lunes, 27 de marzo de 2017

La mer et la mère


Uno de los motivos por los que Évolution (2015) terminó siendo filmada en la isla de Lanzarote fue porque difícilmente —según ha declarado la directora— las agencias de protección infantil francesas habrían aceptado la dimensión que alcanza el filme como película de horror y la participación de niños en situaciones tan traumáticas; sin contar con la sexualidad —por lo general sugerida pero en algunos momentos expresa. Por momentos la película transita de la provocación a lo obsceno con tal transparencia, que resulta difícil verla sin sobrecogimiento, aunque más que sobresaltos nos depara una angustia generalizada e inevitable.
Y sin embargo, en la cinta no hay escenas sangrientas —apenas un par de gotas de sangre salen por la nariz de un par de niños—, tampoco de sexo y mucho menos imágenes de cuerpos destrozados, desmembrados o cadáveres.
Es más, al inicio sorprende la luminosidad de las tomas marinas y la textura de la vegetación bajo el agua, y el pequeño poblado junto al mar se nos presenta austero pero claro. Aunque pronto nos damos cuenta que, a pesar del aparente naturalismo —en ese espacio extraño, atemporal, que por momentos nos recuerda las pinturas de Giorgio de Chirico— hay algo siniestro que no necesita de una atmósfera abigarrada sino se extiende de una manera simple y natural. (La realizadora ha dicho que las escenas del hospital fueron filmadas en uno abandonado, y que prefiere los espacios reales porque brindan una mayor textura y más sorpresas.) Igual utilización, de esa mezcla singular entre el objeto naturalista y su instrumentación fantástica, figura en la banda sonora, donde el sonido de las olas, el viento y el agua que fluye sustituye a la música.
Évolution es el último largometraje de Lucile Hadžihalilović, y al igual que en su predecesor, Innocence (2004), la pantalla despliega una amplia simbología, solo que aquí la crueldad y el horror se superponen con la trama fantástica en un desarrollo por momentos cercano a la ciencia-ficción. Aunque cabe aclarar que, en el cine de Hadžihalilović, más que hablar del avance de una trama hay que referirse al crecimiento de un sentimiento o un estado de ánimo, en donde el descubrimiento del enigma pasa a un plano secundario.
La dificultad a la hora de precisar Évolution ha llevado a los cotejos más disímiles —desde Invasion of the Body Snatchers hasta The Little Mermaid, pasando por ¿Quién puede matar a un niño?—, en comparaciones con mayor o menor sentido. Aquí lo fundamental es la forma de reproducción de la especie, y no la sustitución de la terrestre por una llegada de otro planeta; las ventosas en la piel no forman parte de la representación tradicional de las sirenas, por lo que solo cabe hablar de criaturas marinas en general; y los niños en esta película son víctimas y no victimarios. Vale la pena añadir, sobre la referencia a la película de Narciso Ibáñez Serrador, que ¿Quién puede matar a un niño? es una buena cinta de horror, pero que no trasciende los parámetros del género, y Évolution sí. Por su parte, en una entrevista en Film Comment, Hadžihalilović reconoció la influencia de Ibáñez Serrador. En igual entrevista, y de forma general, también mencionó la de David Cronenberg y David Lynch, así como del Alien de Ridley Scott. Al mismo tiempo hay varias comparaciones válidas entre Innocence y Évolution, como el tema de la pubertad y el tránsito a la adultez; así como los dos mundos excluyentes del sexo opuesto —niñas y niños— en las respectivas cintas; o la utilización de los elementos naturales para definir la sensación de encierro: el bosque y el mar.
En buena medida el horror en Hadžihalilović viene dado en la naturalidad con que se presenta, y en la visión hasta cierto punto mecánica que trasmite una óptica determinista. Escalofriante por momentos, siempre tentadora y hermosamente fotografiada, rodada y concebida, Évolution es una película sui generis, pero que paradójicamente no nos resulta extraña.
A ese sentimiento de cercanía y distancia es posible que contribuya la propia experiencia vital de Hadžihalilović, una realizadora francesa de padres bosnios que vivió en Marruecos hasta los 17 años. Aunque la historia de su infancia y adolescencia no es, por otra parte, una de migración y dificultades económicas. Con ambos padres médicos, Hadžihalilović nació en Lyon, en 1961, estudió Historia del Arte y se graduó en la prestigiosa escuela de cine francés La Femis (conocida con anterioridad como el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos). Colaboradora por años del cineasta argentino radicado en París, Gaspar Noé, con quien también estuvo casada, demoró entre Innocence y Évolution 11 años, con solo un corto de por medio. Pero no por falta de inspiración sino de financiamiento. Es de esperar que no tengamos que aguardar tanto para otra película tan impecable y espeluznante.

