jueves, 17 de septiembre de 2020

Cuba sin futuro democrático, con Trump o sin él


Una de las razones fundamentales para el fracaso de los planes destinados a buscar un cambio político, o al menos iniciar un tránsito hacia la democracia, es la falta de motivación de la población en la isla para quitarse de arriba al régimen.
Hay que aclarar de inmediato que no es la única y que existen diversos factores que en un momento u otro adquieren mayor o menor relieve, pero la desidia y la espera forman parte de la realidad cubana, sobre la cual no se debe guardar silencio pese a cualquier reproche latente de que uno esta “contemplando los toros detrás de la barrera”.
Cierto. El mecanismo represivo es muy fuerte y ha logrado crear un terror que se adelanta a cualquier intento de cambio político. Sin embargo, la frustración que este mecanismo establece casi siempre no se canaliza en rencor sino en espera.
La situación imperante en la isla no muestra un futuro pero sí un escape. Y ese escape ha sido hasta fecha reciente Miami: la salida, el viaje al extranjero o incluso una simple remesa familiar. La política migratoria de la administración Trump primero y luego la crisis por la pandemia del covid-19 han establecido un paréntesis a las salidas, con la consecuencia de un cierre total a esa vida de escape. Pero este paréntesis se vive desde la Isla y por quienes viven en Miami con familiares en Cuba más bajo la óptica de una dilación que como una nueva situación definitiva. Para el ciudadano de a pie que vive a noventa millas, en la actualidad las esperanzas se cifran más en la elección estadounidense que en la que ocurrirá en su cuadra.
El exilio cubano, por otra parte, vive entre la realidad y el espejismo. El espejismo es lo que se lee, ve y escucha por los medios. Estos siguen controlados en gran parte —especialmente la televisión y la radio— por quienes llegaron primero y se limitan no a ofrecer una visión tergiversada de lo que desconocen sino a cumplir una función de ensueño. 
Lo primero que se desconoce o se pasa por alto es al cubano actual. La mayor parte de quienes han llegado en las últimas décadas nacieron no solo tras el 1º de enero de 1959, sino en una sociedad establecida y fuertemente cimentada por un régimen que no brinda alternativas. 
Si quienes eran niños al triunfo de la revolución —o crecieron durante el proceso de cambio institucionales que han degenerado en la Cuba actual— padecieron un deterioro progresivo de sus libertades individuales, una creciente carencia para la satisfacción de sus necesidades personales y un aislamiento paulatino, los que nacieron posteriormente —y en particular los “hijos del Período Especial”— llegaron a un mundo donde lo natural era la falta, no el despojo. No fueron perdiéndolo todo: nacieron sin nada.
De ahí que se pueda establecer pautas nacionales y momentos definitorios que marcan generaciones y grupos, tanto en la Isla como en el exilio.
Por ejemplo, esa urgencia de libertad y anticastrismo furibundo se agota en buena medida tras el éxodo del Mariel. Basta recorrer las discusiones que aún hoy persisten sobre las posiciones políticas de escritores y artistas de aquí y de allá, y encontrar muchas de los argumentos más enconados en quienes aprovecharon la oportunidad de salida que brindó el Mariel —o fueron expulsados del país— para desarrollar una obra en el exterior.
En la actualidad, el llamado ”anticastrismo” o la caricatura de oposición al régimen en el exilio se define entre un grupo cada vez más exiguo que solo encuentra justificación en gestos inútiles para lograr un avance de las ideas democráticas en la isla —como los pocos llevados a cabo por la administración Trump— y que apenas logra regocijo en una que otra zancadilla económica al gobierno cubano y quienes lo dirigen, además de causar nuevos engorros a quienes desean facilidades en la relación entre quienes habitan aquí y allá. El resto se resume en una chusmería que no llega siquiera al esperpento.
En el caso de quienes decidieron permanecer en Cuba o no pudieron irse, la Primavera Negra de 2003 fue el canto del cisne de una disidencia que debe ser catalogada como tal —me refiero al significado primordial de la palabra, no estoy negando la existencia de una oposición posterior— y en que buena parte de sus miembros rondaban entre los 40 y 50 años de edad.
Es hasta ellos —hombres y mujeres que casi constituyen un genotipo— es que llega la caracterización y el imaginario de un exilio que indudablemente ha ampliado sus fronteras respecto al limitado alcance de su composición primaria.
Lo demás son casos aislados, asideros a los que se agarra ese establishment del exilio en su afán por perpetuarse. Solo que los tiros van por otra parte y el cubano “recién” llegado no tiene nada que ver con ese “hombre viejo”.
El exiliado tradicional continúa su camino en extinción y el americanocubano —el nacido en Estados Unidos, porque a estas alturas cubanoamericanos son muchos— tiene poco o nada que ver con alguno de los dos anteriores (salvo en lo referente a esos políticos de turno que nacieron aquí y explotan una mentalidad del cubano de ayer para obtener réditos electorales en sus zonas de electores).
Queda entonces poco para la definición de una nación, de un “nuevo país”, del resurgimiento de la “Cuba de ayer” o del parto de una futura, cuando se carece de una voluntad fundacional.
Y es que si algo logró transmitir a la psique del cubano el régimen establecido por Fidel Castro no fue un espíritu nacionalista —como se repite tontamente hasta por periodistas internacionales que cubren su destino escribiendo desde Cuba o sobre Cuba— sino todo lo contrario: una mentalidad colonialista.
Solo que con una peculiaridad: colonia no para ser explotada sino para explotar a la metrópolis de turno.
En esto, Castro creó un modelo digno de un buen estudio histórico.
La dependencia del otro para la subsistencia está tan fuertemente arraigada entre los cubanos que anula o debilita cualquier motivación independentista. La desaparecida Unión Soviética en su momento, Venezuela mientras dure y Miami ahora y mañana.
Queda entonces el acomodo de acuerdo a las circunstancias, y para aquellos que nacieron durante el Período Especial —o pocos años antes— la opción es continuar buscando esa sobrevivencia a cualquier precio y por cualquier vía, que es el signo y la voluntad bajo la cual surgieron.
Mencionado el espejismo —la Cuba que no es, la rebelión que no existe, el acomodo diario— el exilio en general, y Miami en particular, continúa siendo la fuente de abastecimiento —por encima de cualquier ilusión de los votantes de Trump—
El gobierno de La Habana a lo único que puede aspirar es a seguir produciendo profesionales para brindar servicios en el exterior, confiar —como ha ocurrido en estos casi cuatro años— en que para Trump la cuestión se resume en esas pequeñas gratificaciones mencionadas que le aseguran los votos de un sector de la comunidad exiliada por lo demás sin alternativas, y acariciar el sueño de un futuro sin pandemia y con una “vacuna cubana”, donde de alguna forma se mantenga cierta corriente de inmigrantes, exiliados y viajeros, y sobre todo se mantenga el envío de remesas, que en última instancia está garantizado no por las acciones del actual o futuro inquilino de la Casa Blanca, sino por la voluntad familiar. Son estos los pilares de la nueva industria nacional.
Nada de azúcar, níquel y petróleo. Ni inversiones ni desarrollo. Sin exilio no hay país.
Lo malo es que esta situación que aparenta la eternidad del instante siempre ha abierto una interrogante: ¿país?

