domingo, 29 de noviembre de 2015

¿Fanatismo religioso o drogadictos y narcos?


Radicales y fundamentalistas. Lucha entre civilizaciones. Religiones milenarias. Barbarie y democracia. Libertad e intransigencia. Lo moderno frente a lo arcaico. Judaísmo y cristianismo frente al islam. Los conceptos y categorías se repiten una y otra vez cuando se analiza la situación actual, en que Occidente se enfrenta a diversas organizaciones terroristas. Las referencias son válidas, ¿pero suficientes?
Enfocar este conflicto solo en sus aspectos ideológicos, geográficos e históricos permite asumir una posición hasta cierto punto cómoda frente al terror, aunque parezca paradójico.
En primer lugar porque opaca un factor determinante: la pobreza. A ello acaba de referirse el Papa Francisco.
“La experiencia demuestra que la violencia, los conflictos y el terrorismo que se alimentan del miedo, la desconfianza y la desesperación nacen de la pobreza y la frustración”, afirmó el Pontífice durante una recepción del presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta.
Muchos, no todos los participantes en los asaltos recientes en París, habían nacido y se habían criado en suelo europeo y hablaban francés porque era su lengua original. Uno de ellos, Samy Amimour, había trabajado durante 15 meses como conductor de un autobús público de la capital francesa.
No es tampoco una visión de conjunto. Los investigadores consideran que al menos dos de los participantes en los atentados entraron a Europa entre los refugiados en Grecia y Serbia.
Esta mezcla de naturales y extranjeros tienen en común la frustración y la desigualdad. Ello no justifica sus crímenes, pero ayuda a explicarlos, y por supuesto debe servir de instrumento para combatirlos mejor.
Frustración y desigualdad que en muchas ocasiones lleva a la delincuencia. De delincuentes siempre se alimentaron los llamados “movimientos de liberación nacional”, como muestra La Batalla de Argel, una película que mantiene su vigencia y excelencia cinematográfica, más allá del punto de vista político de su realizador. Ahora la guerra es en otros términos, pero muchos de los participantes en el bando contrario surgen de similares condiciones emocionales, aunque se manifiestan bajo una ideología diferente, o similar y cercana.
Delincuencia que en la actualidad se menciona, pero no se recalca bajo el mantra ideológico y religioso, salvo para caracterizar a uno que otro enemigo.
Sin embargo, este aspecto delictivo es fundamental para explicar lo que está ocurriendo.
¿Se lanzan al combate y al suicidio los yihadistas impulsados por un fanatismo religioso despiadado o bajo los efectos de una droga?
Sin duda hay un componente religioso, pero la droga también existe.
El consumo de Captagón es muy común en los países árabes. En Occidente suele conocerse como “la droga de los yihadistas”, por el uso que hacen de ella los combatientes en Siria.
Un medicamento que se empezó a producir en 1963 para tratar la hiperactividad, la narcolepsia y la depresión, el Captagón fue prohibido en la década de 1980 por la falta de potencial terapéutico y su parecido a las anfetaminas, según la BBC.
Las cifras de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) reflejan que en el 2010 Arabia Saudita recibió cerca de siete toneladas de Captagón, un tercio de la producción a nivel mundial.
“Siria ha sido durante mucho tiempo un punto de tránsito para las drogas procedentes de Europa, Turquía y Líbano hacía los países ricos del Golfo”, agrega la UNODC.
Al igual que ocurre al enfrentar a los talibanes, donde Afganistán es el primer productor mundial de opio, el narcotráfico es un componente fundamental en la oposición al Estado Islámico.
Tras el aspecto religioso, hay otro más lucrativo y vulgar. No es una lucha contra el islam en abstracto, sino contra el narcotráfico en concreto. 
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 30 de noviembre de 2015.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Una “crisis” distinta.