viernes, 24 de marzo de 2017

El paniaguado


El stooge es una figura muy conocida en la comedia norteamericana. Puede traducirse como “hombre de paja”, paniaguado, seguidor, compañero, y en una acepción más perversa como el secuaz.  El stooge es la víctima predilecta del comediante, y también personifica al hombre común, corriente y cotidiano que representa al espectador. En una relación simbiótica, el uno no existe sin el otro, pero en dicho vínculo siempre ocupa un papel secundario. En una comedia el stooge es el actor cuya labor es posibilitar a la estrella del espectáculo que él, pobre tipo secundario, luzca como un tonto. Pero en un sentido más amplio el stooge es el individuo que es obligado, o pagado, por alguien con recursos, para llevar a cabo una labor secreta o poco placentera en favor del poderoso.
Los demócratas han comenzado a llamar al representante Devin Nunes el “White House stooge”, y tienen razones para ello.
Hoy viernes Nunes le dijo a la prensa que Paul Manafort, el exjefe de la campaña de Trump con cuestionables lazos con el Gobierno ruso, se había brindado voluntariamente para comparecer ante la comisión de inteligencia de la Cámara de Representantes. Añadió que había cancelado una comparecencia pública ante la comisión de exlíderes de inteligencia, y de agencias encargadas del cumplimiento de la ley, al tiempo que expresó su deseo de, en su lugar, llevar de nuevo al director del FBI, James B. Comey, y responsable de la Dirección de Seguridad Nacional, Michael S. Rogers, a un encuentro a puertas cerradas con la comisión.
Por su parte, el representante Adam Schiff, el demócrata de mayor rango de la comisión, sugirió que una vez más el presidente de la comisión había actuado unilateralmente, esta vez para barrenar o desbaratar maliciosamente la audiencia.
Las discrepancias crecientes entre los dos miembros principales de la comisión han llevado a Schiff a la acusación de que su colega republicano está llevando a cabo tales acciones en cumplimiento de órdenes dictadas desde la Casa Blanca.
El miércoles Nunes dijo a los reporteros que había recibido información de que el presidente Donald Trump, o miembros de su equipo, habían sido captados “incidentalmente” en conversaciones intervenidas por las agencias de inteligencia estadounidense, como parte de su labor de vigilar supuestas labores de espionaje.
Cuando fue preguntado por más datos, Nunes se remitió al argumento de no querer entrar en detalles, para así no obstaculizar que otros con informaciones pertinentes al caso se arrepintieran de ofrecerlas. La lógica de tal razonamiento es la misma en que se basan los reporteros para proteger a las fuentes anónimas, un procedimiento que Nunes ha criticado abiertamente y en público.
La conclusión es que, hasta el momento, no se sabe con claridad a que se refirió el legislador.
“¿Formó parte el Presidente, sus comunicaciones, de dicha recolección incidental?
Nunes respondió que “sí”.
”Permítanme aclarar”, comenzó a preguntar otro reportero. “Las comunicaciones personales del presidente de Estados Unidos fueron interceptadas de forma incidental, como parte de la recogida de información…?”
Nunes pareció reconsiderar lo dicho anteriormente: “Cuando hablamos de los asuntos de inteligencia aquí, tenemos que ser muy cuidadosos”.
Por lo que el congresista se limitó a sugerir y no aclarar nada.
Pero ello bastó para que luego Trump dijera que se sentía “reivindicado” con tal comentario, en referencia a sus acusaciones —hasta ahora sin pruebas evidentes al respecto y que el propio Nunes ha negado— de que la anterior administración había interferido sus comunicaciones.
La noche del jueves Nunes pareció no estar seguro sobre los contenidos que había divulgado. Dijo que él podía descifrar las identidades de los asociados de Trump tras la lectura de informes sobre comunicaciones interceptadas, que habían sido compartidos por funcionarios del Gobierno de Obama con autorización para conocer secretos de seguridad. Sin embargo, agregó que no contaba con pruebas para apoyar los reclamos del Presidente de que sus comunicaciones personales habían sido intervenidas.
En ese sí pero no, no tengo pruebas, nada está en blanco y negro, se ha estado moviendo Nunes.
El legislador le dijo a Fox News que él se había sentido “bajo el deber y la obligación” de comunicarle a Trump la posible vigilancia. “Porque, como usted sabe, él está recibiendo mucha presión por parte de la prensa”.
Nunes está jugando ese papel del compañero de acto, figura secundaria o seguidor del comediante o estrella, en este caso Trump. Decirle alcahueta sería ir demasiado lejos, llamarlo secuaz es más preciso.
No solo la labor del congresista es puesta en duda por los demócratas. El senador republicano John McCain se ha cuestionado su liderazgo de la comisión y se ha hecho eco de los llamados para que se establezca una comisión independiente que investigue los vínculos del presidente Trump con Rusia.
Está por verse hasta dónde y por cuánto tiempo Nunes va a poder seguir desempeñando ese papel de paniaguado. 

El Tea Party le agua la fiesta a Trump


No fueron los legisladores demócratas, ni la sombra de Barack Obama y tampoco las encuestas que mostraron la impopularidad del nuevo plan de salud entre la ciudadanía norteamericana. Fue una treintena de republicanos, miembros del Freedom Caucus y que constituyen los representantes más conspicuos del  movimiento Tea Party en el Capitolio. Ellos fueron los que no solo se enfrentaron al liderazgo republicano, sino que tampoco se dejaron amedrentar por las amenazas del presidente Donald Trump. Son quienes ganaron la pelea, desde el punto de vista político, al hacer más claro que nunca su poder a la hora de desarrollar una agenda legislativa. Pero lo sucedido se presta más al análisis de los perdedores, y al final resulta difícil hablar de grandes vencedores, cuando se impusieron los límites a los logros.
Los demócratas, por su parte, desarrollaron un papel discreto. Evidenciaron su capacidad para mantenerse unidos, pero de no lograrlo en el tema más relevante de su partido, y el proyecto estrella de la presidencia de Barack Obama, hubiera sido mejor que cerraran las puertas y marcharan a sus casas. No ocurrió y el Partido Demócrata ha comenzado a remontar la cuesta.
Pero nada más, porque la batalla ha sido entre republicanos, aunque no simplemente entre el ala moderada y la más radical. Si los conceptos —y en particular los extremos— entraron en conflicto, más importantes han sido otros elementos, menos ideológicos y más tácticos.
En primer lugar, el gran perdedor es Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, y en su derrota ha arrastrado a Trump, algo que el segundo debe estar lamentando y tendrá importancia futura en la relación entre ambos, que por otra parte nunca ha sido la mejor.
Pero lo fundamental que hemos presenciado —en las dos últimas semanas y en especial durante los pasados días— es el deterioro de esa relación imagen-sustancia que en buena medida dio el triunfo a Trump. Ahora hemos comenzamos a entrar de nuevo en el mundo real, no el de los hechos alternativos y los tuits altisonantes; más allá de los intentos de vender la capacidad y el conocimiento para las funciones de gobierno como la habilidad azarosa de un jugador de casino.
El mito del “gran negociador” se ha estrellado contra la tozudez política, y hay que “agradecer” por ello a los legisladores del Tea Party, aunque se detesten sus principios ideológicos.
En ese choque de voluntades que hemos vivido esta semana ha resultado afectado el liderazgo, tanto de Trump como de Ryan, pero también ha quedado en claro lo difícil que resulta lidiar con un grupo extremista como el Tea Party. Y esto último es quizá más importante aún.
Resulta saludable que el centrismo político, que siempre ha caracterizado a la sociedad estadounidense salvo en determinados momentos de crisis reales o aparentes, continúe vigente frente al extremismo. Así lo que podría caracterizarse como gran victoria de hoy se define por sus dos caras: si bien el republicanismo más radical no ha sido doblegado, tampoco ha logrado imponer sus criterios.
Lo pasó hoy no es, ni mucho menos, el fin de los intentos para eliminar o sustituir el Obamacare. Trump tiene varios recursos a su disposición, si intenta hacer realidad su pronóstico de que dicha ley va a implosionar (algo ya analizado en ¿Trumpcare o Ryancare?), pero los efectos del hecho trascienden la problemática sobre el plan médico más adecuado.
El intentar el fin inmediato del Obamacare obedeció no solo al cumplimiento de un anhelo republicano, durante casi ocho años de mandato de Obama, sino en especial al propósito de dejar bien establecido el inicio de una nueva era.
En ello los republicanos cayeron en la trampa de caracterizarse no en clave de avanzada, sino más bien definirse como contrapartida: si el Obamacare fue el proyecto estrella demócrata, el echarlo abajo resultaba el ideal republicano por excelencia.
Y aquí el choque entre imagen y realidad ha resultado perjudicial no solo para el republicanismo en general, sino para su liderazgo en particular. No basta tenerlo todo —presidencia, Cámara de Representantes, Senado— cuando falta racionalidad política y un buen proyecto legislativo se sustituye por un cubrecama lleno de parches.
Tal choque indica también el fraccionamiento entre propuestas, ideas y principios antagónicos, que por un momento se pensó habían cristalizado en un objetivo único para definir una situación política que trascendía barreras tradicionales.
Así han estallado las costuras entre el pragmatismo populista de Trump y su coqueteo con el sector de la extrema derecha, donde por un momento se pensó que la simbiosis para conquistar a votantes disímiles lograría imponerse a las diferencias naturales.
Por supuesto que desde ahora y en los próximos días se realizarán análisis puntuales sobre los errores tácticos, al sumarse Trump —en cuerpo y alma o en la declaración de entrega total o “darlo todo” para lograr el objetivo— al esfuerzo de Ryan, y no distanciarse o “guardar la ropa”, como le aconsejaron desde temprano algunos de sus partidarios más fieles.
Tales evaluaciones ayudarán a definir los pasos siguientes de la administración, y a interpretar los resultados obtenidos hasta ahora.
Sin embargo, lo fundamental es que las palabras del mandatario —“Una derrota no es aceptable, compañeros”— se han convertido en una referencia fundamental a la hora de ejemplificar esa ineficiencia para gobernar que no se cansa de mostrar Trump.

