martes, 23 de febrero de 2021

Multa de $456.000 a Rivera. Pero, ¿la pagará?


El exrepresentante David Rivera, un republicano de Florida que se ha visto sumido en escándalos y demandas durante la última década, recibió el martes una multa de 456.000 dólares a la Comisión Electoral Federal (FEC), escribe Kelly Hooper en Politico.
La FEC alegó en una demanda civil que Rivera llevó a cabo en secreto un plan durante una primaria del Congreso de 2012, para financiar la campaña del candidato demócrata Justin Lamar Sternad, en un esfuerzo por debilitar la campaña del oponente Joe García.
El tribunal federal para el Distrito Sur de Florida aceptó la decisión a favor de Rivera, de desestimar la denuncia inicial de la FEC en su contra en 2017, citando un fallo de la corte de Utah que la FEC se había excedido. La agencia presentó una demanda enmendada en 2019, que Rivera nuevamente intentó desestimar, pero esta vez el tribunal se puso del lado de la FEC y la demanda avanzó.
La FEC acusó a Rivera en la denuncia de haber hecho aproximadamente $55.000 en contribuciones de campaña en nombre de otro. Rivera ha continuado negando cualquier irregularidad.
El martes, el tribunal aceptó la moción de la FEC para un juicio sumario, declarando en una orden que “la evidencia del expediente claramente pinta una imagen que muestra que Rivera participó en un plan para financiar ilegalmente la campaña de Sternad”.
“Y el escrito de oposición de Rivera no refuta y ni siquiera aborda gran parte de esa evidencia”, dice la orden.
La FEC solicitó una multa civil de $456.000, que la corte otorgó.
Esta no fue la primera ocasión en que Rivera, quien representó al Distrito 25 del Congreso de Florida desde enero de 2011 hasta enero de 2013, fuera objeto de escrutinio legal. También estuvo bajo investigación federal en 2011 por su participación en un contrato secreto de consultoría, que un casino llevó a cabo con una empresa de marketing que figuraba a nombre de su madre, pero el caso no llegó a ninguna parte.
En otro caso, la oficina del fiscal estatal de Miami-Dade se había estado preparando para buscar enjuiciar a Rivera en una acusación formal de 52 cargos alegando robo, lavado de dinero y crimen organizado derivado de su uso de dinero público y contribuciones en efectivo de comités que utilizó con fines políticos, pero los abogados de Rivera persuadieron a la fiscalía de que abandonara el intento.
Rivera perdió una batalla judicial en 2016 con respecto a sus finanzas como legislador estatal, por lo que resultaría multado con $58.000. Sin embargo, no tuvo que pagar porque ya no era miembro de la Cámara de Florida, que habría tenido que hacer cumplir la multa.

sábado, 20 de febrero de 2021

El primer libro de cocina de Cuba


En 1856 el escritor gaditano Eugenio Coloma y Garcés publicó el recetario más antiguo de la isla caribeña, en el que incluyó numerosos platos típicos del país, escribe Ana Vega Pérez de Arlucea en el Diario Vasco.
Eugenio Coloma y Garcés, editor, escritor y agrónomo español, nacido en el Puerto de Santa María (Cádiz) en torno a 1812, era hijo de un cántabro —Pedro Coloma Partearroyo– y una portuense –María de la Paz Garcés y Muñoz— con estrechos vínculos comerciales en Cuba. 
Su padre había residido varios años en la isla y allí también se fueron siendo jóvenes Eugenio y su hermano Ramón a completar su formación y buscar nuevos horizontes. 
Ramón Coloma Garcés volvería luego a España y acabaría siendo, además de destacado médico en Jerez de la Frontera, padre del jesuita Luis Coloma, autor del cuento del Ratoncito Pérez.
Eugenio Colom se quedaría para siempre en La Habana, ciudad en la que se especializó en agricultura y donde publicó numerosas obras dedicadas al tema, como Manual del Hacendado y Labrador o sea cartilla agrícola cubana (1861), Catecismo de agricultura cubana (1863) y Almanaque perpetuo de agricultura cubana (1864). Tuvo tiempo también de dedicar otras obras a la jardinería, la economía doméstica y la contabilidad.
En 1856 Eugenio Coloma publicó bajo las siglas «E. de C. y G.» el Manual del cocinero cubano, repertorio según su portada «completo y escogido de los mejores tratados modernos del arte de cocina española, americana, francesa, inglesa, italiana y turca, arreglado al uso, costumbres y temperamento de la Isla de Cuba».
Sus 337 páginas y 728 recetas están dedicadas en su mayor parte a la gastronomía cubana. 
Por entonces la cocina cubana estaba no sólo ya completamente diferenciada de la española, sino que era apreciada por todos los estamentos sociales de la isla. Tanto esclavos como agricultores, comerciantes o potentados compartían una misma base culinaria que, aunque diferenciada en calidad y cantidad, llenaba las mesas de ricos y pobres por igual de arroz blanco, frijoles, ajiaco y tasajo. En las mansiones criollas estos platos típicos se comían en la intimidad, reservando las recetas españolas y europeas para cuando venían invitados.
Eugenio Coloma y Garcés fue el primero en editar un libro de cocina en Cuba y también pionero a la hora de considerar la gastronomía local un signo de identidad que debía ser estimado y divulgado con orgullo. 
«Convencido de que uno de los goces de esta miserable vida es la gastronomía», decía en el prólogo de su libro, «¿qué placer más grato hay que se presente tan halagüeño a la imaginación como al gusto, que una mesa en que además de reinar el buen orden y el aseo, se halle cubierta de manjares con vista, aroma y sabor deliciosos? No creo, querido lector, haya alguno que comparativamente pueda exceder a tan sublime goce, no digo de los gastrónomos que por su delicado gusto saben apreciar su mérito, sino aun de aquellos que, atormentados cruelmente y extenuados por la inapetencia, ven el puerto de su salvación en este arte encantador».
 El Manual del cocinero cubano se vendía como una recopilación de las mejores recetas extranjeras y nacionales, arreglada «al temperamento, naturaleza, usos y costumbres de este envidiable suelo cubano, puesto que si ellos escribieron para su país, nosotros escribimos para el nuestro». 
El Manual compila por primera vez los clásicos platos de la isla: mondongo criollo, criadillas a los Tierra-adentro, sopa habanera, olla cubana, col rellena criolla, ajiaco de monte, picadillo del país, puerco frito a lo habanero, arroz blanco criollo, plátanos fritos verdes, crema de guanábana, dulce de papayas y cajeta de piña cubana, entre otros.
El recetario tuvo tanto éxito que en 1857 salió una segunda edición, ya con el nombre completo de su autor, y en 1859 se lo copiaron casi entero bajo el título de El cocinero puerto-riqueño, que a su vez también se considera el primer libro de cocina publicado en Puerto Rico. Por lo tanto, Eugenio Coloma fue el padre de la literatura gastronómica en dos países.
Del Manual del Cocinero Cubano hay una edición de 2017 de la Editorial Oriente.

