martes, 26 de marzo de 2019

«A todos presta oídos; tu voz, a pocos»

Cuando Shakespeare escribió Hamlet debe haber estado seguro de que personajes como Polonio eran típicos solo de las cortes europeas, o de quizá representaciones de la antigüedad; de asambleas de griegos y romanos —de algún consejo de Atenas o senado en Roma—, pero nunca de la América salvaje o imaginable. Lo más cercano a la misma sería alguien mucho más vital: el Calibán (¿caníbal?) de La Tempestad.Pero si bien Shakespeare vivió y creó antes de la fundación de Estados Unidos de América, la política estadounidense le debe mucho, incluso en sus personajes menores. Aunque en ocasiones estos personajes no alcanzan, se quedan cortos en sus papeles; se limitan a ser bufones burdos y entonces resulta imposible encontrarles siquiera una referencia lejana en las obras teatrales. Lindsey Graham es uno de ellos.

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