jueves, 23 de marzo de 2017

Capacidad negociadora de Trump enfrenta prueba en la Cámara



A menudo, el presidente Donald Trump cita su libro más vendido The Art of the Deal (El arte de hacer negocios) como prueba de su capacidad de persuasión. Sin embargo, su habilidad para cerrarlos no había pasado la prueba definitiva el jueves, informa la AP.
Al parecer hoy viernes se conocerá con mayor precisión el alcance de la mencionada capacidad de persuasión del mandatario. De acuerdo a la información cablegráfica, Trump dio un ultimátum a los republicanos de la Cámara de Representantes para que sometan a votación el proyecto de ley para derogar y sustituir la ley sanitaria del expresidente Barack Obama este viernes, a lo que finalmente han accedido.
Según indicó el director de Presupuesto de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, si el proyecto de ley no logra el apoyo suficiente en el Congreso, Trump está dispuesto a seguir adelante con su agenda programática y dejar en pie el sistema sanitario actual.
Mulvaney transmitió la petición del Presidente a los republicanos, reunidos durante horas la tarde del jueves, tras tener que suspender el voto previsto para hoy en la Cámara de Representantes al no ponerse de acuerdo sobre el contenido de la propuesta.
Según indicó el medio especializado The Hill, citando fuentes del Congreso, la Casa Blanca habría accedido a una de las demandas fundamentales del Freedom Caucus, el grupo ultraconservador de legisladores que están obstaculizando el acuerdo sobre el plan.
Los más radicales del partido solicitaban a la Casa Blanca que accediera a retirar la obligatoriedad de las coberturas médicas sobre los conocidos como “beneficios esenciales”, que entre otras cosas cubren la asistencia en urgencias o los cuidados por maternidad.
Al parecer, Trump ha accedido a esta demanda aunque sabe que esto alejará a los más moderados del partido para votar a favor del texto, especialmente en el Senado, donde la mayoría republicana es más estrecha.
El voto sobre el plan republicano estaba previsto para el jueves pero la falta de consenso entre los conservadores obligó al liderazgo a posponerlo mientras continuaban las negociaciones.
Tras el ultimátum de Trump, Kevin McCarthy, encargado del calendario de votaciones de la Cámara Baja, informó al resto de republicanos que el voto será el viernes, aunque la hora aún no ha sido precisada.
Los líderes republicanos de la Cámara de Representantes anunciaron el jueves que postergaban la votación prevista sobre la iniciativa de salud aceptada por Trump y respaldada por sus correligionarios conservadores. Ayer analistas consideraron que la propuesta se encontraba al filo del fracaso, lo que ponía en peligro el compromiso del mandatario de revocar y sustituir la ley de salud del anterior presidente, Barack Obama. Al anochecer del jueves persistían las dudas sobre la votación que se efectuará hoy, debido a comentarios de que los líderes del partido no habían asegurado los votos suficientes. Hoy se conocerá si el ultimátum de Trump producirá el efecto buscado por el mandatario.
En las semanas previas al jueves, Trump hizo su mejor esfuerzo para torcer el brazo a los legisladores conservadores renuentes así como a los moderados opuestos a la iniciativa. El Presidente reanudó sus actos políticos como aquéllos de campaña para recordar las promesas del Partido Republicano a los electores y a quienes los representan, de acuerdo a la AP.
Trump invitó a legisladores republicanos a la Casa Blanca y los asesores del mandatario se les sumaron para jugar bolos, cenar pizza y persuadirlos por teléfono.
Famoso por su falta de sueño, el presidente telefoneó el miércoles a altas horas de la noche a los legisladores en busca de votos.
El jueves, el Presidente se reunió en la Casa Blanca con legisladores republicanos de la llamada Bancada de la Libertad de la Cámara de Representantes. Sin embargo, esos legisladores regresaron sin nada al Capitolio.
Trump restó importancia a esa parálisis y la describió como mera “política”. Sin embargo, incluso los aliados del mandatario subrayaron que la política es un negocio nuevo para Trump y todavía tiene que aprender.
“Me parece que tal vez él está descubriendo que las relaciones con el Capitolio y los diversos grupos son más difíciles de lo que podría pensarse y que la historia es mayor a lo que él imaginaba”, afirmó el expresidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, partidario del mandatario. “Muchas personas desconfían de las otras”, agregó.
Gingrich dejó entrever que si la Cámara de Representantes no aprobaba la medida, “entonces tendrían que tomar aire profundamente y tardar un poco más”.
Es mucho lo que está en juego para el presidente. Trump ha descrito su iniciativa de salud como el eje de una ambiciosa agenda legislativa que incluye reformar el sistema fiscal y reconstruir caminos y puentes.
Una derrota legislativa sobre la atención de salud dos meses después de que Trump ocupó la presidencia pondría en duda su capacidad para conseguir la aprobación de esas prioridades y contradeciría los carteles de “Promesas hechas, promesas cumplidas” que han adornado sus recientes actos políticos.
También causaría desorden a una presidencia que apenas comienza y que ya está marcada por impugnaciones judiciales contra una política de inmigración distintiva del mandatario, disputas internas en la Casa Blanca, filtraciones, dudas sobre ética y una investigación del FBI sobre si los colaboradores del magnate interactuaron con los rusos antes de los comicios de noviembre.