viernes, 19 de febrero de 2021

Cuba y las categorías caducas


¿Cuánto queda en pie en la actualidad de aquella división tradicional entre izquierda y derecha del siglo XX?, ¿existe un categoría, una forma de nombrar, que permita recurrir a la mención del fascismo y aplicarlo por igual a ambos extremos del pensamiento político?, ¿cuál sería el denominador común?, ¿el rechazo a la democracia parlamentaria?, ¿el recurrir a la violencia? Las preguntas se multiplican y por lo común el ejercicio periodístico no se detiene en la renovación de las caracterizaciones. Todo lo contrario: continúa apoyándose en ellas para ejercer su oficio con más facilidad y mayor ahorro de conceptos y palabras, uno de sus principios fundamentales.
La relatividad de ciertas categorías al uso, de las que nos cuesta trabajo desprendernos y que aun se repiten (en lo particular, desde ahora me declaro que no estoy libre de ese pecado), es un rasgo común en la prensa actual, con independencia de tendencias ideológicas, objetivos políticos y fines comerciales. Aquí entran de lleno conceptos —quizá sería mejor decir el continuar apelando a los términos— de “derecha” e “izquierda”.
Octavio Paz ya alertaba sobre ello en un artículo publicado en el número 168 de la  revista Vuelta, en noviembre de 1990, donde expresaba que si bien “las denominaciones ‘izquierda’, ‘derecha’ y otras semejantes no son confiables, sí lo son, en cambio, las actitudes, las ideas y las opiniones. Y más adelante agregaba: “¿Izquierda o derecha? Lo que cuenta no son las denominaciones sino las actitudes”.
Entre el discurso de Augusto Pinochet y el de Fidel Castro siempre hubo más de una similitud. En una entrevista aparecida en la revista The New Yorker, poco antes de su arresto en Inglaterra, el general chileno se atrevió a caracterizar al entonces gobernante cubano como un líder “nacionalista”, al que respetaba por la defensa firme de sus ideas. Castro siempre mostró su reserva durante el cautiverio de Pinochet, apelando al criterio de la territorialidad y advirtiendo que él nunca se dejaría capturar fácilmente.
Se ha avanzado en la denuncia de las violaciones a las libertades individuales, por encima de los criterios partidistas. Pero aún queda aún mucho por hacer. Perseguir y torturar a un ser humano por sus ideas merece la repulsa internacional.
Parece casi imposible que se pueda “limpiar” toda denuncia de maltratos de la carga ideológica. Algunas organizaciones, como Amnistía Internacional, lo logran. Pero no son pocas las víctimas y sus defensores que con todo derecho exigen el castigo de sus torturadores, mientras injustamente miran para otro lado cuando se trata de condenar a otros.
No hay terrorismo bueno y terrorismo malo. No se justifica ningún Estado policial. El gobierno de Nicolás Maduro merece la condena internacional a la cual se niegan los gobiernos que representan una supuesta “izquierda” latinoamericana, que se proclama radical y antiimperialista, cuando no ha sido más que corrupta y déspota. Igual ocurre en el caso del régimen de La Habana.
¿Hay un anticastrismo o varios? Uno solo si la respuesta se limita a una definición esencial: la oposición al régimen de los hermanos Castro. Muchos, cuando tras esa pauta se tiende a establecer una agenda única o fijar una forma de pensar, actuar o sentir que responde a un conjunto de patrones —más o menos conocidos, mejor o peor definidos, pero de exigido cumplimiento—, que convierten a una posición, o mejor una actitud ante un hecho político, en un dogma. Entonces se pasa al fanatismo. O a lo que es incluso peor: la adopción de un canon por conveniencia.
Eso en Cuba se llama oportunismo, pero la palabra ha perdido significado en el exilio y es quizá más preciso decir que se adopta una forma de pasividad, complacencia o incluso complicidad ante el charlatán de turno, el demagogo de esquina o el líder improvisado. Todo con tal de no buscarse problemas.
Quizá la clave del problema radica en esa tendencia a los extremos que aún domina tanto en Cuba como en el exilio, donde en ocasiones falta o es muy tenue la línea que va del castrismo al anticastrismo —no en cuanto a definición sino como formas de enfrentamiento o actitud ante la posición contraria o distinta—, palabras que por lo demás en muchos casos solo adquieren un valor circunstancial.
