jueves, 21 de junio de 2018

La tolerancia exiliada


“El vocabulario de las invectivas periodísticas (traidor, lacayo de Versalles, cerdo asesino, báculo de Marx, ciénaga de Hitler, peste roja) había llegado a parecerse, en virtud de su uso excesivo, a la fraseología formal de cortesía empleada por los chinos”. El escritor inglés Christopher Isherwood describió así el ambiente que se vivía en Alemania, durante la época que antecede a la Segunda Guerra Mundial.
En muchos casos encuentro un lenguaje similar en los comentarios que aparecen en foros, blogs y cualquier otro sitio de Internet que debate la situación cubana. Participantes desde todos los rincones del mundo, incluida la propia Isla, prefieren el insulto y el ataque personal al debate de ideas y el intercambio de puntos de vista.
Es común ver a alguien sublevarse cada vez que se le señala una limitación del argumento que emplea. El negarse a la crítica —porque se la considera denigrante—, en lugar de profundizar en la discusión.
Los recursos empleados se repiten una y otra vez: la vejación como arma; la divulgación de mentiras, que en ocasiones se apoyan en elementos aislados de verdad pero que en su totalidad presentan un panorama falso; un enfoque demasiado estrecho, que impide una visión de conjunto y la demonización del enemigo.
 Participantes catalogados de “castristas” y “anticastristas”, “dialogueros” y “verticales” — por ellos mismos o por los demás— se enfrascan en batallas verbales, sustentadas en la utilización de un lenguaje deformado que impide una verdadera comunicación.
Esta deformación verbal se produce de dos formas. La abstracción —como un medio para despersonalizar y tergiversar las intenciones— y el deshumanizar a los opositores.
Lo que preocupa es que esta deformación tiene su origen en la manipulación del lenguaje propia de los regímenes totalitarios. La supervivencia de este mecanismo, en un medio tan democrático como el Internet, resulta deprimente.
Tanto en la desaparecida Unión Soviética (URSS) como en China y Cuba se recurrió y se recurre a la abstracción de lenguaje, como un medio de justificar las acciones: la “liquidación” de la explotación, el “ajusticiamiento” de los traidores y la “recuperación” de las propiedades del “pueblo”. Al mismo tiempo, los opositores eran deshumanizados verbalmente: “gusanos” y “escoria” (Cuba); “perros rabiosos del capitalismo” (China)  y “¬vampiros”, “bastardos” y “piojos” (URSS).
Es cierto que el recurrir a mecanismos similares, por parte del exiliado, forma parte de un mecanismo de defensa frente a la hostilidad que le rodea y produce. Pero esta razón no lo justifica. Hostilidad que éste sufre por el hecho de vivir una existencia anómala, al estar fuera de la patria, y agresión que este también genera, al concentrar sus pasiones y soledad y practicar un orgullo nacional exagerado.
Practicar la moderación y la cordura en nuestras discusiones políticas no nos libra del exilio. No contribuye al fin del castrismo o al mejoramiento de las condiciones en Cuba. Tampoco ayuda a la permanencia del régimen. Simplemente facilita el entendernos mejor.
Aclaración necesaria: este texto apareció en este blog, Cuaderno de Cuba, el 15 de septiembre de 2006. Creo que al menos dos motivos disculpan en parte la inclusión del “refrito”. Uno es que lo que comenta mantiene su vigencia. Otro es que el tema ha sido tratado durante esta semana en la publicación. En cualquier caso, confío en la tolerancia y acepto las críticas por tratar de revivir un texto viejo.
Ilustración: Carlos Estévez, Entropía del porvenir, 2008.

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