Un revés para Trump


El liderazgo republicano de la Cámara de Representantes pospuso el voto que tenía previsto para hoy jueves sobre el nuevo plan de salud para derogar y sustituir la ley de servicios de salud del expresidente Barack Obama, ante la falta de apoyo en su propia bancada, confirmaron a Efe fuentes del Congreso.
Las fuentes no precisaron cuándo se celebrará la votación, después de que el presidente, Donald Trump, mantuviera el jueves una reunión de última hora para intentar convencer al grupo ultraconservador Freedom Caucus de votar a favor del texto, pero fue infructuoso.
En estos dos últimos días hemos visto, convertido en una especie de carrera de galgos, el intento de aprobación en la Cámara de Representantes de un proyecto de ley de enorme importancia para la ciudadanía. Lo que debería de ser un plan para mejorar los servicios médicos a los estadounidense transformado en una farsa donde se desconoce —incluso para los propios legisladores— la naturaleza de lo que se someterá votación y donde lo que impera es salvar el ego del mandatario y, en segundo términos, también el del presidente de la Cámara, Paúl Ryan.
A través de lo poco que se ha filtrado a la prensa hemos conocido a medias que, por tal de lograr dicho objetivo, la Casa Blanca ha cedido a desvirtuar por completo la ley.
Resulta asombroso este proceso en que el poder ejecutivo se ha mostrado dispuesto a hacer tirones una propuesta a cambio de un voto. Al final, cabe especular que los que los legisladores votarán en algún momento será simplemente un caparazón de ley, donde supuestamente se pretende abaratar los costos a cambio de suprimir servicios. En última instancia, da la impresión que el proyecto ha quedado limitado a un plan donde el norteamericano solo será capaz de adquirir una aspirina.
El proceso es similar a la oferta de un vendedor de automóviles usados, que ofrece un vehículo en mal estado y con un financiamiento exorbitante, mientras enfatiza que a cambio le promete a quien lo adquiera un cupón  de descuento para cinco galones de gasolina.
Ryan, tenía prevista una rueda de prensa por la tarde para hablar del voto, pero eso también fue postergado al constatar que no tenían los apoyos suficientes para llegar a los 216 votos necesarios para lograr la aprobación de la ley.
Fuentes de la Casa Blanca aseguraron a varios medios que el voto será en la mañana del viernes. Sin embargo, el liderazgo republicano, encargado de establecer los horarios de votación, no se ha pronunciado al respecto, por lo que se desconoce cuándo se producirá exactamente la esperada votación.
“Hoy vamos a continuar debatiendo, porque no tenemos los suficientes síes. Estamos considerando la situación, ha habido progresos, pero necesitamos que (para la Casa Blanca) esto no sea solo cumplir una promesa de campaña, sino que realmente baje los costes de los seguros para todos los estadounidenses”, dijo Mark Meadows, presidente del Freedom Caucus.
Esa disminución en los costos de los seguros se intenta mediante una supresión de servicios, lo que no deja de ser —para decirlo en un lenguaje claro— poco más que una estafa.
Con los demócratas unidos en el objetivo de impedir la derogación de Obamacare, si al menos 22 republicanos votan en contra del proyecto de ley que apoya Trump, el Presidente sufriría su primera gran derrota legislativa, y hoy jueves la cifra de detractores superaba la veintena, según los cálculos de medios y fuentes legislativas.
El problema de las negociaciones dentro del propio Partido Republicano radica en que las exigencias de los ultraconservadores de incluir algunos elementos alejan aún más el apoyo de los más moderados al texto.
El problema para Trump es que su supuesta “capacidad negociadora“ ha quedado al descubierto,  y  reducida a promesas y amenazas.