El problema con estos patrones de pensamiento es que resultan poco útiles a la hora de plantearse el futuro de Cuba.
Quienes nacimos en Cuba nos hemos destacado en agregar una nueva parcela al ejercicio estéril de ignorar el debate, gracias a practicar el expediente fácil de despreciar los valores ajenos. Aquí —quiere eso decir en cualquier lugar del mundo— y en la isla nos creemos dueños de la verdad absoluta. Practicamos el rechazo mutuo, como si solo supiéramos mirarnos al espejo y vanagloriarnos.
En muchas ocasiones, el encuentro de la diversidad de criterios ha quedado pospuesto. La apuesta reducida al todo o nada. Antes que discutir o aceptar diferencias, abogar por la uniformidad.
Establecer lo anterior como una situación en blanco y negro sería caer en el mismo pecado que se intenta rechazar. Basta citar un ejemplo: ni Miami es siempre tan intransigente como la pintan, ni en ocasiones tan tolerante como debiera. Olvidar que es una ciudad generosa con exiliados de los más diversos orígenes resulta una injusticia.
La causa de todo ello radica precisamente en la razón de origen. Empecinarse, exagerar e insistir son rasgos típicos del exiliado, escribe Edward W. Said, al caracterizar una condición de la que participaba.
Sin embargo, aunque no todos ”practican” el exilio con igual fuerza, ello no impide que se adopte un “código político”, y es aquí donde el anticastrismo es único, pero diverso a la vez.
Es por ello que en la actualidad, y en lo que respecta al caso cubano, se libran dos luchas simultáneas. Una contra el régimen castrista y otra contra el monopolio anticastrista. No son dos luchas iguales y no se intenta equipararlas. La primera está bien definida. La segunda es un debate entre la amplitud de criterios y el aferrarse a una estrategia caduca e irreal, y que por mucho tiempo y en Estados Unidos solo sirvió a fines electorales, no en suelo cubano sino en territorio estadounidense. 
Si obsoleto es el modelo político imperante en la Isla, igual resultan las ideas de los anticastristas de café de esquina. La ceguera política —una terquedad sin tregua de mantener al día la industria de la glorificación del pasado republicano— alimenta a unos cuantos y proporciona alivio emocional a quienes se niegan a escuchar y ver un mundo que ya no les pertenece, del que han quedado fuera por soberbia y desprecio.
Los que solo se preocupan por echar a un lado las opiniones contrarias y mirar hacia otro lado, frente a una nación que lleva años transformándose para bien y para mal, no tienen grandes dificultades a la hora de mantenerse encerrados en sus puntos de vista. Este atrincheramiento se justifica en frustraciones y años de espera, pero ha contribuido a brindar una imagen que no se corresponde con la Cuba actual.
En un intercambio de recriminaciones y miradas estereotipadas, en muchos casos la prensa norteamericana solo ha querido mostrar las situaciones extremas y destacar las acciones de los personajes más alejados de los valores ciudadanos de este país. Al mismo tiempo, los exiliados han observado esa visión con ira y rechazo, pero también con un sentimiento de reafirmación.
De esta forma, ser de izquierda se ha identificado con una posición de apoyo al régimen imperante en Cuba, mientras que los derechistas han disfrutado de las “ventajas” de verse libres de dicha sospecha. Cabe afirmar que a esta visión han contribuido, en primer lugar, los miles de izquierdistas, latinoamericanos y estadounidenses, que han preferido mirar hacia otra parte frente a las injusticias y los abusos a los derechos humanos y ciudadanos llevados a cabos por el castrismo. 
El problema con estos patrones de pensamiento es lo limitado de su alcance. Se trata de dejar a un lado una belicosidad de retreta, sin barricadas a la vista, para avanzar hacia una mayor relación ciudadana entre quienes viven aquí y allá. El abandono, en resumidas cuentas, de un anticastrismo parlanchín.

