jueves, 12 de enero de 2017

Por la vuelta de Hitchcock


El termino de la Guerra Fría no fue el fin de la historia, y mucho menos de la novela de espionaje. Es más, el thriller vuelve a diario, sin necesidad de talento y de narración audaz, a través de las pantallas llenas de noticias, que por lo general se limitan a repetir el cotidiano capítulo de intriga, en que se ha convertido la política, en Washington y el mundo. Pero un momento, ¿no siempre lo fue?
Sí, solo que en otra época había algo más de imaginación, al menos en ocasiones; un esfuerzo adicional por mostrar el talento. Ahora todo resulta tan burdo, tan soez, que recuerda cualquier argumento de una mala novela. Un pésimo relato con Donald Trump como el personaje enviado a sacarle a uno lo peor que tiene: que solo resulta atractivo cuando insulta.
Este último capítulo, de un Trump que a diario se inventa nuevas reglas, sobre las cuales fundamentar su presidencia, para desbaratarlas por la noche, a la espera de un nuevo día de la creación, y el escándalo de espionaje e interferencia de Rusia en el proceso electoral estadounidense, que lo persigue pero no acaba de agarrarlo, rompe todo los patrones de  la racionalidad —y lo que es peor, de la civilidad— para caer en el absurdo y la locura.
Solo que es un absurdo tonto y una locura idiota. Y también que tanto absurdo y locura no se originan solo en una fuente —ya sea Trump o sus detractores—, sino que brota por todas partes.
Por lo que el leer o mirar toda esa intriga produce un sentimiento de repulsión en que las preferencias políticas, las ideologías y los valores ciudadanos desaparecen ante el asco que causa la trama. Y donde llega un momento en que se esfuma el culpable y solo queda el cinismo. Mal momento para cualquier nación y cualquier individuo.
De lo que se trata ya no es siguiera si Trump está tan inmaculado como declara, sobre lo que no se le acusa sino apenas insinúa; si hay instituciones gubernamentales que actúan con independencia de los fines partidistas o si el calendario que acompaña a la aparición de los hechos sigue una rutina o un objetivo más torcido aún que lo que expone. Porque hoy todo está mezclado en una historia que no se sabe si está contada por un idiota o por un villano, o por ambos a la vez, que es lo más probable.
Por lo que llegamos al momento en que no importan los buenos y malos, sino solo se aspira a una mejor trama: to know a hawk from a hand saw”.