Apoye a nuestras tropas… rusas


Un anuncio digital publicado por una rama de recaudación de fondos de la campaña de Trump el 11 de septiembre que llama a “apoyar a nuestras tropas” utiliza una fotografía de archivo de aviones de combate de fabricación rusa y modelos rusos vestidos como soldados. 
El anuncio, que fue realizado por el Comité Trump Make America Great Again, presenta siluetas de tres soldados caminando mientras un avión de combate vuela sobre ellos. El anuncio apareció por primera vez el 8 de septiembre y se publicó hasta el 12 de septiembre.
“Definitivamente es un MiG-29”, dijo Pierre Sprey, quien ayudó a diseñar los aviones F-16 y A-10 para la Fuerza Aérea de EEUU. “Me alegra ver que está apoyando a nuestras tropas”.
Ruslan Pukhov, director del Centro de Análisis de Estrategias y Tecnologías en Moscú, confirmó que los aviones son MiG-29 rusos, y también dijo que el soldado de la extrema derecha en el anuncio lleva un rifle de asalto AK-74.
El Comité Trump Make America Great Again está dirigido tanto por el Comité Nacional Republicano como por la campaña. La mayoría de las donaciones digitales y de bajo costo recaudadas por el comité se destinan a la campaña.
Luego de que Publico diera a conocer estos detalles, el creador de la imagen, Arthur Zakirov, confirmó en un mensaje de Facebook que la ilustración muestra un modelo 3D de un MiG-29, y que los soldados eran modelos rusos. Agregó que era una foto compuesta creada hace cinco años y tomada en tres países diferentes que muestra el cielo ruso, las montañas griegas y el suelo francés.
 “Hoy oyes hablar sobre la mano del Kremlin en la política estadounidense. Mañana eres esta mano”, bromeó, diciendo que el hecho de que su foto terminara en un anuncio de recaudación de fondos de Trump le pareció “bastante divertido”.
“Todo pasó por falta de atención”, dijo, y agregó que la campaña hizo “un mal trabajo de verificación de datos”.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Florida cierra el plan de Trump para ayudar a los desempleados