jueves, 18 de febrero de 2021

Por una opinión moderada sobre Cuba


Dos son las actitudes que parecen determinar la conducta de quienes están al frente del gobierno cubano. Una es un afán desenfrenado en ganar tiempo, para mantenerse en el poder por lo que les queda de vida. La otra refleja un gran temor de mover lo mínimo, no vaya a ser que se tambalee todo. Una especie de efecto mariposa insular.
En la prensa oficial casi a diario aparecen declaraciones, informes y reportajes de actividades tendientes a impulsar el desarrollo económico del país. Pero tanto el limitado sector privado como el amplio sector de economía estatal están en manos de personas que conspiran contra ese desarrollo, por razones de supervivencia.
La fragilidad de un socialismo de mercado es que su sector privado, si bien en parte está regulado por la ley y la demanda, en igual o mayor medida obedece a un control burocrático. 
Al mismo tiempo, ese control burocrático decide, en la mayoría de los casos, a partir de factores extraeconómicos, políticos e ideológicos principalmente.
Hasta ahora los limitados cambios económicos no han contado con una mentalidad abierta al avance de la función privada en la esfera económica, más allá de una acción limitada y prácticamente de subsistencia.
Ello no ha impedido una ampliación de la iniciativa propia y el negocio familiar o con algunos empleado, pero sin superar la esfera en que se requieren mayores estímulos y la existencia de mecanismos tanto financieros como de estructura. Los acuerdos y medidas al respecto han sido de una limitación exasperante. No hay que hacerse muchas ilusiones de que ello cambio en un futuro cercano.
Si bien se han dado pasos en la forma no estatal de gestión en las actividades de gastronomía, servicios personales y técnicos, donde los precios estarán determinados por la ley de la oferta y la demanda, aún no se ha producido un viraje económico dentro de un sistema absolutamente centralizado y estatista al máximo..
Al ritmo que se conducen los cambios económicos en Cuba, serían necesarios unos doscientos años para llevar a cabo una renovación total, y en ese caso centrada solo a una mejora del nivel de vida de los ciudadanos. Así y todo, esta reforma estaría encerrada dentro de los parámetros dados por la necesidad inherente al gobierno de mantener la escasez y la corrupción como formas de control.
Todo esto ocurre mientas la represión a quienes buscan mayores espacios de libertad y cambios políticos se mantiene sin variaciones. 
Hacer un análisis de la situación en la isla inevitablemente lleva a un replanteamiento del papel del exilio, o resignarse a un aislamiento aún mayor.
Lo que podría ayudar al desarrollo de esas posiciones que apuestan por un cambio —que van desde lo que hasta cierto punto podría considerarse actitudes reformistas hasta la franca oposición pacífica— es el desarrollo de un discurso dentro del exilio que rechace la confrontación, sin por ello renunciar a la denuncia de los abusos a los derechos humanos.
Mejor que consagrar tanto tiempo a un supuesto discurso combativo que no logra nada, sería apropiado dedicar mayor atención al análisis específico de una evolución lenta pero continua.
Por supuesto que en tal discusión caben todas las posiciones —salvo las extremistas y los fanatismos de cualquier índole— y que la inclusión no implica aceptación incondicional.
Practicar la moderación y la cordura en nuestras discusiones políticas no nos libra del exilio. No contribuye al fin del gobierno imperante en Cuba o al mejoramiento de las condiciones en Cuba. Tampoco ayuda a la permanencia del régimen. Simplemente facilita el entendernos mejor.
Contra este ideal de entendimiento, hay en el exilio quienes a diario se declaran opositores del régimen cubano, pero manifiestan una actitud similar a la existente en La Habana: “con nosotros o contra nosotros”. Las opiniones e informaciones contrarias a sus puntos de vista son consideradas un ataque y no un criterio divergente.
Estas manifestaciones de intransigencia dentro de un sector del exilio reflejan el ideal totalitario. No se trata de rebatir una idea sino de suprimirla. Apelando al argumento del respeto a la comunidad, el “dolor del exilio” y la necesidad de no “hacerle el juego” a La Habana, algunos intentan imponer un código de lo que se debe o no se debe informar; la fotografía que se debe o no se debe colocar; lo que es correcto y no es correcto hacer; definir la estrategia a adoptar por Washington respecto a la relación con el gobierno cubano y excluir o santificar a priori cualquier opinión.
Es cierto que esa ha sido siempre la actitud proclamada y repetida con orgullo por el régimen de La Habana —y que cuesta trabajo decirle "gobierno" y no catalogarlo simplemente como "dictadura", que lo es—, pero a lo largo de tantos años la exaltación ha demostrado brindar pobres resultados. Tampoco hay que imitar al enemigo en sus tácticas y estrategias.
Nada de ello, por supuesto lleva a negarle a quien lo desee la práctica de una actitud "vertical", pero además de que esta "verticalidad" implica el compromiso de ser verdadera, hay que reconocer que en la actualidad no es compartida —y por motivos diversos— ni por la totalidad del exilio ni de la población residente en la isla.
El defender un modelo de justicia social —desaparecido en buena medida en Cuba—no implica el suscribir propuestas agotadas. Se puede estar a favor de la educación gratuita, servicios médicos a la población y renglones económicos de propiedad estatal sin tener que andar con las obras de Marx y Engels bajo el brazo. Y mucho menos tener que salvar a Lenin y echarle toda la culpa a Stalin.
En la isla se mantiene firme ese control rígido e inmovilismo ya mencionados, que hace que la realidad cubana continúe inculcando a sus ciudadanos la necesidad de dominar el arte de la paciencia. 
Ya es hora de sustituir el atrincheramiento en una actitud de todo o nada —que incluso desde el punto de vista ético puede resultar meritoria— por un aprovechamiento de las condiciones del momento. 