Si algo se puede afirmar sobre lo que viene ocurriendo con los cubanos que ahora tratan de llegar a la frontera sur de Estados Unidos, y están retenidos en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua, es que esta “crisis” —que más bien aún es un peligro o amenaza de crisis humanitaria, pero que ya puede catalogarse de problema regional— desafía los esquemas anteriores, que siempre estaban a mano para analizar situaciones similares en el pasado.
Para complicarle más la tarea a quienes se empeñan en la labor de examen, el desafío al mismo tiempo contiene aspectos similares a lo ya ocurrido, por lo que se entiende —aunque no se justifica— la tentación de reiterar ideas y explicaciones, como si asistiéramos a una simple repetición.
No es así. Las herramientas de análisis propias de la época de la guerra fría, que con evidente eficacia se utilizaban ayer, resultan incompletas hoy; las descripciones que convencían con un par de párrafos pasan por alto los detalles en la actualidad; las socorridas referencias a una supuesta conducta tradicional del gobierno cubano ignoran comportamientos anteriores.
Todo ello contribuye a que mucho de lo escrito hasta el momento sobre el tema tenga un olor a rancio. En lo que respecta a Cuba, desempolvar los archivos siempre es necesario, pero nunca resulta concluyente.
Por ello es necesario, acotar al menos ciertos puntos, delimitar los hechos:
-No estamos ante un nuevo Mariel. Ni va a producirse una segunda crisis —aquí sí el concepto adquiere su definición mejor— en la isla, como la que culminó en el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso, que en poco tiempo trajo unos 120.000 cubanos a la costas de Florida. Tampoco asistimos a una repetición de la “Crisis de los Balseros”.
-Para decirlo de forma más breve: esta no es una crisis dentro de Cuba, sino fuera de Cuba. La diferencia es notable, y permite al gobierno de La Habana la puesta en práctica de una táctica distinta.
-Lo que sí existe es una crisis perpetua en Cuba, que ha llevado en los dos últimos años a que unos 100.000 cubanos entraran en EEUU, con documentos legales que autorizan su entrada o sin ellos. Cien mil cubanos en dos años, de una población aproximada de 11 millones de habitantes, es una cifra que indica un fracaso colosal del sistema cubano. Aunque ello no es noticia.
-Lo que viene ocurriendo en Costa Rica es un hecho —indudablemente penoso— que ha captado la atención de la prensa, pero que solo forma parte de un éxodo masivo que viene produciéndose desde hace años.
-Tanto el gobierno de Cuba como el de EEUU han mantenido siempre una política migratoria ajustada a la situación y los intereses políticos de cada cual.
-Durante años —principalmente luego de Camarioca y los llamados “Vuelos de la Libertad”— el gobierno de La Habana redujo al mínimo o prohibió la salida del país, ya desde antes obligaba a quienes deseaban marcharse a largos años de trabajo en la agricultura e impedía irse a los profesionales en cualquier campo. Al llegar a la presidencia el republicano Ronald Reagan, Washington mantuvo la puerta casi cerrada. Precisamente entonces Costa Rica era el “tercer país” que acogía a los cubanos en tránsito, pero siempre y cuando ellos tuvieran los documentos indispensables y que hacían posible gestionar la visa estadounidense en el consulado correspondiente en su territorio (el famoso I-130). Los cubanos sin la documentación requerida, y sin una cuenta bancaria en Costa Rica, gestionada por el gobierno costarricense, no podían entrar en San José.
-Durante la época de este procesamiento insólito, en que la oficina de la aerolínea española Iberia actuaba como una especie de consulado espurio en Cuba, ocurrieron ilegalidades en las visas, detención del proceso y reinicio desde cero.
-Si sirve de algo para señalar un cambio de circunstancias en Cuba, cabe señalar que nunca se produjo protesta alguna frente a las oficinas de Iberia en La Rampa, en El Vedado, pese a que muchas familias cubanas perdieron el dinero por los fraudes ocurrido y tuvieron que comenzar de nuevo.
-En varias ocasiones a lo largo de décadas, el gobierno de Fidel Castro amenazó —de forma directa o velada— con la posibilidad de un éxodo masivo, al cual se refirió públicamente con un énfasis de que estaría en condiciones de impedir. Raúl Castro no ha formulado tal tipo de amenazas desde su llegada al poder.
-A partir de la promulgación del Decreto-Ley No. 302, que modificó en parte la política migratoria del Gobierno cubano –la Ley No. 1312 (Ley de Migración del 20 de septiembre de 1976— resulta muy difícil argumentar que cualquier cubano que llega a suelo estadounidense es, en alguna medida, un refugiado político, y merece una consideración especial.
-Aquí vale la pena detenerse brevemente, porque la Ley de Ajuste Cubano no trata sobre el otorgamiento del estatus de “refugiado político”, a los efectos legales, a los cubanos que llegan a suelo estadounidense, ni tampoco es esta la razón de ser de la famosa ley. Pero desde el punto de vista de imagen y propaganda, hubo un cambio notable cuando se plantea la razón de existencia de la medida.
-La Ley de Ajuste Cubano (LAC) promulgada en 1966, durante la presidencia del demócrata Lyndon Johnson se fundamenta en que los cubanos no pueden ser deportados, ya que el régimen de La Habana no los admite, que en cualquier caso estarían sujetos a la persecución y que en la isla no existe un gobierno democrático. -La medida deja a la potestad del Secretario de Estado su aplicación, y para su cambio o abolición de forma adecuada requeriría de un acuerdo migratorio de mayor amplitud entre Cuba y Estados Unidos, especialmente en lo que se refiere al tema de las deportaciones de criminales, delincuentes o indeseables. Así que su mantenimiento no depende solo de Washington, sino también de La Habana.
-Como en ocasiones anteriores, dicha ley debe salir a relucir como parte de la agenda de discusión en la reunión entre delegaciones de EEUU y Cuba que tendrá lugar el 30 de noviembre en Washington, pero el encuentro girará fundamentalmente sobre la puesta en práctica de los acuerdos migratorios bilaterales ya existentes. Si La Habana cambia su posición respecto a la aceptación de reportables, entonces la abolición de la LAC es más inmediata.
-Sin un cambio en la actitud de Cuba hacia las deportaciones (EEUU quiere enviar 35 mil delincuentes cubanos de regreso a la isla), existe la probabilidad de que la exigencia de un ”gobierno democrático” sea pasada por alto.
-De momento La Habana no parece estar jugando la carta de admitir a los reportables, al menos de inmediato y de forma masiva aunque ordenada. Si acaso a cuenta gotas, como ha venido ocurriendo.
-Para el gobierno de Raúl Castro el interés es conseguir que la ley se caiga —o se modifique al punto de minimizarla— a consecuencia de las connotaciones negativas que tiene tanto en Latinoamérica como en EEUU. En la reunión de cancilleres en Centroamérica para tratar el problema de los cubanos varados el repudio a dicha medida fue unánime, incluso por parte de Costa Rica.
-Castro tiene a su favor la tendencia al rechazo de los inmigrantes en EEUU, la oposición a la mismo por parte de la mayoría de los legisladores republicanos —incluso entre los cubanoamericanos, que hablan y proponen modificarla— y de buena parte de los demócratas.
-Un cambio en la LAC, no su abolición, tendría un costo político nulo para el presidente Barack Obama, y para el Partido Demócrata en tiempo de elecciones. Gran número o la mayoría de los votantes estadounidenses de origen cubano, y en especial los republicanos, se oponen la entrada masiva de inmigrantes cubanos que luego del “Ajuste” viajan de visita a Cuba.
-La Habana busca incrementar las ganancias económicas con los inmigrantes en general y especialmente con los que considera “respetuosos”, y que en el exilio llaman “obedientes”, pero al mismo tiempo intenta alimentar los argumentos de propaganda en contra de la LAC.
-La aparente contradicción entre ambas posturas cesa si se analizan desde el punto de vista ideológico y de propaganda. Los beneficios económicos que le reporta una emigración del “llega y vira” no la afectan en su discurso ideológico, mientras que las ganancias en cuanto a la propaganda, de explicar la masividad del éxodo como consecuencia de la LAC, no son como para dejarlas a un lado.
–El discurso del exilio no se salva tampoco de una actitud esquizoide, al declarar que Castro se beneficia del “Ajuste” y al mismo tiempo explicar lo que ocurre en Costa Rica como el producto de una conspiración de Raúl Castro para acabar con la ley.
-No se ha destacado hasta el momento el silencio de los legisladores cubanoamericanos, y los aspirantes a la nominación presidencial republicana de origen cubano, sobre lo que ocurre en Costa Rica. Dicho silencio ha mostrado una actitud consecuente: no se puede estar a favor de modificar la medida y al mismo tiempo tratar de obtener dividendos políticos de lo que ocurre, de cara una elección presidencial donde se sabe que estar a favor de la entrada de cubanos no cuenta para nada. Ese es un tema superado, y en que los republicanos salieron perdiendo, luego de la primera elección de Obama. El senador Marco Rubio, por ejemplo, ha declarado en varias ocasiones ser partidario de modificar dicha ley y la medida de “pies secos/pies mojados“.
-Más allá de la condena meritoria al régimen de La Habana, como causa fundamental
del éxodo, en general el exilio cubano de Miami, y en especial el llamado “exilio histórico“, ha mantenido una actitud distante sobre lo que ocurre en Costa Rica. No son los tiempos de Fidel Castro, y tampoco los de Mas Canosa.
-Con respecto a lo que ocurre en Costa Rica, Raúl Castro mantiene una actitud completamente opuesta a la que, ante un hecho similar, habría mostrado Fidel Castro. Tal actitud —y ese es su principal objetivo— lo presenta de cara a Washington como un gobernante dispuesto a buscar soluciones, no alimentar crisis. Ningún gobierno estadounidense —ni demócrata ni republicano— quiere ver siquiera la amenaza de una crisis migratoria cubana.
-Asumir que lo que ocurre en Costa Rica es una maquinación del régimen cubano, donde mueve a sus peones a su gusto (Nicaragua y Ecuador) es empecinarse en una visión propia de la guerra fría. Aquí cada país ha actuado de acuerdo a preferencias y alianzas políticas, pero también según intereses propios y regionales. Si Cuba ha causado la crisis para presionar a Washington, por qué entonces Ecuador acaba de detenerla. La explicación tipo guerra fría no se sustenta, tanto por la dimensión del problema como por el hecho de que no ha estallado ni en Cuba ni en territorio estadounidense.
-La protesta ocurrida en Cuba, cerca de la embajada de Ecuador en La Habana, es una muestra clara de la nueva situación cubana. Toda protesta es política en Cuba, pero hay algunas más políticas que otras, y en este caso el gobierno no la consideró “políticamente dañina”. De lo contrario la habría impedido desde el inicio, o lanzado un acto de repudio contra los que protestaban, Que esta valoración haya resultado adecuada o no a sus objetivos se conocerá en los próximos días. Al permitir la protesta el gobierno intentó despolitizarla. En última instancia, los participantes no habían llevado a cabo un proceso que no estuviera legalizado actualmente, bajo las normas establecidas por el propio régimen. El cambio además vino de Ecuador, no de Cuba. Al permitir un acto completamente pacífico (no hay más que ver las fotos), brindó una imagen al mundo de permisividad, incluso democracia. Pero por otra parte también evidenció que los cubanos si están dispuestos a protestar, en asuntos que les interesan y que no vienen promocionados desde Miami. Lo ocurrido abre interrogantes y, por qué no, esperanzas.
-La ilusión de que un acercamiento entre Washington y La Habana iba a mejorar las cosas en Cuba ha quedado suplantada por la realidad de aprovechar el momento para escapar. El alza en las salidas responde fundamentalmente al temor de que la normalización de vínculos entre ambos países pondrá fin a la LAC, que otorga un trato especial a los cubanos. Como suele ocurrir, la avalancha provocada por el miedo a la supresión o cambio de la medida está contribuyendo precisamente a que cada día resulte más difícil sustentar que se mantenga vigente.
-Continuamos presenciando el abandono de un país donde impera la represión, el desencanto y la inseguridad. Pero asistimos a un escape distinto. En mucho casos es simplemente temporal y sin necesidad de desprendimiento alguno. Y ello, por supuesto, está cambiando a un exilio que en buena medida ha dejado de merecer tal nombre.




