miércoles, 27 de enero de 2021

Sobre lo ocurrido ante el Ministerio de Cultura en La Habana


Lo difícil a la hora de analizar una situación de este tipo es que entran en juego dinámicas caducas con situaciones creadas debido a la existencia de nuevos medios tecnológicos.

El gobierno cubano persiste en un empeño que trata de justificar con una retórica “revolucionaria” que ya no es siquiera añoranza sino burda justificación represiva. 

Por lo demás, a estas alturas el espectáculo de falta de control de las situaciones que están brindado las autoridades cubanas deben estar encendiendo botones de alarma en diversas cancillerías, en especial en la más conocido. 

Que un ministro le arrebate un teléfono o dé un manotazo a un periodista es algo realmente alarmante, además de bochornoso. No solo por el hecho en sí sino por la estupidez del gesto en una época en que todo se graba. Descontrol y miedo, no hay otra conclusión.

 El alboroto de quienes se manifiestan, se debe agregar, no deja de despertar inquietudes y preguntas sobre la interferencia desde el exterior. Poco ayuda en la búsqueda de libertades —de expresión y de todo tipo que se busca alcanzar con estos esfuerzos—, que reclamos justos encuentren cámaras de ecos en Miami y otros rincones del exilio, sea en organizaciones o políticos de turno.

Lo peor es la falta de conciencia —o de posibilidades o el simple temor—, por parte de los funcionarios cubanos, para enfrentar estos problemas de una manera más acorde con la situación actual. 

Lamentable la falta en esos funcionarios, no ya de audacia —que sería mucho pedir—, sino de cordura. 

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