viernes, 29 de enero de 2021

Error en el blog de Silvio


Leo en Segunda Cita, el blog de Silvio Rodríguez, un texto de Ricardo J. Machado, la segunda parte de una entrega sobre las publicaciones El caimán Barbudo y Pensamiento Crítico, donde dice: “En Cuba casi nadie había leído los textos de Trotski. Solo había llegado la biografía de Isaac Deustcher [sic],  EL PROFETA DESARMADO. Este autor de origen polaco escribió un libro sobre Cuba titulado LOS GUERRILLEROS EN EL PODER. Entraron algunos ejemplares. Le dedicó un espacio a Pensamiento Critico y puso los nombres de todos nosotros”.
En realidad la biografía de Deutscher sobre Trotsky no se limita a ese tomo. Fueron tres tomos en total y en Cuba se publicaron por la Editorial Polémica, de distribución restringida.
Aunque Deutscher nació en Polonia, desarrolló su carrera en Gran Bretaña, pero este detalle, aunque importante, puede considerarse secundario a los efectos del texto. Lo grave es confundir a Deutscher con K. S. Karol, periodista francés de origen polaco, y autor de Los guerrilleros en el poder, libro del cual hay edición española (Seix Barral) y estadounidense (Hill & Wang), entre otras, y que por supuesto no se publicó en Cuba y tuvo una circulación más que restringida. Fidel Castro hizo una mención en un decurso a Karol y lo acusó de agente de la CIA.
Se trata de un error del autor y editor que resta seriedad al trabajo.
El blog de Silvio es interesante en ocasiones, pero fatiga un poco la cantidad de comentarios ditirámbicos.

miércoles, 27 de enero de 2021

Sobre lo ocurrido ante el Ministerio de Cultura en La Habana


Lo difícil a la hora de analizar una situación de este tipo es que entran en juego dinámicas caducas con situaciones creadas debido a la existencia de nuevos medios tecnológicos.

El gobierno cubano persiste en un empeño que trata de justificar con una retórica “revolucionaria” que ya no es siquiera añoranza sino burda justificación represiva. 

Por lo demás, a estas alturas el espectáculo de falta de control de las situaciones que están brindado las autoridades cubanas deben estar encendiendo botones de alarma en diversas cancillerías, en especial en la más conocido. 

Que un ministro le arrebate un teléfono o dé un manotazo a un periodista es algo realmente alarmante, además de bochornoso. No solo por el hecho en sí sino por la estupidez del gesto en una época en que todo se graba. Descontrol y miedo, no hay otra conclusión.

 El alboroto de quienes se manifiestan, se debe agregar, no deja de despertar inquietudes y preguntas sobre la interferencia desde el exterior. Poco ayuda en la búsqueda de libertades —de expresión y de todo tipo que se busca alcanzar con estos esfuerzos—, que reclamos justos encuentren cámaras de ecos en Miami y otros rincones del exilio, sea en organizaciones o políticos de turno.

Lo peor es la falta de conciencia —o de posibilidades o el simple temor—, por parte de los funcionarios cubanos, para enfrentar estos problemas de una manera más acorde con la situación actual. 

Lamentable la falta en esos funcionarios, no ya de audacia —que sería mucho pedir—, sino de cordura. 

¿Puede Biden retomar el acercamiento con Cuba?