jueves, 26 de noviembre de 2015

Desigualdades “democráticas”


El fin del subsidio soviético y el inicio del llamado “período especial” —que aún no ha concluido— trajo como consecuencia que se dispararan las desigualdades en la isla. No es que estas no existieran con anterioridad, pero se mantenían en parcelas que delimitaban privilegios: el grupo dirigente en primer lugar; un sector dedicado al trabajo privado de forma parcial o completa —que crecía y disminuía según los años— y en última fila quienes formaban el grueso de la fuerza laboral; empleados estatales, desde profesionales hasta auxiliares de limpieza.
Al comenzar a quebrarse esta parcialización surgieron dos fenómenos hasta entonces desconocidos en Cuba: la posibilidad de vivir —y de vivir bien— gracias a recibir remesas del exterior y la oportunidad de obtener ingresos —en cifras que el Gobierno no es capaz de pagar— debido a la posesión de determinadas habilidades, capacidades, bienes o medios.
El primer grupo de beneficiados fue constituido principalmente por aquellos con familiares residiendo en el extranjero, mientras que el segundo lo formaron desde artistas hasta cocineros y dueños de las ahora famosas “paladares”.
Tras la llegada de Raúl Castro al mando de los asuntos cotidianos, las posibilidades de crecimiento de ambos grupos se ampliaron.
Sin embargo, el papel del Gobierno se ha limitado a permitir y no a desarrollar. De hecho, en este terreno la queja primordial es que no avance más rápido esa permisividad a cuentagotas, que ha hecho que los cubanos puedan tener una computadora, un teléfono celular o móvil y viajar al extranjero. Y a la vez ha dejado en manos privadas el conseguir el dinero necesario, tanto para comprar el equipo como el pasaje.
Es decir, que al tiempo que se han democratizado  las diferencias (hoy la desigualdad no se siente en el viaje del dirigente a los países socialistas sino en el dinero que tiene el vecino para comprar un televisor de pantalla gigante), la adquisición de los bienes de consumo ha pasado de métodos políticos y sociales a formas individuales (ya el centro de trabajo y el colectivo  laboral no otorgan la autorización para comprar el televisor, sino se adquiere gracias al dinero que se recibe del extranjero o que se gana de forma privada).
El dinero del enemigo
Hasta ahora el Gobierno cubano ha controlado al máximo la contradicción de estar financiado, en buena medida, por su aparente enemigo natural: el exilio. Ahora busca dar un paso más, y sumar el capital estadounidense —no en forma de subsidio sino de ganancia— a ese esfuerzo de permanencia.
De esta forma se han introducido elementos en la economía cubana ―cuentapropismo, compra y venta de casas y automóviles― donde el dinero proveniente de Miami desempeña un papel fundamental.
Dinero de Miami, hay que enfatizarlo. Otras ciudades, otros ámbitos, vendrían a cumplir el objetivo de trascender esta dependencia. Es lo que se ha iniciado a partir del 17 de diciembre del pasado año, cuando lo vuelos a Cuba desde otras ciudades estadounidense se han ido sumando a la ruta tradicional.
Lo que en un primer momento se limitó a un desempeño humanitario y familiar, donde las remesas y los viajes servían como sostén económico doméstico, se integra en estos momentos a un movimiento reformista, donde una parte del exilio se pregunta si todo ello no se limita simplemente a una nueva —y al mismo tiempo antigua— forma de financiamiento del régimen. Hecha de esa manera, la pregunta nace viciada por el giro torcido que adquieren las palabras en que se presenta.
Hablar de financiamiento del régimen implica un esfuerzo consciente dirigido a sostenerlo. Como aún gran parte de la economía cubana está en manos del Estado ―es decir, del Gobierno― resulta inevitable que cualquier envío de dinero contribuya a la economía nacional y por supuesto a las ganancias del gobierno de los hermanos Castro. Desde los dólares enviados a un pariente hasta el pago del pasaje a un opositor para el próximo congreso y la última conferencia.
Aunque hay un matiz que vale la pena enfatizar: convertirse en cliente obligatorio de determinada empresa ―no importa que este caso esa empresa sea el Estado― no significa financiar un gobierno hostil.
Reducir a colaboracionista del régimen de Castro a cualquier hijo, hija, padre o madre de familia, tío o vecino que visite la isla, no es más que un simple acto de intimidación verbal. En este sentido, se trata de enmarcar en una disyuntiva política lo que cada vez se convierte en un asunto familiar para quienes decidieron o se vieron obligados a irse de Cuba.
El imperativo moral cuenta como paradigma o ideal ciudadano, pero en la práctica determina poco en las decisiones cotidianas de quienes viven bajo una dictadura o gobierno totalitario. Así ha sido siempre y Cuba no es la excepción. Apelar al sacrificio y al sentimiento moral, resulta hipócrita mientras se vive fuera de la isla.
Al final, lo que por regla general se sustenta tras la retórica de restringir viajes, turismo y comercio es una actitud revanchista. Inútil por completo como estrategia a la hora de buscar el fin del castrismo; inservible como táctica si se quiere crear una situación que provoque un estallido social.
Deben señalarse dos puntos, que demuestran la estrechez de mente de quienes alientan un aumento del embargo y aislamiento económico del régimen cubano como una vía para llevar la democracia al país.
Uno es que está más que demostrado que cualquier cierre económico total sobre Cuba no solo es imposible, sino que el país ha atravesado por diversas crisis en este sentido, tras las cuales el Gobierno ha demostrado su fortaleza.
El segundo punto es que ha sido precisamente el gobierno de la isla quien ha utilizado la escasez como una forma de represión.
Fórmulas caducas
¿Por qué entonces este empecinamiento en fórmulas caducas? Por empecinamiento y soberbia. Empecinamiento que viene determinado por la falta de voluntad e imaginación para buscar fórmulas mejores en el camino hacia la democratización de Cuba. Soberbia como única vía de escape antes de reconocer el fracaso.
El problema es que la fundamentación repetida por años, de que el dinero del exilio sirve para financiar el régimen de Castro, se está quedando sin sentido, a partir del surgimiento y desarrollo de un sector económico que opera dentro del sector privado.
No importa lo limitado que este sector resulta aún, no se trata tampoco de formular pronósticos sobre su futuro. La pregunta es entonces si se está a favor o no de reformas en Cuba. Claro que siempre surgirá alguien que argumente que lo que necesita la Isla es un verdadero y profundo cambio democrático. Respuesta muy meritoria. Lástima que tras ella no exista algo más que la retorica para apoyarla. 

