lunes, 4 de diciembre de 2006

SE VA BOLTON


LA RENUNCIA DE John Bolton, el designado embajador norteamericano ante la ONU, es no sólo otro golpe a la administración del presidente George W. Bush, sino al exilio de “línea dura” de Miami.
Ante la imposibilidad de ser confirmado por el Senado, Bolton dejará el cargo cuando expire su designación, anunció el lunes la Casa Blanca.
La prórroga de la designación de Bolton ha estado estancada en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado desde hace más de un año, obstaculizada tanto por demócratas como por republicanos.
A fines del mes pasado, asesores de Bush dijeron que el Presidente no cesaría en su defensa de Bolton, pese a una oposición férrea de importantes demócratas que cuestionaban el estilo del funcionario.
La Casa Blanca volvió a presentar la nominación de Bolton el mes pasado. Pero una vez que los demócratas retomaron el control del Congreso, la posibilidad de que éste lograra ser confirmado se atenuó de manera considerable. El próximo presidente del comité de relaciones exteriores del Senado, el senador demócrata Joseph Biden, dijo que “no veía razón alguna para volver a considerar la nominación del señor Bolton”.
Al hablar de Bolton, quien fuera subsecretario de Estado para el Control de Armas en el primer gobierno de George W. Bush, los demócratas y republicanos coinciden en señalar su carácter explosivo: alguien que no admite que le lleven la contraria. Pocas veces en la historia de Estados Unidos —tres para resumirlas en una cifra— la nominación de un diplomático ha pasado al pleno del Senado sin la recomendación del comité de Relaciones Exteriores. Ocurrió en el caso de Bolton, que no pudo lograr la aprobación congresional pese al control republicano del Capitolio. Bush tuvo que aprovechar el receso del Congreso para designarlo.
En su época de subsecretario de Estado, Bolton se caracterizó por interpretar con fines ideológicos los análisis de inteligencia y hacer afirmaciones que no estaban sustentadas en datos. Su tratamiento del caso cubano fue un ejemplo de ello.

El 6 de mayo de 2002, pocos días antes de la visita del ex presidente Jimmy Carter a Cuba, Bolton declaró ante una audiencia del conservador Heritage Institute: “Estados Unidos cree que Cuba dispone al menos de un programa limitado de investigación y desarrollo de armas biológicas ofensivas”. Luego agregó que la isla “suministró biotecnología de uso múltiples a otros estados terroristas”.
A las pocas semanas, el 5 de junio de 2002, durante una audiencia ante un panel convocado por el senador demócrata Christopher Dodd para analizar lo que éste llamó discrepancias en las declaraciones de la administración Bush sobre la capacidad cubana para desarrollar armas biológicas, otro funcionario estuvo muy cerca de rebatir la aseveración de Bolton.
“Decir que [La Habana] tiene un programa [de armas biológicas] es una interpretación de las informaciones de inteligencia, porque no es sólo fabricar armas, sino también tener la capacidad de probarlas”, afirmó Carl W. Ford Jr., que fue secretario de Estado adjunto para asuntos de inteligencia durante el primer período de gobierno de George W. Bush.
Dodd había solicitado la presencia de Bolton en el panel, pero fue enviado en su lugar uno de sus subordinados, según instrucciones del entonces secretario de Estado, Colin Powell.
Ford también repitió una declaración suya formulada con anterioridad: “Creemos que Cuba por lo menos ha desplegado un esfuerzo limitado de desarrollo e investigación de armas biológicas ofensivas” y admitió que las pruebas con las que contaba Washington no eran concluyentes.

No sólo existía una importante diferencia de matices entre las declaraciones de Bolton y Ford. No es lo mismo realizar un esfuerzo para desarrollar un programa que contar con éste. También estaba la falta de pruebas convincentes al respecto señaladas por Ford. Este fue mucho más lejos en sus afirmaciones.
“Viéndolo en términos estadounidenses, Cuba no tiene por qué temer un ataque de Estados Unidos, pero [la isla] piensa así, y un programa de armas biológicas pudiera tener un carácter disuasivo”, declaró Ford.
Al entrar en detalles, Ford dio nuevos pasos en una dirección completamente opuesta a la de Bolton: “Creo que sus intenciones [las de La Habana] tienen más que ver con su miedo a Estados Unidos. No veo [en Cuba] indicios de un primer ataque o la capacidad y los esfuerzos para atacar a Estados Unidos. Aunque puedan tener una capacidad ofensiva, creo que Cuba las ve más bien como un factor de disuasión”.
Con anterioridad —en mayo del mismo año, mientras Carter se encontraba en Cuba—, el propio Powell había suavizado —y en parte rectificado— las declaraciones de Bolton.
“Creemos que Cuba tiene capacidad de investigación en armas ofensivas. No dijimos que tuviera realmente armas, sino que tiene la capacidad para realizar ese tipo de investigación”, dijo Powell. La marcha atrás de Powell y Ford dejó en entredicho a Bolton. Pero fue el senador Dodd quien formuló una pregunta clave durante la audiencia con el panel a la que asistió este último.
Al repetir Ford que la administración Bush no dudaba de que Castro hubiera proporcionado tecnología de investigación biológica de doble propósito a estados que promueven el terrorismo, Dobb quiso saber si la capacidad cubana no era similar a la de otros países occidentales que tienen relaciones con naciones que la Casa Blanca considera que promueven el terrorismo.
“Señor Ford, sabe usted qué aliados nuestros tienen relaciones comerciales con esos países. ¿Sabemos nosotros qué les están vendiendo?”, preguntó el senador demócrata.
“No tengo la más mínima idea”, fue la respuesta de Ford.
Luego del discurso en el Heritage Institute, dos analistas —uno del Departamento de Estado y otro de la Agencia Central de Inteligencia (CIA)— advirtieron que no existía información de inteligencia verificada que sustentara la afirmación del subsecretario de Estado.
Durante las audiencias del comité para la confirmación de Bolton, no sólo se destacó que en el caso del supuesto bioterrorismo cubano, el ex subsecretario manipuló la información de inteligencia. Al mismo tiempo, surgieron acusaciones de que éste trató de que fueran despedidos dos analistas que cuestionaron sus afirmaciones.
Bolton afirmó entonces que se limitó a pedir el traslado de los analistas, puesto que ambos habían perdido su confianza. No se tomó acción alguna en contra de ellos. La Casa Blanca se ha negado a entregar una serie de mensajes electrónicos relacionados con el hecho.
En las discusiones para la nominación de Bolton, los demócratas alegaron que el incidente sobre Cuba y las armas biológicas ejemplificaba un patrón de conducta en que un importante funcionario presiona a las agencias de inteligencia para que produzcan información que apoye o confirme sus puntos de vista.
El fantasma de la invasión a Irak y los errores sobre la no comprobada existencia de armas de exterminio masivo en la nación árabe sirvieron de telón de fondo del argumento demócrata. Sin embargo, aquí el caso cubano no es sólo un ejemplo sino también la esencia de otro debate: la dependencia de la política exterior hacia la isla de objetivos partidistas y fines electorales.

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