viernes, 22 de enero de 2016

Miami y el estigma de ser “marielito”


Los legisladores republicanos hablan de que la Ley de Ajuste Cubano debe preservarse para quienes sufren persecución política en Cuba, y posiblemente durante ese mismo discurso o al poco tiempo se reúnen con un opositor cubano que entra y sale del país y acumula sus merecidas horas de vuelo durante los más diversos recorridos por el mundo.
Pregonan los mismos fundamentos de quienes los precedieron o acompañan en la labor legislativa, al tiempo que mantienen un piadoso silencio sobre las actuaciones que hicieron posible la situación actual: una enmienda de 1980 a la ley permite a los inmigrantes cubanos, independientemente de sus razones para abandonar la isla, el acceso al Programa Federal de Reasentamiento de Refugiados.
En la práctica se limitan a  crear un binomio con los políticos locales, también republicanos, para el enunciado de lamentos y reproches. Así se alzan las voces sobre la posible crisis a desatarse en Miami si siguen llegando nuevos inmigrantes, y omiten igualmente que el financiamiento de dichos programas de ayuda se cubre a través del presupuesto federal.
Una de las consecuencias de tal actitud es alimentar en esta ciudad un sentimiento de rechazo, o al menos de reserva, hacia quienes vienen ahora, similar por cierto al surgido durante la crisis del Mariel, donde no fueron pocos los recién que se vieron obligados, o prefirieron, ocultar su medio de llegada. Entonces fue patético  encontrar a “marielitos” decir “te llamo pa'tras”, como una forma ingenua y hasta risible de tergiversar el idioma para ocultar el origen. Claro que con el tiempo el ser “marielito” perdió cualquier carga de estigma. Igual ocurrirá ahora.

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