domingo, 27 de marzo de 2016

Los Rolling Stones y la guerra de Miami contra el capitalismo en Cuba


Están perdidos los sectores más recalcitrante del exilio de Miami en su “lucha” contra el castrismo. Cuando digo recalcitrante no uso el concepto simplemente en una acepción ideológica, sino principalmente en su definición del Diccionario de la lengua española: terco, reacio, reincidente, obstinado, aferrado a una opinión o conducta.
La causa cubana en Miami ha pasado de ser una lucha contra el Gobierno de Castro a una guerra contra el capitalismo. Y contra el capitalismo no se gana la guerra: ya lo intentó la Revolución cubana y la perdió.
Por su supuesto que esa victoria cada vez más cercana del capitalismo terminará por transformar por completo al sistema implantado a partir del primero de enero en Cuba, pero a los efectos del poder —que es en última instancia lo que más interesa a Miami— se está llevando a cabo con la complicidad de quienes conservan el mando en La Habana y esperan preservarlo con sus herederos en general (sin limitarse a la familia Castro). La ideología comunista desde hace rato se echó a un lado en Cuba, como también ha ocurrido en China, donde es simplemente pieza en los museos, y lo demás es preservar (a veces) el nombre y los métodos, pero como un instrumento de dominación y no como un objetivo de futuro.
El cartel que ilustra este comentario, colocado por los fans afuera del recinto donde los Rolling Stones dieron el concierto en La Habana, ilustra este cambio. Una imagen vale más que cien consignas.
No es que simpatice con esa victoria del capitalismo y tampoco que no queden batallas por librar en favor de los derechos humanos, la inexistente sociedad civil y en última instancia la libertad y democracia. Pero ante el avance del capitalismo en la isla —lo demás es cuestión de apellidos: de Estado, autoritario, oligárquico— no queda más remedio que cambiar de estrategia. El capitalismo implica desigualdad, avaricia y abuso. Es parte de su razón de ser, aunque dichos términos no lo definen por completo.
El concierto de los Rolling Stones en La Habana define mejor el futuro de Cuba que la visita de Obama. Y para los que les gusta esa música valió la pena disfrutarlo. Algunos de los reclamos que actualmente se escuchan en Miami equivalen a una ilusoria exigencia de que el grupo tocara en cualquier o en todos los pueblos de la isla. No fue así, y no podía ser así. Actuó en la capital, a la que desde hace algunos años le ha sido devuelto su verdadero valor, tras un proceso de origen provincial y campesino.
Al parecer detrás del espectáculo estuvieron intereses financieros, que lo que les interesa es hacer negocios, no llevar la libertad a la isla. Y tampoco hay nada malo que sea así, si uno adopta la óptica capitalista.
No se puede estar a favor del capitalismo y al mismo tiempo reclamar lo que a este sistema no le interesa alcanzar. Para ello habría que comenzar una nueva revolución, y no le arriendo las ganancias a quien lo intente y apuesto a que no encontrará mucho seguidores.
Así que sentimientos plañideros aparte —válidos por otra parte emocionalmente y desde el punto de vista personal—, lo que queda es adaptarse a las circunstancias.