sábado, 31 de octubre de 2015

Academia, activismo y dinero


El periodista Tracey Eaton detalla en su blog la trayectoria financiera de Cuba On-Line Inc.:
El proyecto Cuba On-Line Inc. comenzó en 1999 con un modesto presupuesto de  $300,000, destinado a enviar noticias a Cuba. Pronto creció a un proyecto de $5 millones, con el objetivo de alcanzar a los disidentes y activistas de derechos humanos en la isla y ayudar a “fortalecer la transición a la democracia”, según documentos obtenidos bajo la Ley de Libertad de Información.
El académico de la Universidad de Miami, el profesor de Historia Jaime Suchlicki, dirige el programa. Suchlicki recibió $5,340,000 adicionales para Cuba On-Line entre 1999 y 2007, de acuerdo a los documentos recibidos por Eaton que aparecen en su blog.
Para leer la información suministrada por Eaton puede pinchar en la palabra “blog” o copiando esta dirección:
http://alongthemalecon.blogspot.com/2015/10/mixing-academics-and-activism.html#more

viernes, 30 de octubre de 2015

Los candidatos republicanos, la prensa y el silencio


El tercer debate republicano dejó a las claras no solo lo incómodos que se sienten la mayoría de los aspirantes presidenciales de ese partido con buena parte de la prensa estadounidense, sino que esa aparente mala relación es a la vez excusa y reclamo que de ahora en adelante incorporarán a su campaña.
No ha sido necesario mucho tiempo para que ello ocurra. Al día siguiente del evento el presidente del Comité Nacional del partido, Reince Priebus, indicó que consideraba que la CNBC “debería avergonzarse“ por la manera en que se condujo. Así que la “actitud Trump”, esa que desde el primer debate llevó al aspirante a una protesta por lo que él consideraba un trato inadecuado recibido de los entrevistadores—en este caso miembros de la conservadora y republicana cadena Fox— amenaza con generalizarse.
En el debate del miércoles pasado el asunto surgió casi de inmediato. Fue el senador Marco Rubio quien se lanzó al ataque contra el mensajero, para eludir el mensaje.
Ante la pregunta de su opinión sobre un editorial del Sun Sentinel, que le reprochaba su ausencia de las votaciones del Senado y solicitaba una definición necesaria —o renuncia al Congreso o hace la labor por la que le pagan— Rubio se limitó a declarar  su rechazo hacia la llamada “prensa liberal”.
Un reclamo así rinde siempre ganancias ante cierto número de electores y es al mismo tiempo conocido y en buena medida falso.
La falsedad radica en esa invocación que tiende a colocar a toda la prensa bajo un mismo manto y a los conservadores como pobres infelices, ovejas perseguidas por el lobo feroz del periodista “liberal”.
La respuesta del senador Rubio fue un ejemplo de lo anterior. El legislador acudió a una táctica vieja pero efectiva: “yo  sí, pero ellos también”. Pese a lo infantil del recurso —“Maestra, Pepito también lo hizo”— siempre ayuda.
Rubio se limitó a mencionar otros senadores, demócratas y republicanos, que se habían comportado igual, y como recurso para ganarse la audiencia y habilidad política resultó efectivo.
Olvidado y sin responder quedó un hecho. Marco Rubio es un senador con un récord: la mayor cifra de ausencias a las votaciones del Congreso este año.
Sin embargo, a los efectos del espectáculo —lo que es en buena medida cualquier campaña electoral en este país— mayor importancia tuvo que todo terminara en un áspero encontronazo entre Rubio y el exgobernador Jeb Bush (en el que, por cierto, salió mejor parado).
Aunque el protagonismo contra la prensa “liberal“ se lo llevó el senador Ted Cruz, quien en lugar de contestar la primera pregunta dirigida a él específicamente, se lanzó al asalto de los moderadores.
Lo que más llama la atención es que el tiempo dedicado por los aspirantes a esa ofensiva contra la prensa mostró una clara confusión en los políticos —o en algunos casos aficionados a la política, ejercicio del que no pasan algunos de los postulados— entre lo que es propaganda y noticia; dar a conocer su plataforma y exponerse al escrutinio público; responder con consignas, mitos y frases hechas y arriesgarse a ser rebatidos.
Malo para la democracia que quienes aspiran a dirigir este país reaccionen así cuando sus palabras son cuestionadas o refutadas con datos.