 


El gobernador republicano de Florida pondrá fin a un programa de Trump para aumentar los beneficios de desempleo para los estadounidenses desempleados porque el programa básico de desempleo del estado es demasiado pobre para continuar cumpliendo los requisitos para la ayuda federal, informa Politico.  
El gobernador Ron DeSantis, un aliado del presidente Donald Trump, está eliminando los $300 adicionales en beneficios semanales porque el estado paga a sus trabajadores desempleados muy poco para cumplir con el requisito de contrapartida del 25 por ciento. Florida parece ser el primer estado de la nación en detener el programa debido a su costo. 
La medida se produce ocho semanas antes del día de las elecciones, y Trump cuenta con su estado natal adoptivo para ganar un segundo mandato. Si Trump pierde Florida, su camino hacia la reelección podría ser difícil o imposible. 
Los legisladores estatales republicanos y demócratas se sorprendieron por la decisión de DeSantis, que se reveló sin fanfarria el lunes por la noche. Cientos de miles de residentes desempleados siguen necesitando desesperadamente ayuda financiera debido a la pandemia del coronavirus y el consiguiente cierre económico, y más de 3 millones de personas en Florida han solicitado alguna forma de ayuda estatal o federal por desempleo desde mediados de marzo. 
“Es desconcertante”, dijo la senadora estatal Annette Taddeo, demócrata por Miami. “Estás dejando el dinero sobre la mesa. Para las personas que afirman que tenemos que poner en marcha la economía, ¿adivinen qué? Una forma de impulsar la economía es asegurarse de que las personas tengan comida en la mesa y puedan pagar el alquiler”. 
Fred Piccolo, portavoz de DeSantis, no dio una explicación de por qué Florida estaba cerrando el programa, pero un funcionario de la administración reconoció que el costo estaba detrás de la decisión. La portavoz del Departamento de Oportunidades Económicas, Tiffany Vause, no respondió a preguntas detalladas sobre el programa. 
DeSantis presagió la semana pasada el anuncio, diciendo que Florida carecía de la “capacidad” para aceptar los pagos de $300 del gobierno federal. El programa Trump requiere que los estados gasten al menos $100 por persona a la semana en sus propios beneficios por desempleo para poder recibir los $300. Pero Florida, que tiene uno de los programas de desempleo más débiles del país, gasta muy poco para alcanzar ese umbral. 
Los pagos semanales de Florida alcanzan un máximo de $275, entre los más bajos de la nación, pero algunas personas cobran mucho menos. El estado tendría que aumentar sus pagos de beneficios para cumplir con los requisitos federales de contrapartida. 
El costo de lograr otras dos semanas de pagos podría costarle a Florida hasta $200 millones, según un senador estatal. 
El Congreso, como parte de la Ley CARES aprobada a principios de este año, proporcionó $600 adicionales a la semana para beneficios de desempleo para ayudar a las personas que quedaron sin trabajo por la pandemia. Cuando esa ayuda expiró y el Congreso no la extendió, Trump permitió en agosto que los estados recurrieran a fondos de ayuda para desastres para aumentar temporalmente los beneficios por desempleo. 
DeSantis anunció el mes pasado que Florida ofrecería los $300 adicionales a la semana, lo que fue posible gracias a la orden ejecutiva de Trump. 
Los floridanos han cobrado sus primeras tres semanas de ayuda, conocida como “asistencia por pérdida de salario”, y esta semana se realizó una cuarta ronda de pagos. 
Pero en una breve declaración el lunes por la noche, el Departamento de Oportunidades Económicas de Florida anunció que el pago de esta semana sería el último del programa. 
Trump inicialmente sugirió que los estados podrían usar el dinero no gastado de la Ley CARES para cumplir con los $100. Pero DeSantis planea usar los casi $6 mil millones enviados a Florida por el Congreso para pagar la respuesta estatal al coronavirus y cerrar algunas brechas en el presupuesto. 
El senador estatal Jeff Brandes, un republicano de San Petersburgo que alentó a DeSantis a aceptar la ayuda federal adicional por desempleo, dijo que el gobernador debería aprovechar las reservas de emergencia del estado para obtener la parte correspondiente de Florida. 
“Se limita a poner manos a la obra”, dijo Brandes. “Deberíamos estar afilando el lápiz”.  
A Florida le quedan aproximadamente $1,34 mil millones en su fondo fiduciario de desempleo, que se usa para pagar beneficios estatales, y la cantidad de trabajadores desempleados que reciben ayuda se está reduciendo porque el estado limita los pagos a 12 semanas. Solo alrededor de 368.000 personas están recibiendo beneficios de desempleo respaldados por el estado, frente a los 2,15 millones de personas en el pico. 
Los demócratas pidieron este año a DeSantis que aumentara el monto de los pagos semanales por desempleo y extendiera la cantidad de semanas que la gente podría cobrarlos, pero el gobernador ha dicho que carece de autoridad para alterar el programa. Por su parte, los líderes legislativos republicanos han rechazado los pedidos de los demócratas de celebrar una sesión especial para abordar los problemas presupuestarios que se avecinan en Florida. 
El senador estatal José Javier Rodríguez, un demócrata de Miami, dijo que otros estados obtendrían dólares de los impuestos federales debido a que Florida es “increíblemente barata”. 
“La idea de que no podemos identificar una fuente de dinero para reducir un margen de tres a uno es simplemente obscena”, dijo Rodríguez.

