miércoles, 12 de julio de 2023

Milan Kundera (1929-2023)

 


Leer a Milan Kundera formó parte de los primeros años del exilio . Significó un encuentro y una esperanza. También la posibilidad de vivir la literatura más allá del país donde uno había nacido y la lengua de la infancia. Un privilegio de escritor culto y novela de ideas en un lenguaje sencillo. Lo novedoso junto a lo ameno. La reafirmación de que había vida tras la partida. La bendición de compartir exilios, cada cual en su dimensión y destino. Conocer sus mejores obras, al poco tiempo de ser editadas, y ser atrapado por ese escritor que negaba ser disidente y político en su escritura y sin embargo lo era.
Tras los años, unos cuantos libros se mantuvieron en pie. Algunos porque consideraba que valía la pena leerlos. Otros por el recuerdo. La insoportable levedad del serLos testamentos traicionadosLa bromaLa vida está en otra parteEl arte de la novela. Mientras, los de su última etapa creativa se encontraban en el olvido desde el inicio.
Cuando en 2008 se publicó un documento de 1950, sobre la supuesta denuncia de Kundera a un opositor —que acabó condenado a 22 años de prisión en Checoslovaquia—, este tipo de historia había sustituido en buena medida la alegría inicial por la caída del Muro de Berlín. El escritor admirado ayer se incorporaba a otro mundo, quizá más lucido pero también más turbio.
Al final de su vida Milan Kundera había perdido totalmente la memoria y por supuesto la capacidad de escribir. Apenas le restaba lucidez para decir que escribir era una idea curiosa. La vida había quedado en otra parte, definitivamente.

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