martes, 14 de noviembre de 2017

El «default» venezolano y la larga marcha atrás de Maduro


Entre las muchas críticas que podían formularse al Gobierno venezolano, había una que quedaba excluida: no cabía afirmar que no pagara sus deudas. Ahora la situación ha cambiado, y bajo el mando de Nicolás Maduro el país sudamericano se enfrenta a una situación hace apenas unos pocos años inconcebible: el abismo de caer en una suspensión de pagos (default). De hecho está un paso de ello y ya se encuentra en lo que se denomina un “default selectivo”, luego de que incumpliera en la liquidación de dos cuentas por intereses sobre su deuda externa.
En esta aún más difícil situación financiera en que está entrando la nación venezolana, cabe preguntarse de si Maduro buscará priorizar los factores políticos sobre los económicos, lo que supondría no solo una radicalización del proceso ideológico, sino un incremento a la marcha en retroceso que ha emprendido en el país. De esta manera, el mandatario se situaría más cercano al pensamiento y la forma de actuar del fallecido Fidel Castro, que a la asumida en la actualidad por Raúl, Sería entonces un caso único de vuelta al pasado, dentro del diverso panorama latinoamericano.
Entre los llamados países socialistas también se dio el caso de priorizar el pago de la deuda externa frente a las necesidades de los ciudadanos. En Rumanía, Nicolás Ceausescu, tuvo a la población pasando hambre durante años, pero él cumplía con el pago de la deuda externa.
En estos momentos cabe la posibilidad de que Venezuela no pueda llegar a un acuerdo sobre cómo hacer frente a los futuros pagos. Los inversionistas que tomaron parte en la reunión celebrada el lunes en Caracas señalaron que los representantes oficiales solicitaron su ayuda para sortear el efecto de las sanciones impuestas por Estados Unidos, que dificultan el uso de los sistemas de pago internacional. El gobierno venezolano reafirmó la voluntad del país de seguir honrando sus pagos, pero no detalló cómo podrá hacerlo posible.
Varios asistentes al encuentro del lunes dijeron a la agencia Reuters que este duró poco más de un cuarto de hora y que los representantes gubernamentales no presentaron ninguna propuesta concreta de solución.
Se estaría asistiendo entonces a la repetición de un esquema ya ensayado durante décadas en la relación entre Cuba y EEUU, y Maduro podría verse tentado a seguir los pasos de Fidel Castro, con la ilusión de que el régimen que este implantó en la Isla aún sobrevive. De esta forma, terminaría por alejarse por completo, tanto de la estrategia como del ideal del fallecido Hugo Chávez. Cabe argumentar que el modelo ensayado por Chávez siempre estuvo fundamentado en los precios estratosféricos del crudo, pero tanto la inflexibilidad del pensamiento de Maduro como las sanciones decretadas por la Casa Blanca estarían creando las condiciones para que se repitiera una situación del pasado siglo en la isla caribeña.
En el pasado, Venezuela siempre prefirió hacer frente a los pagos por el miedo a lo que supondría caer en una suspensión de pagos. Como parte de ese esfuerzo, incluso sacrificó los pagos por las importaciones.
Si no se logra un acuerdo entre el Gobierno de Venezuela, para tratar una posible renegociación de los compromisos financieros del país sudamericano, Maduro podría decirle a la población de que el dinero para el pago de la deuda —que posiblemente a partir de entonces sería catalogada de “injusta” y “cruel”— se destinaría la compra de alimentos y planes sociales.
Esto podría fortalecer su situación de cara a las elecciones presidenciales previstas para el año que viene e incluso traducirse en un aumento temporal de su popularidad entre algunos sectores de la población venezolana.
"Con el caos que hay ahora en la oposición, Maduro ya se encuentra en una situación relativamente cómoda, pero el alivio a la falta de liquidez que a corto plazo podría producirse si se decidiera no pagar podría darle un margen de maniobra adicional", comentó a la BBC Risa Grais-Targow, del grupo Eurasia de análisis de riesgos geopolíticos.
Ya hay indicadores de que Maduro está llevando la renegociación de la deuda no solo como un objetivo económico, sino como una batalla política e ideológica.
El mandatario dijo en su mensaje del 2 de noviembre que el país se dispone a “refinanciar y reestructurar” toda su deuda externa, con el objetivo de “luchar contra la persecución financiera” que según él sufre Venezuela a causa de las sanciones impuestas por EEUU a destacados dirigentes venezolanos.
Y para dirigir las negociaciones escogió a dos hombres incluidos en la lista de sancionados por Washington, el vicepresidente Tareck El Aissami, al que el Departamento de Estado acusa de tráfico de drogas, y el ministro de Economía, Simón Zerpa, al que se le atribuyen prácticas corruptas y antidemocráticas.
Durante la reunión de Caracas, algunos de los asistentes, por parte de los acreedores,  se mantuvieron en una sala contigua para evitar encontrarse personalmente con El Aissami y Zerpa, y así evitar cualquier indicio de incurrir en una violación de lo decretado por Washington, que prohíbe a cualquier ciudadano estadounidense hacer negocios con quienes se encuentra en una lista que incluye altos cargos de la administración venezolana. El encuentro duró
