domingo, 22 de noviembre de 2015

La crisis eterna


Bastan las cifras.
Se estima que en los dos últimos años unos 100,000 cubanos han llegado a Estados Unidos, con documentos legales que autorizan su entrada o sin ellos. de acuerdo a una información de la Associated Press.
Por supuesto que la Ley de Ajuste Cubano es el catalizador tras ese éxodo, pero no la causa principal que determina la salida. El motivo es la certeza de que en Cuba la situación no va a mejorar —ni en los aspectos sociales y económicos y mucho menos en los políticos— y que la única alternativa es largarse de cualquier manera y a cualquier costo.
Quienes pueden, viajan a un tercer país. Y si no tienen la suerte de encontrarse entre los miles que han obtenido una visa de reunificación familiar o de visita, que no cuentan con familiares que los reclamen —los inviten o les manden el dinero—, buscan la manera de construir una balsa, pagar a un contrabandista o tratan simplemente de ser incluidos en cualquier tipo de embarcación que emprenda el peligroso y muchas veces inútil viaje.
Una travesía por mar en que por lo general se recorren 10 millas cada 24 horas, y que en el mejor de los casos requiere de 10 días para alcanzar la Florida.
Quien conoce la Corriente del Golfo y ha sentido su fuerza sobre el fondo de una embarcación segura, ese poderoso río que fluye con fuerza implacable —que tan bien describió Ernest Hemingway— sabe que hay mucho de locura en el intento. A las balsas corred bayameses.
Cerca de 4,500 cubanos alcanzaron suelo estadounidense, fueron detenidos por los guardacostas de Estados Unidos en el mar o capturados mientras trataban de huir durante el año fiscal que acaba de concluir, de acuerdo al Servicio de Guardacostas, según también la información de la AP. Los guardacostas añaden que durante ese período interceptaron a 2,900 inmigrantes en las aguas entre Cuba y Estados Unidos, el total más alto desde 1994.
Los cubanos en Costa Rica han vuelto a ser noticia, pero llevan decenas de años viajando y viviendo temporalmente allí, a la espera de la salida hacia Miami. El autor de este artículo fue uno de ellos. Una estancia placentera y breve gracias a familiares y amigos en Estados Unidos y el país centroamericano. Sin embargo, para muchos otros de sus compatriotas meses y años de necesidad, desilusión y una esperanza tenue, sin la posibilidad de trabajar y contando los dólares y colones.
Si ahora quienes salen de Cuba y van a Ecuador, es porque ese país les permite la entrada. Si fuera Haití quien se las permitiera, se irían a ese lugar en otra isla, a pasar trabajos pero con el consuelo de algún día, más o menos cercano, llegar a Miami.
He encontrado a cubanos hasta en Haití, no solo en misiones médicas sino como refugiados que ni siquiera lo eran por documentos. No llegaban a cien, pero igual sobrevivían. Todos tenían ilusiones.
Bastan los números. Cien mil cubanos en dos años, de una población de 11 millones de habitantes solo indican un fracaso colosal del sistema cubano. Vale que otros muchos millones, en montones de países, también quisieran marcharse para vivir mejor en Estados Unidos, pero a ellos nunca le vendieron la idea de que en su patria se estaba edificando la sociedad del futuro, de la igualdad, la justicia social y a salvo de “la crisis capitalista”.
Entre la desolación dentro y la esperanza afuera. Así se define lo que en una época se llamó la “Revolución Cubana”. Aunque tal definición, a estas alturas, tampoco es noticia.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 23 de noviembre de 2015.