Comer en Miami: más caro que en Londres y Tokio


Cada vez que voy al supermercado en Miami lo encuentro todo más caro que en otras partes. Y ahora acabo de comprobar que no me equivoco: es una de las ciudades más cara del mundo, a la hora de llenar el carrito de compras. ¡Más cara que Londres y un dólar más que Tokio!
Según el banco UBS y su informe Precios y Salarios 2015, que compara el coste de la vida en 71 ciudades, el promedio mundial para llevarse a casa un carrito lleno ronda los 400 dólares.
La cesta considerada por el banco de inversión suizo está compuesta por 39 productos, entre ellos leche, pan, carne, pescado o arroz.  La estadística, que toma como índice la ciudad de Nueva York, asigna un peso mayor a los productos consumidos de manera más frecuente, pero la entidad advierte que puede haber algo de distorsión en los resultados, debido a que las costumbres alimentarias varían de país en país.
Tengo la costumbre, de cuando llego a cualquier ciudad, visitar varios supermercados, si es posible y en medio de los más diversos recorridos. He comprobado lo que dice el informe en Londres, Roma y hasta en París. En Roma además se puede adquirir ropa a precios más bajos que en Miami, y estoy hablando de la Via del Corso. En Viena, a la que considero una ciudad cara, se pueden comprar productos para comer en casa más baratos que en Miami. Y eso para no hablar de ciertas ciudades españolas—más allá de Madrid y Barcelona— en que se puede comer bien en casa y en la calle, y tomar un excelente vino, a precios que asombrarían en Miami.
Aquí los datos del informe:
Las 10 ciudades más caras
Zúrich 738 dólares
Seúl     688 dólares
Nueva York 632 dólares
Ginebra 623 dólares
Chicago 586 dólares
Miami 583 dólares
Tokio   582 dólares
Londres 568 dólares
Sídney  541 dólares
Oslo 536 dólares
Al lado de estas cifras, Madrid y Barcelona son relativamente baratas: 315 y 350 dólares para llevarse a casa los 39 productos analizados por UBS.