La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca abre un nuevo escenario para las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, marcadas por la hostilidad y el incremento de las sanciones durante el mandato de Donald Trump, informa la agencia Efe. ¿Volverá el deshielo de la era Obama?
El efímero acercamiento se desvaneció en cuatro años al mismo ritmo al que llegaban más de 200 sanciones de Washington que han empujado al borde del abismo a una economía cubana ya exhausta, bajo el argumento del supuesto apoyo de Cuba a Nicolás Maduro en Venezuela y la falta de democracia en la isla.
Trump castigó el transporte, turismo y remesas, prohibió los negocios con una extensa “lista negra” de empresas vinculadas a los militares cubanos, paralizó los servicios consulares tras unos misteriosos problemas de salud sufridos por los diplomáticos de Estados Unidos y se despidió devolviendo a Cuba a la lista de patrocinadores del terrorismo, de la que salió en 2015.
Para muchos, fue una estrategia para ganar votos en Florida, epicentro del exilio cubano.
Biden vivió de cerca el “deshielo” como vicepresidente de Barack Obama y durante su campaña avanzó que retomaría el acercamiento anulando, al menos, las medidas que obstaculizan la relación de las familias de una y otra orilla.
Una firma
La pregunta es qué margen de maniobra tiene y hasta dónde llegará. Pero también cuán abierto está a un nuevo acercamiento el Gobierno cubano, que además de ser la parte agraviada cuenta con un sector duro históricamente más cómodo en un escenario de trinchera.
“Biden puede revertir de inmediato cada una de las sanciones de Trump usando sus poderes ejecutivos, porque fue así como se impusieron”, afirmó a Efe William LeoGrande, profesor de la Universidad Americana de Washington y autor de Diplomacia encubierta con Cuba: Historia de las negociaciones secretas entre Washington y La Habana.
La burocracia para sacar a Cuba de la lista de patrocinadores “puede llevar algunos meses”, pero no impide retirar las demás sanciones, aclaró.
“Los elementos para hacerlo están disponibles”, señaló el profesor Arturo López-Levy, de la Universidad Holy Names (California), citando aspectos como la devolución por Cuba de varios fugitivos de la justicia estadounidense incluso durante la administración Trump.
Ya hay voces que en EEUU piden al nuevo presidente que dé prioridad a Cuba, como el congresista demócrata Jim McGovern y organizaciones de peso en política exterior como la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) o el Centro para la Democracia en las Américas (CDA).
Estas publicaron una hoja de ruta para Biden en la que recuerdan que seis décadas de mano dura bloquearon asuntos de interés mutuo, dificultaron la vida de los cubanos y allanaron el terreno a la influencia de Rusia y China.
Como razones para acelerar el acercamiento citan la crisis en Venezuela —principal aliada de Cuba— y la celebración este año en EEUU de la IX Cumbre de las Américas, buen escenario para que los presidentes de ambos países dialoguen.
El tercer motivo es que hacerlo es, como explicó LeoGrande, relativamente fácil: con una sola firma Biden puede revertir las órdenes de Trump.
En ello coincide el analista y exembajador cubano ante la Unión Europea Carlos Alzugaray, quien cree que algunas sanciones “se irán rápido si no es necesario esperar” a que la isla salga de la lista de patrocinadores, aunque alertó de que los partidarios de mantenerlas, como el senador republicano Marco Rubio, alegarán que el objetivo eran los militares.
Apoyo internacional
El factor más convincente para que Biden tienda la mano es que esta política, según LeoGrande, no solo fue más efectiva, sino que la mayoría de los estadounidenses, empresarios —especialmente el sector agroalimentario— y aliados de Washington apoyan el entendimiento.
También hay temas en los que la colaboración bilateral es fundamental, como la lucha antidrogas, migración y la crisis venezolana, enumeró.
Alzugaray coincide y cree que la decisión “sería bienvenida por la mayoría de los aliados y países clave en la región como Argentina y México”.
Recuerda además que Obama trilló el camino cuando restableció relaciones diplomáticas, firmó 22 acuerdos aún vigentes y selló su legado con una directiva que puede restablecerse.
“Sería una clara señal con pequeño coste político de que Estados Unidos vuelve a las políticas de poder blando y abandona las coerciones de Trump”, sostuvo el exdiplomático.
Para López-Levy, Washington también lograría “mayor influencia en los procesos de reforma (económica) que tienen lugar en Cuba”.
Otros argumento, apoyado por los cubanoamericanos, es la necesidad de normalizar los servicios consulares para desbloquear acuerdos migratorios, visados y programas de reagrupación familiar.
La cooperación sanitaria para enfrentar la covid-19 sería asimismo un factor a favor, con el antecedente del trabajo conjunto en África contra el ébola, recuerda Alzugaray.
Votos en Florida 
Los factores en contra se resumen en las figuras —algunas poderosas— que se oponen sistemáticamente a un acercamiento mientras la isla no avance en democracia y derechos humanos, condiciones que “saben perfectamente que Cuba va a rechazar”, señaló LeoGrande.
Recordó que además algunos demócratas temen el coste electoral en Florida, donde Trump cosechó más votos cubanoamericanos en 2020 que en 2016.
“Los demócratas nunca superarán a los republicanos cuando se trata de mano dura hacia Cuba. En lugar de eso, deberían apelar al creciente segmento cubanoamericano que apoya la reconciliación”, consideró.
Alzugaray opinó igualmente que esa visión electoralista perjudica un acercamiento en el que Biden tendría que “invertir capital político para amortiguar las consecuencias con sectores de su partido como el senador por Nueva Jersey Bob Menéndez, y en algunos republicanos”.
Y “en el gran esquema de las cosas”, con los muchos frentes abiertos que tiene el nuevo gobernante, “quizás Cuba no sea prioritaria”, apuntó.
“Si lo hace por separado en un contexto en el que Estados Unidos sigue agobiado por la crisis de la pandemia, pudiera ser interpretado como falta de prioridades adecuadas”, advierte también López-Levy.
¿Qué dice Cuba?
Pese a la escalada de hostilidad, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ha reiterado que su país dialogará siempre y cuando Washington no espere concesiones políticas y la relación se base en intereses comunes.
Los últimos gestos, sin embargo, no van en esa dirección. La Habana aún no felicitó a Biden —al menos públicamente—, los cancilleres cubano y ruso hablaron por teléfono un día después de la toma de posesión del demócrata y la retórica de los medios estatales es poco amigable.
“Si no hay algún contacto secreto, muchas personas tienen la sensación de que la respuesta de Cuba es ambigua. Los medios asociados al Gobierno parecen estar sufriendo de shock traumático post Trump y no darle a Biden la acogida calurosa de otros países”, indicó Alzugaray.
En contraste, a la embajada cubana en Washington ha llegado estos días una nueva jefa de misión, Lianys Torres, diplomática cuya larga experiencia y buen talante han sido destacados por conocedores de la política de la isla.
El embargo eterno
Aunque los demócratas se han hecho con la Casa Blanca y las dos cámaras, las perspectivas de que Biden levante el embargo vigente desde 1962 y codificado en la Ley Helms-Burton (1996) parecen lejanas.
Biden, consideró LeoGrande, se jugaría mucho capital político en un asunto con oposición no solo republicana, sino de miembros de su propio partido como Menéndez o la congresista Debbie Wasserman-Schultz, entre otros.
“Derogarlo requeriría el voto de las dos terceras partes de ambas cámaras, es casi imposible”, coincide Alzugaray, quien sugiere que una alternativa que daría un “golpe letal” al embargo sería aprobar una ley que dé a los estadounidenses libertad de viaje a Cuba.
Según López-Levy, “lo lógico es que el presidente busque formas de dar licencias para agujerear el embargo, creando públicos interesados en su desmontaje que presionen al legislativo, como lo estaba haciendo Obama”. 

