jueves, 27 de junio de 2019

Hablar o no español y el afán por los votos


El temor y la incertidumbre, ante unas próximas elecciones que se espera resulten muy reñidas, despierta todo tipo de iniciativas. Una muy temprana es la conquista del voto de los hispanos, latinos, o como quiera llamársenos a los estadounidenses que tenemos al español como primer idioma.
No es un fenómeno nuevo. Desde hace ya décadas analistas, demógrafos y encuestadores vienen señalando la importancia de una minoría en ascenso, al menos numéricamente. Lo curioso es este énfasis tras la elección de 2016, cuando se demostró que el “voto hispano o latino” no jugó el papel trascendente que se espera desempeñara.
Ya antes de la derrota de Mitt Romney el Partido Republicano había señalado la necesidad de “acercarse” a los latinos. Durante los debates de la última elección primaria republicana algunos aspirantes a la candidatura del partido usaron el español, lanzaron anuncios en ese idioma y destacaron sus raíces o sus familiares con tal origen. Pero el elegido fue quien precisamente no solo había omitido cualquier referencia al respecto —y en figura, personalidad, lenguaje y actitud ejemplificaba todo lo contrario— sino dirigido su campaña electoral hacia el apoyo del sector demográfico mayoritario que en muchos casos rechazaba, e incluso era hostil, a una visión de Estados Unidos que no se limitara a un país de blancos y para blancos, en el sentido de considerar la “blancura” dentro de parámetros muy específicos. Para Donald Trump, los latinos no eran necesarios para ganar una elección, bastaba con los blancos. Y ganó.
Panorama y objetivos han cambiado incluso para Trump, con una coalición “Latinos for Trump” lanzada por el propio vicepresidente Pence, que al parecer ha decidido incluir a estos en sus rezos.
Y así tenemos que desde el despegue el voto latino parece contar y el español entra en la contienda. Para ello, nada más fácil que el aspirante a llegar a la Casa Blanca hable el idioma, o se atreva con algunas palabras —“pollo” dijo Kamala Harris al hablar de sus gustos culinarios en una parada en el set del programa Despierta Américade Univisión— y algunos lo hacen bien. 
Sin embargo, la pregunta clave es no solo la importancia del gesto, desde el punto de vista de ganar votos, sino la trascendencia del hecho, más allá de su valor cultural y de comprensión de la diversidad.
El primer debate de los aspirantes a la candidatura demócrata tuvo como nota singular que algunos de ellos se expresaran en español en determinado momento. Tal esfuerzo refleja, al menos, resultados mixtos según una encuesta.
Una encuesta realizada antes de los debates presidenciales demócratas de esta semana encontró que el 42% de los adultos estadounidenses cree que hablar en español durante un debate presidencial televisado es más “alcahueteo” que algo “respetuoso”, según The Hill.
La encuesta de YouGov realizada entre el 21 y el 24 de junio encontró que el 31% de los adultos estadounidenses dijo que hablar en español durante los debates es respetuoso, mientras que el 27% no expresó criterio alguno.
Una pluralidad de demócratas, el 46%, dijo que creía, sin embargo, que hablar en español durante un debate era respetuoso, en comparación con el 32%, que opinó que con ello se trata de complacer a un sector poblacional. El 37% de los adultos hispanos dijo que hablar en español durante un debate era respetuoso, en comparación con el 27% que dijo que lo que se trataba era de complacer a un grupo.
Durante el debate presidencial demócrata del miércoles por la noche, tanto el exrepresentante Beto O'Rourke (Texas) como el senador Cory Booker (New Jersey) hablaron en español y el exsecretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, Julián Castro, también usó algunas palabras en español.
La mayoría de los encuestados, el 56%, dijo que, en general, era algo o muy positivo que un candidato presidencial fuera fluido en un segundo idioma que no fuera el inglés.
Los investigadores realizaron una encuesta en línea a 1.258 adultos estadounidenses, entre ellos 462 demócratas, 305 republicanos y 330 independientes.
La respuesta rápida es decir que el conocimiento de español puede ayudar, pero no decide. No solo por la elemental aritmética de que la mayoría de la población estadounidense habla inglés, sino porque tal recurso encierra el peligro de ofrecer una imagen de buscar la complacencia por la vía fácil.

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