lunes, 25 de diciembre de 2023

Bulos, medios digitales, activismo y 11J: así cambió Cuba en cinco años de datos móviles


La llegada de los datos móviles a Cuba, hace cinco años, es clave para explicar ciertos cambios en el país, que van desde las protestas antigubernamentales del 11 de julio de 2021 al alud de bulos y memes, pasando por el papel del activismo y de los medios independientes, informa la agencia EFE.
En diciembre de 2018 arrancó el despliegue de la tecnología 3G, un servicio que significó un gran salto para una isla hasta ese momento desconectada de la revolución tecnológica global.
Cuba es ahora un país distinto, con un gobierno muy presente en redes —aunque con resultados dispares—, un ágil ecosistema de medios no oficiales y una sociedad creciente, conectada entre sí y con una realidad poliédrica, esbozada por una multiplicidad de voces.
También se ha detenido y acosado a periodistas independientes, activistas, youtubers e influencers por su actividad en redes tras la aprobación de cambios legales como el controvertido Decreto 370 o el nuevo Código Penal. Decenas de ellos han abandonado el país.
En estos años han florecido versiones cubanas de aplicaciones como Ebay (Revolico), Uber (La Nave) y Glovo (Mandao); exitosos youtubers y memeros; redes de solidaridad comunitaria; plataformas estatales de pago; campañas que han puesto los feminicidios en la agenda política; y hasta una tasa unificada del valor del dólar en la calle.
Según datos facilitados a EFE por el monopolio estatal de telecomunicaciones ETECSA, en la actualidad 6,8 millones de cubanos —cerca de dos tercios de la población— tienen internet móvil.
Desde 2019, se han incorporado más de un millón de nuevos usuarios cada año, lo que ha llegado a poner en entredicho el ancho de banda disponible.
Un “punto de inflexión” en Cuba
La llegada de los datos móviles fue un “punto de inflexión importantísimo para la sociedad cubana” y “una sacudida” para el gobierno, señala a EFE la periodista independiente Yoani Sánchez, directora de 14yMedio.
La historiadora, ensayista y editora Alina Bárbara López Hernández explica a EFE que la decisión tuvo que ver con el deshielo entre La Habana y Washington de los años previos, pero también con el intento de promover el turismo internacional y la inversión extranjera.
Esto, argumenta esta intelectual crítica, ha creado una “situación muy tensionante” donde chocan la pretensión de la política de mantener un control total con la apertura del acceso a redes: “Internet va contra el corazón del sistema político”.
En cuanto a las consecuencias, López destaca en primer lugar “la emergencia de una ciudadanía activa”, que existía previamente pero estaba “absolutamente desconfigurada e invisibilizada”, y el surgimiento de “una voz frente al poder”. “Antes el disenso no era tan activo”, subraya.
También han aumentado las diferencias sociales, según señala, por la brecha digital —que hace que sectores vulnerables se estén “quedando atrás” — y que algunos actores internacionales de izquierdas, a la luz de estas nuevas voces desde la isla, se replanteen su relación con el gobierno cubano.

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