La ira de Antúnez


El opositor cubano Jorge Luis García Pérez (Antúnez) envió hoy miércoles un mensaje, en que se queja de la poca atención dada en la web a una denuncia enviada por él con anterioridad.
El martes Antúnez notificó el desarrollo de un operativo policial en el pueblo de Placetas, provincia de Villa Clara en el centro de la isla, tras el cual un expreso político permaneció detenido por al menos seis horas.
Para el activista, la razón de que su texto no recibiera la suficiente difusión, que no lo hayan divulgado periódicos, agencias cablegráficas, centros de prensa, sitios en internet y blogs y páginas web en general  —y que por lo tanto no se encuentre en la web— tiene que ver con el “elitismo”.
Es difícil de interpretar a que se refiere con ese concepto (sistema favorecedor de las elites, según la RAE), pero parece indicar un desprecio o rechazo hacia lo que ocurre en el pueblo de Placetas por parte de las metrópolis de prensa.
Las razones de este desdén —que el opositor no aclara— podrían ser variadas, desde económicas hasta prejuicios raciales, pero también cabe agruparlas en una arrogancia, por parte del exterior, hacia la labor disidente y la dura represión que sufren los activistas en ese lugar, y en toda Cuba.
La queja entonces no solo se suma a la repetida retórica de victimización, por parte del discurso disidente, sino también a la clásica suspicacia hacia las urbes desde una perspectiva pueblerina, o si se quiere al complejo tercermundista tan explotado por el mismo régimen que ahora se rechaza. Vale decir que todo se resume en la dicotomía tan cubana de creerse el ombligo del mundo y al mismo tiempo condenar a los otros por no aceptar tal privilegio.
Hay varios matices que hacen que tal discurso en blanco y negro sea difícil de asimilar fuera de Matanzas, Cuba y Miami.
En primer lugar el resultado del “cobarde asalto”: una detención por seis horas y la incautación de una computadora portátil, una impresora, discos dvd  y varias octavillas de propaganda antigubernamental.
Ante lo que ocurre en el mundo en estos momentos, no causa asombro de que no se le brindara gran importancia a los narrado por Antúnez.
Hay otro aspecto de lo narrado que provoca al menos la duda: el empleo de “helicópteros”, “ambulancias”, “carros de bomberos” y diversos vehículos, así como efectivos de las “tropas especiales” y “cuerpos de elite del Ministerio del Interior”, no se justifican en una operación tan limitada, incluso en el caso de que la intención fundamental fuera atemorizar a la población. Si se tiene en cuenta el largo historial del régimen cubano, en el uso de una represión profiláctica y calculada a causar la mayor efectividad con el empleo limitado de los recursos adecuados, hay algo que despierta el recelo en lo contado.
Otra cuestión es la ausencia de un soporte gráfico que demuestre el despliegue policial. La disidencia argumenta con razón en algunos casos el que le son decomisados teléfonos celulares y cámaras fotográficas y de video, pero tal argumentación evidencia también la existencia de una apatía o falta de apoyo por parte de la población cubana en general: ¿nadie que se atreva a tirar una foto y luego busque un medio indirecto de hacerla llegar?
En todo caso, y de hacer así, no se justifica la afirmación de que lo ocurrido ha “provocado el aumento de solidaridad y simpatías con este líder opositor [detenido durante seis horas]”.
Dos al menos son las conclusiones apresuradas de estos mensajes de Antuñez:
El intento reiterado de ciertos opositores y grupos de magnificar actividades menores para tratar de mantener su presencia.
La incapacidad, en caso de que tales actos tengan al menos una importancia mínima, de divulgar el mensaje con un rigor mínimo, algo que no se justifica por falta de recursos, debido al financiamiento que reciben desde el exterior.
Para terminar no puedo de dejar de reconocer, pese a todo lo señalado, cierta efectividad en el reclamo de Antúnez: su mensaje ya está en la web, al menos en este blog.

Este es el texto del mensaje de Antúnez del miércoles:

Por, favor si alguien nos puede indicar en que lugar del google,NOTICIAS O LA WEB puedo encontrar el vandalico asalto y arresto del que fue victima en dias pasados el expreso politico Ciro Alexis Casanova Perez. pense que tal accion y posterior denuncia iba al menios  ser mencionada en algun sitio. y por ende contqar con la menos cion la cobertura que un hecho de esa magnitud amerita
                                  Maldito elistimo.

(Se ha respetado el estilo tipográfico y la ortografía del original.)

Al parecer, el mensaje se relaciona con otro, enviado el día anterior y vuelto a enviar hoy. Este es el mensaje de Antúnez del martes:

indignacion popular por Asalto militar en Placetas
Fuerte indignacion ha creado entre los pobladores de Placetas el cobarde asalto perpetuado ayer por efectivos militares contra la vivienda del ex prisionero politico y de conciencia Ciro Alexis Casanova Perez.
La llegada en helicopteros de los conocidos gallitos de las tropas especiales, efectivos de la brigada de respuesta rapida, carros de bomberos, ambulancias y los conocidos carros galeones de las tropas elites del ministerio del interior, lejos de atemorizar a la poblacion. han provocado el aumento de solidaridad y simpatias con este lider opositor responsable del comando Chin Gutierrez y ademas directivo del Frente de la Resistencia, a quien de forma arbitraria le fueron incautadas una computadora Laptop,una impresora, discos dvd  de TV Marti, y obtavillas de las campañas NO, NO Y NO y del TODOS MARCHAMOS, lanzadas por el frente de la resistencia y el foro por los derechos y libertades respectivamente.
El asalto robo a esta morada y por ende el arresto al opositor, fueron en represalias al constante y simnumero aparicion de proclamas que bajo los slogan NO, NO Y NO, TODOS MARCHAMOS, CAMPAÑA PRO AMNISTIA y LIBERTAD PARA LOS PRESOS POLITICOS, se ha desatado en esta localidad y extendido hasta otros territorios del pais.
Casanova Perez, quien permanecio por mas de seis horas detenido, fue sometido a intensos interrogatorios en los que se le amenazo de que si no abandonaba su participacion en estas campañas iba a ser regresado a la carcel.
Ya estamos hasta los cojones de esos cartelitos con el NO, NO y NO y el TODOS MARCHAMOS, me han convertido placetas en una pizarra.leecian los inrerrogadores durante el arresto
El allanamiento a la morada se efectuo sin tener en consideracion la presencia en la misma de su señora y anciana madre Amanda Perez Paseiro, enferma de cancer quien producto al fuerte stres necesito atencion medica.
(Hasta aquí una parte del mensaje enviado por el opositor el martes. También en este texto se ha respetado la ortografía original.)