No fue un debate perfecto desde el punto de vista periodístico. Por momentos el tono de los entrevistadores cruzó la línea para bordear la agresividad y lo inquisitivo se tradujo en descortesía. Pero fue el mejor de los tres celebrados hasta ahora. El enfrentamiento valió la pena, para conocer mejor a quienes intentan gobernarnos ¿y callarnos?
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparecerá en la edición del lunes 2 de noviembre de 2015.

miércoles, 28 de octubre de 2015

El tercer debate republicano, el vice y la prensa


Si de algo sirvió el tercer debate republicano, celebrado en la Universidad de Boulder, Colorado, fue para mostrar lo incómodos —e incluso agresivos— que se sienten los aspirantes presidenciales con la prensa estadounidense. No deja de ser una queja conocida, y en muchos casos falsa, pero que en la noche del miércoles se hizo evidente una vez más.
Conocida porque desde hace muchas décadas se repite el lamento y rechazo hacia la llamada “prensa liberal”; falsa porque dicha prensa en muchos casos responde a grandes consorcios y juntas de accionistas que no tienen nada de “liberales”, fenómeno que se ha ido agudizando con los años, aunque por otra parte es cierto que en este país sí hay periodistas —en muchos casos buenos periodistas— a los que dicho calificativo les aplica y no les preocupa.
Pero esta noche del 28 de octubre fue algo especial. El senador Ted Cruz comenzó su primera respuesta no refiriéndose al tema sino enunciando una especie de rosario de todas las preguntas anteriores y dedicando su tiempo a atacar al moderador del programa. La impresión es que si Cruz llegara a ser presidente de Estados Unidos —algo bastante improbable en los próximos cuatro años—, su relación con la prensa sería similar a la del presidente ecuatoriano Rafael Correa.
Lo que más llama la atención es que el tiempo dedicado por los aspirantes a dichos ataques contra prensa y periodistas mostró una clara confusión en los políticos —o en algunos casos aficionados a la política, ejercicio del que no pasan algunos de los postulados— entre lo que es propaganda y noticia, dar a conocer su plataforma y exponerse al escrutinio público, responder con consignas, mitos y frases hechas y arriesgarse a ser rebatidos. Curioso que quienes en todo momento se mostraron partidarios de la reducción del gobierno —y por supuesto con ello del poder del Estado— reaccionaran así ante la posibilidad de que sus palabras fueran cuestionadas o refutadas con datos.
Este tercer debate sirvió para que conocer algo al menos de las ideas o los planes económicos de los aspirantes presidenciales republicanos, más allá del circo que hasta el momento había caracterizado tanto sus campañas como los dos debates anteriores.
Poco pudo avanzarse en dicho conocimiento tras la conclusión del evento, más allá del concurrido y esperado ataque a Hillary Clinton; el típico lo que yo hice bueno y lo que voy a hacer mejor, que define los discursos de cualquier ideología; un poco de táctica de meter miedo, por aquí y por allá, y el mantra de que el mejor gobierno es el menor gobierno: esa invocación casi sagrada a Ronald Reagan.
Por lo demás no hubo sorpresa. Los políticos con experiencia mostraron que no van más allá de lo que han hecho siempre, lo que los anula como candidatos del cambio, y los que han entrado en la contienda como outsiders una vez más dejaron en claro que ellos no tienen la más remota idea de lo que es gobernar un país. Para alguien que no estuviera al tanto de las encuestas en los últimos meses, la presencia de Donald Trump y Ben Carson podría significarle que se equivocó de canal, y en lugar del debate presidencial estaba más bien presenciando un programa cómico (malo).
Si a primera vista hay que señalar ganadores y perdedores, el senador Marco Rubio estaría entre los primeros y el exgobernador Jeb Bush entre los segundos. Bush no solo fue incapaz de lograr el impulso que con tanta premura necesita su campaña sino que realmente lució mal: aprovechar una pregunta a Rubio para criticarlo por no haber renunciado al Senado dio la impresión de un ataque desesperado y mostró un rencor que puede estar más o menos justificado pero que a la larga resultó contraproducente. La respuesta del senador fue clara, algo no común en un político que articula muy bien su discurso pero que en muchas ocasiones no trasciende los lugares comunes (las referencias a su padre cantinero, su madre camarera, el sueño americano, el mito de la familia exiliada). Por su parte, al parecer Carly Fiorina cree que la capacidad de memoria del televidente no supera el minuto y medio, porque una y otra vez volvió a decir lo mismo: en el mismo orden, con las mismas palabras.
Si toma en consideración que Chris Christie, Rand Paul, Mike Huckabee y Cruz no tienen mayores posibilidades de ganar una elección, el Partido Republicano se enfrenta a una disyuntiva reducida: John Kasich y Rubio. La pregunta entonces sería: ¿cuál de los dos de vice?

