martes, 24 de mayo de 2016

La ronda: ¿se va Pdvsa de Argentina?


Por momentos la historia en Latinoamérica parece empeñada en una eterna ronda, un carrusel que gira donde países, gobernantes e incluso ministros intercambian asientos en medio de las vueltas. O mejor una montaña rusa con altas y bajas, precipicios y cumbres. Pero en todos los casos, una mezcla de viejos y nuevos esquemas que parece interminable. No poco dinero gastó el fallecido presidente Hugo Chávez en la región, en un esfuerzo que desde hace años languidece de forma implacable. Ahora ha surgido una oferta de compra de activos, que abriría la puerta de salida en Argentina para Petróleos de Venezuela (Pdvsa), el poder económico utilizado por Chávez para influir de manera determinante en los países latinoamericanos.
El viernes pasado un grupo empresario argentino lanzó una propuesta de gerenciamiento con opción de compra para hacerse cargo de los activos de Petrolera del Cono Sud, la subsidiaria de la firma venezolana, dueña de una red de 95 estaciones de servicio, además de unos tanques de almacenamiento en las afueras de Buenos Aires. La misma oferta de compra se presentó en la Bolsa de Comercio, según el diario argentino La Nación.
Petrolera del Cono Sur pertenece en un 95% a Pdvsa Argentina, mientras que el 5% restante está colocado en la Bolsa porteña. La propuesta llega en un momento complejo de la petrolera. La caída del precio internacional del crudo y la crisis política y económica en Venezuela impulsaron decisiones respecto de la fallida expansión de aquel país en América latina. Según datos corroborados en los balances presentados en la Bolsa de Comercio, la firma perdió alrededor de $880.000 por mes el año pasado: este período estaría algo por encima.
De acuerdo con fuentes del mercado, desde Caracas habría llegado la orden de frenar el gasto. A la filial local le queda dinero como para terminar el año. Sin embargo, no se sabe qué pasará más allá del momento en el que se termine el dinero disponible. Allí se dirige la oferta.
“La empresa no está en un proceso de venta. No hay un proceso abierto”, contestaron en las oficinas locales al ser consultados por La Nación.
Una fuente cercana a la filial de la petrolera estatal venezolana en Argentina le afirma a CNN que había recibido una oferta de compra por su red de estaciones de servicio y la había rechazado.
Con independencia de que esta u otra oferta se materialice, el sueño de Chávez de dominio político y energético en la región se ha desmoronado.
Según La Nación, al menos dos ministros del gabinete argentino están al tanto de la oferta. Uno de ellos es Juan José Aranguren, el jefe de la cartera de Energía y exejecutivo de la firma petrolera Shell.
Con Aranguren como protagonista empezó la historia de Pdvsa en Argentina. La llegada de la empresa estatal venezolana, patrocinada en 2005 por los presidentes Néstor Kirchner y Hugo Chávez, estuvo marcada por una fuerte presión para que Shell les vendiera sus activos en el país.
En noviembre de 2004, el gobierno de Kirchner creó Enarsa, la petrolera estatal que jamás tuvo petróleo. Según Aranguren, Kirchner consideró la posibilidad de hacerse de los activos de la petrolera anglo-holandesa con la ayuda de Pdvsa.
Shell nunca inició conversaciones formales con Pdvsa. En marzo de 2005, el presidente Kirchner llamó a hacer un boicot contra la empresa manejada por Aranguren, que había aplicado un aumento de hasta 4,2% en el precio de las naftas y el gasoil. El mandatario instó a "no comprar más a Shell, ni una lata de aceite, y que se den cuenta de que los argentinos ya no soportamos más este tipo de acciones". Kirchner, además, defendió "el boicot nacional que le pueda hacer el pueblo a quien se está abusando del pueblo".
Finalmente, Pdvsa firmó un acuerdo con Enarsa. Abrieron dos estaciones de servicio. Ambas cerraron sin pena ni gloria en 2010.
Pdvsa, sin Enarsa, avanzó por su cuenta. Le compró a la uruguaya Ancap la red de estaciones de servicio Sol. Así nació PDV Sur, una red que, entre propias y ajenas, hoy tiene 95 estaciones de servicio.
Pero los tiempos cambiaron. Aquella expansión petrolera de la mano del crudo venezolano ya no tiene la fuerza de hace 10 años. Y aquel empresario boicoteado ahora es ministro de Energía.
Al final, todo parece estar desembocando en otro mal negocio iniciado en la época en que el Gobierno chavista tenía dinero para botar.
Chávez acabó convertido —¿no lo fue siempre?— en una fuerza circunstancial que frenó el desarrollo económico y político de Venezuela y otros países latinoamericanos y dividió a las naciones. El actual mandatario venezolano, Nicolás Maduro, no es más un resabio de Chávez que aún persiste.
Desde pagar la deuda de Argentina y Ecuador al Fondo Monetario Internacional hasta financiar un popular festival de zamba en Brasil, Chávez quiso abarcarlo todo. Pero en esencia su objetivo se reducía a difundir un esquema que parecía agotado —la revolución social al estilo cubano— no mediante la violencia guerrillera, sino empleando la otra arma tradicional necesaria para hacer la guerra: el dinero. El poder de los petrodólares convertido en un recurso antiimperialista.
Ahora que el dinero se ha acabo, Maduro se aferra al poder y a la inmovilidad, en un esfuerzo cada vez más demente de frenar las vueltas del carrusel donde cada vez su puesto es más estrecho y su conducta evidencia un profundo mareo.