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Moneda y reformas


Desde hace décadas en Cuba persiste una situación esquizofrénica: el Estado te vende pero no te paga lo suficiente para comprar. Lo curioso es que, con esta actitud parásita al extremo, el Gobierno logre mantener un control absoluto y sustente una retórica nacionalista.
No hay esperanza alguna de que la discrepancia entre precios y salarios vaya a disminuir, sino todo lo contrario. Limitarse a ver el asunto como el resultado de la existencia de una dualidad monetaria es interpretar una consecuencia del problema como la esencia del mismo.
La dualidad monetaria en Cuba es una “contrariedad” que se admite, pero cuya solución se alarga.
Este enfoque no solo parece estar cada vez más alejado de cualquier posibilidad de éxito, sino que en la práctica no cumple la función de plan de largo alcance, destinado a lograr un objetivo, aunque sí un fin más inmediato: dilatar el asunto y trasladarlo a una especie de limbo que intenta ocultar la falta de capacidad o de disposición para hallar una solución.
Una estrategia destinada al fracaso económico que es en realidad una táctica política, la cual hasta ahora ha logrado su meta: considerar transitorio un callejón sin salida.
Se repite así la paradoja del modelo cubano, donde la falta de eficiencia productiva actúa muchas veces como carta de triunfo político.
La brecha entre salarios y precios constituye una situación anómala con consecuencias que van desde el aumento de la corrupción y el robo hasta la amenaza potencial de disturbios y caos.
Lo peor en este caso es que el principal empleador del país —el Gobierno—, no enfrenta el problema con decisión y premura. Se limita a mirar hacia el exterior para los ingresos imprescindible para su subsistencia —remesas, turismo, servicios médicos y de profesionales en el exterior y exportaciones muy específicas, como la industria farmacéutica y algunos minerales— mientras se desentiende de la subsistencia de sus ciudadanos.
Hay una diferencia cada vez mayor entre la Cuba del ciudadano de a pie y la Cuba de permanencia,  estabilidad y desarrollo: la visión que a los ojos del mundo intenta ofrecer el Gobierno cubano. De su ensanchamiento o disminución depende el fracaso o el triunfo de Raúl  Castro.
Es un error confundir ese fracaso o triunfo con la caída de ese gobierno. No es la búsqueda de mayor democracia lo que está en juego en La  Habana, sino el intento de encaminar al país en una estructura económica más eficiente, dentro de un sistema totalitario, con un gobierno que funcione a esos fines.
Ahora el mando en Cuba se arrastra entre la necesidad de que se multipliquen supermercados,  viviendas y empleos, y el miedo a que todo esto sea imposible de alcanzar sin una  sacudida que ponga en peligro o disminuya notablemente el alcance de los centros de  poder tradicionales.
Hasta el momento las respuestas en favor de transformaciones han sido  descorazonadoras. El peligro del caos rodeando la indecisión entre la  permanencia y el cambio.
Estabilidad y cambio
Cuba ha logrado con éxito vender su estabilidad, por encima de cualquier esperanza de  mayor libertad para sus ciudadanos.
Las apariencias de estabilidad, sin embargo, no  deben hacer olvidar al Gobierno cubano que, en casi todas las naciones que han  enfrentado una situación similar, lo que ha resultado determinante a la hora de definir  el destino de un supuesto modelo socialista es la capacidad para lograr que se multipliquen no mil escuelas de pensamiento sino centenares de supermercados y tiendas.
De esta manera, hay dos opciones que no necesariamente toman en  consideración el ideal democrático.
Una es el mantenimiento de un poder férreo y obsoleto, que sobrevive por la capacidad de maniobrar frente a las coyunturas internacionales y que en buena medida se sustenta en la represión y el aniquilamiento de la voluntad individual. Otra es el desarrollo de una sociedad que avanza en lo económico y en la satisfacción de las necesidades materiales de la población —sobre la base de una discriminación económica y social creciente—, pero que a la vez conserva el monopolio político clásico del totalitarismo.
Esta última disyuntiva, que abre un camino paralelo a las esperanzas de adopción de  cualquiera de las alternativas democráticas existentes en Occidente, no es ajena a la  realidad cubana.
Se asiste entonces al desarrollo cada vez mayor de una deformidad económica, en que el “carácter socialista” viene determinado por el monopolio en el comercio de ventas al por mayor —y en buena medida también minoristas—, mientras se desentiende del incremento, o incluso el mantenimiento, de la creación de empleos bien remunerados.
El avance económico y las posibilidades de empleo sustituidas en buena medida por la promesa de la vuelta al timbiriche. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

El cuadro


¿Puede un creador deber su fama a un solo cuadro? No en el caso de Gustave Caillebotte (1848 - 1894), quien además de pintor fue amigo y benefactor de otros artistas, organizador de exposiciones y coleccionista. Sí al contemplar Rue de Paris; temps de pluie, porque es la única de sus pinturas en que Caillebotte alcanza la grandeza. Su obra no se puede reducir a la singularidad de este cuadro, aunque es en él donde se concentra lo que fue y lo que no quiso o no pudo ser. Notable que todo esté allí, en esa escena callejera, con la simpleza, amabilidad y elegancia que caracterizaron su creación.
Todo le fue fácil a Caillebotte en la vida. Ni siquiera la guerra franco-prusiana vino a cambiar esa placidez, aunque participó en ella entre julio de 1870 a marzo de1871. Nació en una familia acomodada. Se graduó de abogado y obtuvo la licencia para practicar su profesión. Fue también ingeniero. Logró el ingreso en la École des Beaux-Arts, aunque no permaneció mucho tiempo en la academia. Heredó primero la fortuna de su padre, al ser el primogénito, y luego al morir su madre los tres hermanos se dividieron la herencia familiar. Nunca tuvo que preocuparse por el dinero y tranquilamente comenzó a pintar. No se puede afirmar que sin la presencia de Caillebotte no habría existido el Impresionismo, pero él contribuyó en buena medida a que muchos más conocieran el movimiento.
La mayoría de sus cuadros reflejan ese ambiente apacible y hermoso de la burguesía durante la Belle Époque. Uno mira con envidia ese Paris y los hombres y mujeres de entonces que aparecen en sus cuadros, donde con cierta cualidad fotográfica, sí en intención pero no como recurso —aunque conoció y le llamó la atención la fotografía no hay evidencias de que en alguna ocasión la utilizara en su obra—, muestra su mundo. Ese realismo pictórico, que en buena medida lo define, aparece casi siempre de cierta forma idealizado.
Hay un cuadro suyo que parece desmentir todo lo anterior. Les raboteurs de parquet, que se considera su primera obra de significancia, muestra unos trabajadores acondicionando un piso de madera, posiblemente el de su propio estudio. El tema fue considerado “vulgar” y por lo tanto rechazado para el Salón de 1875. Volvería a él en otra pintura, y aunque la primera mencionada es superior, ambas no dejan de ser cuadros que manifiestan maestría pero no descubren un talento excepcional.
En ellos, y en algún desnudo, el espectador descubre un elemento grave, algo sombrío, que sorprende en un pintor siempre apacible. Pero por lo demás no hay nada que detenga en el espectador el disfrute plácido de una época feliz.
Hasta en sus variaciones estéticas Caillebotte no deja nunca de ser apacible. En ocasiones salta de estilo, mas es como si cambiara de conversación, como si aquí y allá hablara con diferentes amigos. Por momentos prescinde del  realismo pictórico y es en ocasiones impresionista y uno lo encuentra cercano a Renoir y Pissarro. En otras toma prestado los colores de Degas, especialmente en las escenas de interiores. A veces imita la pintura de Manet, como cuando representa a botes paseando en el río. Aunque siempre su paleta es discreta, íntima, menos vibrante.
En donde Caillebotte se muestra independiente  es en el uso de la perspectiva, y este aspecto sí experimenta y añade a la pintura nuevos caminos a desarrollar.
Es esa cualidad —no la única— uno de los elementos que destacan en Rue de Paris; temps de pluie. Aquí hay una combinación meritoria de realismo, colores planos y perspectiva, entre las figuras al fondo difuminadas, mientras los caminantes y un carruaje en los planos medios figuran más nítidos, y con total precisión los rostros en primer plano. Ello confiere a esta pintura de época un carácter completamente moderno. La imagen tiene la cualidad de una escena cinematográfica.
Quizá fue el saber que nunca sería tan gran artista como sus amigos —a los cuales no por ello dejó de ayudar y de comprar sus cuadros— por lo que dejó de mostrar sus trabajos, y fue abandonando la pintura hasta que la dejó por completo. Se dedicó entonces a la jardinería, construir yates y participar con ellos en competencias deportivas.
Esa dualidad, que nunca llega a una explosión en sus pinturas —ni siquiera a mostrarse plenamente—, entre la vida apacible burguesa y la dura existencia de los trabajadores, la trasladó también a su vida privada.
Nunca se casó, pero al parecer mantuvo una relación durante años con una mujer pobre, 11 años menor que él, y a la que dejó una generosa pensión anual.
¿No fue todo ese reposo y suavidad que aparece en su pintura una simple fachada? Si contemplamos su Autorretrato, no lo vemos como un hombre tan sencillo como los que aparecen en la mayoría de sus cuadros. Hay algo airado y poderoso en la mirada que desmiente
A los 45 años Caillebotte murió mientras trabajaba en su jardín. Dejó a sus herederos y a Francia una extraordinaria colección de arte, que luego fue dividida. Falleció en una época que fue única para el arte y siguió siéndolo por algún tiempo, Alejado del oficio en que otros tuvieron un talento superior al suyo, pero donde él pudo al menos pintar un cuadro que aún hoy sorprende. Y eso no es poco.