sábado, 12 de septiembre de 2020

Las teorías conspirativas en las urnas



Facebook ha cerrado sus servicios a gran número de miembros de QAnon, y aunque la medida tiene mucho de justificación corporativa, también ilustra la gravedad que ha alcanzado la divulgación de teorías conspirativas de cara a las elecciones presidenciales.
El pasado miércoles, Facebook anunció que había eliminado 790 grupos QAnon de su sitio y restringía otros 1,950 grupos, 440 páginas y más de 10,000 cuentas de Instagram relacionadas con esa teoría conspirativa de la extrema derecha.
¿Qué es QAnon?
El 28 de octubre de 2017, un usuario anónimo ahora ampliamente conocido como “Q” aparece en las redes sociales. Q predijo el arresto inminente de Hillary Clinton y un levantamiento violento en todo el país.
Aunque ambos hechos no se produjeron, QAnon pasó a estar asociado a lo que desde la pasada elección presidencial se conoce como Pizzagate: la afirmación sin fundamento de una red de pedófilos, entre ellos asociados de Hillary Clinton, que llevaban a cabo sus actividades en el sótano de una pizzería en Washington, DC. Además dichos individuos traficaban con sangre de niños.
Aquello desembocó en un hecho que por suerte tuvo más de esperpento que de tragedia: un hombre armado se presentó en la pizzería para “hacer una investigación por su cuenta”. Luego de tres disparos y no encontrar el sótano maldito (ni sótano alguno: en realidad la pizzería no lo tenía), se entregó a la policía.
Sin embargo, los miembros de QAnon persistieron en sus afirmaciones sin pruebas de la existencia de una conspiración dentro del propio gobierno, dirigida contra el presidente Donald Trump, sus partidarios y los miembros cercanos de su gabinete. Estas acusaciones —por lo general escritas en un lenguaje en que se insinúa el conocimiento de información de inteligencia— no solo han persistido sino que han cobrado fuerza. Las actividades de QAnon en las redes sociales, sea con publicaciones, comentarios o señalamientos, han crecido entre un 200 y un 300 por ciento en los últimos seis meses, según datos recopilados por The New York Times.
QAnon tipifica la atracción que existe en la actual sociedad estadounidense hacia las teorías conspirativas. Pero va más allá, al agrupar a un grupo disperso, que con sus teléfonos y computadoras personales intercambian rumores y teorías sin fundamento. Es un movimiento unido en el rechazo masivo de la razón, la objetividad y otros valores que caracterizaron la época de la Ilustración y dieron fundamento a la sociedad democrática.
Con QAnon asistimos al nacimiento de un culto, donde la paranoia es utilizada para fomentar una fervorosa esperanza solo hacia sus ideas, lo que otorga a los participantes un profundo sentido de pertenencia. Con fanfarria y entusiasmo, sus miembros recorren un camino entre la irreverencia y la sumisión. 
Lo grave de ello es que, más allá del gusto conspirativo que podía canalizarse con el disfrute de una película o una serie, su discurso por momentos agresivo, a veces bélico y fatalista —así como la tenencia de armas de asalto y la declaración de una disposición a usarlas—, constituye una amenaza para la democracia.
A ello se añade la entrada de la comunidad QAnon en la campaña electoral. Desde los participantes con camisetas, pancartas y distintos alegóricos en los actos de campaña de Trump, hasta la cifra de 76 aspirantes y candidatos legislativos —pasados y vigentes— que han exhibido  mensajes o se han mostrado favorables a dichas teorías conspirativas.
De ellos, 71 son republicanos, dos demócratas, uno libertario y dos independientes, de acuerdo a la última actualización en Media Matters for America, un sitio de análisis no lucrativo de tendencia progresista.
En términos conspirativos —difícil eludir el contagio—, la trama llega hasta la Casa Blanca. A finales del año pasado, Trump había retuiteado cuentas a menudo centradas en teorías de conspiración, incluidas las de QAnon, en al menos 145 ocasiones, según The New York Times.
Aunque muchos seguidores de QAnon se mueven muchas veces en una realidad alternativa —como en la serie de The Matrix—, la política tiene fronteras estrechas. Y en la lucha electoral cotidiana, algunos políticos se pueden servir de las teorías conspirativas como instrumentos de seducción. Pero a quienes se aferran a ellas solo les quedan dos destinos: el de manipulador o manipulado.