martes, 27 de octubre de 2015

Los aliados de Hillary


La aspirante a la nominación presidencial demócrata, Hillary Clinton, tiene nuevos e importantes aliados: los legisladores republicanos.
El año que viene se efectuaran elecciones para la presidencia de este país y además de rutinario el proceso es muy sencillo en apariencia. Los electores acuden a las urnas y eligen al que consideran mejor. Si se equivocan, solo tienen que esperar cuatro años para rectificar el supuesto error. Así ha ocurrido por siglos.
Sin embargo, durante las últimas décadas un sector cada vez más poderoso del Partido Republicano está empecinado en cambiar esas reglas y “jugar sucio”: crear distritos a la medida de sus candidatos; entorpecer y hasta bloquear cualquier proyecto de un presidente como Barack Obama; cuestionarse su nacionalidad repitiendo mentiras; tratar de procesar a otro como Bill Clinton. Emplear en fin cualquier recurso que el poder y el dinero puedan brindar para impedir el buen desarrollo de la democracia. No es que los miembros del Partido Demócratas sean santos, pero en eso de triquiñuelas y zancadillas, los del otro lado le llevan la ventaja.
Con tal objetivo, se alcanza el absurdo con facilidad.
Si es elegida presidente, Hillary Clinton podría ser sometida a un proceso de impeachment desde el primer día en la Casa Blanca. Quien así lo afirma es el representante Mo Brooks, un republicano de ¡Alabama!, que entre otras cosas se opone al control de la natalidad, la investigación con células madre, quiere reformar el seguro social y privatizarlo en parte, así como entregarle a compañías aseguradores privadas el Medicare para que se enriquezcan con él.
Morris Jackson “Mo” Brooks, Jr. considera además que en este país hay una guerra “contra los blancos” y ya se sabe de qué parte está él.
Sin embargo, lo que más llama la atención es su poca fe en los aspirantes presidenciales republicanos y el proceso democrático: con tantos y tan diversos, el interés de Mo Brooks por un impeachment evidencia la desesperación por una derrota anunciada.
Igual ha ocurrido con la maratónica sesión de 11 horas en el Congreso sobre los ataques en Bengasi.
El Congreso ha realizado siete investigaciones sobre lo ocurrido en el consulado de Bengasi. Investigaciones que han costado $4,700 millones. El más completo de los informes no halló responsabilidad directa, por parte del Departamento de Estado, en los ataques.
Esta fue la segunda vez que tuvo que comparecer  la exsecretaria de Estado. ¿No parece excesivo? No cuando simplemente se persigue un fin partidista.
El comité que llevó a cabo esta última audiencia fue cualquier cosa menos imparcial. No es una opinión del columnista. Lo han dicho al menos dos legisladores republicanos, quienes sugirieron que el objetivo de las interminables investigaciones era afectar la candidatura presidencial de Clinton.
Antes de celebrarse la audiencia, el legislador republicano Kevin McCarthy vinculó el descenso de Clinton en las encuestas al encuentro.
”Todo el mundo pensaba que Hillary Clinton era imbatible, no es así?” declaró McCarthy. “Pero hemos creado un comité especial sobre Bengasi, un comité selecto, y cuáles son las cifras hoy? agregó.
El que si no resultó inexpugnable fue McCarthy, que tras de ser considerado el favorito para sustituir a John Boehner como presidente de la Cámara de Representantes, tuvo que retirar su candidatura, en una muestra clara de las profundas diferencias entre los legisladores republicanos.
Esta última audiencia no ofreció resultado alguno sobre el tema tratado. Ninguna nueva información salió a relucir. Por momentos la sesión se redujo a una agria disputa bipartidista. Pero sí volvió a demostrar la capacidad de liderazgo de Clinton, una cualidad ausente en sus opositores del otro partido. Y todo gracias al esfuerzo republicano por mostrar lo contrario.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 26 de octubre de 2015.