El terrorista que no vino al frío, los “bobbies” y el modo de vida inglés


El hombre que mató a tres personas cerca del Parlamento británico antes de ser abatido a tiros nació en Reino Unido y fue identificado hoy jueves como Khalid Masood, que una vez fue investigado por agentes de inteligencia del MI5 ante preocupaciones por su posible extremismo violento, informa la agencia Reuters.
El hecho ejemplifica lo limitado de la política migratoria que quiere establecer el presidente estadounidense Donald Trump, que siempre ha considerado la amenaza terrorista como un hecho externo, que se origina en el “otro”, lo que viene de afuera, lo exterior del país.
Pero al mismo tiempo también seguramente será utilizado como ejemplo por los seguidores del mandatario estadounidense para justificar un cierre de fronteras. El problema, para estos últimos, es que las naciones de lo que se considera “el primer mundo” siempre han enfrentado dificultades a la hora de asumir su pasado colonial o neocolonial. No se puede transitar por la geografía y la historia apropiándose de los beneficios —explotando, para decirlo en un mensaje más rudo— sin asumir o en alguna medida lidiar con las consecuencias de ese pasado.
La policía dijo que Masood, de 52 años, nació en el condado de Kent, en el sureste de Inglaterra y estaba viviendo recientemente en la región central de West Midlands.
“Masood no era actualmente objeto de investigación y no había inteligencia previa sobre su intención de cometer un ataque terrorista”, dijo la Policía Metropolitana en un comunicado. “No obstante, era conocido por la policía y tuvo una serie de condenas previas por asaltos, incluido GBH (daño corporal severo, por sus siglas en inglés), posesión de armas y afrentas al orden público”, agregó.
La primera ministra, Theresa May, dijo antes al Parlamento que el atacante fue investigado una vez por el MI5 en relación a sospechas sobre extremismo violento, pero que era un “personaje periférico”.
La policía dijo que Masood no había sido condenado nunca por delitos terroristas. Su primera condena fue en 1983 por daños penales y la última, en diciembre de 2003 por posesión de un cuchillo.
La policía arrestó a ocho personas en seis lugares de Londres y Birmingham en la investigación sobre el atentado, que, según May, se inspiró en una ideología islamista retorcida.
Unas 40 personas resultaron heridas, de las cuales 29 siguen hospitalizadas, siete de ellas en estado crítico. Los fallecidos fueron dos transeúntes, un policía apuñalado y Masood.
El ataque, llevado a cabo con medios simples, vuelve a poner a prueba las peculiares características de la democracia británica.
Cualquier visitante de Londres, sobre todo si proviene de Estados Unidos, contempla con una mezcla de extrañez y asombro como muchos policías londinenses realizan su labor sin armas de fuego.
Después de haber arrollado a varios peatones que pasaban sobre el puente de Westminster, Masood bajó del coche y se dirigió a la entrada del complejo del Parlamento británico, situado en el corazón de Londres.
Allí estaba con su chaleco amarillo Keith Palmer, miembro de la comandancia de protección parlamentaria y diplomática de la Policía Metropolitana y con 15 años de experiencia, y quien se convertiría en uno de los cuatro muertos en el ataque del miércoles.
Era un agente desarmado.
¿Pero cómo es posible que no portara pistola alguien con tal responsabilidad?
De hecho, Palmer no era el único.
En Reino Unido, al igual que en Irlanda, Islandia, Noruega y Nueva Zelanda, además de un puñado de naciones isleñas del Pacífico, los oficiales suelen patrullar desarmados.
Solo algunos cuerpos especiales tienen permitido portar pistolas o similares, y únicamente en situaciones determinadas.
Esto no quiere decir que los policías municipales no estén armados. Portan porra —que solo pueden emplear en defensa propia y para restaurar el orden— y espray de pimienta, además de esposas.
Pero si consideran que la amenaza así lo requiere, deben pedir asistencia a los policías que sí tienen autorizado el uso de armas (AFO, por sus siglas en inglés).
Estos reciben un entrenamiento especial para poder utilizarlas y desde 1991 se despliegan en vehículos de respuesta rápida.
De acuerdo a la última estadística del Ministerio del Interior de Reino Unido, el 31 de marzo de 2014 había en Inglaterra y Gales 5.875 policías armados, un 4% menos que el año anterior y 15% menos que en 2009, de acuerdo a la BBC.
"En los últimos seis años ha habido una tendencia general a la baja en el número de oficiales de policía con armas de fuego", señalaba el informe.
La medida tiene 186 años de historia.
”Gran parte de lo que consideramos normal en la labor policial se estableció a principios del siglo XIX”, señaló a la BBC Peter Waddington, profesor de Política Social de la Universidad de Wolverhampton, en Reino Unido.
“Cuando (en 1829, el ministro del Interior) Robert Peel formó la Policía Metropolitana había mucho miedo a los militares”, explicó.
“Así que los ciudadanos temían que la nueva fuerza fuera también represiva”.
Si los “bobbies” consideran que la situación lo requiere, deben pedir asistencia a los policías que sí tienen autorizado el uso de armas (AFO, por sus siglas en inglés).
Por ello, que los “bobbies” —se llamarían así por el diminutivo de Robert Peel, Bob— vistieran de azul “era un esfuerzo por distinguirlos del Ejército”, aclaró Waddington.
El uniforme de la infantería era rojo.
Sin embargo, en Reino Unido la discusión de si debería haber más agentes armados, sobre todo en la capital, Londres, está a la orden del día.
El tema ya estuvo sobre la mesa antes del ataque del miércoles.
Fue en septiembre de 2012, cuando dos mujeres policía fallecieron en un tiroteo en Mánchester, una ciudad del noroeste de Inglaterra y la segunda más poblada del país.
Las oficiales Nicola Hughes y Fiona Bone respondían a una llamada por robo y no portaban armas.
Ante esto, el cineasta Michael Winner —fundador del Police Memorial Trust, una organización que erige monumentos a los policías británicos caídos en el cumplimiento del deber— y Tony Rayner, expresidente de la Federación Policial de Essex, pidieron armar a los oficiales.
Sin embargo, según los sondeos no llevar armas es algo con lo que los propios agentes están de acuerdo.
Según encuestas de la propia policía, la mayoría de los agentes que andan desarmados prefieren seguir así.
Una encuesta llevada a cabo por la Federación de Policía de Reino Unido —la asociación que representa a alguaciles, sargentos e inspectores jefe— entre 47.328 de miembros en 2006 concluyó que el 82% no deseaba estar armado.
Y eso que casi la mitad reconoció haber estado “en grave peligro” en los últimos tres años.
Uno de los que ha respaldado la política de no armas es el jefe de la Policía del Gran Mánchester, Peter Fahy.
“Nos apasiona el estilo británico”, dijo.
“Es triste pero sabemos por la experiencia de Estados Unidos y otros países cuyos oficiales están armados que eso no significa que no los maten”, añadió.
Ojalá que esta norma y tradición continúe, pues de lo contrario los terroristas podrían anotarse un triunfo en su campaña por destruir el modo de vida de Occidente.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Devin Nunes y su papel de equilibrista