Hacia la estación autoritaria


El principal problema que enfrenta la sociedad estadounidense en estos momentos no es solo la presidencia de Donald Trump. Es la posibilidad de que se produzca una baja participación en las urnas.
Si ello ocurre, el camino quedará abierto para la consolidación de un gobierno populista autoritario, similar o peor al que existe con Ley y Justicia en Polonia o con  Viktor Orbán en Hungría.
Aquí ni siquiera hace falta un nombre nuevo de partido, porque el republicano  ha dejado de funcionar como la organización conservadora que requiere la nación, para convertirse en un culto trumpista. 
Para enfrentar al populismo de extrema derecha hay que establecer claramente una plataforma política de cara al futuro; definir el sistema económico a construir o mejorar y trazar la mejor vía de lidiar con la demagogia y el engaño de los políticos.
En estos tres frentes, la boleta de Joe Biden y Kamala Harris nos ofrece poco en que apoyarnos, al punto de dar la impresión que lo apuesta todo en el rechazo a Trump. Condición necesaria, ¿pero suficiente? 
El argumento de la vuelta a la normalidad —válido en su enunciado— y la aceptación más que implícita de que una presidencia de Biden abarcaría un solo mandato y tendría un carácter transicional no alcanzan para alimentar un poderoso entusiasmo. Y una victoria demócrata solo sería posible con un carácter contundente, arrollador. Lo demás es arriesgarse a un largo litigio y las trampas consecuentes, un peligro acrecentado con la presencia de un colaboracionista como el secretario de Justicia.
Los fundamentos de una plataforma política, más allá de los documentos de rigor, han quedado desplazados por la necesidad de respuesta ante un presidente que provoca a diario con nuevas mentiras y reiterados disparates. Si bien dichas respuestas son necesarias, trascenderse es fundamental para no quedar limitado a una caja de resonancia antitrumpista.
La respuesta al imperativo de modificar o mejorar el sistema económico debe trascender la dicotomía capitalismo-socialismo, porque esta resulta obsoleta. El llamado comunismo —o socialismo en su acepción soviética, cubana o asiática— no cabe en la discusión, porque en todas estas variantes demostraron su ineficiencia. Además, con la limitada cultura política del electorado estadounidense, de momento el único fin que sirve la palabra socialismo es introducir más confusión y miedo. 
Queda una adecuación de un capitalismo acorde a los avances tecnológicos, el internet y el mundo globalizado —una palabra que tanto los trumpistas como la militancia izquierdista de antaño detestan— y la base de ello es el facilitar la educación de niveles académicos elevados. Algo que, en lo planteado hasta ahora por Biden, resume buenas intenciones pero carece de una propuesta o plan amplio y priorizado.
Combatir la demagogia es el aspecto más difícil. La buena noticia es que en la democracia un demagogo termina por caer. Basta recordar al demócrata Huey Long y al republicano Joseph McCarthy. Pero quizá el primero no sea un buen ejemplo por las circunstancias de su final y el segundo fue solo un senador. ¿Y cuando el demagogo cuenta con el poder y el tiempo necesarios para poner en peligro la democracia? Aquí radica el peligro de la reelección de Trump.
En mayo de 1989, Donald Trump compró una página entera en los principales diarios neoyorquinos para publicar un texto titulado “Recuperar la pena de muerte. ¡Traigan a nuestra policía!”, en donde justificaba la violencia policial como necesaria para preservar la “vida como nosotros la conocemos”.
El alegato era en favor de una condena máxima y rápida contra los supuestos culpables de la violación y golpiza a una mujer blanca que corría por el Parque Central de Nueva York. A consecuencia del asalto, la víctima de 28 años quedó en coma y no recordaba lo ocurrido, pero sobrevivió. Cinco jóvenes —cuatro de la raza negra y otro latino— fueron acusados y condenados injustamente por el delito. En 2002, tras permanecer en prisión y en centros de detención juvenil, fueron exonerados por completo.
Esa ansia por volver al pasado —a la “vida como nosotros la conocemos”— ha determinado la presidencia de Donald Trump, donde no es difícil determinar a qué clase de “vida” se refiere y quiénes somos “nosotros”. Un mundo de exclusión y juicios falsos que busca perpetuar. 