La estrategia de Maduro es lograr que las firmas estadounidenses hagan presión sobre la Casa Blanca para un alivio de las sanciones y así encaminar las negociaciones en una forma deseada por el Gobierno venezolano. Pero se trata de una meta muy difícil de alcanzar. De no lograrlo, podría intentar asumir el camino de la Cuba de Fidel Castro, cuando el gobernante no solo se negó a pagar lo adeudado por su país sino intentó lanzar un movimiento internacional en favor de no pago de la deuda externa.
Maduro no ha llegado aún a ese extremo, pero cada vez se le cierran más puertas. El pasado domingo, en su programa televisivo que “el default nunca llegará a Venezuela”. La realidad es otra.
Venezuela debe $60.000 millones en bonos pendientes. Ese monto comprende títulos de deuda emitidos por el gobierno y también por la petrolera estatal Pdvsa. Pero el total de su deuda es mucho mayor. Se estima en $140.000 millones e incluye los préstamos recibidos de países como Rusia y China, según la BBC.
Venezuela depende de la importación de mercancías para adquirir alimentos y mercancías, y su único bien es la riqueza petrolera. Pero el crudo, aunque ha aumentado de precio en el último año, se mantiene a niveles muy inferiores a la época de Chávez. Aunque el problema con el crudo no es solo de precio. En la actualidad, las exportaciones petroleras venezolanas son ahora una cuarta parte de lo que eran en 2012, según la firma de estudios demoscópicos Datanalisis.
Los problemas de financiamiento en Venezuela están aumentando cada día.
En su edición del marte, el diario Globo informó que Brasil también declarará a Venezuela en default, pues tiene dos meses de retraso en el pago de una deuda por USD $262,5 millones. El Gobierno de Brasil dijo que presentará una denuncia ante el Club de París por los millonarios pagos pendientes.
A esa situación se suma el vencimiento, previsto para enero del año próximo, de otros $270 millones que Venezuela adeuda a Brasil por el mismo concepto, informa el Nuevo Herald.
En próximo año, Venezuela se quedará sin un dólar. Sus reservas internacionales se calculaban en julio en $9.986 millones, según datos del Banco Central de Venezuela. En la actualidad son de $9,700 millones, de acuerdo a el Nuevo Herald. Pero debe pagar en lo que resta del año al menos $1.470 millones y en 2018 más de $8.000 millones.
Incluso con sus aliados más cercanos, China y Rusia, la capacidad de negociación del Gobierno de Maduro es limitada.
El mandatario anunció avances en sus negociaciones con China –al que adeuda unos $28.000 millones– y Rusia, que firmará posiblemente hoy un acuerdo que reestructura $3.000 millones de los $8.000 millones que debe Venezuela.
A diferencia de lo que viene ocurriendo con China, que desde hace algún tiempo viene limitando la financiación a Venezuela, en el caso de Rusia la estrategia geopolítica de Vladimir Putin ha estado jugando a favor de Maduro. Aunque dicha estrategia no es similar a la practicada por la desaparecida Unión Soviética con Cuba. Por ejemplo, la petrolera estatal rusa Rosneft le prestó $6.000 millones a su similar venezolana Pdvsa a principios de este año, y ha dicho que no planea más prepagos de petróleo.
Venezuela dejó de pagar a los rusos en 2015.
El gobierno de Putin reestructuró la deuda venezolana, entonces de $2.840 millones y postergó el primer pago a marzo de este año.
Pero Caracas tampoco cumplió, según se reveló el pasado mes de junio en un control de auditoría a las cuentas nacionales rusas.
Al parecer en septiembre pagó a Rusia, pero no a Brasil.
En el mejor de los casos para Maduro, si continúa con sus planes de impagos selectivos, para liberar fondos y adquirir importaciones de cara a las elecciones presidenciales del próximo año, solo estaría dilatando una crisis que desembocaría en litigios y posibles embargos de activos de Pdvsa, como Citgo, su filial en EEUU.
Uno de los riesgos que amenaza a la economía venezolana son los acreedores holdout, que literalmente significa “quedarse fuera”. Son los prestamistas que se niegan a postergar los cobros y optan por acudir a los tribunales a exigir lo que se les debe. Estos acreedores holdout pueden llegar a poner la economía de un país en una encrucijada.
Así ocurrió en Argentina, que a raíz de la crisis de 2001 dejó de pagar los bonos que había emitido a cambio de financiación. Los acreedores de los fondos buitres optaron por la vía holdout y se salieron con la suya. El caso argentino no es exactamente igual al venezolano, pero la existencia de la estatal Pdvsa y de Citgo en EEUU abren la posibilidad de buscar indemnizaciones a través de ellas.
Crystallex, una minera canadiense, tramita una demanda contra Venezuela con el argumento de que los activos de Pdvsa deben estar sujetos a incautación tras un litigio por una mina de oro. Si la firma canadiense gana, esto abriría la puerta para que los acreedores persigan activos venezolanos y de Pdvsa indistintamente.
Un informe de Bulltick, compañía estadounidense de inversiones, menciona que en los mercados de deuda se está valorando con una probabilidad del 91,4% el hecho de que Venezuela deje de pagar sus obligaciones en 2018 con una posibilidad de parálisis del Estado y la agudización de la escasez de alimentos, medicamentos, elementos de aseo y materias primas para la producción, informa El Nacional de Caracas.
Sea la Cuba de Fidel Castro o la Rumanía de Ceausescu, los ejemplos que hasta ahora ha seguido Maduro se encuentran entre los peores para los venezolanos. Y nada indica que se sienta inclinado a cambiar de rumbo. 

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