domingo, 13 de diciembre de 2015

Marco Rubio, inmigrantes y trabajos


En este año de calentamiento pre-electoral buena parte de la prensa se ha encargado de difundir una imagen en que los aspirantes republicanos a la candidatura presidencial se oponen a la inmigración (de los sin documentos o con ellos), quieren restringirla, levantar muros y enviar de vuelta a casa a los que llegan. Al mismo tiempo, los políticos demócratas han aparecido como los abanderados de los inmigrantes. No del todo cierto. Hay un republicano, el senador Marco Rubio, que quiere que aumenten las visas. Al menos un tipo de ellas, las H-1B.
Ahí están las cifras, para rectificar esa imagen tergiversada dada por la prensa (¿liberal?). El senador Rubio es un entusiasta partidario del programa en favor de las visas H-1B. Su proyecto de ley de 2013, que no fue aprobado, hubiera incrementado la cuota anual en 45,000 entradas.
No obstante el fracaso inicial, Rubio ha retomado la propuesta —corregida y aumentada— y ahora busca triplicar la cifra de otorgamiento de estas visas, hasta 195,000.
Se trata de “trabajos que los estadounidenses no pueden hacer”. ¿Y cuáles son esas labores que los residentes y ciudadanos de este país están incapacitados para realizar? No piense en tareas difíciles y peligrosas. Tampoco en la necesidad de conocimientos arcanos. Mucho menos en un desempeño tedioso y repetitivo. La jardinería, limpieza de fosas o la explotación minera quedan fuera.
El concepto gira en torno a la falta de entendimiento, inteligencia y capacitación para hacer determinadas cosas. ¿Son entonces trabajos tan difíciles que quedan fuera de la comprensión estadounidense? Nada de eso. Simplemente empleos en el campo de la alta tecnología —computación, internet, electrónica— que no es que los norteamericanos no sepan hacer, sino que perciben salarios elevados por realizarlos, y hay otros en el exterior dispuestos a llevarlos a cabo por mucho menos dinero.
Así que el problema no es de inmigración —porque evidentemente no todos los inmigrantes son iguales—, tampoco de capacidades y conocimientos y mucho menos de desarrollo económico. Es simplemente de avaricia corporativa. Y el senador Rubio prefiere que extranjeros se queden con los trabajos de norteamericanos con tal que las corporaciones aumenten sus ganancias o reduzcan sus costos.
Por ejemplo, a finales del 2014 Disney despidió a 250 empleados para reemplazarlos con beneficiarios del programa de visas H-1B, También el año pasado unos 400 trabajadores de Southern California Edison fueron sustituidos por fuerza de trabajo extranjera más barata. En ambos casos, quienes iban a ser despedidos fueron obligados a participar en programas de “transferencia de conocimiento”. Es decir, a capacitar a los recién llegados. De lo contrario quedarían excluidos del paquete de compensación económica.
Tanto senadores republicanos como demócratas han señalado la necesidad de investigar si Silicón Valley está utilizando el programa H-1B simplemente para reducir costos laborales. Bien diferente es contribuir al desarrollo de las naciones emergentes, saludar el avance de países como India y reconocer las ventajas de la globalización, a permitir o incluso alentar e incrementar la pérdida de trabajos bien pagados para los ciudadanos del país. Eso no es libertad económica, eso es explotación miserable.
Hay problemas en este país mucho más profundos que las ideas locas de Donald Trump y su muro contra los mexicanos. Algunos de ellos tienen que ver con la situación creada a partir de un proceso de globalización, donde las grandes corporaciones buscan sacar ventajas no del progreso hacia un mundo más desarrollado sino de la explotación de las desigualdades.  Y para un político de Estados Unidos, la protección al país debe comenzar con la defensa del trabajo de sus ciudadanos, sea un jardinero o un experto en tecnología.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 14 de diciembre de 2015.