domingo, 22 de noviembre de 2015

La crisis eterna


Bastan las cifras.
Se estima que en los dos últimos años unos 100,000 cubanos han llegado a Estados Unidos, con documentos legales que autorizan su entrada o sin ellos. de acuerdo a una información de la Associated Press.
Por supuesto que la Ley de Ajuste Cubano es el catalizador tras ese éxodo, pero no la causa principal que determina la salida. El motivo es la certeza de que en Cuba la situación no va a mejorar —ni en los aspectos sociales y económicos y mucho menos en los políticos— y que la única alternativa es largarse de cualquier manera y a cualquier costo.
Quienes pueden, viajan a un tercer país. Y si no tienen la suerte de encontrarse entre los miles que han obtenido una visa de reunificación familiar o de visita, que no cuentan con familiares que los reclamen —los inviten o les manden el dinero—, buscan la manera de construir una balsa, pagar a un contrabandista o tratan simplemente de ser incluidos en cualquier tipo de embarcación que emprenda el peligroso y muchas veces inútil viaje.
Una travesía por mar en que por lo general se recorren 10 millas cada 24 horas, y que en el mejor de los casos requiere de 10 días para alcanzar la Florida.
Quien conoce la Corriente del Golfo y ha sentido su fuerza sobre el fondo de una embarcación segura, ese poderoso río que fluye con fuerza implacable —que tan bien describió Ernest Hemingway— sabe que hay mucho de locura en el intento. A las balsas corred bayameses.
Cerca de 4,500 cubanos alcanzaron suelo estadounidense, fueron detenidos por los guardacostas de Estados Unidos en el mar o capturados mientras trataban de huir durante el año fiscal que acaba de concluir, de acuerdo al Servicio de Guardacostas, según también la información de la AP. Los guardacostas añaden que durante ese período interceptaron a 2,900 inmigrantes en las aguas entre Cuba y Estados Unidos, el total más alto desde 1994.
Los cubanos en Costa Rica han vuelto a ser noticia, pero llevan decenas de años viajando y viviendo temporalmente allí, a la espera de la salida hacia Miami. El autor de este artículo fue uno de ellos. Una estancia placentera y breve gracias a familiares y amigos en Estados Unidos y el país centroamericano. Sin embargo, para muchos otros de sus compatriotas meses y años de necesidad, desilusión y una esperanza tenue, sin la posibilidad de trabajar y contando los dólares y colones.
Si ahora quienes salen de Cuba y van a Ecuador, es porque ese país les permite la entrada. Si fuera Haití quien se las permitiera, se irían a ese lugar en otra isla, a pasar trabajos pero con el consuelo de algún día, más o menos cercano, llegar a Miami.
He encontrado a cubanos hasta en Haití, no solo en misiones médicas sino como refugiados que ni siquiera lo eran por documentos. No llegaban a cien, pero igual sobrevivían. Todos tenían ilusiones.
Bastan los números. Cien mil cubanos en dos años, de una población de 11 millones de habitantes solo indican un fracaso colosal del sistema cubano. Vale que otros muchos millones, en montones de países, también quisieran marcharse para vivir mejor en Estados Unidos, pero a ellos nunca le vendieron la idea de que en su patria se estaba edificando la sociedad del futuro, de la igualdad, la justicia social y a salvo de “la crisis capitalista”.
Entre la desolación dentro y la esperanza afuera. Así se define lo que en una época se llamó la “Revolución Cubana”. Aunque tal definición, a estas alturas, tampoco es noticia.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 23 de noviembre de 2015.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

“La Marseillaise, encore”


