domingo, 8 de enero de 2017

Una muerte poco significativa


La muerte del ministro del Interior cubano, el general de división Carlos Fernández Godín, lleva a dos lecturas inmediatas. Este fallecimiento apenas comenzado el año, de uno de los “históricos” de la revolución cubana —y por cierto no de los de edad más avanzada dentro de este grupo (Godín tenía solo 78 años)— es apenas un hecho puntual.
La segunda lectura, en el plano más simbólico, es importante, pero no tiene el porqué manifestarse ahora con una fuerza decisiva.
Godín muere luego de sustituir, en octubre de 2015, al general  de cuerpo de ejército Abelardo Colomé Ibarra, quien renunció por problemas de salud y aún vive.
Si se considera que Colome Ibarra (Furry) ocupaba el cargo desde 1989, hay un acortamiento significativo en la permanencia al frente de uno de los principales centros del poder en Cuba. A ello se añade que no se trata de una muerte repentina, sino “a causa de complicaciones de una enfermedad crónica que padecía”, según una nota oficial del Consejo de Ministros.
Por supuesto que lo importante aquí no es esta muerte, sino otra anterior: la de Fidel Castro en noviembre del pasado año.
Falta por ver entonces si asistimos a un evento aislado o a la continuación de una cadena de desapariciones. La edad del resto de los miembros fundadores del movimiento revolucionario, que llegó al poder en enero de 1959, muy superior a la de Fernández Godín, inclina a pensar lo segundo: la repetición en Cuba de lo ocurrido en la Unión Soviética a partir del 12 de noviembre de 1982, cuando Yuri Vladímirovich Andrópov llegó a la cumbre del poder, para ejercerlo solo por 15 meses  y su sucesor, Konstantín Chernenko, por apenas un año. La importancia del Ministerio del Interior (Minint) en Cuba permite, por otra parte, esta conjetura: no se trata de una muerte en la cúspide, como las señaladas en la URSS, pero sí de una baja en la cumbre.
Baja que no significa fractura. Y eso hay que tenerlo bien claro. La desaparición física de Fernández Godín no significará cambio sustancial alguno en el cuerpo represor cubano. Incluso puede hablarse, hasta cierto punto, de muerte anunciada.
El VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado en abril de 1916, trajo la esperada salida de Colomé Ibarra del Buró Político, pero no así la entrada en tan selecto grupo de su sustituto entonces al frente del Minint. Fernández Godín se mantuvo solo en el Comité Central. Ya desde entonces pudo anunciarse que su desaparición física estaba cercana. La sucesión pautada y lo ocurrido ahora pasa a ocupar un lugar relativo.
Todo apunta hacia que el puesto de Fernández Godín lo ocupará el viceministro primero del Minint, Julio César Gandarilla Bermejo. Es el mecanismo de sucesión clásico que ha adoptado Raúl Castro bajo su mandato. De hecho, durante el acto por el 55 aniversario de la creación del Minint, celebrado el 6 de junio de 2016, Gandarilla Bermejo ocupó el puesto al lado de Raúl, y al parecer ni
Fernández Godín ni Abelardo Colomé Ibarra pudieron asistir por motivos de salud. Así que cabe afirma que Gandarilla Bermejo ha estado en la práctica al frente del Minint en los últimos tiempos.
Gandarilla Bermejo es además la figura ideal para el cargo, de acuerdo a los parámetros de Raúl Castro, sobre todo porque fue Jefe de la Dirección de Contrainteligencia Militar (Cim) del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar), al igual que lo fue Fernández Godín hasta 1989. Es decir, ambos fungieron como figuras principales en el desplazamiento, llevado a cabo por Raúl Castro, de figuras de la inteligencia cubana y la colocación en su lugar de miembros de las fuerzas armadas al frente del Minint, movimiento ocurrido a partir de la Causa No. 1. Aunque el también vicealmirante ya debe tener más de setenta años, solo resta esperar que, de oficializarlo en el cargo, el Castro que sobrevive continuará haciéndole guiños a la biología.
Otra posibilidad, la dilatación del nombramiento, no parece acorde a los tiempos que corren, con la muy cercana presidencia de Donald Trump en Estados Unidos y la situación venezolana. Gandarilla Bermejo ha realizado labores de contrainteligencia en Venezuela.
La muerte de Fernández Godín entra entonces dentro de un guión pautado, donde son difíciles las especulaciones sobre un ascenso inmediato del coronel Alejandro Castro Espín a dirigir el Minint, ya que en la actualidad no ocupa un cargo cercano a la línea sucesoria dentro de la institución, y Raúl Castro por lo general se ha mantenido fiel al mecanismo de sucesión creado por él. No pasa de un hecho esperado, pero que al mismo tiempo recuerda la inevitable biología. Por ello quizá despertará más apuestas en Miami que en La Habana, donde siempre la regla para el triunfo ha sido jugar al seguro.


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