Todo el escándalo creado por el presidente Donald Trump sobre el supuesto de que el exmandatario Barack Obama ordenó interceptar sus comunicaciones parte de dos supuestos: uno, que Trump es inocente; dos, que Obama llevó a cabo dicha acción como una forma de represalia política, más bien una vendetta, y que su comportamiento implica una actitud autoritaria o incluso totalitaria. Ambos supuestos dejan fuera una tercera razón, y es que existieran motivos, por parte de los servicios de inteligencia, para incluir comunicaciones de Trump o principalmente de miembros de su campaña en una investigación sobre operaciones de una potencia extranjera enemiga en suelo estadounidense.
Si proclamar la inocencia de Trump, mientras no se demuestre lo contrario, es un principio básico de la justicia estadounidense, asumir su “pureza” solo cabe como una demostración de fe.  Ya Cuaderno de Cuba ha especulado sobre la posibilidad de Trump pudiera haber formado parte —o en la actualidad forme parte— de una investigación sobre la intromisión de Rusia en la campaña electoral estadounidense. La audiencia del lunes por la comisión de inteligencia de la Cámara de Representantes demostró que dicha posibilidad era un hecho.
Hoy miércoles el jefe de la comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, el republicano Devin Nunes, aseguró que comunicación personal de Trump pudo haber sido interceptada de forma indirecta y legal en medio de una vigilancia que involucró a ciudadanos extranjeros después de las elecciones. Esta afirmación, que señala que toda la información fue recopilada de forma legal entre noviembre, diciembre y enero, va a servir para que ahora la Casa Blanca reclame que las afirmaciones de Trump en los famosos cuatro tuits eran verdaderas.
Nunes, que formó parte del equipo de transición de Trump, esta empeñado en caminar por una cuerda floja en que al tiempo que intenta salvarle la cara al Presidente no empeñe demasiado su prestigio. Una labor realmente difícil.
De acuerdo con el representante, los nombres de algunos de los miembros del equipo de Trump involucrados fueron expuestos y la información recogida fue compartida entre varias agencias de espionaje.
“Recientemente confirmé que en numerosas ocasiones la comunidad de inteligencia (...) recopiló información sobre ciudadanos estadounidenses relacionados con la transición de Trump”, afirmó Nunes en el patio de la Casa Blanca tras sostener un encuentro con el presidente en el que le informó lo que vio. “Lo que leí aparenta representar cierto nivel de vigilancia, tal vez legal”, acotó.
Explicó que las agencias de inteligencia de Estados Unidos habrían recogido comunicaciones relacionadas con Trump como parte de una vigilancia aprobada por un tribunal sobre blancos de inteligencia extranjeros en el período de transición de un gobierno a otro. Las comunicaciones del Presidente habrían sido interceptadas en esta “recopilación circunstancial”, o aquella vigilancia que se hace a ciudadanos foráneos que están en contacto o hablando sobre ciudadanos estadounidenses.
fue criticada por los demócratas en el Comité de Inteligencia.
Donde Nunes no parece estar actuando con la responsabilidad debida a su cargo es en su conducta de no informar primero a otros miembros de la comisión sobre tal hallazgo aparente.
“Si (la información) es correcta, debió haber sido compartida con los miembros del comité. Pero no fue así. De hecho, parece que los otros miembros de la comisión se enteraron cuando el presidente (de la comisión) discutió el asunto esta tarde con la prensa”, dijo el representante demócrata Adam Schiff, el segundo de esa comisión.
“Expresé al presidente (de la comisión de inteligencia) mi grave preocupación a que no se pueda llevar adelante una investigación creíble”, agregó Schiff.
El legislador demócrata dijo que espera que no se trate de un intento de la Casa Blanca para desviar la atención de lo dicho por el jefe del FBI, James Comey, hace dos días en el Congreso.
Comey confirmó que están investigando la posible coordinación entre miembros de la campaña del Presidente y funcionarios de Rusia, luego de que Moscú presuntamente intentó influir en el proceso electoral para beneficiar a Trump. Las agencias de inteligencia estadounidenses han acusado a Moscú de interferir en el proceso electoral hackeando los sistemas computarizados y propagando información falsa o engañosa. Rusia lo ha negado.
Sin embargo, Nunes dijo que “ninguna parte de esta vigilancia estuvo relacionada con Rusia o la investigación de actividades rusas o el equipo de Trump”. Se limitó a decir que obtuvo la información de una fuente que no revelará y que “me parece que fue recopilada de forma legal”.
Tampoco precisó que tenga que ver con la acusación de supuesto espionaje que hizo Trump contra Obama, un reclamo que fue desestimado por el jefe del FBI esta semana en el Congreso e incluso por Nunes.
Pero minutos después de la conferencia de prensa del representante, Trump dijo que se sentía “algo reivindicado” tras lo dicho por Nunes. “De cierta manera, sí”, respondió el mandatario cuando le preguntaron si se sentía reivindicado. “Aprecio muchísimo el hecho de que encontraron lo que encontraron”, agregó.
Por supuesto que lo aparentemente encontrado por Nunes no guarda relación algunas con las acusaciones de Trump a Obama, en donde incluyó palabras como “macarthismo”, “Nixon” y “Watergate”, pero en el clima de tergiversaciones que se vive actualmente en Washington cualquier declaración puede ser usada con un fin o su contrario.
El equilibrista, Paul Klee.

El terror y la inmediatez de la noticia


Si se demuestra que lo ocurrido hoy miércoles en Londres fue un ataque terrorista, la táctica empleada sería similar a la de otros ataques llevados a cabo en Francia, Alemania e Israel: atentar contra inocentes en sitios vulnerables y cotidianos, buscando matar al mayor número posible, con medios improvisados como un vehículo.
Tal modo operativo demuestra por una parte la efectividad del contraterrorismo en Occidente, pero por la otra deja bien en claro lo fácil que le resulta a un individuo acabar con la vida de varios ciudadanos anónimos mediante un acto indiscriminado.

Y hay un factor, al parecer inevitable, que está contribuyente a que esos intentos por implantar el terror en los países occidentes estén en parte logrando su objetivo: la inmediatez de la noticia.
A pocos momentos de ocurrir los hechos, las imágenes del puente de Westminster estaban en las pantallas de televisión de todo el mundo. Pronto las fotos en las páginas en internet de los periódicos brindaron muestras variadas de solidaridad ciudadana, disciplina y sangre fría policial, así como de la efectividad de un sistema de respuesta rápida ante las emergencias, pero también brindaron notoriedad a lo que se supone fue un ataque terrorista.
A veces uno se pregunta por las ventajas de la época en que un suceso de tal tipo aparecía en las ediciones vespertinas de los periódicos, cuando lo ocurrido comenzaba a verse con mayor claridad. Por supuesto que no deja de ser un pensamiento reaccionario —aunque el mismo no llegue a añoranza—, pero hay cierta vulnerabilidad que paradójicamente trae consigo una mayor información. En buena medida por lo limitado de los supuestos medios terroristas, pero también por la capacidad londinense para enfrentar un peligro de esta naturaleza, las imágenes en este caso nos han ayudado más a reafirmar certezas que alimentar terrores.



