viernes, 23 de octubre de 2015

Terapia gratuita para unos pocos, a cuenta de Miami


Se realizó en Miami un foro para “mostrar” los “peligros” de invertir en Cuba, organizado por la alcaldía de la ciudad y el grupo anticastrista Directorio Democrático Cubano, según un cable de la AFP. La agencia no aclara el alcance de la participación del gobierno de esta ciudad en el evento, más allá de la presencia del alcalde Tomás Regalado. Si dicha organización significó un apoyo logístico que implicó fondos municipales, cualquier residente tiene el derecho de cuestionarse el empleo de fondos a los que contribuye en un evento que nada reporta a la comunidad, salvo una ayuda emocional para unos pocos.
Ayuda sentimental muy loable para descargar el espíritu atribulado de un grupo de exiliados, además de socorrido boleto de viaje, capaz de aliviar ―al menos temporalmente― la penosa carga de vivir en Cuba de algunos activistas, quizá agobiados en su labor disidente de fin de semana. No es fácil vivir en la isla, y menos aún durante algunos domingos, así que la recompensa es válida y merecida.
Solo que a los efectos del aparente objetivo de la cita ―esto es, mostrar o alertar sobre los peligros de invertir para los inversionistas extranjeros― el resultado es nulo.
En primer lugar por aquello de que nadie escuchaba. Vale ante todo preguntarse cuánto capitalista dispuesto o dudoso de poner su dinero en la isla estuvo al tanto de lo que se habló en Miami.
Luego por la incapacidad de los expositores, ya que no participaron economistas, expertos en factores de riesgo, sociólogos o analistas de sistema con el conocimiento necesario para detallar los pro y los contra de una inversión.
Por supuesto que el discurso en contra del gobierno cubano y lo injusto e inadecuado del sistema ―valido desde el punto de vista moral y político― no resuelve las aparentes dudas de quien ha considerado o considera realizar una inversión en Cuba, y menos aún si esa advertencia se lanza desde Miami.
Así que tampoco tiene mucho sentido, a los oídos de los inversionistas, la consideración de si esa inversión realmente llegará a beneficiar a la población, ya sea en Cuba, Tailandia, Francia o Estados Unidos. Si acaso, las palabras al respecto quedan para los discursos, antes o después de los brindis y los postres.
Así que al parecer, según quienes reportaron el evento, al final todo se limitó al consabido discurso en contra de la administración de Obama y su actual política hacia el gobierno cubano. Y aquí si es posible que la función catártica de la reunión ofreciera algún resultado y entrara en funcionamiento cierta “jugosidad”, para usar la llamativa expresión formulada por una expositora.
Las empresas que lleven dinero a Cuba “lo hacen con un gran riesgo de perder la inversión”, dijo el alcalde Regalado, quien al igual que los disidentes que intervinieron en el foro se oponen al acercamiento entre Washington y La Habana, de acuerdo al cable de AFP.
Por supuesto que las inversiones en Cuba son riesgosas ―y nada en esta nota debe interpretarse como un criterio a favor de las mismas―, pero precisamente ello constituye parte del juego en que se colocan en una balanza riesgos e inversiones, y ello no las aleja mucho, en última instancia. De una apuesta en una mesa de póquer. El único problema al respecto es que así es el capitalismo. Y por ello en muchas ocasiones resulta difícil entender a ciertos activistas que postulan para Cuba un sistema lo más cerca posible a un libre mercado sin contrapesos, mientras recurren a un pensamiento “socialista” cuando les conviene.
En el caso del alcalde Regalado, resulta curioso ese afán por alertar a los inversionistas extranjeros, en especial a los españoles ―incluso ha viajado al país europeo a tal efecto―, en un empeño que parece desconocer o pasar por alto que en la actualidad hay mecanismos de protección y aseguramiento para esas inversiones, facilitados en buena medida por el actual gobierno español, que ha creado o restablecido mecanismos al respecto; un gobierno que, por otra parte, se presume cuenta con la simpatía del propio alcalde de Miami, por evidentes razones políticas e ideológicas.
Aunque consideraciones con las enunciadas hasta ahora corren el riesgo de ser tan equivocadas e inútiles como el mismo evento a que se refieren. Porque al final en Miami lo único que importa, para algunos, es mantenerse encerrados en su propia burbuja mientras aparentan al menos hacer algo. Eso, por supuesto, mientras dure el dinero.