viernes, 23 de octubre de 2015

Terapia gratuita para unos pocos, a cuenta de Miami


Se realizó en Miami un foro para “mostrar” los “peligros” de invertir en Cuba, organizado por la alcaldía de la ciudad y el grupo anticastrista Directorio Democrático Cubano, según un cable de la AFP. La agencia no aclara el alcance de la participación del gobierno de esta ciudad en el evento, más allá de la presencia del alcalde Tomás Regalado. Si dicha organización significó un apoyo logístico que implicó fondos municipales, cualquier residente tiene el derecho de cuestionarse el empleo de fondos a los que contribuye en un evento que nada reporta a la comunidad, salvo una ayuda emocional para unos pocos.
Ayuda sentimental muy loable para descargar el espíritu atribulado de un grupo de exiliados, además de socorrido boleto de viaje, capaz de aliviar ―al menos temporalmente― la penosa carga de vivir en Cuba de algunos activistas, quizá agobiados en su labor disidente de fin de semana. No es fácil vivir en la isla, y menos aún durante algunos domingos, así que la recompensa es válida y merecida.
Solo que a los efectos del aparente objetivo de la cita ―esto es, mostrar o alertar sobre los peligros de invertir para los inversionistas extranjeros― el resultado es nulo.
En primer lugar por aquello de que nadie escuchaba. Vale ante todo preguntarse cuánto capitalista dispuesto o dudoso de poner su dinero en la isla estuvo al tanto de lo que se habló en Miami.
Luego por la incapacidad de los expositores, ya que no participaron economistas, expertos en factores de riesgo, sociólogos o analistas de sistema con el conocimiento necesario para detallar los pro y los contra de una inversión.
Por supuesto que el discurso en contra del gobierno cubano y lo injusto e inadecuado del sistema ―valido desde el punto de vista moral y político― no resuelve las aparentes dudas de quien ha considerado o considera realizar una inversión en Cuba, y menos aún si esa advertencia se lanza desde Miami.
Así que tampoco tiene mucho sentido, a los oídos de los inversionistas, la consideración de si esa inversión realmente llegará a beneficiar a la población, ya sea en Cuba, Tailandia, Francia o Estados Unidos. Si acaso, las palabras al respecto quedan para los discursos, antes o después de los brindis y los postres.
Así que al parecer, según quienes reportaron el evento, al final todo se limitó al consabido discurso en contra de la administración de Obama y su actual política hacia el gobierno cubano. Y aquí si es posible que la función catártica de la reunión ofreciera algún resultado y entrara en funcionamiento cierta “jugosidad”, para usar la llamativa expresión formulada por una expositora.
Las empresas que lleven dinero a Cuba “lo hacen con un gran riesgo de perder la inversión”, dijo el alcalde Regalado, quien al igual que los disidentes que intervinieron en el foro se oponen al acercamiento entre Washington y La Habana, de acuerdo al cable de AFP.
Por supuesto que las inversiones en Cuba son riesgosas ―y nada en esta nota debe interpretarse como un criterio a favor de las mismas―, pero precisamente ello constituye parte del juego en que se colocan en una balanza riesgos e inversiones, y ello no las aleja mucho, en última instancia. De una apuesta en una mesa de póquer. El único problema al respecto es que así es el capitalismo. Y por ello en muchas ocasiones resulta difícil entender a ciertos activistas que postulan para Cuba un sistema lo más cerca posible a un libre mercado sin contrapesos, mientras recurren a un pensamiento “socialista” cuando les conviene.
En el caso del alcalde Regalado, resulta curioso ese afán por alertar a los inversionistas extranjeros, en especial a los españoles ―incluso ha viajado al país europeo a tal efecto―, en un empeño que parece desconocer o pasar por alto que en la actualidad hay mecanismos de protección y aseguramiento para esas inversiones, facilitados en buena medida por el actual gobierno español, que ha creado o restablecido mecanismos al respecto; un gobierno que, por otra parte, se presume cuenta con la simpatía del propio alcalde de Miami, por evidentes razones políticas e ideológicas.
Aunque consideraciones con las enunciadas hasta ahora corren el riesgo de ser tan equivocadas e inútiles como el mismo evento a que se refieren. Porque al final en Miami lo único que importa, para algunos, es mantenerse encerrados en su propia burbuja mientras aparentan al menos hacer algo. Eso, por supuesto, mientras dure el dinero.

domingo, 18 de octubre de 2015

El disparate en campaña


Para Max Weber el sentido de la proporción es una de las cualidades indispensables de un político. Aunque en la actualidad asistimos a un derroche de declaraciones sin pies ni cabeza, por parte de un grupo de aspirantes a la nominación presidencial republicana, que compiten por llegar a dominar los destinos de este país mediante el ascenso a saltos por la escalera del absurdo.
Olvídese por un momento de Donald Trump. Ben Carson afirmó en una entrevista reciente que si el pueblo alemán hubiera estado armado dentro de sus casas, las posibilidades de que Hitler alcanzara sus objetivos habrían disminuido notablemente. ¿Es que Carson no tiene la más mínima idea de lo que significó el nazismo: las condiciones imperantes para su surgimiento, su apoyo inicial por buena parte de la población y el poder de su maquinaria represiva y bélica? O lo que parece más probable, que simplemente se está agarrando de un ejemplo histórico asociado al mal para tergiversarlo y hacer campaña en favor de la tenencia de las armas de fuego y propaganda (¿gratuita?) a la Asociación Nacional del Rifle.
El ejemplo ilustra el asalto al que a diario nos someten políticos y analistas ultraderechistas, empeñados en repetirnos que “el cielo se está cayendo”, para que le entreguemos el poder y luego no dejar títere con cabeza sobre la tierra.
Por su parte Trump ―no hay que olvidarse de él por mucho rato― afirma que el senador Bernie Sanders debería ser llamado “socialista-comunista”, sin detenerse en la diferencia o incluso la contradicción en los términos. El legislador que aspira a la nominación presidencial demócrata se inclina por un punto de vista político que en Europa cae dentro del  socialismo, el laborismo y la social-democracia, y que en ningún momento guarda relación alguna con una posición “comunista”. Pero también Trump lo que busca es meter miedo y advertir sobre la caída del cielo.
Desde hace años una partida de fanáticos intentan apropiarse del Partido Republicano. Lo han logrado en parte. Todo comenzó con un desplazamiento geográfico pero en realidad ideológico. El ala sureña del partido desplazó a los del norte, que lo habían guiado por años. Pero la llegada a la presidencia de Barack Obama puso de cabeza lo que hasta entonces se consideraba un cambio acorde a las circunstancias del momento.
La respuesta no fue una rectificación de rumbo sino empeñarse en el error. Los triunfos parciales durante las elecciones legislativas parecieron confirmar en un sector republicano que el extremismo ideológico es la carta de triunfo en las urnas.
El cambio en el Partido Republicano, de un conservadurismo pragmático norteño a un fundamentalismo rural sureño, ha sido a la vez causa y consecuencia de una polarización ideológica en un sector electoral que se define mejor por sus intereses parroquiales que nacionales. No es extraño que dicho cambio se concretara en una redefinición de distritos y como resultado en la llegada a la Cámara de Representantes de políticos que se aferran a posiciones ideológicas extremas y rechazan el compromiso, que pueden complacer a un número limitado de electores, pero se aparta del espíritu moderado y centrista de la ciudadanía en su dimensión nacional.
Una mirada tenue de lo que podría ocurrir el próximo año la tuvimos durante el primer debate demócrata, donde más allá de las naturales diferencias, la discusión se centró en los temas que realmente preocupan a los electores. Por supuesto que Trump se apresuró a catalogar dicho debate de “aburrido”. Claro que para él son más entretenidos el circo en que unos cuantos niños malcriados compiten por la rabieta mayor, o simplemente las peleas de perros.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 19 de octubre de 2015.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Cuba, vida cotidiana y ajiaco ideológico