Confirman a Blinken como secretario de Estado


Los dos principales senadores que se destacan por su fuerte oposición al gobierno cubano no mostraron rechazo a la designación de Anthony John Blinken como secretario de Estado.
Los senadores Bob Menéndez (demócrata por New Jersey) y Marco Rubio (republicano por Florida) votaron a favor de Blinken, mientras el republicano Rick Scott (también por Florida) se opuso. 
De los otros votos favorables a Blinken, entre los senadores republicanos, destacaron los del líder de la minoría Mitch McConnell (Kentucky) y Lindsey Graham (Carolina del Sur).
Blinken, de 58 años, obtuvo la aprobación bipartidista en el Senado con una votación de 78-22.
Asesor del presidente Joe Biden desde hace mucho tiempo, Blinken es un firme defensor de recurrir a alianzas internacionales para promover los intereses de Estados Unidos. 
Su currículum incluye haber sido asesor adjunto de Seguridad Nacional y subsecretario de Estado durante la administración de Obama.
Blinken se convierte en el principal diplomático de EEUU en momentos en que la nación enfrenta retos en múltiples frentes, que incluyen una pandemia que ha matado a 2,1 millones de personas en todo el mundo y devastado las economías de diversos países, entre ellos EEUU; una China en ascenso y cada vez más agresiva; un Medio Oriente desgarrado por las tensiones entre Irán y sus vecinos; y un agotamiento creciente entre los estadounidenses con la guerra en Afganistán.
Se ha comprometido a hacer de la "humildad y confianza" las piedras angulares gemelas de su enfoque del trabajo, un reflejo de la visión del equipo de Biden sobre cómo Estados Unidos debería comportarse en un mundo donde Washington, D.C., no es el único centro de poder.
La audiencia de confirmación en el Senado trascurrió sin dificultades, con los legisladores republicanos expresando su satisfacción por la frecuencia con la que Blinken estuvo de acuerdo con ellos, a diferencia de los dos últimos procesos, por momentos tormentosos, en que se discutió y aprobó a los dos cancilleres del gobierno de Donald Trump.
Por ejemplo, Blinken dijo que el expresidente Donald Trump tenía razón al adoptar una postura más dura sobre China, aunque no estaba de acuerdo con algunas de las tácticas utilizadas por la administración anterior. 
También indicó que apoyaría el mantenimiento de algunas sanciones relacionadas con el terrorismo contra el gobierno liderado por islamistas en Irán, a pesar del objetivo de la administración Biden de volver a unirse al acuerdo nuclear con Irán, al que Trump renunció en 2018.
Aún así, algunos republicanos votaron en contra de Blinken. Entre ellos el senador Rand Paul (Kentucky), quien se quejó antes de la votación del martes sobre el apoyo pasado de Blinken a las intervenciones militares estadounidenses en lugares como Libia. Argumentó que Blinken no ha aprendido las lecciones del caos que ha seguido a tales intervenciones.
“Mi oposición al Sr. Blinken a ser secretario de Estado no se debe tanto a que me oponga a la administración. Es porque me opongo al consenso bipartidista para la guerra”, dijo Paul.
Blinken también recibió muchos elogios antes de la votación del Senado. Menéndez, el principal demócrata del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, dijo que Blinken era “reflexivo” y “capaz de lidiar con los problemas más complejos y desafiantes que enfrenta nuestro país, y comprometido con la participación del Congreso”.
Blinken ha enfatizado durante mucho tiempo la importancia de que Estados Unidos trabaje con aliados internacionales para promover sus intereses, incluso en el enfrentamiento con China. Ha criticado ferozmente a Trump y a los asesores del expresidente por perseguir enfoques más unilaterales hacia la diplomacia.
Al mismo tiempo, Blinken ha argumentado que Estados Unidos debería estar abierto a cooperar con adversarios como China y Rusia, especialmente en desafíos transnacionales como la pandemia de coronavirus y el cambio climático. 
En 2015, cuando era subsecretario de Estado bajo la Administración Obama, Blinken dijo en una entrevista para el diario español El País que el embargo contra el régimen cubano tenía buena intención pero que no resultaba eficaz.
En aquel entonces El País preguntó a Blinken, en vista de la exhortación de la Administración Obama al Congreso para que levante las sanciones, si el embargo había sido un error.
“El embargo tenía buena intención. Reflejaba el hecho de que el gobierno cubano en la época denegaba derechos básicos a sus ciudadanos y representaba una amenaza de seguridad con su alianza con la URSS. Pero no ha sido eficaz en lograr sus objetivos. Lo lógico es intentar algo diferente”, señaló entonces.
Aseguró que “abrir la relación es la mejor manera de alcanzar los objetivos que tenían aquellos que apoyaban el embargo”.
A su juicio, la apertura permitiría al pueblo cubano, en especial a la “clase media”, tener más contacto con el mundo y a Estados Unidos extender sus contactos en la sociedad cubana.
“Las medidas que estamos tomando reforzarán a la clase media de Cuba. Este es el mejor instrumento para obtener lo que todos queremos: una Cuba libre, próspera y democrática”, concluyó diciendo Blinken a El País.
Un mes antes de iniciarse el deshielo, en noviembre de 2014, Blinken aseguró durante una audiencia en el Senado que Obama no adoptaría medidas ejecutivas para suavizar el embargo a Cuba, a no ser que el gobierno cubano demostrara avances “significativos” hacia reformas democráticas y económicas.
Blinken respondió así a una pregunta del senador Rubio, que le pidió pronunciarse sobre los “rumores” que reinaban en esa época de que Obama podría emitir medidas ejecutivas para flexibilizar el embargo económico sobre la isla, vigente desde 1962.
“A no ser que Cuba sea capaz de demostrar que está dando pasos significativos, no sé cómo podríamos avanzar” en ese sentido, dijo y precisó que se refería a pasos “no solo económicos, sino democráticos”.
El asesor adjunto de Seguridad Nacional de Obama afirmó, no obstante, que Obama  tenía "ideas sobre cómo ayudar a impulsar a Cuba" por una senda democrática y que "si tiene una oportunidad para avanzar en ello, es posible que la aproveche".
"Pero eso depende de Cuba y de las medidas que tome", dijo el entonces consejero de la Casa Blanca.

