echarle la culpa al gobierno de Obama —además de un indicador de una fuerte dependencia hacia EEUU— de lo que ocurre en Cuba. Eso solo sirve para fines electorales, en Miami y Washington, pero no en la isla y mucho menos más allá de Hialeah.
Esa fidelidad a un punto de vista, y un patrón de conducta ajeno, solo vuelve a evidenciar un viejo axioma: el que paga manda. Las Damas de Blanco y otros opositores solo están demostrando que les preocupa sobre todo sus fuentes de financiamiento.
Lo lamentable del hecho es que, incluso si se da por cierta la cifra del periodista de la AFP —las fotos de lo ocurrido muestran a un grupo de manifestantes mucho más reducido y los rostros de opositores detenidos que presentan no pasan de una docena—, el número de los que se oponen al deshielo entre Cuba y Estados Unidos es ínfimo con relación a la población cubana y estadounidense que lo apoya. Algo así como una pequeña pataleta.