martes, 21 de marzo de 2017

Rusia y el petróleo venezolano


La compañía estatal petrolera venezolana PDVSA le ha ofrecido a la firma rusa Rosneft una participación del 10 % en una  empresa conjunta (joint venture) para explotar crudo extrapesado en la Faja Petrolífera del Orinoco, informa la agencia Reuters. La propuesta evidencia la grave crisis económica por la que atraviesa la nación sudamericana, al tiempo que hace más compleja aun la situación política y económica de la zona, en un campo donde podrían no solo coincidir, sino también chocar los intereses venezolanos, rusos y estadounidenses.
La información de Reuters, confirmada por cinco fuentes de la industria, enfatiza que la propuesta es una señal de la creciente participación rusa como un poderoso factor de influencia en el área.
El proyecto en cuestión, Petropiar, se lleva a cabo con la participación de un 70 % de las acciones en manos de PDVSA y un 30 % propiedad de la estadounidense Chevron Corp (CVX.N), e incluye un campo petrolero que produce 210.000 barriles diarios de crudo de alta graduación. Una participación en el proyecto del 40 %, por parte de la firma ConocoPhillips, fue nacionalizada por el Gobierno venezolano y aún no ha sido pagada.
La entrada de Rosneft en esta explotación petrolera colocaría en una coyuntura delicada a la estadounidense Chevron, debido a las actuales sanciones impuestas por Washington a la firma rusa. Reuters aclara que en estos momentos se desconoce si Rosneft aceptará la propuesta. Los detalles financieros de la posible transacción no se encuentran disponibles.
La propuesta de PDVSA forma parte de un paquete mayor ofrecido a Rosneft, según han dicho dos fuentes a Reuters, debido a la necesidad imperiosa de fondos que tiene la petrolera venezolana a fin de pagar a sus suministradores y titulares de bonos. El Gobierno de Nicolás Maduro enfrenta en los próximos meses el adeudo de $3,700 millones en vencimientos, según el Nuevo Herald.
De llevarse a cabo la transacción, Chevron, con sede en California, estaría colaborando en un proyecto junto a la estatal rusa Rosneft, afectada por las sanciones estadounidenses contra el Gobierno de Vladimir Putin.
La principal fuente de preocupación para Chevron es que las leyes de contabilidad y transparencia en Rusia son menos estrictas que las que rigen en Estados Unidos, según declaró una fuente cercana a la negociación, citada por la agencia Reuters.
La propuesta enfatiza la necesidad de dinero por parte del Gobierno venezolano, cuya producción petrolera disminuyó alrededor del 10 % el pasado año, de acuerdo a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC). Esto ha empeorado la recesión económica que atraviesan millones de venezolanos, que enfrentan graves dificultades para encontrar los artículos básicos de alimentación, al tiempo que sufren una astronómica inflación de precios.
Rusia ha estado adquiriendo una mayor participación en la industria petrolera venezolana, un miembro de la OPEC.
El pasado año, la firma rusa pagó $500 millones para incrementar su participación en Petromonagas, otra empresa conjunta, donde sus acciones pasaron del 16.7 % al 40 %, el máximo permitido para los socios extranjeros de acuerdo a la normas para el sector energético establecidas en su momento por el fallecido presidente Hugo Chávez.
En otra movida controversial, el pasado año PDVSA utilizó el 49.9 % de sus acciones en la subsidiaria estadounidense Citgo como un valor colateral para garantizar la financiación de un préstamo brindado por Rosneft.
PDVSA dijo este mes que había recibido $1.985 millones de un cliente no identificado, a cambio de futuros embarques de crudo, con las acciones de Citgo como garantes.
En total, Rosneft ha prestado a PDVSA entre $4 mil millones y $5 mil millones, pero los detalles de estos acuerdos se desconocen.
“Debemos agradecer por vida que Rusia y el mundo tengan a Vladimir Putin”, dijo Maduro en la firma del acuerdo con Igor Sechin, al frente de Rosneft, el pasado año.
La participación de la Rusia de Putin en el negocio petrolero de Venezuela es una fuente potencial de conflicto que podría desembocar en una crisis política, con graves implicaciones para el Gobierno estadounidense de Donald Trump, e incluso para la Cuba de Raúl Castro, como ya señaló en su momento Cuaderno de Cuba.

sábado, 18 de marzo de 2017

Rencillas y súplicas


Entre rencillas internas y súplicas o reclamos al gobierno estadounidense de turno transita la oposición cubana.
De las declaraciones de Antonio Rodiles al Nuevo Herald se desprende que:
­- Los activistas de la llamada disidencia, oposición, sociedad civil u otra denominación, con posibilidades de divulgación en Miami, continúan aferrados a un discurso dependiente de Washington. Esta retórica les brinda ventajas y desventajas, que vienen desarrollando año tras año. Al intentar depender los avances o retrocesos de una supuesta lucha por la democracia en Cuba participan, sin reconocerlo, en un debate político extraterritorial que les permite justificar sus fracasos o la imposibilidad de un avance en sus reclamos a favor de los derechos humanos con argumentos ajenos. En este caso la proposición no se refiere a ayuda económica del Gobierno estadounidense a través del exilio —que puede ser cuestionable pero al mismo tiempo se debe aclarar que admite varias respuestas— y tampoco al apoyo a la disidencia por parte de Washington que se solicita —y que por otra parte nunca ha cesado— sino a acciones directas de la Casa Blanca para resolver el problema cubano.
- El papel a desempeñar por el Gobierno de Estados Unidos, en su relación con el cubano, se convierte en la clave sobre el destino político, social y económico de la isla. Lo que lleva a una admisión de dependencia extrema.
 - La relación entre La Habana y Washington debe definirse, según esa oposición, en términos de presión económica, aunque en ocasiones se intente manifestarse no tan claramente al respecto. Las referencias a “entrada económica”, “beneficio al régimen” y el permitir “sobrevivir” al sistema imperante en Cuba se asocian con una supresión de fuentes de ingreso, en las cuales no resulta fácil aislar la parte destinada al gobierno —ya sea directamente mediante gravámenes, impuestos u honorarios, o indirectamente por otros medios de comercialización como la empresa estatal— y lo que va a parar inmediatamente al bolsillo del ciudadano de a pie. Como en ocasiones anteriores, los postulados de Rodiles evidencian la voluntad de privar de fondos al Gobierno de La Habana por cualquier medio, incluso aunque ello signifique mayores sacrificios para la población cubana. Bajo tal enunciado se vuelven a repetir dos principios de vieja data en Miami: la teoría de la “olla de presión” y la tesis del aislamiento comercial, financiero y económico. Curiosamente estos dos principios, de los cuales Rodiles hace no solo una amplia defensa sino una petición urgente, son abrazados con fervor emocional —más que con racionalidad— por un sector del exilio que se niega a reconocer que en la práctica han fracasado una y otra vez.
- La exigencia de protagonismo como razón de ser y no como consecuencia de una acción. Protagonismo que por otra parte no se busca en el supuesto territorio de l< lucha política, sino en el mapa de configuración de las definiciones. Así surge una y otra vez el reproche de haber sido “invisibilizados” por el Gobierno de Barack Obama en una negociación entre Estados. Reproche que, por otra parte, no toma en cuenta que esa propia administración, que de forma tan vocinglera han manifestado detestar, estuvo durante ochos años contribuyendo fundamentalmente a su mantenimiento económico, de forma directa o indirecta.
- La pésima costumbre, entre grupos opositores, de hacer públicas sus diferencias y manifestar sus críticas en el exterior. Al argumento en favor de tal actitud, de que ello implica transparencia y pluralidad democrática, debe contestarse con la aclaración de que por lo general las manifestaciones críticas hacia otros grupos pretenden disminuir otros esfuerzos con imputaciones y declaraciones de superioridad. Rodiles calificó de “fantasía” la campaña por un plebiscito en Cuba liderado por la activista Rosa María Payá, de acuerdo a lo publicado en el Nuevo Herald. También dedicó “duros términos” a la estrategia seguida por activistas del proyecto Otro 18, de acuerdo a la misma fuente.
- Parlamentos como el de Rodiles, que siempre cuentan con la complacencia de la prensa de Miami, no se libran de caer en lo que en términos cubanos podría llamarse “Política Cómica” o en expresión más universal catalogar simplemente de farsa: “Todo lo que esté dando beneficio al régimen y no al pueblo debe ser revertido”. Los opositores tendrían entonces que “explicar” al pueblo el objetivo político de medidas que podrían afectarlos directamente, de acuerdo al Nuevo Herald.
La conclusión entonces es que el natural “campo de batalla” de la oposición cubana se traslada a las plácidas playas y las congestionadas calles de Miami, para agregar un poco más de ruido a la ciudad.