El gobierno de Raúl Castro ha logrado algo que parecía imposible durante la época de Fidel: echar a un lado o reducir al mínimo los fundamentos ideológicos y aplicar un pragmatismo que no significa adaptarse a la realidad, como han supuesto algunos, sino todo lo contrario: ajustar esa realidad al propósito único de conservar el poder.
Contrario a lo esperado por algunos, el agotamiento ideológico del modelo marxista-leninista no desembocó en un desmoronamiento del sistema.
Si quienes viven bajo las ruinas del socialismo cubano son sujetos moldeados por una época en que se produjo una amplia distribución de algunos derechos sociales —como tener un trabajo asegurado y el acceso gratuito a los servicios de salud y educación— que con los años experimentaron un cada vez mayor deterioro, son también ciudadanos con un precario entrenamiento para ejercer derechos civiles y políticos, o en general poco preparados para asumir riesgos a la hora de obtenerlos.
El gobierno de La Habana ha hecho todo lo posible por mantener esa condición, timoneando de acuerdo al momento pero sin soltar el control del rumbo.
En lo que se refiere al aspecto cultural e ideológico, en los años previos al mandato de Raúl Castro el régimen mantuvo dos maniobras para tratar de encaminar el deterioro ideológico: el nacionalismo posmarxista, adoptado como elemento fundacional del proceso, y la despolitización de escritores y artistas.
Luego, en los últimos años, ha sido capaz de prescindir de ambos o relegarlos al “departamento de asuntos sin importancia”.
Una maniobra puesta en práctica durante la última etapa de Fidel Castro al mando de los asuntos diarios del poder, pero que se vino a emponderar con el gobierno de Raúl y a partir de la “guerrita de los emails”, se ha caracterizado por la transformación definitiva del “intelectual orgánico” en un creador hasta cierto punto neutral, en lo que respecta a una militancia política activa, aunque fiel guardador de los “valores patrios”.
Al dar muestras de agotamiento el nacionalismo católico, a comienzos de este siglo, algunos de los portavoces de la ideología oficial iniciaron un desplazamiento hacia el llamado “socialismo del siglo XXI”, propuesto por el difunto presidente Hugo Chávez en Venezuela.
El problema con esos cambios oportunos —o menor, oportunistas— fue que, desde el punto de vista teórico y fundacional, carecían de solidez y solo sirvieron de espejismos al uso para justificar un acercamiento al poder o al dinero. A ello hay que agregar que, como el lugar que antes ocupaba la teoría lo comenzaron a llenar los medios masivos, el debate se ha permeado de mezclas absurdas.
De esta forma, el intentar montar en el mismo carro a Bolívar y Marx, en el mal llamado "socialismo del siglo XXI", no ha resultado más que un disparate que solo unos pocos intelectuales han tratado de justificar.
Si bien para sostener estos ajiacos ideológicos, por momentos el régimen de La Habana ha necesitado tanto controlar la lectura como la escritura, también se ha percatado de la existencia de cierta permisividad inofensiva, que no afecta su capacidad de sobrevivir e incluso le brinda cierta publicidad adicional, sobre todo en el exterior.
Sin embargo, aunque se han producido avances en Cuba, al analizar los límites de la tolerancia no deja de imperar un panorama sombrío.
La razón de ello es que más allá de casos específicos, géneros mencionados y momentos históricos, aún el gobierno cubano fundamenta su política cultural en una administración territorial de la creación y en practicar una aduana política, que permite pasar a unos y a otros no.
La publicación de ciertos libros, temas y autores marginados no es lo suficientemente fuerte como para romper la lógica de la exclusión.
Frente a este desmembramiento cultural e ideológico.
En la actualidad se debaten varios proyectos en la isla, por parte tanto de esa intelectualidad que con diversos matices mantiene cierta cercanía con la posición oficial —hablar de colaboracionismo en la mayoría de los casos es exagerado— como  dentro de esa gama que comprende a la sociedad civil, disidencia, activismo y periodismo independiente, y cada vez es más amplio y complejo. Hasta el momento, todos estos proyectos no han logrado dar un paso más allá de cierta formulación teórica, en el mejor de los casos. El futuro de Cuba continúa debatiéndose entre una incertidumbre al parecer perpetua, una esperanza que no trasciende lo idílico y una apatía a la que no escapan ni gobernantes ni opositores.