lunes, 17 de agosto de 2020

Como Biden quiere cambiar a EEUU

Cuando lanzó su precandidatura a la presidencia de Estados Unidos en abril de 2019, el demócrata Joe Biden declaró que representaba dos cosas: a los trabajadores que “construyeron este país” y a los valores que pueden unificar las grietas que actualmente dividen a Estados Unidos, informa la BBC.

Muchísimo ha pasado desde entonces.

La pandemia de coronavirus, una crisis que desnudó el racismo en el país y lo que se perfila como una depresión económica histórica pusieron el año 2020 de cabeza y representan un enorme desafío para quien ocupe la Casa Blanca tras los comicios del 3 de noviembre.

Estos eventos han obligado a los candidatos a modificar algunas de sus propuestas, prioridades y estrategias.

Muchos analistas consideran que la decisión de Biden, de 77 años, de nombrar a la senadora por California Kamala Harris como su número dos —la primera mujer negra candidata a la vicepresidencia por el Partido Demócrata en la historia del país— forma parte de esos cambios.

Sin embargo, hay una cosa que no ha cambiado: la propuesta básica de Biden, que fuera vicepresidente de Barack Obama, sigue siendo reconstruir y restaurar lo que, a su entender, se ha perdido durante el gobierno actual.

Desde alianzas internacionales hasta el avance de la clase media, la protección ambiental y los derechos a la atención médica.

Biden pretende revocar muchas decisiones de Trump y afrontar nuevos desafíos para el país.

Con el comienzo el lunes de la Convención Nacional Demócrata, el evento de cuatro días al final del cual los delegados del Partido Demócrata formalizarán la candidatura de Biden y Harris, los corresponsales de la BBC analizan cuáles son las principales propuestas del rival de Trump.

Coronavirus: un programa nacional de prueba y rastreo

Para abordar el coronavirus —el desafío más inmediato y obvio que enfrenta EE.UU. hoy— Biden propone proporcionar pruebas gratuitas para todos y contratar a 100.000 personas para establecer un programa nacional de rastreo de contactos.

Dice que quiere establecer al menos diez centros de pruebas en cada estado y pedir a las agencias federales que desplieguen recursos y brinden una guía nacional más firme a través de expertos federales.

También cree que todos los gobernadores deberían exigir el uso de máscaras.

Salud: ampliación del Obamacare

Biden dice que ampliará el alcance de la Ley de Cuidado de Salud Accesible (ACA), más conocido como Obamacare, aprobado durante su gestión como vicepresidente y que Trump ha intentado derogar.

Su plan es asegurar a aproximadamente el 97% de los estadounidenses.

Aunque no llega a la propuesta de seguro médico universal, conocida como “Medicare para todos”, por la que abogan los miembros más progresistas de su partido, Biden promete dar a todos los estadounidenses la opción de inscribirse en una opción de seguro médico público similar a Medicare, que brinda beneficios médicos a los ancianos.

También promete reducir la edad de elegibilidad para Medicare, de 65 a 60 años.

Economía: aumentar el salario mínimo e invertir en energía verde

Biden quiere aumentar el salario mínimo a al menos $15 la hora, una medida que goza de popularidad entre los jóvenes y que se ha convertido en una especie de tótem del Partido Demócrata en 2020.

También propone poner fin al pago de salarios por debajo del mínimo para los trabajadores que reciben propinas.

Y ha dicho que revertirá los recortes de impuestos de la era Trump.

Medio ambiente: volver a unirse al Acuerdo Climático de París y pasar a usar energía verde para 2050

Biden ha prometido que si gana, volverá a sumar a EEUU al acuerdo de París, del que se retiró con Trump.

