miércoles, 22 de noviembre de 2017

Mugabe o la represión y el desencanto tras la esperanza


Robert Mugabe dimitió el martes como presidente de Zimbabue, poco después de que el Parlamento comenzara un proceso de destitución para terminar con sus casi cuatro décadas de mandato, informa la agencia Reuters.
El dirigente de 93 años se aferró al cargo tras la toma de control del ejército y su expulsión del partido gobernante ZANU-PF, que también le dijo que abandonara el poder.
Las celebraciones estallaron en una sesión parlamentaria en la que el portavoz Jacob Mudenda anunció la renuncia de Mugabe y suspendió el procedimiento de su destitución.
El origen de la repentina caída de Mugabe reside en la rivalidad entre miembros de la elite gobernante del país sobre quién lo sucedería, más que en las protestas populares contra su mandato.
El ejército tomó el poder después de que Mugabe expulsase al favorito del partido ZANU-PF a sucederlo, Emmerson Mnangagwa, para allanar el camino a la presidencia para su mujer Grace, de 52 años, conocida por sus críticos como “Gucci Grace” por su debilidad por las compras de lujo.
Mnangagwa, exjefe de seguridad conocido como el “Cocodrilo”, previsiblemente será el presidente.
El diario Granma se limitó a dar la escueta noticia de la renuncia, sin entrar en detales sobre la estrecha relación que el mandatario africano mantuvo con el gobernante cubano Fidel Castro. Con igual parquedad se refirió el sitio Cubadebate.
Por su parte, Juventud Rebelde publica con mayor amplitud la nota de Prensa Latina, cuyo ángulo es favorable a la acción de los militares que culminó con la renuncia de Mugabe, y se permite una crítica a la actual esposa del dictador.
Dice la información de Juventud Rebelde: “Apunta Prensa Latina que desde el martes de la semana pasada, fuerzas militares ocuparon el país para preservar la revolución en esa nación de África Austral y acabar con lo que denominaron fuerzas criminales que rodeaban al jefe de Estado de 93 años, cuya esposa había usurpado paulatinamente el Poder Ejecutivo para promoverse como futura líder del país.
La intervención pacífica de los militares fue recibida con beneplácito tanto por el gobernante partido Unión Nacional Africana de Zimbabwe-Frente Patriótico (Zanu-PF) como por la Asociación de Veteranos de Guerra.
El Zanu-PF destituyó el domingo al mandatario de su cargo de primer secretario de la organización y nombró en esa posición al exvicepresidente Emmerson Mnangagwana, quien había sido expulsado el 6 de noviembre por Mugabe.
El partido de gobierno pidió a Mugabe que presentara su renuncia y le dio un plazo hasta el mediodía del lunes, antes de iniciar el análisis de una moción de desconfianza en su contra.
En igual sentido se pronunció la Asociación de Veteranos, que convocó una manifestación masiva el sábado para solidarizarse con los militares.
La actitud de Mugabe fue interpretada como un desafío a los reclamos populares para que abandonara el poder y la situación se complicó por las crecientes manifestaciones públicas.
Mugabe era el último gobernante en ejercicio del bloque de países de la llamada Línea del Frente, formada además de Zimbabue, por Angola, Botswana, Mozambique, Tanzania y Zambia, que sirvió de apoyo a los combatientes antiapartheid en Sudáfrica y al movimiento para la independencia de Namibia.”
Hasta aquí la nota de Juventud Rebelde.
En la página web del Hotel Nacional de Cuba, en el sitio dedicado a la visita de personalidades a la instalación, aparece lo siguiente sobre Mugabe: “El 17 de Abril de 1978  ocupo el cargo de primer ministro de la Republica de Zimbabwe, ocupando la presidencia de su país desde el año 1987.
Visitó nuestro hotel con motivo de la Cumbre de Desertificación organizada por las Naciones Unidas.
Fue galardonado con el Bastón de la Fidelidad y el Pergamino de Huésped Ilustre.”
Al fallecimiento de Fidel Castro, Mugabe viajó a Cuba para rendir homenaje a quien consideraba “no solo el líder de la Revolución cubana, sino también de toda África”. Junto con Evo Morales y Nicolás Maduro, fue de los primeros gobernantes extranjeros en llegar a la isla tras la muerte de Castro.
“Fidel no solamente era el líder de ustedes, era el líder nuestro y de todos los revolucionarios, y nosotros lo seguimos, lo escuchamos y tratamos de emularlo”, señaló entonces.
En esa ocasión Mugabe también recordó que en varias oportunidades vino a la Isla y sostuvo fraternales encuentros con Castro.
Mugabe mencionó el “espíritu de resistencia” de Castro y “su aporte a las luchas de las causas justas”, al tiempo que reafirmó que “los diferentes caminos revolucionarios que Fidel inició”, son “los que nosotros, los antiimperialistas, los anticolonialistas, debemos seguir”.
El 1ro. de septiembre de 1986, durante un acto por el XXV aniversario de la Cumbre de los Países No Alineados en Zimbabue, Castro dijo: “Robert Mugabe, que nos preside con su experiencia y su serenidad”.
Al ser reelecto como presidente de Zimbabue en 2013, Mugabe dijo que cualquiera que esté descontento con los resultados de las recientes elecciones podía “ahorcarse” si así lo deseaba, porque a su partido no le importaba.
Con anterioridad ya había expresado: “Somos un único pueblo, tenemos una única bandera y compartimos una única identidad nacional; ¿por qué no tener un único partido?”.
En 2015, Mugabe, que ya era el dictador más longevo de África porque llevaba 35 años en el poder, fue galardonado con el premio Confucio de la Paz.
Como alternativa al Nobel, dicho premio es otorgado por un oscuro Centro de Estudios para la Paz que, en teoría, no tiene vínculos con el Gobierno chino, pero que no sería permitido si fuera en contra de sus intereses.
Desde que fue instaurado en 2010, como respuesta al Nobel de la Paz para el encarcelado disidente chino Liu Xiaobo, el premio Confucio había sido otorgado a Castro en 2014 y en 2011 a Vladimir Putin.
La Habana ha tratado de distanciarse de la destitución forzada de Mugabe, que insiste en presentar como simple “renuncia”. Tal tendencia evidencia, una vez más, la encrucijada ideológica y política que atraviesa el Gobierno cubano, en su afán de aferrarse al poder y no renunciar al pasado, sin aferrarse de palabra o con declaraciones a ese pasado de que forma parte. En medio de un proceso todavía no definido con claridad, en que al parecer Raúl Castro abandonará la presidencia pero no la dirección del Partido Comunista, la salida del poder de Mugabe —producida por quienes hasta ayer eran sus seguidores— no deja de lanzar una nueva señal de alarma para la Plaza de la Revolución.

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