martes, 13 de octubre de 2015

La izquierda al debate


¿Tienen posibilidades los planes y las ideas de izquierda en la época actual en Estados Unidos? Sí, de acuerdo al debate de los aspirantes a la candidatura presidencial demócrata trasmitido por la cadena CNN.
De Wall Street y el capital financiero a los grandes culpables de la contaminación ambiental no quedó títere con cabeza entre los contendientes, que a veces daba la impresión de competir por el derecho de situarse más a la izquierda.
Salario mínimo, el derecho a elegir, permisos labores de maternidad, mayores impuestos para los ricos, la negociación diplomática de los conflictos internacionales, el rechazo a imponer la preponderancia bélica de Estados Unidos al resto del mundo, la división entre bancos comerciales y de inversiones, la reforma del sistema penal (incluso para algunos de los participantes la despenalización del consumo de marihuana).
La agenda fue extensa: un rosario completo de capítulos sociales acompañado de enfoques que fueron del progresismo al socialismo democrático. Aunque no faltaron las variaciones sobre un mismo tema ―Sanders a la cabeza de una visión izquierdista tradicional a la que volvió una y otra vez―, ninguno se quedó sin recitar lo que había hecho o aspiraba hacer en favor de las causas liberales.
Esta definición, clara y precisa de la tendencia en la campaña inicial demócrata, junto al fuego nutrido contra los republicanos, fue la característica primordial de un debate que se caracterizó por el tono civilizado y del que Hillary Clinton salió como vencedora indiscutible.
Por muy a favor que uno esté con los puntos de vista del senador Bernie Sanders, no hay que pensar ni por un segundo que puede llegar a la presidencia de este país, y lo que es más importante: alegrase de que así ocurra pese a las simpatías.
Hubo un momento digno de elogio en que Sanders rompió los patrones tradicionales del comportamiento político y se unió a la exsecretaria de Estado en un apoyo poco usual entre contrincantes, al declarar que también él estaba harto de oír hablar del tema de los famosos emailes, cuyas investigaciones por un comité senatorial a estas alturas se limitaban al clásico rejuego republicano para hacer descender en las encuestas a la demócratas (un truco que por lo demás ha sido ampliamente empleado por ambos partidos en diversas ocasiones). Pero poco más que llamara la atención durante hora y media. Aunque la falta de excitación no debe confundirse con la ausencia de entusiasmo. Daba la impresión de estar frente a un espectáculo en otra América, un país diferente al que nos presentan a diario los medios de prensa y entretenimiento.
El debate ―sobre el cual no existían muchas esperanzas de que resultaría un evento extraordinario― sirvió fundamentalmente para dos cosas: demostrar que Clinton es la candidata única, y que lo demás no pasa de un temporal entretenimiento propio del juego democrático en este país, y mostrarle al Partido Republicano que lo que hay que hacer es discutir los temas o aspectos sobre los cuales va a girar la elección presidencial de próximo año. Si los republicanos continúan aferrados al circo de Trump por mucho tiempo, se enfrentan a un serio problema de campaña.

domingo, 11 de octubre de 2015

¿Reajuste cubano?