Ha vuelto a escucharse, con un fervor desconocido desde hacía años. De nuevo La Marsellesa levanta el espíritu francés y renueva su función catártica, esa que incluso la convirtió por momentos en un recurso simplón, como cuando se escucha en la película Casablanca, con esa escena que en una ocasión —en una crítica excelente que luego repudiaría— provocó un epíteto mordaz de Guillermo Cabrera Infante: calificó al actor Paul Henreid, en su papel de héroe de la Resistencia dirigiendo la orquesta en el Rick's Cafe Americain, como un risible aprendiz de Stokowski.
No deja de ser una nota de optimismo que en medio del dolor y la incertidumbre resuene con recobrada frescura un himno que nunca ha sido ajeno a la ironía histórica.
Para conocer sobre el origen de La Marsellesa lo mejor es consultar el texto que Stefan Zweig le dedicó tanto a la evolución de la partitura como a su autor en Momentos estelares de la humanidad, un libro que conserva su valor —pese a lo pasada de moda que a veces resulta su escritura— si uno logra superar el título manido. La crónica no está entre las mejores que aparecen allí, pero resume lo que vale conocerse al respecto (Zweig es un escritor del que ahora en Estados Unidos se publica relativamente poco de su extensa obra, pero que en España se reedita constantemente).
La Marsellesa es lo único que compuso que valiera la pena —y muchas veces y desde el inicio ni siquiera por ello se le recuerda o menciona— Claude-Joseph Rouget de Lisle, capitán del cuerpo de ingenieros del ejército francés, en una noche única de inspiración.
Inicialmente no se llamó así y no estaba destinada a ser un himno revolucionario. Tampoco en su origen —si por tal puede considerarse el momento en que fue compuesta la obra— tuvieron nada que ver ni Marsella ni los marselleses.
El Canto de guerra para el ejército del Rin. Así se llamó cuando lo presentó Rouget de Lisle —y con ese objetivo fue compuesto— surgió en Estrasburgo. Por otra parte, su autor nunca fue un revolucionario. Todo lo contrario, un realista.
El 20 de abril de 1792 se declaró en París la guerra a Austria. Entonces el alcalde de Estrasburgo, un aristócrata, le pidió al joven capitán que escribiera un himno patriótico para celebrar el evento.
Fue un encargo que surgió en una velada de despedida entre generales, oficiales y los principales funcionarios municipales. La petición se hizo como un favor, apenas una sugerencia, y motivada solo por el recuerdo de que el militar había compuesto anteriormente un himno “muy bonito”, cuando se proclamó la Constitución. Quizá porque quien solicitó la canción o marcha no tenía a nadie cercano con mayores méritos para la tarea. El propio Rouget de Lisle no se consideraba un compositor especialmente dotado y el tiempo le dio la razón: sus versos jamás se editaron y sus óperas fueron rechazadas.
El canto patriótico —“una canción de circunstancia”, como la describió la esposa del burgomaestre en una carta que escribió a su hermano— fue ejecutado por la banda militar en la plaza mayor a la partida del ejército. Se recibió con el entusiasmo del momento, saludos y algún que otro elogio pueblerino. Luego, durante el avance de las tropas, a ningún general del ejército del Rin se le ocurrió volver a tocar o cantar la “canción de guerra”.
Fue en el otro extremo de Francia, en Marsella, en el Club de los Amigos de la Constitución y también durante un banquete para saludar la partida de las tropas, cuando a un estudiante de medicina se le ocurrió cantar ese himno del que nadie sabía su procedencia.
“Al día siguiente la melodía está en cientos y miles de labios”, escribe Zweig.
La primera gran victoria de La Marsellesa se produce en París. El 30 de julio el batallón de marselleses avanza por los suburbios, con la bandera y el himno por delante. Fue entonces que La Revolución encuentra su himno.
Olvidado en una pequeña guarnición de Hüningen hay un oficial por completo anónimo, que se limita a su labor de ingeniería y nadie toma mucho en cuenta. Es Rouget de Lisle, quien encuentra en las gacetas que hay un himno que ha tomado París por asalto. No se atreve siquiera a sospechar que es obra suya. La Marsellesa, la canción más famosa de Francia, acapara todo los méritos para ella y nada para el autor: su nombre no figura ni en el texto ni en la partitura.
La fama llega a la obra, pero no al autor, cuando los marselleses y los habitantes más pobres de París —y algunos entusiastas no tan pobres o aprovechados— asaltan las Tullerías y deponen al Rey con el himno en los labios.
Para entonces, ya Rouget de Lisle está harto de la Revolución. Se niega a prestar juramento a la República y renuncia al ejército antes que servir a los jacobinos.
Comienza el Terror y en la guillotina muere el alcalde de Estrasburgo, el barón Friedrich Dietrich, aquel que en una noche en Estrasburgo había solicitado otro “himno bonito” que ya era mucho más. Lo siguen otros: el general al que está dedicada La Marsellesa, el conde Nicolás Luckner, y también todos los oficiales y nobles que una noche fueron los primeros en escuchar la melodía, antes que el pueblo la escuchara en una plaza. A punto de rodar está también la cabeza de Rouget de Lisle, encarcelado y a punto de ser juzgado como preámbulo para el cadalso.
Solo lo salva el 9 de termidor, con la caída de Robespierre.
Luego, durante más de 40 años, Rouget de Lisle se ganó la vida con pequeños negocios —“no siempre limpios”, escribe Zweig— y perseguido por los acreedores.
Es encarcelado en la cárcel de morosos de Sainte-Pélargie y tras salir de la cárcel, siempre vigilado por la policía, se esconde en algún rincón de provincias.
Su obra sufre también un destino desigual.
La Marsellesa es prohibida durante el Imperio y la Restauración. Vuelve a ser el himno nacional tras la III República. Durante 1940-1945 se prohíbe de nuevo.
Piotr Ilich Tchaikovski la incluye en su Obertura 1812, pero hasta esa entrada en los conciertos llega algo torcida: sirve para representar al ejército invasor y la victoria de Napoleón sobre los rusos y luego se vuelve a escuchar en disminuyendo, indicando la retirada de las tropas francesas.
Pero se trata de un anacronismo, ya que había sido prohibida por Napoleón y por lo tanto no pudo haberse tocado durante la campaña en Rusia.
No fue hasta 1879 que fue restaurada como himno nacional en Francia, el año antes de que a Tchaikovski se le solicitara la obertura, lo que podría explicar su uso por el compositor ruso.
Otro compositor, el francés Héctor Berlioz, fue quien elaboró una orquestación de la obra, que dedicó a Rouget de Lisle.
Para entonces, ya hacía años que los conciertos y los honores no contaban para ese hombre, modesto, amable y nada bien parecido que fue Rouget de Lisle.
Pese a todo, tuvo un pequeño alivio en sus últimos años de vida. Fue con la llegada del “Rey ciudadano”, Luis Felipe, que se le concedió una pequeña pensión. A los 76 años murió en Choisy-le-Roi, en 1836. Ya nadie lo conocía ni se acordaba de él.
Solo con la Primera Guerra Mundial, cuando La Marsellesa vuelve a escucharse en los campos de batalla, es que le llega un honor póstumo.
En 1915 sus cenizas son trasladadas al Hôtel des Invalides y en Choisy-le-Roi hay una estatua en su honor, en la plaza que lleva su nombre.
La Marsellesa tiene la virtud de volver a resonar con fuerza en los momentos difíciles de Francia.  Durante 1940-1945 fue nuevamente prohibida y cantarla se consideraba un gesto de desafío a la ocupación alemana y al gobierno colaboracionista de Vichy (lo que explica su inclusión en Casablanca).
Nada debe extrañar entonces que ahora se oiga, con fuerza, de nuevo.

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