domingo, 13 de septiembre de 2015

Corbyn y el pecado de siempre con la izquierda europea


La victoria de Jeremy Corbyn como líder del laborismo británico vuelve a colocar en el tapete las dos caras de la izquierda europea. Por una parte el debate sobre si continuar el rumbo de acercamiento al rumbo, que en los últimos tiempos de crisis ha llevado a la social democracia a perder parte de sus votantes tradicionales. Corbyn sería la respuesta, al menos en el Reino Unidos. de un giro a la izquierda.
Pero al mismo tiempo ese giro a la izquierda refuerza otra posición caracterizada por el inmovilismo y la incapacidad de reconocer una dictadura o la falta de libertades políticas cuando se trata de regímenes supuestamente “revolucionarios”, y que en la actualidad lo que representan es a la reacción. Son, por supuesto, los casos del chavismo y el castrismo.
Así Corbyn, que abogó —inútilmente y dentro de sus limitados medios como diputado de un pequeño municipio británico— para que el fallecido exdictador chileno Augusto Pinochet fuera juzgado en Inglaterra siempre se ha mostrado partidario de Hugo Chávez, Fidel Castro y los ahora gobernantes de Venezuela y Cuba. Esta dualidad al llevar a cabo una valoración, en que solo importa el aspecto político, mancha la trayectoria de cualquier aspirante al poder en Europa, por muy defensor de los desfavorecidos que se suponga sea.

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