viernes, 10 de noviembre de 2017

El juez Moore y las niñas: abuso y senado


Las victorias electorales del pasado martes fueron importantes para los demócratas, aunque caracterizadas por producirse en estados conocidos por su filiación progresista. Sin embargo, una votación a celebrarse en diciembre en Alabama tiene una trascendencia mucho mayor para el futuro de la nación y del Partido Republicano, cuyos miembros en las primarias locales ya optaron por el fanatismo frente a la moderación, pero que ahora posiblemente tendrán que elegir entre la mesura y el abuso.
Lo que mostraron los resultados en las urnas de Nueva York, Nueva Jersey y Virginia fue un saludable indicador de que la nación es capaz de volver a la normalidad, mientras que la elección de Alabama se anuncia como todo lo contrario: un salto a los excesos.
Dicha votación es para ocupar el escaño que dejó vacío Jeff Sessions, cuando pasó a dirigir el Departamento de Justicia. El vencedor de las primarias republicanas resultó ser un magistrado con el nombre y el compartimento de un juez de western: Roy Moore, todo un icono del oscurantismo, la ideología reaccionaria y el fanatismo.
Moore considera que los atentados del 9/11 fueron un castigo al país porque los estadounidenses se habían alejado de la palabra divina. Rechaza la teoría de la evolución y no acepta la separación Iglesia-Estado.  Enfatiza que hay que perseguir a los homosexuales, y además de contra los gays ha dirigido comentarios adversos hacia los musulmanes y los afroamericanos.
En dos ocasiones, su fundamentalismo lo ha alejado de la labor de juez.  En una, en 2000, prefirió abandonar la corte antes de admitir la retirada de un monumento dedicado a los Diez Mandamientos, que él mismo, como presidente de la Corte Suprema de Alabama, había ubicado en su sala de vistas.  La otra, en 2016, cuando ya reincorporado al cargo, el Tribunal Supremo lo expulsó por haber exigido a los jueces bajo su mando que no permitieran el matrimonio gay, de acuerdo a informaciones aparecidas en El País.
Durante las primarias republicanas en Alabama, Moore no fue el candidato preferido por el presidente Donald Trump, que apoyaba a Luther Strange, quien perdió ante Moore. La victoria entre los republicanos de una figura que, sin contar al inicio con el apoyo de Trump, vencía en las urnas por sus credenciales de ultraderecha fue saludada por Steve Bannon como que era factible un radicalismo más allá de Trump.
Por un breve tiempo existió la posibilidad de que los sueños de Bannon se realizaran, solo que ahora se ha complicado la situación para los republicanos, al surgir acusaciones de que Moore mantuvo en 1979 contactos sexuales con una niña de 14 años, cuando él tenía 32. No se trata de violación ni tampoco de la realización del acto sexual en su totalidad. Más bien la imputación se refiere a avances sexuales  y toqueteos.
La información sobre las andanzas de Moore apareció primero en The Washington Post, y en ella se plantea que la supuesta víctima tiene el apoyo de su familia, así como que la madre confirma lo ocurrido hace años. En un reportaje de The New York Times se señala que son cuatro las mujeres que afirman que, siendo ellas adolescentes, habían recibido proposiciones sexuales o románticas del cristiano evangélico, por entonces en sus treinta. Moore niega las acusaciones y las atribuye a “los perros falderos de la prensa liberal que forman parte de la maquinaria Obama-Clinton”.
De momento, es muy posible que los partidarios más fieles y fanáticos del exjuez no hagan mucho caso al escándalo, pero la preocupación crece entre los legisladores republicanos, que comienzan a ver en peligro una posición clave en el Senado. Mientras tanto queda abierta una pregunta: ¿se impondrá el fanatismo o la moderación y la certidumbre, no solo entre el electorado de Alabama sino dentro de las filas del republicanismo? 
Esta es mi columna en el Nuevo Herald, que aparecerá el próximo lunes, 13 de noviembre de 2017.

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...