miércoles, 18 de julio de 2018

«Le Petit Guignol»


Me parece que el X Congreso de la UPEC en Cuba, el discurso del ahora presidente de la nación y el pequeño debate dentro de la isla al respecto, todo ello mezclado y reciclado, es demasiado rancio para dedicarle más de dos minutos de consideración seria. Y esos dos minutos se agotan al constatar que se siguen consumiendo generaciones en una discusión —de los planteamientos es mejor ni hablar— estéril. Es como si, por un momento, miráramos un viejo teatro de títeres con los vestuarios raídos, las cuerdas casi sin hilos y las manos de los titiriteros huesudas, callosas, torpes, deformadas por una artritis que nos las abandona desde hace décadas o simplemente ágiles y fatuas en su joven banalidad. Pero lo peor es que ese Le Petit Guignol ya no provoca ni rechazo, ni asombro, ni siquiera hastío. Que uno mira hacia otra parte o no llega a enterarse salvo por algún comentario más o menos inoportuno, que si acaso se para un instante algo curioso, ante la persistencia tonta de la repetición.

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