Se ha comprometido a alcanzar una “economía de energía limpia” al 100% para 2050 y ha descrito el cambio climático como “el desafío que definirá el futuro de nuestro país”.

Industria: priorizar la producción nacional

El plan “Reconstruir mejor” de Biden propone que el gobierno federal invierta $700.000 millones en materiales, servicios, investigación y tecnología fabricados en EEUU.

La propuesta también apunta al fortalecimiento de las llamadas leyes “Compre productos estadounidenses”, que incluyen ajustar la definición de lo que es considerado un bien de producción nacional.

Política exterior: reparar la reputación del país (y quizás enfrentar a China)

La política de Biden se centra en una noción de “política exterior para la clase media”, así como en la promesa de reparar las relaciones con los tradicionales aliados del país que Trump socavó, en particular con la OTAN.

Biden también ha dicho que China debería rendir cuentas por prácticas injustas, pero en lugar de imponer aranceles unilaterales ha propuesto formar una coalición internacional con otras democracias que China “no puede permitirse ignorar”.

Educación: preescolar universal y expandir la educación universitaria gratuita

En un giro notable hacia la izquierda, Biden ha respaldado varias grandes políticas educativas que se han vuelto populares dentro del partido: condonación de la deuda de préstamos estudiantiles, expansión de universidades gratuitas y acceso preescolar universal.

Estos se pagarían con el dinero recuperado de la retirada de los recortes de impuestos de la era Trump.

Control de armas: un cambio radical de las políticas actuales para frenar la violencia armada

La campaña de Biden llama a la violencia armada “una pandemia de salud pública”.

Si gana, el candidato ha prometido más de dos decenas de cambios en las políticas estadounidenses de control de armas.

Biden dice que prohibirá la fabricación y venta de armas de asalto y cargadores de alta capacidad y exigirá verificaciones de antecedentes para todos los compradores de armas.

También pondrá fin a la venta en línea de armas de fuego y municiones, e incentivará a los estados a invocar leyes de alerta que permitan a la policía confiscar armas temporalmente a personas consideradas

peligrosas.

Inmigración: marcha atrás a las políticas de Trump

Si es elegido, Biden dice que buscará inmediatamente deshacer las políticas de inmigración de la era Trump.

En sus primeros 100 días en el cargo, promete revertir las políticas que separan a los padres de sus hijos en la frontera, rescindir los límites a las solicitudes de los solicitantes de asilo y poner fin a las prohibiciones de viaje a varios países de mayoría musulmana.

También promete proteger a los “Dreamers”.

Justicia: reforma del sistema penal, marihuana legal y no más pena de muerte

Biden ha propuesto una serie de políticas para reducir el encarcelamiento, abordar las disparidades por raza, género e ingresos en el sistema judicial y rehabilitar a los prisioneros liberados.

Si es elegido, Biden dice que eliminaría las sentencias mínimas obligatorias, despenalizaría la marihuana y eliminaría las condenas anteriores por cannabis, y que pondría fin a la pena de muerte.

Sin embargo, ha rechazado las llamadas para retirar fondos a la policía. Ha dicho que algunos de esos fondos deberían ser redirigidos a los servicios sociales, como los de salud mental, pero hasta ahora ha eludido los planes para “desfinanciar” a la policía, en el ojo del huracán por acciones de brutalidad como la que llevó a la reciente muerte del afroestadounidense George Floyd.

En cambio, su plataforma aboga por una inversión de $300 millones en un programa de policía comunitaria y promete expandir el poder del Departamento de Justicia para abordar la mala conducta sistémica en los departamentos de policía.

Vivaldi y Carlos VI

En septiembre de 1728, Vivaldi mantuvo un encuentro con Carlos VI en Trieste.  De la reunión hay el testimonio de dos cartas de un abate veneciano a una dama francesa. 
“El emperador ha dedicado mucho tiempo a discutir de música con Vivaldi. Se dice que él ha hablado [con el compositor] más en dos semanas que lo que ha hecho en dos años con sus propios ministros”, escribió el religioso.
Como su abuelo Fernando II y su padre, Leopoldo I, Carlos VI no solo era capaz de componer —principalmente música religiosa— sino de dirigir una ópera de Fux. Eso, por supuesto, no le impidió estar empeñado en guerras constantes, como era común en la época.
Por su parte, Vivaldi buscaba una posición como compositor y ejecutante en Viena, y no recibió ninguna de las dos, por lo que no hay que confiar mucho en la comprensión y los gustos de los monarcas.
Dejando a un lado la segura benignidad de los cortesanos —incluidos los músicos de la corte— hacia las habilidades musicales del monarca, queda siempre su interés musical.
Imaginemos por un momento un encuentro similar en la actualidad. Pensar en una reunión de este tipo con Trump es demasiado cruel. Busquémoslo en España, en Francia, en Gran Bretaña, en Holanda. Busquemos más, sin esperanza.
Uno, a veces, no puede —¿o no quiere?— evitar ser reaccionario.