Si hay un aspecto que hasta el momento puede señalarse como fallido, en el enfoque de la administración Obama respecto al gobierno cubano, es el objetivo de reducir el incesante tráfico migratorio desde la isla.
Durante los nueve primeros meses del año fiscal 2015 (octubre 2014-junio 2015) entraron en Estados Unidos 27,296 cubanos, según cifras de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EEUU. Ello implica un aumento del 78 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado.
La esperanza de que un acercamiento entre Washington y La Habana iba a mejorar las cosas en Cuba ha quedado suplantada por la realidad de aprovechar el momento para escapar.
El alza en las salidas responde fundamentalmente al temor de que la normalización de vínculos entre ambos países pondrá fin a la Ley de Ajuste Cubano, que otorga un trato especial a los cubanos. Como suele ocurrir, la avalancha provocada por el miedo a la supresión o cambio de la medida está contribuyendo precisamente a que cada día resulte más difícil sustentar que se mantenga vigente.
Continuamos presenciando el abandono de un país donde impera la represión, el desencanto y la inseguridad. Aunque asistimos a un escape distinto. En mucho casos es simplemente temporal y sin necesidad de desprendimiento alguno. Y ello, por supuesto, está cambiando a un exilio que en buena medida ha dejado de merecer tal nombre.
Sigue en pie el indiscutible derecho de buscar afuera un futuro mejor al que brinda el país de origen. Pero atrás quedó el principio de abandonarlo todo y empezar de nuevo como un acto de reafirmación.
El concepto de emigrante se ha impuesto sobre el de exiliado y se diluye la idea de la diáspora, tanto en su acepción de un viaje más allá de las fronteras de la patria como en su aspiración de un regreso a los principios fundamentales. El salir a medias sustituye el regreso añorado.
Nada de ello elimina riesgos, esperanzas y temores. Simplemente hay un cambio de sentido en la partida que hace que ahora algunos esgriman la condición de refugiado como medio de obtener beneficios y no como realidad lacerante.
En un mundo donde la palabra inmigración se asocia a otras como crisis y rechazo, y en un país en que el tema ha irrumpido de lleno en la campaña electoral presidencial, los cubanos disfrutan de una especie de paraíso, al que una mayoría se acoge pero del que también unos cuantos —¿o muchos?— abusan.
Vivimos un momento en que las fronteras entre Cuba y Estados Unidos — países que al menos en política e ideología continúan siendo contrarios— son cada vez más porosas. Este hecho, que en líneas generales puede considerarse un avance, tiene también una característica no tan meritoria: una subordinación —primero al Estado, luego a la familia y por último a otra nación— que hace que quienes viven en la isla no solo sean incapaces de trascender del ámbito familiar al ciudadano, sino que vivan encerrados en la burbuja de la válvula de escape.
Un matrimonio de más de 65 años vive en la isla con unas pensiones miserables que no llegan a los $20. Se traslada a Miami y puede llegar a recibir hasta $1,457 mensuales en ayuda económica suplementaria y sellos de alimento. El logro solidario y la condición de expatriado quedan desvirtuados si esa pareja decide pasar una parte del tiempo aquí y otra allá. Residiendo en ambos países a cuenta de unos beneficios a los que no contribuyeron en nada para obtener. ¿Humanidad hacia los refugiados cubanos o injusticia con los contribuyentes estadounidenses? ¿Hay que comenzar a pensar en un reajuste?

Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 12 de octubre de 2015 

Louise Bourgeois: sexualidad, angustia y opresión


Louise Bourgeois, su vida, su obra, hubiera sido el material perfecto para que Sigmund Freud le dedicara un estudio. O quizá no. Demasiado evidente, exorbitante el tema en sus esculturas e instalaciones. Inmoderadas las explicaciones al respecto, que ella misma nunca se detuvo en formular.
Y sin embargo, nada en su imagen apunta esa vía. Quizá porque la fama le llegó a una edad avanzada. En parte debido a que su trauma fue un hecho simple. Pero ojo, esa simpleza no implica que no fuera real en sus sentimientos o que no determinara su vida.
La historia doméstica se remite a una trama hogareña y cotidiana. Su padre mantiene una relación íntima con la criada y niñera, la madre lo sabe y consiente, finge desconocerlo, la niña lo sabe también y comienza a odiar al padre. Por supuesto que no se puede reducir todo a un amorío ocasional o al carácter mujeriego del padre.
“De niña, me daba mucho miedo cuando en la mesa del comedor mi padre no dejaba de alardear, se jactaba una y otra vez de sus logros. Y cuanto más grande pretendía volver su figura, más insignificantes nos sentíamos sus hijos. Mi fantasía era: lo agarrábamos con mis hermanos, lo poníamos sobre la mesa, lo troceábamos y lo devorábamos...”, escribiría años más tarde.
No es que el padre la despreciara. Se opuso a que fuera pintora porque despreciaba a los artistas modernos (tenía un taller donde se dedicaba a la reconstrucción de tapices antiguos). Luego admiró el talento y las habilidades de la hija, pero para entonces el cariño ya no era mutuo.
Bajo esa inseguridad vivió Louise Bourgeois toda la vida, por lo demás normal. Se casó, tuvo hijos, enviudó. Nada indica una elemental transferencia afectiva del padre al esposo. Más que de trastorno psicoanalítico, cabría hablar de un trama existencia. No por ello eludió someterse al psicoanálisis.
“Una mujer no tiene lugar como artista hasta que prueba una y otra vez que no será eliminada”. Volvería al tema una y otra vez. “La necesidad interior de un artista de ser artista conecta íntimamente con su género y su sexualidad”.
Aquí radica la clave de su vida y su obra. Bourgeois (1911-2010) consumió su larga vida mostrando y demostrando de nuevo que valía como artista. Conoció algunos grandes — Fernand Léger, Joan Miró, Willem de Kooning, Mark Rothko y Jackson Pollock— y al parecer nunca se sintió, o nunca la reconocieron, entre iguales.
Luego sería adoptada por el movimiento feminista, y aunque ella no se reconoció como tal contribuyó a la causa.
Hay una instalación suya donde al parecer desnuda sus sentimientos: el padre yace asesinado y los hijos consumen el cadáver, comenzando por el pene.
Una retrospectiva, en el Museo Picasso de Málaga, lleva por título una frase de la pintora: He estado en el infierno y he vuelto. Y déjame decirte que fue maravilloso.
Sin embargo, es quizá en su obra más famosa, que dedica a su madre, donde su personalidad se evidencia mejor: es una araña gigantesca.
La Araña es una oda a mi madre. Ella era mi mejor amiga. Como una araña, mi madre era tejedora. Mi familia estaba en el negocio de restauración de tapices, y mi madre estaba a cargo del taller. Igual que las arañas, mi madre era muy astuta. Las arañas son presencias agradables que comen mosquitos. Sabemos que los mosquitos esparcen enfermedades y por lo tanto, no son bienvenidos. Entonces, las arañas son proactivas y de mucha ayuda, justo como lo era mi madre”.
La Araña, Maman, que mide más de nueve metros de alto, es una escultura de acero y mármol de la cual se produjeron subsecuentemente seis réplicas de bronce.
Una de ellas se encuentra en el Museo Guggenheim de Bilbao. Es una obra impresionante y de gran belleza, pero también algo aterradora.

