martes, 21 de marzo de 2017

Rusia y el petróleo venezolano


La compañía estatal petrolera venezolana PDVSA le ha ofrecido a la firma rusa Rosneft una participación del 10 % en una  empresa conjunta (joint venture) para explotar crudo extrapesado en la Faja Petrolífera del Orinoco, informa la agencia Reuters. La propuesta evidencia la grave crisis económica por la que atraviesa la nación sudamericana, al tiempo que hace más compleja aun la situación política y económica de la zona, en un campo donde podrían no solo coincidir, sino también chocar los intereses venezolanos, rusos y estadounidenses.
La información de Reuters, confirmada por cinco fuentes de la industria, enfatiza que la propuesta es una señal de la creciente participación rusa como un poderoso factor de influencia en el área.
El proyecto en cuestión, Petropiar, se lleva a cabo con la participación de un 70 % de las acciones en manos de PDVSA y un 30 % propiedad de la estadounidense Chevron Corp (CVX.N), e incluye un campo petrolero que produce 210.000 barriles diarios de crudo de alta graduación. Una participación en el proyecto del 40 %, por parte de la firma ConocoPhillips, fue nacionalizada por el Gobierno venezolano y aún no ha sido pagada.
La entrada de Rosneft en esta explotación petrolera colocaría en una coyuntura delicada a la estadounidense Chevron, debido a las actuales sanciones impuestas por Washington a la firma rusa. Reuters aclara que en estos momentos se desconoce si Rosneft aceptará la propuesta. Los detalles financieros de la posible transacción no se encuentran disponibles.
La propuesta de PDVSA forma parte de un paquete mayor ofrecido a Rosneft, según han dicho dos fuentes a Reuters, debido a la necesidad imperiosa de fondos que tiene la petrolera venezolana a fin de pagar a sus suministradores y titulares de bonos. El Gobierno de Nicolás Maduro enfrenta en los próximos meses el adeudo de $3,700 millones en vencimientos, según el Nuevo Herald.
De llevarse a cabo la transacción, Chevron, con sede en California, estaría colaborando en un proyecto junto a la estatal rusa Rosneft, afectada por las sanciones estadounidenses contra el Gobierno de Vladimir Putin.
La principal fuente de preocupación para Chevron es que las leyes de contabilidad y transparencia en Rusia son menos estrictas que las que rigen en Estados Unidos, según declaró una fuente cercana a la negociación, citada por la agencia Reuters.
La propuesta enfatiza la necesidad de dinero por parte del Gobierno venezolano, cuya producción petrolera disminuyó alrededor del 10 % el pasado año, de acuerdo a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC). Esto ha empeorado la recesión económica que atraviesan millones de venezolanos, que enfrentan graves dificultades para encontrar los artículos básicos de alimentación, al tiempo que sufren una astronómica inflación de precios.
Rusia ha estado adquiriendo una mayor participación en la industria petrolera venezolana, un miembro de la OPEC.
El pasado año, la firma rusa pagó $500 millones para incrementar su participación en Petromonagas, otra empresa conjunta, donde sus acciones pasaron del 16.7 % al 40 %, el máximo permitido para los socios extranjeros de acuerdo a la normas para el sector energético establecidas en su momento por el fallecido presidente Hugo Chávez.
En otra movida controversial, el pasado año PDVSA utilizó el 49.9 % de sus acciones en la subsidiaria estadounidense Citgo como un valor colateral para garantizar la financiación de un préstamo brindado por Rosneft.
PDVSA dijo este mes que había recibido $1.985 millones de un cliente no identificado, a cambio de futuros embarques de crudo, con las acciones de Citgo como garantes.
En total, Rosneft ha prestado a PDVSA entre $4 mil millones y $5 mil millones, pero los detalles de estos acuerdos se desconocen.
“Debemos agradecer por vida que Rusia y el mundo tengan a Vladimir Putin”, dijo Maduro en la firma del acuerdo con Igor Sechin, al frente de Rosneft, el pasado año.
La participación de la Rusia de Putin en el negocio petrolero de Venezuela es una fuente potencial de conflicto que podría desembocar en una crisis política, con graves implicaciones para el Gobierno estadounidense de Donald Trump, e incluso para la Cuba de Raúl Castro, como ya señaló en su momento Cuaderno de Cuba.

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