Libertad y bien común


La propuesta de ley sobre los cuidados de salud de Paul Ryan descansa sobre un principio fundamental en el pensamiento republicano, que se ha intensificado con los años: la priorización del bien individual sobre el bien social. En el caso de Ryan, como representante del ala extrema de tal pensamiento, esa búsqueda de bienestar individual se traduce en la demanda de un incremento de los beneficios del ser capitalista por excelencia. De esta manera, la razón primordial del proyecto descansa en una reducción de impuestos —para las corporaciones y los ciudadanos con mayores ingresos— con implicaciones mayores que en el supuesto ideal de eficiencia y libertad de elección que el legislador proclama. Asistimos, de nuevo, a la vieja batalla del pensamiento binario entre libertad y justicia social.
La proclama del mercado como justificación y panacea siempre intenta soslayar una división más acuciosa, entre el “tener y no tener”. El ampliar por decreto las posibilidades de adquirir, en muchas ocasiones pretende soslayar la imposibilidad de tener. No cuenta mucho que nadie me prohíba comprar un Maserati cuando no tengo ni remotamente el dinero para adquirirlo.
Solo que la existencia de la posibilidad de una adquisición sin límites —por remota o imposible que sea—siempre ha resultado un atractivo mayor de las sociedades capitalistas, y como seducción muy por encima de las limitaciones —por decreto también y como realidad aplastante— impuestas en las naciones socialistas (pasadas y las pocas presentes), todas las cuales se han caracterizado por su ineficiencia económica: del sueño del Maserati a la negativa a tener cualquier vehículo.
Esa relación, que en la práctica y en la historia ha sido casi siempre antagónica, entre el bien común y la libertad individual, se define más por los frenos mutuos —que los partidarios de ambos principios buscan imponer a la otra parte— y no por los intentos de interacción.
La consecuencia es que cuando los partidarios de uno de estos principios logra imponer sus criterios —ya sea por las urnas o por las balas— se produce un desequilibrio.
En Estados Unidos asistimos en estos momentos a un desmantelamiento de toda una legislación social creada en buena medida por la anterior administración. Como suele ocurrir, en vez de una corrección se opta por la destrucción.
A primera vista tal destrucción puede resultar cautivante, a quienes por años padecieron en un país en que los ideales de justicia social y bien común terminaron desacreditados a causa de su uso fraudulento realizado por la cúpula gobernante.
Es algo que ayuda a comprender, en buena medida, la simpatía de muchos emigrantes cubanos por el Partido Republicano y el fanatismo de otros por la figura de Donald Trump.
Pero el fraude o la estafa en la manipulación de un ideal solo debe servir para la condena de los ejecutores, no para impugnar el concepto. Cualquier rechazo particularmente fuerte de toda forma de preocupación por el bien común, porque recuerda una retórica que no era otra cosa que hipocresía, mal uso de una ilusión, evidencia la imposibilidad de sobreponerse precisamente a las condiciones impuestas por ese régimen del cual se ha escapado.

viernes, 17 de marzo de 2017

¿Entonces fue James Bond?


Ahora Trump dice que fueron los británicos quienes lo espiaron. La táctica es vieja y repetitiva. Como esta semana su acusación de que el expresidente Barack Obama mando a “pincharle” los teléfonos se ha hecho pedazos, traslada la atención hacia otro punto u otra geografía. Pero las consecuencias son graves: está sumiendo en un total descrédito la presidencia de Estados Unidos.
La Casa Blanca citó el jueves informes de prensa no comprobados de que Obama había pedido a la agencia británica de inteligencia de señales, GCHQ, vigilar a Donald Trump con el fin de “asegurarse de que no hubiera huellas estadounidenses” de esa acción.
El próximo paso será acusar a Tasmania.
Hablando desde el podio de prensa de la Casa Blanca, el secretario Sean Spicer citó un largo informe de Fox News, que afirmaba que Obama había usado a GCHQ para eludir las restricciones legales estadounidenses sobre monitoreo a sus ciudadanos.
Esta versión fue una de varias ofrecidas por Spicer como supuesta evidencia de las explosivas denuncias del actual presidente de que Obama había ordenado pinchar sus teléfonos cuando era candidato.
Sin embargo, legisladores de ambos partidos que han investigado la denuncia no han encontrado ninguna evidencia que la sustente.
En su informe, publicado hace casi dos semanas, el comentarista conservador Andrew Napolitano afirmaba que “tres fuentes de inteligencia han afirmado a Fox News que el presiente Obama se salió de la cadena de mando” para ordenar la intervención de los teléfonos de Trump.
“Él no usó a la NSA, él no usó a la CIA, él no usó al FBI y él no usó al Departamento de Justicia”, dijo Napolitano, agregando que Obama había usado al GCHQ británico.
Que Trump recurra a un informe de prensa no verificado como fuente de información es una muestra de irresponsabilidad. Que su portavoz utilice el sello de la Casa Blanca para decir sandeces es el colmo del desparpajo.

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...