sábado, 10 de octubre de 2015

Neville, la buena vida, el horror y el franquismo


El mito de que en España la izquierda perdió la guerra en las trincheras pero ganó la batalla cultural es eso: un mito, una mentira. La realidad no solo está llena de matices sino del hecho oscurecido por años de que esa cultura reprimida, censurada y cómplice del franquismo fue el fundamento de lo que ocurrió después. Que unas cuentas figuras brillantes, extremadamente brillantes —Lorca, Machado el bueno, Hernández— opacaran a los demás fue una respuesta justiciera pero incompleta; que unas cuantas imágenes deslumbrantes —Capa— nos llevara a pretender que eso era todo no deja de ser nuestra culpa.
En un libro ejemplar, Las armas y las letras, Andrés Trapiello traza un panorama de esa complejidad que tendemos a pasar por algo. En un conflicto que desembocó en una represión feroz durante la paz, y tras décadas donde el pasado se ha tratado de superar, resulta difícil mantener una mirada comprensiva y abarcadora. Pero es imprescindible, al menos para escapar de las dicotomías.
Hay aspectos que apenas se mencionan, como el hecho de que la derecha y ciertos escritores vinculados más o menos directamente con la falange — Miguel Mihura, Tono, Enrique Jardiel Poncela, Álvaro de la Iglesia— dominaron el humor y trascendieron en ese campo, burlándose incluso contra su clase y el imaginario impuesto a la sociedad por el régimen caudillista, con una fuerza que por razones históricas, políticas y hasta de exilio les resultaba imposible alcanzar a los autores de izquierda.
Queda también una realidad más amplia, donde más allá del terror, la censura y el hambre se abren vertientes privilegiadas, y a estas alturas el origen y las ventajas de una posición privilegiada no deben llevar a una condena ideológica de los logros. De lo contrario, resultaría imposible romper el fanatismo que yace en la república y la contrarrevolución resultante.
Una de esas figuras, a las que no hay que despojar del rasgo amable que las caracterizó, es Edgar Neville.
Aristócrata, escritor,  autor de teatro, realizador cinematográfico e incluso pintor, Neville fue amigo de Federico García Lorca, Manuel de Falla, Salvador Dalí y otros miembros de la Generación del 27. Introdujo a Luis Buñuel en Hollywood, escenario difícil en que sin embargo disfrutó de la amistad de Charles Chaplin y Mary Pickford. Aparece incluso en Luces de la ciudad, de Chaplin, haciendo de extra en una papel de policía.
De las películas realizadas por Neville una de las más conocidas es La torre de los siete jorobados (1944), que el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ofrece en función continua en una de sus salas. Muestra algo tardíamente la influencia del cine expresionista alemán y se considera uno de los pilares del cine de horror español. Más notable es su documental póstumo sobre el flamenco, Duende y misterio del flamenco (1952).
Neville, que fue corresponsal de guerra del frente franquista a partir de 1937, filmó la batalla de Brunete y la toma de Bilbao. También se destacó como guionista de cortos propaganda a favor de las tropas de Franco, que incluso se exhibieron en las trincheras rebeldes que rodearon a Madrid.

Amante del buen comer, Edgar Neville murió en Suiza mientras llevaba a cabo un plan de adelgazamiento, en 1967. Su obra literaria es menor, pero sus cuentos aún aparecen en antologías y sus libros no son difíciles de encontrar en las librerías españolas.