domingo, 24 de enero de 2021

El embargo sagrado


Con el inicio de la lucha por librarse del dominio español los cubanos comenzaron a exaltar la intransigencia no como mérito moral, recurso emotivo y justificación personal, sino como valor político. El error se ha trasladado a los libros de historia y a la literatura. Recorre las páginas de los textos que se enseñan en la escuela primaria y ha servido de vocación suicida a unos cuantos insensatos; también a muchos demagogos para alimentar sus engaños.
Ser intransigente es negarse a transigir, a consentir en parte con lo que no se cree justo, razonable o verdadero, a fin de acabar con una diferencia, según el Diccionario de la Real Academia. De acuerdo a la definición, la intransigencia se acerca a un sinónimo de rectitud: cuando se transige, se cede, en parte se claudica.La definición de intransigencia en inglés destaca otro aspecto del concepto. El intransigente rehúsa el compromiso, rechaza abandonar una posición o actitud extrema, de acuerdo al diccionario Webster.Entre ambos aspectos de una misma definición hay un abismo cultural. Mientras que en español el intransigente es alguien que se niega a transigir, que se mantiene firme en sus convicciones, en inglés es un extremista.La Protesta de Baraguá, llevada a cabo por el general mambí Antonio Maceo, es la posición intransigente más valorada en la historia de Cuba. Desde los textos de la época republicana a los manuales implantados tras el triunfo de Fidel Castro, nadie se ha atrevido a considerarla un gesto inútil, que prolongó de forma infructuosa una contienda liquidada y que sólo produjo muertes innecesarias.Las dos caras de la intransigencia están presentes en la Protesta de Baraguá. Era digna la actitud de Maceo, de negarse a una paz que no incluyera la independencia y el fin de la esclavitud; insensata su decisión de continuar la contienda bélica.La valoración positiva de la intransigencia —paradigma heredado de los patriotas pero que también se ha utilizado para cubrir de gloria diversos fracasos políticos y bélicos— se asume desde hace muchos años con orgullo por un sector del exilio miamense, despreocupado o ignorante del efecto negativo que la misma ejerce sobre su imagen a los ojos del resto del país.El debate sobre el embargo ataca a la intransigencia del exilio por su flanco más débil: el aferrarse irracionalmente a una estrategia caduca.La mayoría de las razones para el levantamiento del embargo son malintencionadas en sus pronunciamientos y lógicas en su práctica. Detrás de ellas se encuentran intereses comerciales que no solo buscan vender unos cuantos artículos en la isla.Tanto Europa como Canadá y México desarrollan una política mercantilista respecto a Cuba, tan criticable o más que el embargo. Sus empresarios han contado con el apoyo de sus países respectivos, y con las bondades de un comercio restringido, donde sus productos se pasean libres de la competencia norteamericana.
Todos estos países le han pagado a Estados Unidos con la misma moneda que este país aplica en otros mercados, solo que en sentido inverso y para su propio beneficio. Está claro que los posibles cambios que algunos quieren ver en Cuba son simples pretextos. En igual sentido, la falacia de que una mayor entrada de productos norteamericanos llevará una mayor libertad para Cuba es otra utopía neoliberal, que tiende a asociar la Coca-Cola con la justicia y la democracia con los McDonald's. Mentira es también que el pueblo de Cuba está sufriendo a consecuencia del embargo, y no por un régimen de probada ineptitud económica.
Pero aferrarse al embargo es batallar a favor de la derrota, algo que nunca hacen los buenos militares: defender una trinchera que es un blanco perfecto para el enemigo, desde la cual no se puede lanzar un ataque y que solo protege un pozo sin agua custodiado por un puñado de soldados sedientos. Se trata de una herramienta tan poco efectiva para lograr la libertad de Cuba que no justifica una discusión seria: su ineficacia ha quedado demostrada por el tiempo; su significado reducido a un problema de dólares y votos y su valor a una pataleta radial.Claro que al renunciar a la lucha en favor del embargo el exilio tiene que pagar un enorme precio emocional: concederle al gobierno cubano su victoria más soñada. Pero aferrarse a un todo o nada, considerar a la medida algo así como el “Santo Grial”, la “Inmaculada Concepción” o un texto sagrado es perder de vista un objetivo político en favor de una satisfacción emocional.

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...