viernes, 17 de marzo de 2017

¿Entonces fue James Bond?


Ahora Trump dice que fueron los británicos quienes lo espiaron. La táctica es vieja y repetitiva. Como esta semana su acusación de que el expresidente Barack Obama mando a “pincharle” los teléfonos se ha hecho pedazos, traslada la atención hacia otro punto u otra geografía. Pero las consecuencias son graves: está sumiendo en un total descrédito la presidencia de Estados Unidos.
La Casa Blanca citó el jueves informes de prensa no comprobados de que Obama había pedido a la agencia británica de inteligencia de señales, GCHQ, vigilar a Donald Trump con el fin de “asegurarse de que no hubiera huellas estadounidenses” de esa acción.
El próximo paso será acusar a Tasmania.
Hablando desde el podio de prensa de la Casa Blanca, el secretario Sean Spicer citó un largo informe de Fox News, que afirmaba que Obama había usado a GCHQ para eludir las restricciones legales estadounidenses sobre monitoreo a sus ciudadanos.
Esta versión fue una de varias ofrecidas por Spicer como supuesta evidencia de las explosivas denuncias del actual presidente de que Obama había ordenado pinchar sus teléfonos cuando era candidato.
Sin embargo, legisladores de ambos partidos que han investigado la denuncia no han encontrado ninguna evidencia que la sustente.
En su informe, publicado hace casi dos semanas, el comentarista conservador Andrew Napolitano afirmaba que “tres fuentes de inteligencia han afirmado a Fox News que el presiente Obama se salió de la cadena de mando” para ordenar la intervención de los teléfonos de Trump.
“Él no usó a la NSA, él no usó a la CIA, él no usó al FBI y él no usó al Departamento de Justicia”, dijo Napolitano, agregando que Obama había usado al GCHQ británico.
Que Trump recurra a un informe de prensa no verificado como fuente de información es una muestra de irresponsabilidad. Que su portavoz utilice el sello de la Casa Blanca para decir sandeces es el colmo del desparpajo.