domingo, 16 de agosto de 2020

«Seberg»

Como película, Seberg no se destaca salvo por Kristen Stewart. Como filme político, deja cabos sueltos, mucho sin mencionar y carece de profundidad, lo que es típico en cintas de este tipo. 
Pero el programa COINTELPRO existió y muchos de sus documentos son ahora públicos. Una institución policial de Estados Unidos llevó a cabo una campaña de desprestigio y calumnia contra una artista estadounidense por sus simpatías políticas y por sus donaciones al controversial movimiento de las “Panteras Negras”. A lo que se debe añadir que en general el Black Power merece la crítica y la condena por algunas de sus ramas y participantes (la armada y terrorista), sin que por ello se eluda las características de la sociedad norteamericana que llevaron a su existencia (en ese eludir en situar la realidad del momento se lamenta la ausencia de al menos una línea que señale que Hakim Jamal fue asesinado por miembros del Black Power, al final de la película antes de los créditos, mientras se escucha  a Nina Simone cantando Just Like Tom Thumb's Blues de Bob Dylan).
Sin embargo, lo que preocupa y alarma es que esas tácticas de difamación, intimidación y calumnia no terminaron con el final de la era de Hoover en el FBI. Lo que es peor, ahora están más extendidas que nunca en la política y en toda la sociedad estadounidense. Con impudicia e impunidad el presidente Donald Trump las emplea a diario, y sus partidarios las repiten y se alimentan de ella. Todo para recordarnos que en lo social y político este país avanza y retrocede con una frecuencia exasperante.

domingo, 2 de agosto de 2020

¿Cuál de las tres?


Tres son las más fuertes candidatas a formar parte de la boleta demócrata como el vicepresidente nominado por Biden: Kamala Harris, Val Demings y Susan Rice.
Aunque la senadora Harris parece la candidata ideal, tengo dudas de que Biden la elija. Aquí entran a jugar las personalidades de ambos y el hecho de que el exvicepresidente no debe sentirse muy complacido a incluir en el ticket a alguien que, desde el primer día en la Casa Blanca, inicie sus pasos para una posible elección futura a la presidencia.
La representante Demings cuenta a su favor con el hecho de haber sido jefe del departamento de policía de Orlando antes de ser elegida a la Cámara y el potencial de ayudar a ganar el estado de Florida (Harris también tiene experiencia en el terreno legal). Sin embargo, no resulta decisivo el nombramiento de un vice para ganar un estado. De hecho, por lo general el votante se fija en quien encabeza la boleta y no el segundo nombre, aunque debido a las características de Biden y de este año electoral, ello puede cambiar.
En cuanto a experiencia en el campo internacional participación en las administraciones de Clinton y Obama, Rice es la candidata con mayor puntaje. Aunque su nominación les serviría a los republicanos para volver al tema de Benghazi y avivaría el siempre presente conflicto ideológico sobre la posición de Estados Unidos con respecto a Israel e Irán. Quizá sería la nominada con mayores posibilidades de ofrecer ”municiones” a trumpistas y republicanos en la contienda ideológica. Rice cuenta además con simpatía de Obama y las suficientes credenciales “liberales” para atraer a los votantes más progresistas. Tendría el apoyo de buena parte de la comunidad LGBT, ecologistas y partidarios de una posición más negociadora de EEUU en el terreno internacional y menos belicistas. Más de cooperación y menos de aislamiento.
De las tres, creo que es la más capacitada, aunque quizá Biden mire más a la situación nacional, se decida por Demings y deje todo el tema de política internacional a decidirlo en base a su propia experiencia y conocimiento. Si un candidato presidencial busca en su compañero de boleto lo que él carece o tiene en falta, no necesita tanto a Rice y sí a Demings para contar con el voto de los electores de la raza negra de manera decisiva.
Solo que —¿lo olvidaba?—, yo no soy Biden.
De izquierda a derecha; Kamala Harris, Val Demings, Susan Rice.

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...